Hobbes, Thomas
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Biografía GER
Datos biográficos. Nació el 5 abr. 1588 en Westport, Malmesbury; ingresó en 1603 en el Magdalen Hall de Oxford, donde se graduó en 1607. Conseguida la licentia docendi, entró al servicio del barón de Cavendish como preceptor. En 1610-13 realizó su primer viaje a Francia. Conoció a Bacon (v.) en 1621, encargándose de la traducción de sus Essays al latín. En 1628 pasó al servicio de sir G. Clifton, y volvió a París en 1629, donde estudió la nueva física, matemáticas y los Elementos de Euclides (v.). Su tercera estancia en el continente, durante los años 1634-37, en compañía de su nuevo alumno, le proporcionó la oportunidad de conocer a Mersenne, que le presentó a su vez a Gassendi y Descartes (v.). Conoció también a Huygerls (v.) y visitó a Galileo (v,) en Florencia.De vuelta a Inglaterra comenzó a trabajar en su obra, de la que publicó en 1640 su primer esbozo: Elements of Law, natural and politic, al mismo tiempo que, a causa de la convocatoria del Parlamento Largo por Carlos I (v.) y creyéndose en peligro debido a sus opiniones realistas, buscó refugio en Francia. En París, en 1646, fue nombrado preceptor de matemáticas del príncipe de Gales; y allí publicó el De cive (1642) y el Leviathan (1651), su teoría de la sociedad y el Estado, que fue mal recibida incluso por el futuro rey Carlos 11, por el clero francés y los ministros anglicanos. Aprovechando la amnistía de Cromwell (v.) regresó a Inglaterra en 1653, y allí aparecieron, entre 1655 y 1658, De corpore y De homine. La restauración en 1660 coincidió con el fin de su vida pública; pasó el resto de su tiempo dedicado a la Historia y a la composición de una Autobiografía, a la vez que atendía a las fuertes polémicas suscitadas contra su obra por los matemáticos Ward y Wallis, el físico Boyle (v.), y, desde el punto de vista político y religioso, por el obispo Bramhall, el canciller Hyde y los obispos anglicanos. Murió en Hardwick en 1679.Doctrina filosófica. Por radicalmente distintos que sean los puntos de partida gnoseológicos del empirismo (v.) de los filósofos del continente, la deuda de H. con éstos y la misma naturaleza de su propósito hacen de su filosofía un intento por incorporar el concepto de movimiento (v.) de la ciencia exacta a aquel punto de partida; al mismo tiempo que sirven de estructuración a su sistema los principios de Galileo y el ideal de una ciencia exclusivamente constructivo-deductiva. Todo el ser de la Naturaleza consiste, según H., en los cuerpos y sus movimientos, frente a la ontología cartesiana de la sustancia extensa para la que el movimiento no es sino un accidente (v.) o un modo (v.); así, el método baconiano, qué define la Filosofía como el conocimiento racional de las causas posibles a partir de los efectos dados, se une a una concepción del movimiento que considera éste no como una cualidad interior de los cuerpos sino como una relación matemática. Y el movimiento es el verdadero principio de la realidad, de lo sensible y de lo experimentable, puesto que en su metafísica materialista H. opina que el espíritu (v.) no es otra cosa que la manifestación de los movimentos corpóreos (cfr. Computatio sive logica, c. 1, § 5). Existir es sinónimo de ser espacial, con la salvedad de que el espacio no es un ser que pueda recibir otros, sino la extensión de los cuerpos reales, "la imagen de la cosa existente, concebida en cuanto que existe"; sólo la representación lo separa de las cosas (imaginarium plhantasma re¡ existencis). Los sujetos de las representaciones y los pensamientos, en función de su concepto de movimiento, deben ser comprendidos sub ratione corporea sive sub ratione materiae. De este modo, el análisis de los objetos naturales no conduce a lo que él llama entidades abstractas, sino a las leyes del movimiento y de los mecanismos, es decir, a las leyes de la Geometría (v.).Lo común, pues, a la totalidad de su obra, el método, consiste en el conocimiento adquirido por un razonamiento de las causas que permiten explicar y reproducir los fenómenos dados. Pero ese método posee las características propias de la tradición nominalista en la que H. se educó en Oxford. La Lógica, según la define en el De corpore (1, c. 1, 2), se reduce a un simple cálculo y, a pesar de que la experiencia (v.) sea la base de la ciencia (v.), ésta no depende de ella, puesto que ese nominalismo (v.) se presenta como la consecuencia de su metafísica materialista. Toda definición es nominal, todas las cosas de la naturaleza son singulares y los nombres solos son universales: