Guardi, Francesco
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Biografía GER
Pintor veneciano del s. XVIII, nace el 5 oct. 1712 en el seno de una familia de pintores, que procedentes de Val Di Sole en el Trentino, se había establecido en Venecia. Exagerada la vinculación con su hermano Gianantonio, se pensaba que la labor más libre del artista databa de 1760, año de la muerte de aquél, cuando en realidad poseemos obras notables producidas con anterioridad a esa fecha. Su obra como pintor de "figura", actividad común con su hermano, nos muestra cuán profunda diferencia de carácter, reflejada en el modo de hacer, separa a ambos hermanos; Francesco no ama la grandilocuencia, mira con ojo atento y penetrante cuanto ocurre a su alrededor. En sus cuadros, no abundantes, de tema sacro, vemos el distinto espíritu que le anima, pues tienen una expresión dramática y una inquietud de la que carecen los de su hermano. Recordemos la Crucifixión, la Deposición, o el Santo en adoración de Trento: todo allí es fuerza interior, violencia de sentimiento, ímpetu y drama. La escena del Milagro de Viena, donde, los hermanos, perdido el equilibrio, caen a las aguas limosas, es una obra maestra de la expresión instantánea. En primerísimo lugar de esta producción figuran las pinturas de la iglesia del Ángel Rafael de Venecia. Después habrá de dedicarse a la pintura de paisaje y panorámica, abandonando su inicial adhesión a Marco Rice¡, anterior a 1740, seguirá a Canaletto, que había partido del mismo maestro, sin que le falten contactos con otros paisajistas como Carlevaris y Marieschi. Guardi necesitando trabajar para vivir -testimonios de lo cual son su inquieta carta a Cordellina en 1750 y el acre comentario de Edwards, en carta a Canova, tantos años después- imitará a su compatriota para vender mejor, por cuanto su estilo está en boga y le plagiará hábito al que no son ajenos los Guardi, en especial Gianantonio. Pero el verdadero G. es posterior a este momento: el que animará, dotando de interna emoción la fría visión canalettiana, al margen del éxito y de la gloria, afinándose progresivamente como corresponde a un genio reflexivo de su naturaleza. Es sintomático que su reivindicación, tardía, se haga en 1878 por un francés, Leroy, en el momento en que el impresionismo abría los umbrales de una nueva sensibilidad tan lejos del juicio de Lanzi, que no le comprendiera, o del de Vianelli, tan pleno de intuiciones. Y ello porque desde los comienzos de su producción "panorámica", aun en el momento que podemos llamar "canalettiano", existen diferencias con el maestro, no ya exclusivamente en la estructura de las imágenes, sino en la total deformación de los empastes. La extensión de su obra nos impide el detalle; de la primera parte tenemos significadas muestras, como la Piazzeta de la colección Modiano de Bolonia, las Piazza de San Marco de la National Gallery de Londres y la Acad. de Bellas Artes de Viena y tantas obras a las que se aproximan ya notables Caprichos. Es una obra en continua evolución hasta llegar a la madurez, al momento de la "descorporización" de la forma, en el que el color se mueve y vibra produciendo una peculiar interpretación de la realidad: una poética Venecia, expresada en términos líricos, luminosos y atmosféricos. Este mundo tiene plena vigencia en las Solemnidades Dogales, de ca. 1770, repartidas hoy entre París, Toulouse, Bruselas, Nantes y Grenoble. Más tarde son las fiestas venecianas, postrer grandeza de la República adriática como la Fiera della Sensa de Viena o las pinturas conmemorativas de las visitas a Venecia de Pío VI y los condes del Norte (1782), el bellísimo interior del Concierto de las Damas de la Pinacoteca de Munich y tantos cuadros en que encuentran adecuada y poética expresión los rincones venecianos. Por sobre todo ello sus incomparables Caprichos en numerosos museos, donde encontramos la melancólica, dramática insistencia sobre la decadencia de la ciudad, que el artista muerto en 1795 alcanzará a ver consumada, siendo simbólica también su figura, la del último gran paisajista urbano de Venecia. Existe en Venecia una importantísima colección de sus dibujos en el Museo Correr. Mal comprendido por sus coetáneos su ingreso en la Academia en 1784 sería una tardía sanción a su arte.J. L. HENARES CUÉLLAR.
BIBL.: G. FIOCCO, Francesco Guardi, Florencia 1923; R. PALLUCCHINI, Canaletto e Guardi, Novara 1941; íU, Cinque secoli di pittura aeneziana (Catalogo della Mostra), Venecia 1945; R. LONGHI, Viatico per cinque secoli di pittura aeneziana, Florencia 1946; V. BOSCHINI, Francesco Guardi, Milán 1952; R. PALLUCCHINI, La pittura aeneziana del Settecento, Venecia-Roma 1960; P. ZAMPETTI, Guardi (Catalogo delta Mostra), Venecia 1965; R. CHIARELLI, Los paisajistas urbanos venecianos, Granada 1968.
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