Héroes Mitológicos
Categoria:
Cultura
Introducción. La significación originaria de héroe es la de "guardián, protector, hombre valeroso". Así lo atestigua su etimología a partir de la raíz indoeuropea ser-, acreditada en persa antiguo (haraiti, "cuida, guarda"), latín (ser-v-are, "conservar, guardar") y griego (Hera, "protectora" =div. Hera; hero-w-os > heros, "héroe, guardián, espíritu protector del país, varón poderoso"). Otras relaciones son más discutibles (cfr. 1. Pokorny, Idg. Etytn. Wórterbuch; H. Frisk, Gr. Etym. Wórterbuch).Para Homero los h. son príncipes o nobles que destacan por su habilidad, valor guerrero, prudencia en el consejo (hada, 11,110; XIII,629; Odisea, 11,15). Para Hesíodo son humanos de origen divino (semidioses), como los guerreros que luchaban en Troya, Tebas, etc. Posteriormente se considera h. a los mortales elevados por sus cualidades o hazañas a una esfera semidivina, desde la que podían proteger a los humanos. Por fin, se ha dado en llamar h. a todo ser humano que descuella simplemente sobre los demás por su poder, fuerza, habilidad, linaje (h. históricos).La figura del h. mitológico responde al afán por colmar el inmenso vacío entre la divinidad y el hombre, recurriendo a seres que participen de la doble condición humana y divina. Los pueblos primitivos crean al h. para hacer remontar hasta él su origen, haciéndole protagonista de su protohistoria y exponente de su espíritu. Con el mito (v.) trata de aclarar el hombre primitivo misterios que no llega a comprender, partiendo de algún precedente o paralelo histórico. En ocasiones un principio indeterminado trasciende los seres y los objetos; otras veces es ya individual el espíritu que habita y anima cada ser y cada objeto. En esta esfera dominada por los daimones (espíritus) se desenvuelve el mito: es el mundo del animismo (v.), poblado de daimones (Hesíodo habla de 30.000): así puede darse un daimon que cura la enfermedad, a la vez que se considera a la propia enfermedad un daimon, que a veces toma forma humana (v. ÁNGELES I; ESPÍRITU I).Con frecuencia los h. pueden ser antiguas divinidades degradadas a la condición de daimones locales, ensombrecidas por una divinidad superior impuesta por pueblos invasores; o también seres humanos ilustres divinizados. En ambos casos el h. ha conocido la condición humana y actúa siempre como valedor de su pueblo, incluso desde la tumba. En aquellas épocas en que se vivían como actuales las gestas heroicas, las leyendas refieren detalles bastante precisos sobre el h.: se llega incluso a mostrar los lugares que fueron escenario de sus gestas, la tumba que conserva sus restos y objetos personales. Con la evolución cultural y, en consecuencia, religiosa, el mito (v.) heroico pasa a ser mera fábula, aunque sigue la estima por la figura del h. querido del pueblo, actor de hazañas extraordinarias, que la fantasía adereza con sugestivas precisiones.Génesis del mito heroico. El origen del culto al h. se basa en el culto a los muertos (v. DIFUNTOS I). Las empresas gloriosas del h. le proporcionan veneración después de la muerte. En un proceso de idealización se pasa del culto personal a un culto general. Ahora bien, el h. siempre tiene un sepulcro del que emanan benéficos influjos en favor de los vivientes, que acuden a pedir consejo y protección; en cambio, en el culto a los muertos el difunto recibe de la piedad de sus allegados dones para sustento de su vida de ultratumba. El culto a los h., frente al culto de los muertos, presupone la participación de toda la comunidad. Ninguna época fue más propicia para tal desarrollo que los siglos oscuros siguientes a la caída de la cultura micénica. En Homero (v.) no hay vestigios del culto a los h., pues en la tierra extranjera donde su epopeya se desarrolla, no hay las tumbas veneradas de los h. que canta. Empieza a difundirse en el s. vIII a. C. favorecido por el particularismo griego que sentía más próximos a los h. que a los inaccesibles dioses del Olimpo (v.). El Panteón olímpico era muy cerrado; en cambio, era más libre el culto de los h., cuyo número podía aumentar con la apoteosis (v.) de hombres ilustres. El foco del culto heroico es Delfos (v.), donde anualmente se celebraba la heroís, fiesta de los h.; en este lugar se regulaba el culto a los h. fundadores y epónimos. Por estar el poder del h. ligado a sus restos, a su tumba, ésta se situaba en las puertas de la ciudad como señal de protección, o en las fronteras del país.En Grecia (v.) el culto a los h. constituía la auténtica religión popular frente al politeísmo olímpico, de signo aristocrático, introducido