la definición (v.) recae sobre palabras y evoca la correspondiente impresión, veritas in dicto, non in re consistit. La Lógica es la parte más general de la mecánica (Leviathan, c. 7 ed. Molesworth 111,52).A través de esta Lógica meramente nominalista, H. aspira, como afirma Cassirer, a convertir en un contenido racional el contenido empírico fijado por la ciencia física; y esto en razón de que el conocimiento de la naturaleza debe gozar del carácter apriorístico (v. APRIORIsNIo) de lo geométrico y lo matemático. Del mismo modo que la existencia de estas ciencias está garantizada por la definición causal y el enlace deductivo de sus elementos (De homine, 10), la física de H. se construye apenas sin relación con los datos de la experiencia y en función de explicar la mecánica del espíritu, mostrando cómo los cuerpos exteriores afectan a nuestro cuerpo y producen en él movimientos; de ellos las sensaciones (v.) se derivan según leyes mecánicas. Independencia de la experiencia, a pesar de que la sensación es el principio del conocimiento y de ella deriva todo el saber, fundada en el hecho de que los objetos naturales se presentan como dados y, por tanto, no es posible satisfacer para con la Física la exigencia del método de que la construcción fije el objeto de la ciencia. Dios, que es corpóreo como cualquier otra sustancia (para H. negar esta corporeidad es sinónimo de ateísmo), puede producir de innumerables modos los efectos que conocemos por los sentidos, y ésa es la razón de que el conocimiento de las causas no pase de ser hipotético (De corpore, IV,25).El concepto más interesante de la física de H., y sus limitaciones, muestran probablemente el defecto del reduccionismo mecanicista que opera en su Lógica y en su Gnoseología (v.), bajo el aspecto de una concepción muy estrecha de las matemáticas como modelo. El concepto es el de conatus, una de las dos clases posibles de movimiento, definido como "el movimiento que tiene lugar a través de la longitud de un punto, en un instante o punto del tiempo", considerado el punto como una cantidad indivisa, no indivisible. Sin embargo, a pesar de la proximidad del conatus al concepto de infinitesimal (v. CALCULO iii), los matemáticos Wallis y Ward reprocharon errores matemáticos al De corpore: H. no llegó nunca a comprender el desarrollo de la matemática de su tiempo, sin que llegara a operarse en él el paso del álgebra (v.) elemental al nuevo análisis (v.), del mismo modo que no comprendió la existencia de tipos de conexión distintos a las simples relaciones de adición y sustracción (así su lógica, concebida como computatio).Desde un punto de vista más general, cuando se dan la materia (v.), que H. llama poder pasivo, y el conjunto de los accidentes requeridos para producir cierto efecto, el efecto, según H., es necesario. Como última consecuencia de su mecanicismo (v.), el determinismo (v.) impone la necesidad de todo lo que ocurre en el universo, y llama contingentes a aquellos efectos cuyas causas no conocemos. La libertad (v.) aparece como "la ausencia de obstáculos y de impedimentos a la acción, excepto aquellos que implica la naturaleza y la cualidad intrínseca del agente" (On liberty and the Necessity, contra Bramhall, English Works, vol 4, c. 7, § 3). Todos los procesos internos del alma se reducen a movimientos reactivos del organismo, e incluso el proceso de motivación (v.) es un proceso mecánico-causal. La voluntad (v.) es un complejo de apetitos y del mismo modo que las acciones son movimientos del interior al exterior, los procesos afectivos son movimientos de signo contrario. El materialismo y radicalismo unilateral de H. levantó una fuerte reacción en su contra, representada especialmente por la llamada escuela de Cambridge, en la que destacó Ralph Cudworth (1617-88).Doctrina política. Pero en el terreno de la Historia de las ideas ha jugado un papel mucho más importante que su deficiente metafísica la teoría política de Hobbes. Él mismo declaró en 1642, en el De cive, que su obra debía ser dividida en tres secciones: la filosofía primera y los elementos de la física ocuparían el primer lugar, investigando los cuerpos y las razones del tiempo, el espacio, las causas, la cantidad y el movimiento; la segunda parte trataría del hombre, de sus facultades y pasiones; en la tercera, el tema se centraría en la sociedad civil y la filosofía política. Considerado como una de las primeras teorías sobre el absolutismo (v.), su obra Leviathan es una teoría sobre la formación del Estado y el estado natural del hombre. La sociedad (v.), en primer lugar, H. opina