Hititas Arqueologfa. HIST.
Categoria:
Historia
Es sumamente difícil comprender todo el sentido de la arqueología hitita si no se tiene en cuenta su situación geográfica, que somete a este pueblo a intensas influencias o contactos con otros pueblos del Asia Anterior (v. i). Capítulo primordial dentro de la arqueología hitita fue el descubrimiento, en la capital Hattussas (actual Boghazküi turca), de 10.000 tabletas en caracteres cuneiformes acadios que formaban el archivo principal del palacio, descubrimiento que correspondió al asiriólogo H. Winckler en 1906-12. Su desciframiento fue conseguido por el lingüista checo Hrozny. Para los problemas que planteó este desciframiento y su relación con la lengua indoeuropea, v. Iii, e INDOEUROPEOS II.Los restos materiales del Imperio antiguo hitita están constituidos principalmente por pequeñas vasijas y pequeños idolillos, casi todos de carácter funerario. Las vasijas de estilo goemétrico pintadas son del tipo corriente dentro de las tipologías del Próximo Oriente. No se conocen restos de grandes construcciones arquitectónicas correspondientes a palacios o templos, sino algunas de habitaciones privadas. Los tres yacimientos más importantes son los de Kültepe, Boghazkói y. Alisar. Los paralelismos mesopotámicos son evidentes. Los restos arqueológicos que se pueden asignar al llamado Imperio nuevo son ya más abundantes e importantes, y constituyen el verdadero acervo de la cultura hitita. Las construcciones de defensa se hacían con grandes bloques de piedra, reservándose la madera y el ladrillo para otro tipo de edificaciones. Se conocen cimientos de piedra de casas particulares, de las que por los documentos sabemos que tenían ventanas que se cerraban con hojas de madera. Los enterramientos, mejor conocidos, se hacían en urnas, pithoi y cajas de piedra. Se practicaba la incíneración.Se conocen algunos santuarios con las paredes pintadas al fresco. El tipo de casa-vestíbulo está representado por vez primera en Tell-Azana. Un frente de dos columnas sin basa y con escalera daba acceso al vestíbulo. Podría tratarse de un antecedente del mégaron helénico. Pero los más conocidos e importantes restos de edificaciones son los de la capital Hattusas, rodeada de murallas que en ocasiones alcanzan los 3 m. de alto. Las puertas talladas en las murallas están flanqueadas por esfinges aladas, que eran guardianas del acceso. Su realización denota poca capacidad de expresión y escasa habilidad técnica. Las figuras de la llamada puerta de los Guerreros son las más conocidas, y su estilo podría ser considerado como típicamente hitita. La puerta de las Esfinges es una especie de adelanto de las figuras aladas asirias, también con función de guardianas, de cinco patas, debido a un mal entendimiento de la perspectiva. En el recinto de Hattusas se han creído hallar restos de tres palacios o templos. Son dignos de señalar unos enormes cubos de piedra con una cavidad central, que se suponen eran basas de estatua.Cerca de Hattusas se alza el santuario de Yazili-Kaya. En este templo se encuentran numerosos relieves rupestres, que constituyen una serie de dioses y diosas hititas con sus nombres en jeroglífico, de un simbolismo desconocido. La habitación principal está flanqueada por varias cámaras adyacentes. Es importante destacar un relieve en él se muestra a un dios abrazando a un joven. La cronología del edificio puede conjeturarse por los nombres de los reyes allí inscritos (Tutkaliya y otro no interpretado satisfactoriamente) hacia el 1450 a. C. La plástica de Alak Huyük es buen signo de la categoría escultórica hitita y muestra evidentes influencias (tocados, etc.) egipcias. Las figurillas, la joyería y las artes menores alcanzan con los artesanos hititas gran categoría. Tras la disgregación del Imperio nuevo hitita, es difícil seguir la pista a los distintos yacimientos que muestran conjugaciones estilísticas de otras culturas superpuestas o afines.V. t.: ASIA MENOR lI, 4.H. FRANKFORT, The Art and Architecture o/ the Ancient Orient, 4 ed. Londres 1969; E. KURGAL, M. HIRMER, Die Kunst der Hettiter, Munich 1961 (con abundante y moderna bibl.); C. W. CERAM, El misterio de los hititas, Barcelona 1967 (de divulgación); M. VIERA, Hittite Art, Londres 1955; K. BITTEL, Hattusa, the capital ol the hittites, Oxford 1970.**AUARCE MARTÍNEZ,