por los pueblos dominadores. Los mitos iniciales se trasmitieron por contactos culturales mutuos entre los diversos pueblos: algunos mitos griegos, p. ej., coinciden con otros orientales. Pudieron haber pasado de un pueblo a otro, o provenir de un mismo tronco; así se explicarían las diferentes versiones de un mismo mito: ciertos temas heroicos de la épica homérica guardan estrecha relación con la temática oriental, egipcia y mesopotámica. Especialmente el tipo heroico de Gilgamés (v.) tiene amplia resonancia en la Ilíada. En la época micénica podrían haber pasado a la Hélade elementos orientales recogidos en la tradición épica. El camino que la trasmisión de los diferentes mitos comunes siguió podría ser éste: de Sumeria (v.) a Babilonia (v.), los hurritas (v.) y asirios;-de éstos a los hititas (v.), Ugarit (v.) y Fenicia (v.); y de aquí a la Grecia creto-micénica. No sabemos ni cuándo ni cómo se operaron estos movimientos.El medio de trasmisión es la poesía heroica (v. ÉPICA), que ofrece características diversas según la estructura social y medios de vida de los diversos grupos étnicos. Se da una poesía heroica primitiva, propia de pueblos nómadas, donde los h. destacan por sus atractivos, habilidades, y personalidad superior que les permite ejercer un control sobre sus inferiores. Al evolucionar la sociedad, tambiénla poesía heroica se bifurca en dos direcciones: proletaria y aristocrática, según las clases que la inspiran y dan vida. Puede señalarse también una poesía preheroica común a todos los pueblos, de carácter mágico, con elementos maravillosos, y cuyo origen llega incluso a ser atribuido a personajes míticos. Tal es en Grecia el caso de Museo y Orfeo, originarios de Tracia, según la leyenda. Típico ejemplo de inspiración mágica es el poema finlandés Kalevala.Exaltación del ideal heroico. En Grecia la noción de edad heroica era muy antigua, y de ella derivan las concepciones de h. y heroísmo. Los griegos consideraban a los h. como una clase superior de hombres que vivían para el honor. En el s. vi y v a. C. miraban a los hombres que Homero llama h. como una generación de seres superiores, que exigían y merecían honor. Imaginaron una generación heroica, que, según Hesíodo, vivió entre la Edad del Bronce y la del Hierro, y a la que pertenecen los guerreros de Troya (v.) y Tebas (v.). El ideal heroico helénico tiene su paralelo en el español caballero, en el francés chevalier, el antiguo germano held, el noruego jarl, el servio yunak, y el albanés trim (v. CABALLERÍA, LIBROS DE).La poesía heroica es el crisol donde se depura la exaltación del ideal heroico y el arca que conserva, a través de la tradición, las antiguas esencias. En los poemas más antiguos se encuentran los diversos tipos heroicos, producto a la vez de la leyenda histórica y de la fantasía poética. Tal es el caso del Gilgamés, Aqhat y Keret, la Ilíada y la Odisea, el antiguo germano Hildebrando, el francés Rolando, el español Cid, los anglosajones Beowulfo y Maldon, y los noruegos Elder Edda, etc. Incluso los poemas en que tiene amplio desarrollo el recurso a lo mágico o maravilloso exaltan las cualidades sobresalientes de los varones, cuyas hazañas se cuentan. La diferencia fundamental estriba en que en la poesía shamánica los h. son seres fantásticos que proceden como humanos, abrumando a sus enemigos con su poder sobrenatural. El h. es también aquí un deus ex machina, que en los momentos críticos resuelve una situación comprometida; tal es el caso de los poemas tibetanos sobre el rey Kesar de Ling. Estos elementos shamánicos primitivos pueden ser incluso infiltraciones dentro de una tradición literaria, como en los poemas del mencionado rey Kesar, cuyos elementos mágicos podrían deberse a la penetración budista en el Tibet, oscureciendo la auténtica tradición heroica primitiva. En la misma Odisea el elemento mágico y maravilloso tiene una amplia recepción en diversos pasajes (Circe, Polifemo, Lestrigones, descenso al Hades, etc.).Se puede postular para la poesía de exaltación o idealización heroica una evolución gradual, de una temática mágica (v. MAGIA) a otra antropocéntrica (V. ANTROPOMORFISMO), gracias a la contribución de los elementos histórico-culturales, comunes a muchos pueblos, como son el panegírico y el treno, estrechamente relacionados con el culto a los muertos, es decir, la exaltación de las hazañas de un varón y el lamento por su caída o desaparición. En ellos hay que ver el núcleo de la temática heroica y el catalizador de la exaltación mítica. La amalgama de estos elementos confiere a la épica heroica su carácter