Heródoto
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Biografía GER
Vida. Conocemos pocas noticias de la vida de H. Su única fuente es Suidas. Por él sabemos que nació en Halicarnaso, ciudad doria de Caria en el SE de Asia Menor, hacia el 484 a. C. Sus padres Lixes y Drio, aristócratas y acaudalados, se habían adherido a la oposición contra Ligdamis, miembro de una familia de indígenas que se apoderó del poder con el consentimiento de los persas que habían conquistado Caria. Fracasada aquella rebelión, emigró a Samos. Más tarde estuvo en Turios, donde los atenienses estaban fundando una colonia. Visitó Egipto, Fenicia, Chipre y otras muchas ciudades. Residió largo tiempo en Atenas, donde tuvo ocasión de hacer amistad con Sófocles. Es probable que estas andanzas no las hiciera como simple viajero sino como investigador.Historia, en el concepto jónico, tenía el significado de encuesta, investigación fundada en la visión personal de los hechos, y por esto un historiador tenía que ser infatigable viajero. H., aunque la tradición no hable de ello, lo fue; él mismo lo dice reiteradamente con expresiones como "allí fui", "zarpé para", "testigo ocular". Su muerte ocurrió en fecha imprecisa; en todo caso entre los a. 430 y 420 a. C., y probablemente en Atenas, quizá víctima de la peste, si bien Suidas afirma que falleció en Turios, donde sería enterrado.Obra. La única que poseemos, y seguramente que compuso, es la Historia. Él mismo habla del objeto y plan: "exposición de las investigaciones de Heródoto de Halicarnaso, para que ni los hechos de los hombres con el tiempo queden olvidados, ni las grandes y maravillosas hazañas realizadas así por griegos como por bárbaros queden sin gloria...". Usa, por primera vez, la palabra Historia, en el sentido de "lo visto" y no en el significado posterior de "relato de hechos". El tema central es el conflicto entre Grecia y Asia desde los tiempos míticos hasta su culminación con la invasión de Jerjes y su derrota. En los primeros libros hay abundancia de relatos y cuentos fabulosos, sin apenas ilación. En los últimos, a partir de la batalla de Maratón, la narración es menos interrumpida. Pero el autor no olvida jamás el tema central: el enfrentamiento grecopersa. Los libros que preceden a las Guerras médicas, con excepción del 11 y IV, dedicados a Egipto, Escitia y Libia, presentan a los protagonistas de la contienda. Su obra ha llegado dividida en nueve libros, dedicados a las nueve musas, aunque parece que esta división es posterior.En principio, H. se proponía únicamente completar y rectificar la obra de Hecateo, siguiendo el sistema de los historiógrafos jónicos, y como ellos adoptó este dialecto. Pero, al comenzar sus viajes por Egipto, se encontró con un país que le produjo gran impresión; era un mundo distinto, al que llegó a admirar (en su libro II se muestra claramente inclinado hacia él). La decisión de escribir la gran Historia surge más tarde, en sus viajes por el Imperio persa y al visitar más detenidamente Grecia y sobre todo Atenas; entonces aprende a estimar la civilización helénica, y de este conocimiento proviene la nueva dirección que, sin dejar de ser imparcial, imprime a su narración un ritmo de tragedia. Jerjes será la figura central, el representante de los bárbaros, y, para darle mayor intensidad, Creso y Polícrates, los tiranos de Lidia y Samos. La Historia comienza con la leyenda de Creso, el primero que atacó a los griegos. Conduce la trama de esta tragedia con no pocas incoherencias e ingenuidades, pero acumulando un magnífico tesoro histórico; y no se deja llevar por tendencias localistas, aunque se da cuenta de que las Guerras médicas (v.) son punto trascendental de la historia, ya que, con su victoria, Atenas ha salvado al Occidente.Sobre el proceso de gestación y fuentes de la obra hay encontradas teorías (Kirchhoff, Bauer, Jacoby, Powell). Sólo sabemos, porque él mismo lo dice, que clasifica las noticias en tres grupos: las que ha visto, las que le han sido contadas por testigos directos