**BIOHITLER, ADOLF
N. en Braunau (Austria) el 20 abr. 1889. Sus primeros 30 años siguen un camino y un ritmo que en nada anuncian al futuro factótum del Reich alemán. Su padre, funcionario de aduanas con graduación de brigadier, no representa mucho en la vida de su hijo, a no ser un recuerdo acre y desvaído sobre su dureza e incomprensión. Cuando el cabeza de familia es jubilado, la familia se traslada a Linz, donde se desarrolla la infancia consciente de Adolf. Pronto morirá su padre (1903), quedando Adolf al cuidado exclusivo de la madre, que le adora, le admira y le perdona todo. Tras un pequeño tiempo en una escuela benedictina de la que es expulsado, inicia su enseñanza primaria en Leondig. Luego, es admitido en la Escuela Real de Linz, como preparación para una carrera de funcionario semejante a la de su padre. Estudia allí cuatro años, distinguiéndose por su escasísima aplicación y excesiva indisciplina. No le dan título acreditativo alguno, excepto un simple certificado de fin de curso.1. Estancia en Viena y Munich. En 1907 decide ir a Viena, para ingresar en la Acad. de Bellas Artes. Su temperamento impetuoso, del que tantas muestras dio en la escuela, se enfoca ahora hacia el dibujo. Se emplea en él con todas sus fuerzas, como siempre hará con todo en su vida. En septiembre de 1907 está en Viena. Realiza el examen de ingreso en la Academia. Es rechazado. Se abruma y sufre unos momentos de indecisión, solo, por las calles de Viena. Permanece allí hasta diciembre. El 20 de este mes le comunican la muerte de su madre. Desde aquel momento será el único dueño de su vida y su único consejero. Una pequeña herencia materna (700 coronas) y una pensión de 25 coronas mensuales para la prosecución de sus estudios serán sus posibilidades económicas, por ahora suficientes.Tras el entierro en Linz, vuelve a Viena, entregado al febril intento de ser un gran pintor con independencia de la opinión que al respecto pueda ser sostenida por la Academia. En octubre de 1908 intenta otra vez el examen de ingreso en Bellas Artes. Es de nuevo suspendido. Quiere ingresar en Arquitectura, pero se le cierran las puertas ante la inexistencia de un diploma de estudios medios. En absoluto desespera llegar a ser un gran dibujante; mejor; un arquitecto. Mantiene la misma febril actividad desordenada. En las bibliotecas públicas lee a Schopenhauer, Treitschke, Nietzsche, etc. Asiste en la ópera a todas las representaciones de obras de Wagner, le encantan las sesiones del parlamento vienés. Este vagabundeo intelectual, su profunda soledad afectiva, marcarán las coordenadas de sus conocimientos: lectura abundantísima e inconsciente que producirán unas convicciones radicales y fortísimas.En septiembre de 1909, la herencia materna se acaba. Ha de, abandonar su habitual pensión de Mariahilferstrasse y, tras una temporada de inestabilidad, situarse en la Meldemannstrasse, un enorme refugio para mendigos e indigentes. Dibuja para conseguir dinero y, una vez obtenido, sea la cantidad que sea, emplea todas sus fuerzas en hablar, discutir y discursear a la manera de como lo ha visto hacer en el Parlamento. En los bajos cafés de Viena y en el refugio nocturno su voz empieza a ser conocida y admirada, aunque sus ideas a nadie ilusionan. Las convicciones son muy breves: un rabioso antisemitismo y un racismo acalorado. Lo ha conseguido a través de sus lecturas y porque el ambiente de Austria lo lleva consigo. En