patético que se enriquece con historias típicas, propias de la poesía shamánica. La poesía homérica es un ejemplo conspicuo donde se rastrean aquellos elementos atávicos, testimonio de una temática diversa preheroica (cfr. la figura del adivino Calcas, "conocedor del presente, futuro y pasado", Ilíada, 1,70). Hemos aludido ya a las figuras mágicas de Museo y Orfeo; Hesíodo atestigua de sí mismo la aparición de las Musas (Teog. 32). Los panegíricosEy trenos son frecuentes (lamento de Aquiles por Patroclo y de los troyanos por Héctor, Ilíada, cap. XVIII, XXIIXXIV).Tipología heroica. Los hechos de la epopeya son ante todo humanos; es, por tanto, antropocéntrica, frente a otro tipo de poesía, análoga en muchos aspectos, que canta los hechos de los dioses: tal es el caso de la Teogonía hesiódica, fundamentalmente teológica. Tal distinción, sin embargo, no está desvirtuada por la frecuente intervención de los dioses en la epopeya, donde se yuxtaponen a la acción heroica para dignificarla: así se observa en poemas de ámbito tan diverso como los mesopotámicos Gilgamés y Aqhad, Ilíada y Odisea, y el noruego Elder Edda. La tradición épica permite establecer diversos tipos de h., según el ideal que se exalte y de que el h. se constituya valedor con su acción portentosa y denodada. Nos limitaremos a citar, a título de ejemplo, los más conspicuos representantes de cada ideal heroico típico:1) Valedores de la humanidad: Relacionados con el origen del mundo y del hombre: Utnapistim, protagonista de la versión mesopotámica del diluvio; Pandora, una especie de Eva de la mitología helénica, y su hija Pirra, que con su esposo Deucalión repuebla la tierra. Fundadores de pueblos y dinastías: Licaón, epónimo de los Pelasgos; Argos, de la ciudad homónima; Pélope, que da el nombre a la península meridional de Grecia; Cadmo, fundador de Tebas y legendario introductor de la escritura en Grecia; Rómulo y Remo, los gemelos fundadores de Roma... Magos y adivinos: Calcas, indefectible vaticinador de los destinos de los griegos ante Troya; Tiresias, esclarecedor de los fatales delitos de Edipo; Melampo... Vencedores de monstruos; Gilgamés (v.); Meleagro, matador del jabalí de Calidón; Belerofonte, que exterminó a la Quimera montado en su caballo Pegaso; Perseo, que eliminó a la Gorgona Medusa y liberó a Andrómeda; Teseo, que mata al Minotauro ayudado por Ariadna; Hércules (v.) con sus XII trabajos; Edipo, liberador de Tebas, al matar a la Esfinge solucionando su enigma... Protectores de la salud: Asclepios y los Asclepíadas; el centauro Quirón, inventor de la cirugía...2) Grandes condenados: Destaca con especial relieve por su significación y ulterior tratamiento en la tragedia Prometeo, titán rebelde a Zeus (v.), que pretende liberar a la humanidad de su triste destino entregándole el fuego sagrado, robado del Cielo; el simbolismo de esta figura, reflejo del relato bíblico de la rebeldía satánica, y su castigo, es profundo; ha sido ampliamente glosado a través de los siglos, así como su liberación por Heracles (=Hércules). Sísifo, Tántalo, Ixión, Danaides..., temas todos ellos de sugestivo interés por la índole del castigo infligido.3) Actores de hechos maravillosos: el mesopotámico Etana, que se estrella cayendo de un águila, por tratar de remontar el Cielo y alcanzar la inmortalidad; el monstruo hijo de Pasifae, Minotauro; Cástor y Pólux, paradigma simbólico del amor fraternal; la extraña muerte del h. del Ulster, Cúchulaim; la estrambótica adquisición del don de la sabiduría por el h. escandinavo Fionn.4) Campeones guerreros: Llenan el núcleo más importante de la poesía heroica, y han venido a constituir su temática fundamental en época histórica: en la Hélade destacan las leyendas sobre los Argonautas; sitio de Tebas, cuyos protagonistas representan la generación anterior a la guerra de Troya; ciclo troyano; épica latina y germánica, francesa, hispana y nórdica, cuyos tipos heroicos están en la mente de todos.F. SANMARTÍ BONCOMPTE. F. MARTIN GONZÁLEZ.
BIBL.: G. PRAMPOLINI, La Mitología en la vida de los pueblos, Barcelona 1958; O. SEEMANN, Mitología clásica ilustrada, Barcelona 1960; L. A. STELLA, Mitología greca, Turín 1956; M. P. NILSSON, Geschichte der griechischen Religion, I, Munich 1955, 13 ss. y 184 ss.; W. H. ROSCHER, Ausführliches Lex. der gr. und róm. Mythologie, Hildeshelm 1965; J. J. BACHOFEN, Der Mythus von Orient und Occident, Munich 1966; C. M. BOWRA, Heroic Poetry, Londres 1961; T. B. L. WEBSTER, From Mycenae to Homer, Londres 1960; R. PETAZZONI, Mitti e legende, I, Turín 1948.
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