Girondinos HIST.
Categoria:
Historia
Nombre dado a los componentes de un partido político en la Asamblea Legislativa y en la Convención Nacional francesas después de la Revolución de 1789.Tomaron ese nombre, popularizado 50 años más tarde por Lamartine, porque la mayor parte de sus personajes eran diputados por la Gironde. Ocupaban sus asientos a la derecha de la Convención, en un número que se acercaba a los 200, y entre ellos figuraban personas destacadas como Brissot, periodista enérgico que dio cohesión al partido hasta el punto que Camille Desmoulins llegó a llamar a sus compartidarios brissotins; el filósofo Condorcet, editor de las obras de Voltaire, Vergniaud, Geusonné, Grangeneuve, Gandid, etc.; todos ellos brillantes oradores. Eran hombres que provenían de la burguesía media, novelistas, abogados, profesores, más radicales en su pensamiento que en sus hechos, que propugnaban una República acomodada, aunque desconfiaban de París y del proletariado. Formaban una segunda generación revolucionaria que se encontraba muy estrechamente relacionada con la gran burguesía del comercio, sobre todo con la de los puertos marítimos como Burdeos, Nantes y Marsella: armadores, banqueros, negociantes, cuyos intereses se esforzaban en defender. Por su origen y su forma de pensar, los g. preconizaban una democracia política; sin embargo, por sus relaciones y por su temperamento, se mostraban respetuosos con la riqueza y dispuestos a servirla. Precisamente por su adhesión a los principios de la libertad económica se atemorizaron de la agitación popular que ellos mismos habían desencadenado por su política de guerra y, por otra parte, su sentimiento nacional no fue nunca lo suficientemente profundo como para lograr la solidaridad de clases.Los g. querían la guerra por razones de política interior y exterior. Dentro de Francia, porque de esta forma podríi.n desenmascarar fácilmente a los traidores y acentuar el proceso revolucionario, y en el exterior porque pensaban que después de "diez siglos de esclavitud" la guerra era la mejor forma de consolidar la libertad que se había conquistado. Pero no era tan sólo el generoso deseo de asegurar la libertad lo que movió a los g. a desencadenar la guerra; los intereses económicos a los que estaban sometidos por su condición social jugaban también un importante papel. La burguesía de los negocios y los políticos a su servicio deseaban acabar con los brotes de contrarrevolución para restablecer el crédito de los assignats (moneda revolucionaria) y reafirmar así la buena marcha de los negocios. No hay que negar tampoco la importancia que para estos comerciantes tenían los beneficios derivados de la venta de armamento y de toda clase de material al ejército. Los g. deseaban más la guerra con una potencia continental, como Austria, que con Inglaterra, ya que un conflicto con esta -última comprometería el comercio y la prosperidad de los puertos franceses. Aunque la guerra trajo para Francia numerosos desastres, los g. se rodearon de una aureola de prestigio que perduró durante mucho tiempo. Mientras que los ejércitos franceses de la República conseguían victorias, los g. se mantuvieron en el poder, pero cuando comenzaron los fracasos y la opinión popular se apartó de ellos, quisieron arrastrarla de nuevo tras de sí, lanzándose con más fuerza a la lucha hacia el exterior bajo la bandera de la liberación de los pueblos oprimidos.La lucha entre girondinos y montañeses. Cuando se reunió la Convención Nac. en septiembre de 1792, la oposición que los extremistas revolucionarios habían mostrado a los g. llegó a provocar la ruptura. Tomaban asiento los diputados de la oposición en los puestos más altos de la Convención y de ahí su nombre de montañeses (v. JACOBINOS). Sus dirigentes, Marat, Danton y Robespierre (v.), acusaron a los g. de intentar implantar un sistema federalista y reducir París a un 83° de su influencia, como si se tratase de un departamento más. El 16 de noviembre consiguieron desplazarlos de la presidencia de la Convención, desde donde habían ejercido un gran influjo. Los g. por su parte, se oponían a las medidas revolucionarias que iban contra la propiedad y la libertad económica que querían defender a toda costa. Se mostraron hostiles a todas las medidas de excepción y, aunque habían desencadenado la guerra, rehusaron poner los medios necesarios para ganarla. En busca de apoyo invocaban la ayuda de las autoridades locales, entre las cuales dominaba la burguesía moderada. En el aspecto económico se mostraban contrarios a todas las medidas de restricción, tasación, reglamentación y requisición, que pretendían establecer los montañeses. Los g., ante el desbordamiento popular, experimentaron un retroceso instintivo y estimando al pueblo incapaz de gobernar, se reservaban para sí esta función.La lucha entre g. y montañeses se redujo en definitiva a una lucha de clases que se acentuó notablemente con ocasión del proceso a Luis XVI (v.), en el que aquéllos se empeñaron en salvar al rey. Tendían también los g., quizá de una manera inconsciente, a un compromiso con la aristocracia, actitud incomprensible si se tiene en cuenta que sólo algunos meses antes sus hombres habían predicado la lucha contra esta clase. La complicación, cada vez mayor, de la guerra en Europa, la crisis económica en el interior de Francia y el desplazamiento inevitable del proceso revolucionario hacia la izquierda, contribuyeron de una manera decisiva a la caída de la influencia de los g. Habían declarado la guerra, pero no habían sabido llevarla a buen término; habían denunciado al rey, pero habían retrocedido en el momento de juzgarlo; habían reclamado la ayuda del pueblo para luchar contra la monarquía, pero habían rechazado su admisión en el gobierno; habían contribuido, en fin, a agravar la crisis económica, y habían rehusado a aceptar todas las reivindicaciones populares. El 31 mayo 1793, una insurrección popular dirigida por los extremistas produjo el arresto, meses más tarde, de los jefes y principales diputados g.V. t.: REVOLUCIÓN FRANCESA.R. SÁNCHEZ MANTERO.
BIBL.: A. GRANIER DE CASSAGNAC, Histoire des Girondins, París 1860; 1. GAUDET, Les Girondins, París 1861; C. PERROUD, La proscription des Girondins, París 1917; A. AULARD, Histoire politique de la Révolution Franpaise, París 1913; P. GAXOTTE, La Revolución Francesa, 3 ed. Madrid 1942; A. LAMARTINE, Historia de los Girondinos, Madrid 1860.
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