Guardia Civil HIST.
Categoria:
Historia
Institución de seguridad pública característica de España, tanto por su especial organización, como por la originalidad de algunas de las prendas de su uniforme. El pueblo español suele llamarla la Benemérita, por el respeto y admiración que sus actividades benéficas y humanitarias, su culto al honor y su heroísmo en la paz y en la guerra le han granjeado, y por habérsele concedido oficialmente el título de Benemérita de la Patria, ostentando su bandera la corbata de la Orden de Beneficencia.Cuando contaba sólo 14 años de existencia, se dijo de ella que constituía como una numerosa familia, ligada voluntariamente por los vínculos de la regla y disciplina más severas y dedicada, sin medir riesgos ni fatigas, a velar por la seguridad de todos y a dar su propia vida por salvar la del prójimo, en incendios, inundaciones y demás ocasiones luctuosas. Desde que esto se escribió, la fama y el prestigio de la G. C. han seguido una trayectoria ininterrumpidamente ascendente, dentro y fuera de España, hasta el punto de haber sido copiada, con su mismo nombre, organización y reglas por otros países.Desde su fundación, las normas que presiden la conducta de sus miembros y alientan su espíritu son: el honor ha de ser la principal divisa del guardia civil y debe conservarlo sin mancha, porque una vez perdido no se recobra jamás; jamás deberá usar las vejaciones, las malas palabras, los malos modos y acciones bruscas; será prudente sin debilidad, firme sin violencia y político sin bajeza, no debiendo ser temido sino de los malhechores; sus primeras armas deben ser la persuasión y la fuerza moral; será siempre un pronóstico feliz para el afligido, infundiendo la confianza de que a su presentación, el que tenga su casa presa de llamas considere el incendio apagado, el que vea a su hijo arrastrado por la corriente de las aguas, lo crea salvado... y sólo le es permitido esperar de aquellos a quienes favorezca, un recuerdo de gratitud.Orígenes y antecedentes. Como institución que reprime la delincuencia en los medios rurales, podría pensarse que tuvo su antecedente en la Santa Hermandad (v.); pero ni su organización, ni sus cometidos, ni su actuación, lo permiten. Las Hermandades nacieron hacia 1085 como espontánea asociación de varios pueblos para la defensa común contra el bandidaje, llegando a ejecutar sus propias sentencias. Extendida a todo el reino, con el nombre de Santa Hermandad, cada villa proporcionaba y pagaba los hombres necesarios. En 1476, los Reyes Católicos la reorganizaron en capitanías provinciales bajo el mando de un capitán general, pagándose a los miembros de esta Santa Hermandad Nueva mediante un impuesto especial. Esto las disciplinó e hizo eficaces, pero, 22 años más tarde, imperativos económicos obligaron a suprimir el impuesto especial, las capitanías y el capitán general, volviéndose a la situación anterior, con lo que se desprestigió y languideció, llegando a desaparecer en muchas localidades y provincias, donde surgieron diversos cuerpos de seguridad pública. El 15 en. 1835 se decretó su total extinción.Antecedentes más inmediatos son el proyecto de Cuerpo General de Gendarmería, concebido y no realizado por José Bonaparte en 1812, y el de Legión de Salvaguardias Nacionales, presentado en 1820 por el marqués de las Amarillas, ministro de la Guerra, pero que no llegó ni a discutirse, porque el liberalismo triunfante en la revolución de 1820 se entendía como algo incompatible con cuanto significase orden y principio de autoridad, y así las partidas de bandoleros, protegidas a veces incluso por personas de elevada posición social, caciques políticos y autoridades locales, continuaron sus fechorías, ya que ni las tropas ni las Milicias Nacionales destinadas a su persecución eran apropiadas para tal misión, que comenzaban por considerar ajena a su cometido.Creación del cuerpo. Una vez en el poder los moderados, al ocupar el trono Isabel II, el RD de 28 mar. 1844 creó el Cuerpo de Guardias Civiles, más civil que militar, dividido en tercios y compañías, dependiente sólo de las autoridades civiles y carente de un mando superior único. Confiada la recluta y organización al ministro de la Guerra, éste se la encomendó el 15 de abril al mariscal de campo