estos momentos es cuando caen en sus manos las ideas de Houston S. Chamberlain: ya ve escrito lo que él pensaba; un racismo ario, una nación que corresponda a la raza. Empieza a malquistarse con el internacionalismo socialista.En mayo de 1913 abandona Viena. Se dirige a Munich. La marcha es debida a la necesidad de escapar de sus obligaciones militares, al negarse a ser soldado bajo un oficial que no pertenezca a la raza aria. Y Austria es un mosaico de nacionalidades.2. La I Guerra mundial y regreso a Munich. En Munich le sorprende la 1 Guerra mundial. Es acogida por él con inmensa alegría. La interpreta como una calamidad apocalíptica necesaria para purificar la raza humana; es éste un tema frecuente en la abundante propaganda antisemita y racial vienesa. Para no luchar junto a eslavos y judíos, solicita de Luis III de Baviera que le permita enrolarse en un regimiento bávaro. Aceptada la petición ingresa en el 16 Regimiento al mando del coronel List. En él se destaca H. como un hombre excepcionalmente ejemplar. Voluntario para todas las empresas, su misión consistirá en enlazar el puesto de mando del batallón con los otros enclaves menores. Por sus méritos le será concedida la Cruz de Hierro de tercera clase, la Orden Negra de los Heridos, el Diploma Regimental de Bravura Excepcional, y, por fin, la Cruz de Hierro de primera clase. Herido en una pierna (7 oct. 1915) y trasladado a retaguardia, pide a su coronel la reincorporación a filas, que se le concede en marzo de 1917.En enero de 1919, acabada la guerra, y en calidad de cabo del ejército, vuelve a Munich. Ahora empieza una segunda etapa en su vida. Los derroteros políticos que van a encauzar su actividad nacen del inmenso caldo de cultivo revolucionario que es la Alemania de la posguera. Muy abundantes en Munich son los grupos nacionalistas, con presupuestos más o menos explícitos de tipo racial. La tribuna de expresión son los cafés y los clubs, pero su atomización los hace ineficaces. H. permanece en el ejército. Ha encontrado en él un medio de vida seguro. Pertenece a un ambiente social en el que la agitación nacionalista es especialmente intensa. Entre la oficialidad y los bajos mandos de la Reichwehr pesa también la decepción de la derrota, la "traición de los políticos" al firmar una paz innecesaria, el sometimiento al tratado de Versalles...Durante aquellos agitados días H. ha vuelto a distinguirse como orador. Igual que en Viena, hace seis años, su palabra impresiona dentro de los cuadros de la milicia. Enemigo abierto de los "Consejos revolucionarios" estuvo a punto de ser asesinado, el 27 abr. 1919, por tres guardias rojos. Ahora, en la "contrarrevolución blanca", es nombrado consejero de la "Comisión de investigación" de su regimiento. Al poco tiempo se le encarga de la educación política de la tropa. Consiste su trabajo en una labor desmarxistizadora y de propaganda nacionalista. De ahí, saltará a los cafés de Munich, a los ambientes políticos civiles de la capital bávara.El 16 de octubre organiza su primer mitin público. Es en la Hofbraükeller. Se presenta como orador del Deutsche Arbeiter Parte¿ uno de los muchos grupos nacionalistas con los que H. ha entrado en relación. El éxito es fulminante, como casi siempre lo serán sus discursos. Atrae enormemente la seguridad del tono, su presencia física nerviosa y enérgica. Sus palabras establecefi una comunicación instantánea con el oyente. Aquel 16 de octubre se hallaban escuchándole, en la sala de la Hofbraükeller, Dietrich Eckart, Rudolf Hess, Max Amann, Frank, etcétera. Desde aquel día quedarán vinculados a su persona. También en él, desde entonces, se unirán las dispersas facciones nacionalistas de los barrios de Munich.Pronto se redactan los famosos XXV puntos que fijan el programa del partido. Allí se encuentran los objetivos que mantendrá hasta el final de su vida: antisemitismo, abolición