Giraudoux, Jean
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Biografía GER
Novelista, dramaturgo y ensayista, Jean-Hippolyte Giraudoux aparece como uno de los más típicos representantes de un cierto humanismo francés, hecho de cultura e ironía, de clasicismo y brillantez. N. el 29 oct. 1882 en Bellac (en la región del Limousin, tan admirablemente descrita en alguna de sus novelas), realizó sus estudios secundarios en el Liceo de Cháteauroux e ingresó más tarde en la Escuela Normal Superior de París, centro de la aristocracia intelectual francesa. Al término de sus estudios se dedicó a la carrera diplomática en la que desempeñó diversos cargos, entre ellos el de comisario general de Información al comienzo de la 11 Guerra mundial, pero siempre alternando sus funciones públicas con su actividad literaria. M. en París el 31 en. 1944, unos meses antes de la Liberación.Giraudoux, novelista. Como otros muchos escritores franceses contemporáneos suyos, aborda el teatro después de haber comenzado su carrera de escritor dentro del género novelesco. Sus relatos, entre los que cabe destacar Les Provinciales (1909), Simon le Pathétique (1918), Elpénor (1919), Suzanne et le Pacifique (1921), Siegfried et le Limousin (1922), Juliette au pays des hommes (1924) y Bella (1925), anuncian y prefiguran en numerosas ocasiones el autor teatral que triunfará en la década comprendida entre 1930 y 1940.En efecto, el tono narrativo de G. es una mezcla logradísima de humor y fantasía, donde el relato propiamente dicho está siempre supeditado a los valores poéticos e imaginativos. Del mismo modo se sacrifica la verosimilitud de la historia a la originalidad del tema o a los hallazgos inesperados, tanto en el aspecto narrativo como en el verbal. Invariablemente encontramos una trasposición de la acción a un plano mágico que recubre una realidad, de la que el autor se evade por principio. La prefiguración es incluso técnica en muchas ocasiones; así, la primera obra teatral de G., Siegfried (1928), está inspirada en su novela Siegfried et le Limousin. Elpénor presenta La Odisea vivida por el más insignificante de los compañeros de Ulises, mientras que en la obra teatral La Guerre de Troie n’aura pas lieu asistimos a los prolegómenos de La Ilíada.Giraudoux, dramaturgo. Todo lo dicho anteriormente muestra hasta qué punto G. se halla enraizado en unos determinados supuestos culturales estrechamente ligados al esprit francés desde el s. xvll -Racine (v.), La Fontaine (v.), el Preciosismo (v.)-. Su segunda obra teatral se titula Amphitryon 38 (1929), porque se trata en realidad de la versión que hace este número del mito de Anfitrión. A ella seguirán otros títulos igualmente significativos Judith (1931), Intermezzo (1933), La Guerre de Troie n’aura pas lieu (No habrá guerra en Troya), 1935, Électre (1937), Ondine (1939 y, más tarde, Sodome et Gomorrhe (1943) y La Folle de Chaillot (La Loca de Chaillot), 1945. G. se inspira en el mito clásico o bíblico, en la vieja leyenda germánica (Ondine), para extraer con sus versiones todo el poder de encanto y sortilegio de estos temas. Él es, a su manera, uno de los más interesantes "recreadores" de leyendas. En sus manos, todo (hasta los asuntos más triviales y explotados por la literatura) se transforma y cobra nueva vida gracias a su virtuosismo, a su fabulosa facultad de ver el aspecto insólito de lo real, a su dominio inigualable de la paradoja.Y, sin embargo, no hay que creer que el teatro de G. sea únicamente una elegarite y sutil fiesta espiritual: aun reconociendo en él unas tendencias hacia la fantasía gratuita, que se han ido haciendo más notorias con el transcurso del tiempo, no por ello hay que dejar de ver, detrás de sus brillantes piruetas estilísticas, una sonriente denuncia del prosaísmo de la vida cotidiana, de la degradación del sentimiento amoroso y de otras muchas facetas, que constituyen su coherente universo personal. Es más: cuando en 1935 se van perfilando peligrosamente las amenazas de guerra entre Alemania