Francisco Javier Girón y Ezpeleta, segundo duque de Ahumada y quinto marqués de las Amarillas, quien, conocedor del proyecto de su padre y de la organización de la Gendarmería francesa y de los Carabineros Reales italianos, concibió una feliz síntesis que mejorase los modelos, a cuyo fin puso condiciones en lo que llamó Bases necesarias para que un General pueda encargarse de la formación de la Guardia Civil. Aprobadas por el nuevo jefe del Gobierno, Narváez, el nuevo Decreto orgánico del Cuerpo, de 13 de mayo, permitió la definitiva creación de la G. C., con un mando militar superior, dependiente del Ministerio de la Guerra en lo concerniente a organización, personal, disciplina, material y sueldos, y del Ministerio de la Gobernación en sus movimientos y servicio peculiar.No obstante, la mala impresión producida por el primer. decreto tardaría algunos años en borrarse, a pesar de la indudable eficacia del nuevo Cuerpo, que actuaba como fuerza del ejército consagrada a un servicio civil en beneficio de todos los ciudadanos sin discriminaciones políticas ni sociales. Pero es que el primer Reglamento para el Servicio, publicado el 9 oct. 1844, seguía el espíritu de dicho decreto y ponía a la G. C. a las órdenes de los jefes políticos e incluso de sus delegados, comisarios y celadores, en contra de los propósitos del duque de Ahumada. Fue necesario todo el prestigio y tesón de éste, bien auxiliado por el valor moral, entereza y competencia de los distintos escalones de mando que él mismo había seleccionado en el ejército, para que la G. C. no degenerase en aquellos primeros años en un cuerpo de policía al servicio de los políticos y caciques locales. Al fin, ese Reglamento fue reformado el 2 ag. 1852, con mucha oportunidad, pues se avecinaban cambios políticos y, de haber continuado el anterior, el Cuerpo hubiera desaparecido probablemente, ya que, a pesar de su actuación apolítica, ratificada por dicha reforma, estuvo a punto de ser disuelto. Pero Ahumada había logrado formar un cuerpo netamente militar, que prestaba los servicios según sus propias normas y atendía los requerimientos de las autoridades siempre que se ajustasen a ellas, donde se delimitaba la dependencia y relaciones con éstas. Primaba la conciencia de ser útil a la nación y estar al servicio de la patria, con cualquier Gobierno que quisiese mantener el orden público y combatir la delincuencia.Comenzada en julio de 1844 la recluta e instrucción de los contingentes en Leganés y Vicálvaro, el duque de Ahumada, ya nombrado inspector general del Cuerpo, pudo presentar en público, el 10 de octubre, cumpleaños de la reina, los primeros 2.300 guardias civiles, con su severo, vistoso y elegante uniforme, mezcla del de las antiguas Milicias provinciales y del de la Gendarmería francesa, pero con su característico sombrero de tres picos con galón. Esta fuerza empezó inmediatamente a prestar su especial servicio en la capital y comenzó a distribuirse por las provincias de Castilla la Nueva, extendiendo su acción por las demás conforme fueron saliendo de los dos depósitos de instrucción las compañías que para ellas se organizaban.El reglamento para el servicio sufrió nuevas reformas tras la del 2 ag. 1852, para actualizarlo, pero sin afectar a su espíritu ni a ninguna de sus bases esenciales, siendo la última la del 14 mayo 1943. El primer reglamento militar se publicó el 15 oct. 1844, sufriendo también reformas actualizantes, la última de las cuales fue la del 23 jul. 1942. La primera circular del cuerpo referida a las cualidades morales que deben poseer sus miembros, fue la de 16 en. 1845, origen de la primitiva cartilla del guardia civil que, aprobada el 20 dic. 1845, no fue sino la explicación detallada de los dos reglamentos, precedida de unas prevenciones generales que desarrollaban las normas de aquella circular, y de las prescripciones para la prestación de cada uno de los distintos servicios peculiares, en los caminos, para la protección de las personas y propiedades, documentos de seguridad, uso de armas, caza y pesca, desertores y prófugos, juegos prohibidos, contrabando, conducciones de presos y de caudales, etc. Dicha cartilla, mantenida en lo sustancial y actualizada en lo accesorio, constituye hoy el manual de la G. C.Desarrollo