del tratado de paz con los aliados, racismo ario, formación de un Reich unido, etc. El 24 de febrero se hace la presentación del programa ante 2.000 personas entusiasmadas por la voz de H. Luego, se forma el Nazionalsozialistiche Deutsche Arbeiter Parte¡ (NSDAP). Desde ahora, separar su vida de la historia del partido es muy difícil. Todas las peripecias que atraviese éste repercutirán inmediatamente en la existencia de aquél. Por tanto, al desentrañar los acontecimientos vitales de H. enfocamos siempre una de las facetas del devenir histórico del nazismo alemán. Al engrandecimiento del partido dedica la misma concentración de esfuerzos que, en sus años vieneses, a la reproducción al carbón de los edificios rococó de las avenidas. Su labor consistirá en un incansable y repetido hablar; fundamentalmente en Munich, luego en toda Baviera, luego en Berlín y en los demás Estados de la República.El 8 nov. 1923 tiene lugar el famoso putsch de Munich. Animado por el éxito de la "marcha sobre Roma" fascista que llevó a Mussolini al poder (28 oct. 1922), H. pensó en un golpe de fuerza que derrocaría al Gobierno conservador bávaro de von Kahr para instaurar un régimen nacionalista bajo su dirección. Sólo el mantenimiento en la fidelidad al Gobierno de las tropas del general von Lossow impidió el éxito, cuando ya estaban convencidas por la palabra de H. todas las notabilidades muniquesas reunidas en el merendero de Bürgerbráu. Acusado de alta traición, es encarcelado el 11 de noviembre. Parece todo acabado. Tras pretender suicidarse, inicia en la cárcel una huelga de hambre.El momento político y económico del país le favorece. El 26 feb. 1924 se inicia su juicio. La sala está abarrotada de prensa mundial. El proceso es una exhibición de sus facultades oratorias. La condena es la mínima que la ley permite -cinco años-, pero el ministro de justicia promete, oficiosamente, que no la cumplirá entera. El 20 de diciembre es ya liberado. Los ocho meses que, tras el juicio, pasará en la prisión de Landsberg serán de reflexión y lectura. Allí tomarán fuerza de ideas las hasta ahora intuiciones políticas de H. En la prisión dicta su famoso libro Mein Kampf (Mi lucha, Barcelona 1964). Hess se lo copia cuidadosamente a máquina.3. El asalto al poder. El NSDAP, en las cabezas de sus dirigentes, deja de ser sólo un partido político para hacerse ideal de vida social. En su celda, H. dibuja la casa ideal para una familia prototípica nazi. Dibuja también el coche perfecto para el núcleo familiar nacionalsocialista; así nació el Volkswagen. De 1925 a 1929 la importancia del partido decrece, debido a los buenos momentos políticos y económicos que vive el país. Son los años de Stresemann, la retirada francesa del Ruhr, la estabilización, la capitalización extranjera.Revitaliza al partido, fraccionado durante su ausencia. El 27 feb. 1925 se proclama único jefe del movimiento, y empieza a colocar a sus fieles colaboradores en los puestos de confianza. Esta labor la lleva a cabo personalmente. Su penetrante mirada -lo confirman los contemporáneos- radiografiaba a las personas. Busca en ellas la fidelidad sobre cualquier otra virtud. Prefiere descansar en un círculo de amistades que verse rodeado de inteligencias. En el reducido núcleo de sus adictos es donde encuentra la tranquilidad de su jornada. Lo mismo ocurre con su idea sobre la familia. Siempre afirmó que el Führer debería ser soltero, y que los grandes hombres necesitaban mujeres insignificantes. Nunca concibió digno ni sano mantener relaciones extrama trimoniales. Eva Braun para él fue, desde 1932, el descanso de una conversación intrascendente en una jornada intensa.La lenta recuperación del partido emprendida desde 1925 llega a su plenitud en 1929. El crac de Wall Street con los seis millones de parados que acarrea y la muerte de Stresemann traen a Alemania momentos de desconcierto. La