Guatemala (país) VI. Arte, 2. Arte Posterior. ARTE
Categoria:
Arte
Siglos XIX y XX. Durante la segunda mitad del s. XVIII, una pléyade de ingenieros y arquitectos, en su mayoría españoles, impusieron en G. el neoclasicismo arquitectónico y urbanístico, predominante en la totalidad del país guatemalteco a lo largo de casi toda la decimonónica centuria. Artistas españoles como Luis Diez Navarro (1700-73?) y Marcos Ibáñez (1741-1800?), o como el italiano Antonio Bernasconi (1710?-85) -discípulos los dos últimos del arquitecto de la corte española Francisco Sabatini-, llevaron a cabo este fenómeno junto con otros artistas dentro del contexto artístico general americano.A finales del s. XVIII y principios del XIX se extiende la labor constructiva de Santigao Francisco Marqui, quien, a excepción de la portada y las torres -acabadas en 1862-, concluyó las obras de la catedral de Guatemala (1815) y ayudó a Bernardo Ramírez en la terminación de la Universidad (1790), hoy facultad de Ciencias jurídicas y sociales. Papel importantísimo en estos avatares lo ejerció el guatemalteco Pedro Garcí-Aguirre (1750?1809), arquitecto de las iglesias de S. Domingo (1796) y S. Francisco (1800-1851). En plena centuria la arquitectura nos depara obras puramente neoclásicas de raíz europea. Ejemplificaciones solemnes son el Congreso Nacional (1855) y el Teatro Nacional (1859), proyectados por Miguel Rivera Maestre, quien se inspiró en templos clásicos greco-romanos -tal vez, el Partenón de Atenasespecialmente para el pórtico de la segunda de sus obras citadas, modificada notablemente en 1852 por el arquitecto José Beckers. Igual línea y estilo se seguirán bien entrado el s. xx. Así, el llamado Templo de Minerva (1901), con esculturas en su tímpano del venezolano Santiago González, y el Palacio Nacional (1919), una de las cumbres arquitectónicas guatemaltecas, obra del arquitecto Rafael Pérez de León, de clara raigambre historicista, que supo conjugar en este edificio la arquitectura neocolonial con el fuerte influjo francés, por otro lado reinante ya a lo largo del s. XIX, especialmente desde el mandato del general Barrios. En escultura y pintura el estilo neoclásico fue igualmente decisivo para el arte de G. Con la fundación en 1797 de la Escuela de Dibujo de la Sociedad Económica -reflejo de las corrientes hispano-europeas, cuajadas ya en México-, dirigida por el arquitecto y pintor nativo P. Garcí-Aguirre, se cimenta dicho movimiento. En torno a este artista y bajo sus enseñanzas como grabador se formaron numerosos dibujantes, grabadores y pintores que, en 1801, realizarían una Exposición colectiva de pintura y escultura. Alma de ésta fueron sus propios discípulos en la Academia, como Francisco Cabrera (1781-1845), grabador y miniaturista, Casildo España, grabador, y el pintor Juan José Rosales, discípulo éste del gran José Valladares, así como el escultor Martín Abarca, que con su Vulcano mereció el primer galardón de la exposición.Estos brotes, algunos extraordinarios, deseosos de definir la personalidad guatemalteca tras la independencia política de la metrópoli española, no surtirán en su totalidad el fin perseguido. Será necesario entrar en pleno s. XX para ver cómo la arquitectura y la plástica de G. se encuentran a sí mismas, sin necesidad de depender de las corrientes y criterios europeos, especialmente franceses. Así se inicia el redescubrimiento y el reencuentro del más puro sustrato del país del quetzal. Papel de primerísimo orden lo van a tener las artes plásticas. La escultura de Rodolfo Galeotti Torres, los murales de Alfredo Gálvez Suárez -muy cercano al muralismo incipiente mexicano- y las vidrieras de julio Urruela Vásquez, en la decoración del Palacio Nacional, constituyen el primer paso dentro de este camino marcado.Arquitectónicamente la dependencia, más o menos estrecha, con Norteamérica es evidente en las estructuras y facturas de los edificios. No obstante, los aportes nacionales son valiosos y se centran, principalmente, en el sentido del espacio-luz. El nuevo centro urbano de la ciudad de G. lo constituye, sin lugar a dudas, la unidad arquitectónica del Centro Cívico de Guatemala, formada por los edificios del Palacio Municipal (1956), obra de Pelayo Llarena Murúa (n. 1924) y Roberto Aycinema Echevarría (n. 1917), el Inst. Guatemalteco del Seguro Social (1958), de Jorge Montes Córdova (n. 1927) y R. Aycinema, y el Banco Central de Guatemala, dando forma a una amplia y armónica plaza enmarcada con profundo sentido espacial y óptico-visual. Otras obras son, p. ej., el Edificio Herrera, del arquitecto Raúl Minondo, o la obra de colaboración de la Ciudad Universitaria.Mas, no obstante todo esto, la labor de apostolado casi profético será la de Carlos Mérida (n. 1893), que hallaría en México el camino de su raíz guatemalteca. La recreación plástica de la línea maya precolombina con elementos geométricos triangulares es una verdadera transposición abstracta subjetiva. En su obra parecen resonar la ancestral poesía y autóctono arte maya-quiché. Sus mosaicos del Palacio Municipal (1956) o sus murales del Inst. Guatemalteco del Seguro Social y del Banco Central así lo atestiguan, entre toda su obra. Muchos otros pintores podríamos citar, pero tanto ellos como sus obras quedarían velados por la fuerza de Carlos Mérida; no obstante, caben reseñarse los nombres de J. Rodolfo Galeotti Torres, por su Exposición de Cuadros de los Pueblos autóctonos (1937), y Máximo Soto-Hall, ambos dedicados a la temática indigenista maya.El enlace con México, en cuanto a la escultura, es evidente. Lo descriptivo monumental, con cierto expresionismo dinámico, se ve palpitar en los murales gigantes de Guillermo Grajeda Mena y Dagoberto Vásquez, para el Palacio Municipal, y especialmente en los de Roberto González Goyri (n. 1924), para el Inst. Guatemalteco del Seguro Social, o en los del monumento al héroe nacional Tucunumán.La característica tal vez más importante del arte guatemalteco contemporáneo -común en este periodo al mundo de Hispanoamérica- es el intento integrador de las artes espaciales y de las visuales, fenómeno que se pone de manifiesto en el Centro Cívico de Guatemala, en donde intervinieron arquitectos, escultores y pintores, formando una sola unidad.A. MARTÍNEZ RIPOLL.
BIBL.: L. CASTEDO, Historia del Arte y de la Arquitectura Latinoamericana, Barcelona 1970; E. CHINCHILLA AGUILAR, Historia del Arte en Guatemala. Arquitectura, Pintura y Escultura, 2 ed. Guatemala 1965; P. F. DAMAZ, Art in Latin American Architecture, Nueva York 1963; H.-R. HITCHCOCK, Latin American Architecture Since 1945, Nueva York 1955; M. NELKEN, Carlos Mérida, México 1961; PAN AMERICAN UNION, Art in Latin American Today. Guatemala, Washington 1964; 1. SANZ Y DíAZ, Pintores hispanoamericanos contemporáneos, Barcelona 1953.
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