y dignos de confianza y, en fin, las tradiciones o logoi que le han llegado sin testimonios fidedignos. En este último caso, no se pronuncia sobre la veracidad o falsedad de tal noticia. Admite demasiadas cosas de sus interlocutores con buena fe y sin preocuparse de hacer las comprobaciones necesarias. Por esto, su método de indagación merece el reproche de simplista y crédulo, aunque su buena fe está fuera de toda duda. Hoy debemos alegrarnos de que incluyera muchos logoi o tradiciones dentro de su Historia, pues con un espíritu escéptico como el de Tucídides (v.) nos hubiera privado de innumerables y valiosos datos. En definitiva, su Historia es una exposición de sus investigaciones. Por otra parte, él mismo tampoco estima conveniente prescindir de relatos novelescos que ha escuchado en sus viajes. Los recoge con sorprendente ingenuidad, aunque de cuando en cuando anota su escepticismo, porque nos dice: "mi deber es informar de todo lo que se dice, pero no estoy obligado a creerlo todo igual".Teoría de la Historia. Con H. se inicia el espíritu de indagación, que pretende completar por medio de examen personal; aunque no llegó a buscar el último sentido de causalidad de los acontecimientos, como harían Tucídides o Polibio (v.). No se planteó el drama de la vida humana con una mente filosófica, ni tampoco muestra preocupación por lo social o económico, ni siquiera por las transformaciones o consecuencias políticas. Pero esto no significa que estuviera ausente de su relato el análisis de los personajes que intervienen en sus acciones, y en modo alguno prescinde del enjuiciamiento moral de sus actos. Presta también atención a los complementos geográficos y étnicos, como factores de la historia, y tiene una gran preocupación por las culturas de Oriente e incluso por las instituciones políticas de, los pueblos. También, y por primera vez en Grecia, se realiza una descripción de la actividad de los hombres como enteramente liberados de la mediatización del poder religioso; los acontecimientos son debidos a la acción humana y se efectúan bajo su responsabilidad sin constituir una acción divina. Cierto que, en ocasiones, admite abiertamente el providencialismo sobre la realidad de la vida, pero referido a un orden universal. En consecuencia, la Historia puede ser una ciencia, no una adivinación; H. no es teocrático sino humano.Otra interesante faceta como historiador viene determinada por sus ideas políticas. Se muestra despiadadamente hostil a los jonios de Asia, porque su revuelta fue el principio de las Guerras médicas. No vacila en alabar la democracia ateniense y mira con hostilidad a Tebas y Corinto, pero es imparcial y no deja de enjuiciar a los espartanos con ecuanimidad. No sólo ha superado la visión restringida a los helenos, que se nota en los logógrafos, sino que quiere extender su atención a todo el mundo conocido y que por sus hechos sea digno de figurar en sus páginas. Las luchas de héroes y dioses, que llenaban los relatos de los logógrafos, son sustituidas por una lucha entre dos mundos: Europa y Asia. Realiza, pues, una auténtica Historia universal, sin reserva alguna frente a los bárbaros. Al contrario, admira la antigüedad de su cultura y la magnificencia de sus monumentos.Su estilo tiene amenidad y encanto; sus narraciones, llenas de gracia, delatan una ironía discreta. Su obra seduce por lo pintoresco de las anotaciones etnológicas, por las cualidades propiamente literarias y por la delicadeza del lenguaje. Su obra se ha comparado a un poema épico.Refiere grandes y maravillosas hazañas, aunque las somete a las nuevas exigencias y condiciones de la ciencia y de la prosa. Cicerón le llamó "Padre de la Historia" porque fue el primero que logró construir una elaborada narración de hondo interés humano. Esa combinación de arte y ciencia, por él inventada, que se llama Historia, ha sufrido cambios y dispone de otros medios, pero en sustancia sigue los principios que él ideó.A. MONTENEGRO DUQUE.
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