alta banca, personalizada en Hugenberg, decide apoyarle, la masa media del país se une a él. En las elecciones para el Reichstag la ascensión es vertiginosa: 800.000 votos en 1928; 6,5 millones en 1930; más de 13,5 millones en 1932. El 30 en. 1933 Hindemburg le ofrece la Cancillería. El 28 de marzo el Reichstag vota afirmativamente una ley por la que se le conceden plenos poderes, incluso al margen de la Constitución. Desde este momento ha conseguido sus objetivos vitales.4. La política de anexiones. La biografía de H. queda desde este momento envuelta en la propia historia de Europa (V. GUERRA MUNDIAL, SEGUNDA). Lanzado a la empresa de unificar a la totalidad del pueblo alemán, y de conquistar para él un Lebensraum (espacio vital), que en el fondo significaba un afán de hegemonía continental, reivindicará cada vez mayores concesiones, hasta conducir a Alemania a la guerra y a la catástrofe.Centralizando drásticamente las fuerzas del país, y poniéndolas al servicio de un Estado todopoderoso, reconstruyó el ejército, realizó gigantescas obras públicas y vigorizó la industria germana, que pudo resarcirse en pocos años del tremendo bache de 1930. El pleno empleo fue su mayor triunfo social, compatible con una alianza que no haría sino crecer con el gran capitalismo, sobre todo en el sector siderúrgico. Al mismo tiempo, la reincorporación del Sarre (v.), operada aquel mismo a. de 1933, significaba un triunfo tanto político como económico. En marzo de 1936 se sintió H. con fuerza suficiente para proceder a la remilitarización de Renania, sin que las potencias signatarias del tratado de Versalles se atrevieran a esbozar más que una tímida protesta. En octubre de aquel año conseguía un importante triunfo diplomático, al firmar un pacto de alianza con la Italia de Mussolini (Eje Roma-Berlín), seguido en noviembre del pacto Antikomintern, en el que entraba también Japón. Quedaba así dibujado uno de los bandos de la futura Guerra mundial.Libre de la oposición de Italia, pudo H. aprovechar un alzamiento nacionalsocialista en Austria para proceder al Anschluss (integración) de este país en la Gran Alemania (marzo 1938). La fusión, en parte espontánea y en parte acto de fuerza, fue refrendada por un plebiscito que quiso demostrar ante el mundo la licitud de la unión. Los éxitos expansivos de H. fomentaron el movimiento de otros pueblos germanos, como los sudetes de Bohemia, sometidos hasta entonces a Checoslovaquia. Aquí la integración resultó ya mucho más difícil, porque a la protesta checa se unía la de las potencias occidentales, Francia e Inglaterra, molestas ya por los planes del dictador germano. La actitud irreductible de H. de ocupar aquel territorio, y la no menos intransigente de Praga, cuyo gobierno, al reprimir violentamente los movimientos sudetes, estaba dando razones a sus adversarios, llevaron al borde de la guerra ya en el otoño de 1938. Las entrevistas con H. del primer ministro británico, Chamberlain (15 y 22 de septiembre), y la conferencia de Munich (29 de septiembre) entre los cuatro grandes europeos (los dos anteriormente citados, más Mussolini y el francés Daladier) conjuraron de momento el peligro sobre la base del apaciguamiento; y Alemania quedó autorizada para anexionarse el territorio de los sudetes (v. CHECOSLOVAQUIA IV).Embriagado por aquel triunfo, no vaciló ’el Führer en aprovechar disensiones internas producidas en Checoslovaquia, para ocupar militarmente todo el país la primavera siguiente (15 mar. 1939). El hecho cogió desprevenidos a los francobritánicos, pero les hizo ver que no podía continuarse ya por el camino de las concesiones. Por eso, cuando a fines de aquel verano, reclamó H., fiel a su plan sistemático de reivindicaciones, la ciudad de Dantzig (v. GDAÑSK) y el corredor polaco, encontró una total oposición, no ya de Varsovia, sino de Londres y París. La ambición hitleriana