y Francia, G. . (que estuvo a punto de hacerse profesor de alemán y que en sus dos Siegfried ha tratado de las relaciones entre ambos países) encuentra acentos patéticos para censurar (en La Guerre de Troie) la guerra inexorable, madura, deseada secretamente por los hombres. El mito griego se llena de implicaciones actuales; el parlamento de Ulises y Héctor o el discurso a los muertos de este último, constituyen trozos destacadísimos por su densidad y consistencia dentro de la literatura comprometida.Los personajes y el universo teatral de Giraudoux. Ha sido el paladín de un teatro literario "cuya nobleza es la palabra y cuyo honor es la verdad". Expuso sus teorías sobre este género en el Discurso sobre el Teatro (recogido en su Literatura) y en L’ Impromptu de Paris (1937), donde reivindica la primacía de un texto dramático que sea "la estatua apenas animada de la palabra". Su contraposición entre "teatro literario y teatro sin valor literario" le lleva a descuidar las realidades específicamente dramáticas y explica el fracaso de algunas de sus obras (Judith y Sodome et Gomorrhe en particular). La esencia de su teatro no radica en los aciertos de técnica teatral, sino en la doble creación de unos personajes entrañables y de un universo personal trascendente. La poesía cósmica, la armonía del hombre con un universo inocente (que es el paraíso, perdido por exceso de materialismo) son los presupuestos de su ambiente dramático, que es tanto un espacio como una metafísica. El enfrentamiento de lo real y de lo ideal, resorte repetido de su acción dramática, se halla encarnado y amplificado en la relación hombre-mujer.G. presenta un tipo de heroínas idealizadas, rodeadas de una especie de envoltura fantástica que las sitúa fuera de la realidad: la orgullosa Judith, la ingenua Ondina, la justiciera Electra, la fantástica Isabel de Intermezzo tienen en común la misma cualidad: la transparencia, la facultad de reflejar la profunda armonía de la naturaleza. La realidad cotidiana se halla al contrario representada por los hombres, grotescos en su respetabilidad, impermeables a toda poesía. (G. nos ha dejado una inefable galería de estos personajes en sus Funcionarios, sus Drogueros y sus Inspectores de pesos y medidas...). El contacto entre personajes y planos tan diferentes crea el conflicto dramático: Isabel provoca una conmoción en el tranquilo pueblecito; Ondina desmitifica la vanidad y estupidez de los usos sociales de la corte teutónica y Electra es la conciencia dolorosa de los ktridas. Sin embargo, es la realidad la que termina imponiéndose, entre otras cosas porque como dice La Marsellesa de las Niñas de Intermezzo: "Le Pays des petites Filles c’est d’avoir plus tard un mari". Con el matrimonio todo vuelve al orden y a la normalidad. Ondina retorna a su mundo acuático y cuando Isabel vuelve de su brazo con el Espectro (para probablemente casarse con el Inspector de pesos y medidas), la doble exclamación: "Elle est perdue! Elle est sauvée!" manifiesta toda la ambigüedad y amargura de G.Obsesionado por el eterno fracaso del ensueño frente a las imposiciones del mundo, G. crea un universo mitad poético, mitad real, en que la fantasía y el ingenio se mezclan con una amargura a veces desengañada y donde afloran muchos temas que, despojados de su retórica, tienen una indudable fuerza. Se puede decir que no ha sido el único servicio (con ser enorme) prestado por G. al teatro, el de volverlo a encauzar por los caminos de la gran literatura.FRANCISCO J. HERNÁNDEZ.
BIBL.: J. GIRAUDOUX, Oeuvre romanesque, 2 vol., París 1955; fD, Théátre, 4 vol., París 1959; J. GUERRERO ZAMORA, Historia del Teatro contemporáneo, Barcelona 1961; A. ROUSSEAUX, Panorama de la Literatura del siglo XX, Madrid 1961; C. E. MAGNY, Précieux Giraudoux, París 1945; V. H. DEBIDOUR, lean Giraudoux, París 1955; M. L. BIDAL, Giraudoux tel qu’en lui méme, París 1956; R. M. ALBÉRÉs, Esthétique et morale chez lean Giraudoux, París 1957.
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