Gil y Carrasco, Enrique
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Biografía GER
Poeta y novelista de la primera mitad del s. XIX, E. G. y C. irrumpe en el panorama español de los años revueltos de la tercera década del s. xviii, época en la que los medios literarios viven en constante ebullición y van asimilando las nuevas tendencias del romanticismo (v.) europeo.Nacido el 15 jul. 1815 en Villafranca del Bierzo (León), no abandona los ambientes provincianos hasta mucho más tarde. Estudia durante cuatro años con los agustinos, en Ponferrada; en 1828 se traslada al monasterio benedictino de Vega de Espinareda. Luego se suceden el seminario de Astorga (1829-31) y la Univ. de Valladolid, donde empieza la carrera de Derecho, que abandona temporalmente en 1835 a causa de su situación familiar. A finales de 1836, reside en Madrid, de una manera ya definitiva, si bien a juzgar por la reseña que hace del libro de Cook, Sketches in Spain (Bosquejos de España), debió de haber realizado un primer viaje en 1833. Pronto forma parte del grupo rector del romanticismo madrileño y el 13 feb. 1837 asiste al entierro de Larra, donde se revelaría Zorrilla como poeta. Contertulio de Parnasillo y miembro del Liceo, es precisamente en una de sus reuniones como liceísta donde se da a conocer, al leer Espronceda su poema La gota de rocío. Es bastante elocuente el hecho de que fuera Espronceda y no otro quien, según propias palabras de G. y C. le sacara "de las tinieblas del desierto". Efectivamente, si algún autor influye en su formación como escritor, es Espronceda (v.), hacia quien siente no sólo una admiración enorme como poeta, sino además el afecto derivado de una profunda amistad. No es difícil rastrear entre los versos de G. y C. el eco esproncediano. No obstante, hay en ellos cierto aire de recatada timidez que le aleja paulatinamente del colorido desbordante y la vitalidad del autor del Diablo mundo. Como más tarde Bécquer, G. y C. busca una expresión menos sonora, más sencilla, más cargada de sentimiento que de sensaciones; aunque esto se aprecie más en versos aislados que en poemas enteros. (Mira, yo pasaré de entre los hombres/como pasa la luz de cada día; /no quedará mi nombre entre sus nombres).A pesar de que su presentación no causa el impacto de los versos de Zorrilla ante los restos de Fígaro, es suficiente para que se le acoja como a un joven valor de enorme porvenir. A partir de este momento tiene abiertas todas las puertas que, como escritor, necesita para triunfar. Los poemas se suceden; su nombre aparece con frecuencia entre los que suben al estrado de lectores, en el Liceo. Inicia su colaboración periodística en El Español y El Correo Nacional, publicando poemas y crítica teatral. Acaba Derecho en la Universidad madrileña y, a finales de 1839, empieza a colaborar en El Semanario Pintoresco Español, que dirige Mesonero Romanos (v.), a cuyo influjo posiblemente se deba el que G. y C. encontrase en el costumbrismo (v.) el método más adecuado para expresarse. En esta revista, publica su narración El lago de Carrucedo. (Años más tarde, Bécquer llamaría leyendas a este tipo de composiciones). En noviembre de 1840 es nombrado ayudante segundo del director de la Biblioteca Nacional; por este tiempo, inicia la redacción de lo que será su novela El señor de Bembibre. Apenas volverá ya a escribir poesía. Jorge Campos (cfr. bibl.) cree debido este abandono al impacto emotivo que produce en G. y C. la muerte de Espronceda, como ocurre en el caso de Miguel de los Santos Alvarez. Más lógico sería pensar en la mayor amplitud que la prosa le ofrecía como medio de expresión personal. Nombrado, en 1844, para un cargo diplomático, en Berlín, por el entonces presidente del gobierno Luis González Bravo, se traslada a la capital alemana, donde muere el 22 feb. 1846.Salvo la edición que de El señor de Bembibre hizo Mellado, en 1844, el resto de la producción de G. y C. no vio la luz hasta que, en 1873, Gumersindo Laverde hizo un primer intento de reunir en un tomo sus poesías líricas, dispersas hasta entonces. Esta tardía aparición de sus obras, unida a la muerte temprana y lejos del país, hizo que, a pesar de su calidad, el contorno de su obra no cobrara gran relieve y aún hoy espera el estudio definitivo que realce su significación en la literatura de la época.Como poeta lírico posee ese sentido de la temporalidad, de tradición manriqueña y calderoniana que, salvo en Espronceda en algunos momentos, no se dio en la poesía retórica y declamatoria de su tiempo. El tono melancólico que la mayoría de los críticos, desde Piñeyro y Lomba hasta Gullón, han creído característica primordial de sus versos, está cargado de subjetivismo sincero, de experiencia vivida y no inventada, como en gran parte de la poesía romántica. Esto es precisamente lo que le ha salvado para la posteridad, pues de él arrancan algunas de las directrices que a través de Bécquer y Rosalía de Castro informan la lírica del s. xx.Más importante es su producción en prosa. Su novela, la mejor de todo el romanticismo español, trae por primera vez la visión del paisaje con categoría casi de protagonista. Considerada en determinados momentos como simple imitación de The Bride of Lammermoor, lo único cierto, según ha demostrado la crítica actual, es que más que de influencias de Scott (v.), debe hablarse de una comunidad de formas propias de un género en boga, de la que ambos participan. Allison Peers considera incluso pecado de ligereza o ignorancia el buscar precedentes ingleses, siendo, como es El señor de Bembibre, "obra genuinamente española".Menos conocida, su producción periodística es utilísima para el perfecto entendimiento de G. y C. Críticas teatrales, artículos de viajes y costumbristas, las colaboraciones que escribía para la prensa diaria muestran su enorme preparación, su conocimiento profundo del hecho literario, base de una solidez tan infrecuente en la manera romántica de trabajar, más acorde con la intuición y la improvisación. A veces, recuerda a Larra (v.), y otras, a Bécquer (v.). Podría decirse que esta parte de su obra es la que mejor refleja su personalidad, pues denota con mayor nitidez las características de su estilo. De hecho, para algunos, como V. Balaguer, es superior a su producción novelística y poética.No se tienen noticias de que G. y C. se sintiera tentado por el teatro, como la mayoría de sus compañeros de generación, pese a los conocimientos de la escena que denotan sus artículos. Si algunos proyectos existieron que su muerte impidió realizar, es algo que nunca se podrá saber.JENARO TALÉNS.
BIBL.: E. GIL Y CARRASCO, Obras Completas, ed. de 1. CAMPos, Madrid 1954; 1. R. LOMEA PEDRAJA, Enrique Gil y Carrasco: su vida y obra literaria, "Rev. de Filología Española" II (1915); D. G._ SAMUELS, E. Gil y Carrasco. A study in Spanish Romanticism, Nueva York 1938; R. GULLóN, Cisne sin lago. Vida y obra de E. Gil y Carrasco, Madrid 1951; E. ALLISON PEERs, Enrique Gil y Walter Scott, "ínsula" 6 (1946).
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