que no es un hecho natural (De cive, I, c. 1, § 2).La doctrina de los cuerpos en general es el fundamento de la teoría del cuerpo social. El esquema de las pasiones (v.), deducido de los movimientos animales voluntarios, lo aplica al hombre especialmente, puesto que en la moral relativa y utilitaria (v.) de su sistema, lo bueno y lo malo sólo son concebidos, respectivamente, como los objetos del apetito y la aversión (Human Nature, c. 7, § 3). Los hombres le parecen como poseedores todos de idénticas capacidades y apetencias de conseguir los fines que se proponen (Lev. XIII). El hombre social, como los conceptos fundamentales de las verdaderas ciencias, es para él un homo artificialis. En el estado natural, anterior a la sociedad, la voluntad arbitraria e irracional extiende el derecho del hombre hasta donde llega su poder personal (De cive, 1, c. 1, § 10); y el derecho del más fuerte se traduce en bellum omnium contra omnes, expresado por la sentencia, que ya se encuentra en Bacon, de homo homini Iupus. Únicamente el deseo de asegurar la paz prepara el tránsito del estado de la naturaleza a la sociedad. La propia razón se impone a la voluntad a partir de dos leyes naturales: que "es preciso buscar la paz, si es posible obtenerla, o buscar el auxilio de la guerra si la paz es imposible de lograr" y, la segunda, que "el hombre, cuando todos lo hagan y en cuanto lo juzgue necesario para su paz y su defensa, debe renunciar espontáneamente a su derecho a todo y contentarse con tener tanta libertad respecto a los otros cuanta él mismo reconoce a los demás con respecto a sí mismo" (De cive, 1, c. 2, 2-3).Es el temor recíproco el que hace nacer el pacto o contrato social que transfiere los derechos bien a una asamblea bien a un solo hombre, con la diferencia respecto a Rousseau (v.) de que los súbditos no tienen libertad de establecer otro nuevo pacto una vez constituido éste, y de que el poder del Estado y el príncipe es absoluto y sólo tiene que dar cuentas de él a Dios. Pero frente a Harrington y otros pensadores de la democracia (v.), las asambleas para H. sólo favorecen la "subversión de los Estados", puesto que en su seno siguen manifestándose los intereses particulares. El monarca absoluto representa el papel de la razón, al impedir que las pasiones suplanten a ésta. El pacto es, pues, una hipótesis cuya realidad demuestra el hecho de que la naturaleza humana siempre es la misma, lo que hace que aquél sea siempre necesario. Tal concepción resulta un claro precedente en muchos casos de los estados totalitarios modernos, y acerca de la cual quizá sea cierta la afirmación de Chevalier de que "de ella procede ese absolutismo humano... que amenaza en su principio y en su vida misma nuestra civilización".V. t.: EMPIRISMO; CARTESIANOS;MATERIALISMO I-11;FELICIDAD 1; TEORÍA POLÍTICA.J. L. MANCHA RODRIGUEZ.
BIBL.: Ed. de las obras de H.: T. H. Opera philosophica quae latine scripsit, 2 vol., Arnsterdam 1668, incompleta; Opera philosophica quae latine scripsit ornnia, ed. W. Molesworth, 11 vol., Londres 1839-45; The Elements o/ Law, ed. F. Tónnies, Cambridge 1928; The English Works o/ Th. Hobbes, ed. W. Molesworth, Londres 1839-45; Leviathan, ed. M. Oakeshott, Oxford 1946; On Liberty and Necessity, ed. C. von Brockdorf, 1938; De cive, or the Citizen, ed. S. P. Lamprecht, 1949; Leviatán (trad. M. Sánchez Santos), México 1940. Estudios sobre H.: G. P. GROOCH, Hobbes, Londres 1940; J. LAIRD, Hobbes, Londres 1934; R. POLIN, Politique et Philosophie chez T. Hobbes, París 1953; G. BLANCA, Diritto e Stato nel pensiero di Th. Hobbes, Nápoles 1946; R. HONIGSWALD, La psychologie de T. Hobbes, París 1936; M. KóHLER, Studien zur Naturphilosophie des Th. Hobbes, "Archiv für Geschichte der Philosophie", 1903; I. BOWLE, Hobbes and his Critics: Study of Seventeenth Century Constitucionalism, Londres 1951; A. WARRENDER, The Political Philosophy of Hobbes, Oxford 1957; J. VIALATOUX, La cité de Hobbes, Théorie de VÉtat totalitaire, Essai sur la conception naturaliste de la civilisation, París 1935; L. STRAUSS, Natural Right and History, Chicago 1953; S. I. MINTZ, Sixteenth-Century Reactions to the Materialism and Moral Philosophy of T. Hobbes, Nueva York 1962; A. CRUZ PRADOS, La sociedad como artificio: Pensamiento político de Hobbes, Pamplona 1986; E. B. F. MIDGLEY, Thomas Hobbes: Leviatán, Madrid 1987; V. SAINATI, Hobbes, en Enc. Fil. 3, 581-590; G. FRAILE, Historia de la Filosofía, III, Madrid 1966, 721-754; J. HIRSCHBERGER, Historia de la Filosofía, 11, 12 ed. Barcelona 1986, 74-82.
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