había llegado demasiado lejos como para detenerse a tiempo. El 1 sept. 1939, el canciller alemán ordenaba la entrada de las tropas en Polonia, esperando la repetición de lo ocurrido en Checoslovaquia; por ello, cuando dos días más tarde Francia e Inglaterra le declararon la guerra, sufrió un aparatoso ataque de nervios (algunos testigos le describen revolcándose por el suelo). Había comenzado la II Guerra mundial, que él no deseaba, al menos de momento, pero que como principal protagonista había contribuido a provocar.5. La guerra. Fin de Hitler. El papel de H. en la guerra fue menos brillante que en la política interior o en la diplomacia, debiéndose los espectaculares triunfos germanos de la primera fase mucho más a los militares que a los políticos. Finalizada la rápida ocupación de Polonia, hizo H. por dos veces ofertas de paz, que los aliados, decididos a acabar con el expansionismo alemán, no aceptaron. La mayor producción de su industria bélica permitió a Alemania, en la primavera siguiente, aplastar a Francia (abril-mayo 1940). Nuevas ofertas pacifistas a Inglaterra, país que H. admiraba -"al fin y al cabo, también ellos son germanos"-, que el nuevo premier inglés, Churchill (v.), rechazó enérgicamente. Tres o cuatro veces ordenó el Führer la invasión de Inglaterra, y otras tantas se volvió atrás a última hora, ante la escasa perspectiva de éxito. Desde entonces, para disimular su impotencia frente al poder naval británico, se distrajo en operaciones continentales cada vez más amplias: Norte de África (invierno 1940-41), Balcanes (primavera 1941), Rusia (verano 1941). La decisión de atacar a la URSS fue un error de apreciación, y le costaría a H. la guerra. Detenidos los ejércitos alemanes a las puertas de Moscú (diciembre 1941), el Führer destituía al generalísimo Ven Braustisch y se arrogaba personalmente el supremo mando militar. La decisión, desastrosa en todos sentidos, reveló al dictador como un mediocre estratega.Desde entonces, la guerra estaba perdida. Las batallas de El Alamein y Stalingrado (otoño 1942) señalan su definitivo cambio de signo, y los desembarcos aliados en Italia (septiembre 1943) y Normandía (junio 1944) hicieron el resultado irreversible. Ya el 20 jul. 1944 sufrió H. un atentado que demostraba que su estrella había declinado hasta en la propia Alemania. Sin embargo, su fanatismo logró infundir ánimos al ejército y al mismo pueblo, en aras de una resistencia a todo trance absolutamente inútil. Se había ganado la enemiga del mundo entero -51 naciones estaban en guerra contra Alemania- cuando los rusos entraron en Berlín. El 30 abr. 1945, mientras se luchaba en las calles, H. se quitaba la vida disparándose un tiro en el paladar. Las versiones que nos lo presentan oculto en algún lugar del mundo, hasta en la Antártida, no son más que una prolongación, por otra parte efímera, de su mito.Hombre de intuiciones geniales y de un poder magnético ante las multitudes, al lado de rasgos infantiles y paranoicos, fue víctima de sus ideas fijas y de un ansia de prevalecer por encima de todo, que llevaría a Alemania, y en cierto modo al mundo, a una de las más tremendas catástrofes de la Historia.V. t.: NACIONALSOCIALISMO;ALEMANIA V, 19.J. LONGARES ALONSO.
BIBL.: ES abundantísima, sobre todo en el periodo 1945-65. Entresacamos: E. VERMEIL, L’Allemagne contemporaine, sociale, politique et culturelle, 1890-1950, París 1952-53; A. ZOLLER, Hitler Privat, Düsseldorf 1949; K. HEIDEN, Der Führer, Boston 1944; P. y R. GOSSET, Hitler, Madrid 1965; A. BULLOCK, Hitler, Barcelona 1966. Sobre la publicación de documentación correspondiente al III Reich hay: Hitler et Mussolini: Lettere et documenti, Milán 1946; Hitler’s Table Talks, Nueva York 1953; Hitler’s Secret Conversations, Nueva York 1953; Les Archives Secrétes de la Wilhermstrasse, París 1955 ss.
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