Gris, Juan (José Victoriano González)
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Biografía GER
Seudónimo con el que habitualmente firmó sus obras el glorioso pintor español -el más concienzudo y riguroso de los cubistas- José Victoriano González Pérez. Había n., de padre castellano y madre andaluza, el 23 mar. 1887, pero parece que no en Madrid, como invariablemente se ha repetido, sino en alguna aldea. En todo caso recibió en Madrid su educación primaria y secundaria, desde luego esmerada y en buen colegio hasta que su padre, comerciante, se arruinó. Siguió otros estudios en la Escuela de Artes y Manufacturas, precursora de la actual de Artes y Oficios, y no sería ajena a esta etapa su condición, luego ampliamente demostrada, de mentalidad lógica, razonadora y matemática. De su supuesto y posible aprendizaje de pintura junto a D. José Moreno Carbonero, no hay datos concretos, aparte de la presunción de que alguien hubo de ser maestro del joven José Victoriano. En 1906 comienza a utilizar el seudónimo al ilustrar el libro Alma América, de Santos Chocano, y al colaborar, también como ilustrador, en la revista "Blanco y Negro". En septiembre del mismo año, descorazonado por los limitados horizontes madrileños, marcha a París, de donde ya no regresaría. Ayudado por Daniel Vázquez Díaz (v.), comienza una larga etapa -1907-10- de caricaturista en las revistas parisinas "L’Assiette au Beurre", "Le Charivari", "Le Témoin", y "Le Cri de Paris" y en la barcelonesa "Papitu". Pero, obviamente, estos medios de ganarse la vida, y muy duramente, por cierto, no pueden contentar al gran artista. No olvidemos que su domicilio, durante muchos años, es el Bateau-Lavoir de la rue Ravignan, el mismo en que habita Picasso. Juan G., que ha tenido múltiples dudas antes de trocar la ilustración por la Pintura con mayúscula, se decide, por fin, a hacerlo en 1910.Desde 1911, ya cubista convencido, gran admirador de Cézanne, se lanza a la lucha con unos cuadros siempre impecables de composición, de calculados ritmos, de infalible geometría. Casi siempre, bodegones, con inclusión de raros paisajes y de aún más raras figuras, entre las que es memorable su Homenaje a Picasso. Tras un primer amor desafortunado, del que le quedó un hijo, Jorge, encuentra a su fiel compañera definitiva, la turenesa losette, casi al mismo tiempo que da con el marchante Kahnweiler; quien le asegura un contrato que le permite trabajar sin apuros. Pero Kahnweiler, en virtud de su nacionalidad alemana, queda separado de Francia durante toda la I Guerra Europea, lo que significa para G. graves periodos de congoja y escasez. Y, sin embargo, de tales años data lo más hermoso, granado, ilustre y solemne de su obra, que llega a proveerse de toda la grandeza silenciosa advertible, p. ej., en Zurbarán (v.). La guerra concluye, pero, paradójicamente, también acaba el mejor estilo juangrisiano, ya que Picasso y Braque han abandonado el cubismo, que pasa a ser puro capítulo histórico.Es evidente que G. pasa por un momento de desorientación. El cubista máximo es él, y, no obstante, se ve constreñido a deshacerse de su mejor inspiración. En 1920 padece una pleuresía, parece que insuficientemente tratada, lo que dará lugar a posteriores desarreglos de su organismo. En 1922 sufre una operación, y el mismo año acepta el encargo de Diaghilev (v.) para los figurines y decorados del ballet Las tentaciones de la pastora. Este y otros -La paloma y La educación fracasada se representan en Montecarlo en enero de 1924, y su éxito alegra un tanto la sombría existencia del artista. En 1926, su salud empeora, primero, mediante una bronquitis; después, por pertinaces ataques de asma. El artista y su esposa buscan alivio en diversas ciudades hasta que le es diagnosticada la uremia. Vuelta precipitada a París, donde G. sufre tres ataques de dicha afección, m. en Boulogne-sur-Seine el 13 mayo 1927..Ha muerto a los sólo 40 años de edad, y de una edad nada pródiga en satisfacciones. Pero ha muerto dejando tras sí una obra de una hermosura y de un aliento fuera de serie. No ha sido el inventor del cubismo (v.), pero sí el que le ha dotado de un sentido inmanente de belleza y de grandiosidad que excede con mucho al picassiano, por supuesto hábil, pero mucho más frívolo. G. distaba mucho de esta frivolidad. Calculaba un cuadro como si se tratase de un teorema, y lo comenzaba con escuadra y cartabón, como dispuesto a resolver un problema geométrico, y lo resolvía, en efecto, sin un solo fallo, sin la más mínima equivocación. Todo estaba en su lugar, todo en su sitio, y a ninguna línea faltaba o sobraba ni un milímetro. Las preferencias cromáticas del artista se dirigían al verde, al pardo, al negro, a colores rotundos sin ser primarios, quizá por ser los más calificados y válidos para magnificar la honda seriedad de su mundo inerte, en el que un violín, una botella, un vaso, cobraban una conformación corpórea y hasta espiritual verdaderamente inédita. Muchas veces pintó G. un mantel a cuadros o un tablero de ajedrez, combinación de total elementalismo geométrico, pero que en sus manos ascendía a sorprendente y sintética condición de hermosura, acaso por no otra razón que por la avidez ibérica del gran pintor para con la sencillez, en lo que se emparenta sin dificultad con la mejor línea de ascéticos y místicos de nuestro Siglo de Oro. Actuaba y vivía en Francia, sin duda, pero tan sólo porque su arte hubiera -por gran desgracia- resultado extemporáneo en España; por lo demás, nadie tan español como él, aunque también tan ajeno a explotar el españolismo mediante fáciles espectacularismos de pandereta.Era previsible que pintor tan razonador y tan lógico en su obra lo fuera igualmente en su discurso. Aparte de otras declaraciones escritas, se ha hecho justamente famosa la conferencia que pronunció, bajo el título Des possibilités de la Peinture, el 15 mayo 1924 en el Grupo de Estudios Científicos y Filosóficos de la Sorbona, de París. Era todo un respaldo doctrinal de su obra, muy directo y seguro, en el que se contenían proposiciones tan diáfanas como la siguiente: "La única posibilidad de la pintura es la expresión de determinadas afinidades del pintor con el mundo exterior, y el cuadro es la asociación íntima de estas analogías entre ellas y entre éstas y la superficie limitada que las contiene". Otras muchas sentencias de semejante sagacidad y espíritu supervisor de las formas podrían espigarse entre los pensamientos de G., que predicó con el ejemplo, el color, el lápiz y la palabra incansablemente, a cambio de morir a los sólos 40 años de una vida gloriosamente fecunda.V. t.: CUBISMO.J. A. GAYA NUÑO.
BIBL.: J. GRIS, Posibilidades de la pintura y otros escritos, Córdoba (Argentina) 1957; D. COOPER, luan Gris ou le golit solennel, París 1949; D. H. KAHNWEILER, luan Gris. Vida y pintura. Madrid 1971; J. T. SOBY, luan Gris, Nueva York 1958.
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