posterior. Nuevos cometidos y el crecimiento demográfico y económico de España exigen el aumento de la plantilla: 7.750 hombres, mandados por 301 jefes y oficiales en 1847; 58.535 y 2.663, respectivamente, en la actualidad. La Ley de 15 mar. 1940 reorganizó el Cuerpo, ampliándose su cometido con las misiones del antiguo Inst. de Carabineros, cuyos miembros se integraron en la G. C. Y la ley de 30 jul. 1959 confió al Cuerpo las funciones que venía ejerciendo la policía de tráfico, a cuyo fin se organizó la llamada Agrupación de Tráfico de la G. C.Vano empeño sería intentar la más breve reseña de los servicios prestados por la G. C. La extinción del bandolerismo y la seguridad de los viajeros en los caminos la inició a los pocos días de comenzar a prestar servicio, el 12 jun. 1844, al sorprender y aniquilar, tras dura refriega, a una partida que estaba robando a unos mercaderes en los barrancos próximos al puente de Navalcarnero. Los primeros servicios de campaña en un ejército de operaciones, pero con misión propia, los prestó en 1847 con motivo de la expedición a Portugal. En ese mismo año y en los dos siguientes, participó en la segunda Guerra carlista, en vanguardia de las columnas, como conocedora del terreno, u obrando por cuenta propia a veces. Sus primeras intervenciones para sofocar movimientos revolucionarios tuvieron lugar en 1848, resultando herido el propio duque de Ahumada al frente de sus guardias civiles, el 7 de mayo, en Madrid. Y el 9 abr. 1848 prestaba su primer gran servicio humanitario, al salvar a la tripulación de la goleta inglesa Mary, encallada en la costa de Sanlúcar de Barrameda por una furiosa tempestad.El espaldarazo como institución nacional respetada en lo sucesivo por todos los partidos y en todas las situaciones lo recibió tras la revolución triunfante de 1854 y acceso de los progresistas al poder, pues se restableció la Milicia Nacional, desaparecida en 1845, y se pidió la disolución de la G. C. en las Cortes; pero su nuevo inspector general, el teniente general Infante, que al mismo tiempo las presidía, supo defender frente a los diputados su mantenimiento y el que no se modificase su organización militar. Los nuevos ministros reconocieron que durante los sucesos revolucionarios, aunque la G. C. había sufrido y había causado muertos y heridos, había obrado en cumplimiento exacto de sus deberes militares, al mantener el orden y defenderse cuando fue atacada y se la intentó desarmar.Desde entonces, la G. C. ha sido elemento básico de la Historia de España. La complejidad de sus funciones, constantemente en aumento, y la trascendencia de sus intervenciones, hicieron inevitable su actuación en multitud de episodios nacionales, incluidas las guerras exteriores, pues como parte integrante del ejército intervino brillantemente en las campañas de África, Cuba y Filipinas. Con el título de inspector general, unas veces, y otras con el de director general, la han mandado 56 generales, elegidos siempre entre los de mayor graduación, mérito y prestigio de su tiempo. Cuenta por millares los servicios humanitarios prestados, y en el cumplimiento de su deber, siempre con sublime heroísmo, recompensado en 34 ocasiones con la Cruz Laureada de San Fernando, máxima condecoración militar, en 72 con la Cruz de Beneficencia y en 115 con la de Salvamento de Náufragos, sufrió 1.418 muertos y 3.090 heridos, habiendo capturado 3.382 bandoleros y detenido a 19.407 delincuentes de otro género. Su mayor hazaña, comparable a las legendarias de Numancia o Sagunto, fue la defensa del Santuario de la Virgen de la Cabeza, del 18 ag. 1936 al 1 mayo 1937, en la que 223 combatientes, al mando del laureado capitán D. Santiago Cortés González, soportaron sin rendirse 121 muertos y 86 heridos. De ella dijo Franco: "¡Esto lo culmina todo!".M. LUENGO MUÑOZ.
BIBL.: M. GISTAU, La Guardia Civil. Historia de está institución, Madrid 1907; C. XIMÉNEZ DE SANDOVAL, Las instituciones de seguridad pública en Esparta y sus dominios de Ultramar, Madrid 1858; A. QUEVEDO y J. SIDRO, La Guardia Civil: historia de esta institución, Madrid 1858; E. DE LA IGLESIA, Reseña histórica de la Guardia Civil, Madrid 1898; A. OPISSO, La Guardia Civil y su tiempo, Barcelona 1913-16.
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