Hodler, Ferdinand
Categoria:
Biografía GER
Pintor suizo del s. xlx, n. en Gürzelen, Berna, el 14 mar. 1853, m. en Ginebra el 20 mayo 1918. Tempranamente, puesto que pronto quedó huérfano, primero de padre, 1858, y luego de madre, hubo de trabajar para ganarse la vida, sin poder atender lo necesario a su instrucción. En Thoune aprendió a pintar en el taller de un cierto Sommer, que no aspiraba sino a vender paisajes típicos a los turistas. Más importante le fue, en Ginebra, el influjo de Barthélemy Menn, pintor más bien oscuro, pero buen maestro, y el del naturalista y geólogo Carl Vogt. Abierto un concurso por la viuda del dibujante Calame, concurrió con un bodegón de frutas y flores y lo ganó. El premio consistía en una bolsa de viaje, y H. elige España, donde reside durante los a. 1878-79. No sólo frecuenta el Museo del Prado, donde hace copias, sino que pinta en los alrededores de Madrid. En sus últimos años escribió sus impresiones sobre esta estancia: "Nunca he sido tan feliz como cuando me paseaba por las salas del Prado o por las cercanías de Madrid. ¡Qué luz! ... ¡Cuántos paisajes pinté allí entonces, aunque no tenía tela ni dinero para comprarla!".Vuelto a Suiza, obtiene su primer éxito en 1887, con su Cortejo de luchadores, éxito que renueva en 1891 al exhibir La noche. A partir de entonces, su arte toma una directriz, muy propia, de teorías de figuras de rotundo poderío decorativo. En ese a. 1891, H. visita París, y es de creer que se interesó grandemente por la estética de Puvis de Chavannes (v.). Sea o no así, la verdad es que la supera en cuanto a fuerza y seguridad, así como en poderoso diseño. Si alguna composición prologal de esta tendencia -El Elegido, de 1893-94, en el Museo de Berna- puede parecer todavía un tanto melosa y sentimental, ya su Euritmia, de 1895, es una total obra maestra. Pero, en lo sucesivo, va a superar ambas obras mediante la energía dibujística con que atenderá a dos temarios principales. Es uno el de los obreros en pleno trabajo y empleando toda su anónima fuerza. Otro, el de las escenas militares, merced a las cuales H. fue considerado en Suiza -y se le continúa considerando- como el pintor nacional por excelencia.El origen no fue otro que el encargo que le hizo en 1897 el Museo Nacional de Zurich para decorar sus ámbitos. Se trataba de tres composiciones referentes a La actuación de los soldados suizos en la batalla de Marignano, y H. hizo aquí toda una obra maestra, con un sentido colectivo y ornamental infinitamente superior a lo acostumbrado en la pintura mural de entonces. La obra tuvo enorme resonancia, y de aquí que la Univ. de Jena encargase a H. otra gran composición, realizada de 1908 a 1913 sobre La partida de los estudiantes de Jena para la guerra contra Napoleón. Esta es acaso, y sobre todo en su parte inferior, tan variada de actitudes, tan perfectamente observada en toda suerte de naturalidad, la obra cumbre de H. A partir de este indiscutible éxito comenzó a ser considerado como una especie de genio de la pintura germana, consideración que le fue retirada inmediatamente después de firmar una protesta colectiva contra el salvaje bombardeo de la catedral de Reims por la artillería alemana. Por lo demás, H. no continuó por este camino que le había deparado tantos justos éxitos. Prefirió verterse al paisaje y observar con delectación, claro colorido y paleta muy libre, los lagos y montañas de su patria. Se trata de paisajes muy diáfanos, muy claros, muy puros, y puede ser que el ejemplo más precioso, datando del propio año de su muerte, sea El Mont Blanc, en la Galería Moos, de Ginebra. En suma, H. es la máxima figura creadora que, antes de Paul Klee (v.), puede ser considerada como gloria de la pintura suiza. Ejerció una considerable influencia posterior -aunque sin discípulos notables-, influencia que no dejó de ser advertible en la fracasada escuela nazi, p. ej., la representada por Werner Painer. Pero es imprescindible una nueva valoración de H., en su tiempo elevado hasta los cielos, hoy casi absolutamente olvidado. Su dimensión exacta, necesitada de una crítica objetiva, seguramente será más afecta al primer criterio que al segundo.J. A. GAY.A NU1JO.
BIBL.: F. F. BÜRGER, Cézanne und Hodler, Munich 1913; E. BENDER, La cie de Ferdinand Hodler, Zurich, s. a.; C. A. LOOSLI, Ferdinand Hodler. Leben, Werk und Nachlass, Berna 1921-24; Catálogo de la Exposición de F. H. en la Kunsthaus de Zurich, Zurich 1917.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.