Gibraltar II. Historia. HIST.
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Historia
La Calpe de los antiguos debe su nombre actual al jefe árabe que en 711 desembarcó allí, procedente de África, e inició la conquista de España. El GibelTáriq (monte de Táriq) permaneció en poder de los musulmanes hasta 1309, en que fue reconquistado por el caballero cristiano Alonso Pérez de Guzmán, y volvió a manos de aquéllos hasta muy cerca de la Edad Moderna, cuando, definitivamente, hasta la ocupación inglesa, fue vuelta a tomar por el marqués de Medinasidonia en 1462.Comenzó a ser guarnecida por orden de Carlos I, deseoso de defenderla de los piratas berberiscos que la asaltaron bajo el mando de Barbarroja (1540). Las fortificaciones no bastaron para proteger la plaza de posteriores ataques, no ya de los enemigos seculares, sino de armadas europeas enfrentadas a España por motivos de rivalidad comercial en el Atlántico. Así, el 25 ag. 1607, una flota holandesa forzó la entrada de la bahía destrozando la escuadra española, que se encontraba atracada al mando de Juan Álvarez Dávila, almirante español que previamente había detenido y conducido a G. un convoy mercantil de aquella nacionalidad. En los comienzos del reinado de Felipe IV (agosto 1621), se constata un nuevo encuentro entre una armada española y un convoy mercantil holandés escoltado por 20 navíos de guerra, pero esta vez el éxito correspondió a los españoles, que hundieron sus navíos y capturaron dos. Estas y otras muchas escaramuzas del mismo orden sirven para poner de manifiesto la importancia estratégica de G. y despiertan el deseo de su posesión por parte de los países interesados en el dominio de las rutas comerciales. Al parecer, fue Cromwell el primero que presentó sólidamente el proyecto de apoderarse del Peñón.La conquista inglesa. Con ocasión de la guerra de Sucesión (v.), que se inicia en España al morir, sin descendencia, el último Austria, Carlos 11, el 24 jul. 1704, una escuadra inglesa de más de 60 navíos de guerra que, previamente, había intentado desembarcar en Cádiz, al mando de George Rooke, tomó posesión de G. en nombre del pretendiente austriaco, cuya candidatura apoyaban los ingleses como aliados. Frente a tan poderoso enemigo se encontraba el español Diego de Salinas, al mando de un centenar de hombres, y bien poco hubiera podido hacer de no contar con la ayuda de un temporal que imposibilitaba la acción artillera de los ingleses, hasta que se impuso la capitulación, cuyos documentos se encuentran en el Archivo de San Roque. A esta ciudad se retiró la población, alrededor de mil almas, quedando en el Peñón tan sólo 12 de sus primitivos pobladores. Unas lápidas commemoran, en la fachada de su Ayuntamiento,la ocupación y el decidido propósito de retorno.Al año siguiente (1705), las tropas de Felipe V (v.) realizaron un inútil asedio hasta que la paz se impuso por una serie de acontecimientos, entre los que cabe destacar la muerte del Emperador austriaco y la inminencia de la proclamación del archiduque Carlos (Carlos VI) para sucederle. Las negociaciones se llevaron a cabo en Utrecht (1713; v.). Por parte de España figuraban el duque de Osuna y el marqués de Monteleón, aunque, al parecer, firmaron la paz sin haber intervenido en los debates. Francia reconocía la posesión de G., cuyas defensas habían quedado muy deterioradas, por los ingleses (art. 10). En 1725, definitivamente asentado el Borbón en el trono de España, se vuelven a abrir las hostilidades, al final de las cuales se renunciaba en el tratado de Sevilla (1729) a las reivindicaciones españolas.La cuestión de G. quedó algo olvidada hasta la guerra entre franco-españoles e ingleses por la independencia de EE. UU. Previamente España había ofrecido a Inglaterra su neutralidad e incluso su mediación a cambio del Peñón, ya que, en realidad, el caso de los EE. UU. era un mal ejemplo a imitar por las posesiones españolas en América. La lentitud y ambigüedad de los ingleses en responder motivaron la decisión española de renovar el Pacto de Familia (v.). Las coronas española y francesa se comprometieron a no hacer paz ni tregua sin haber obtenido y asegurado, al menos, la restitución de G. la abolición de los tratados relativos a las fortificaciones de Dunkerque. G. hubo de sufrir el sitio más largo de su historia (1779-83). El ejército español de tierra estaba mandado por Alvarez Sotomayor, mienras que la escuadra la dirigía Antonio Barceló. La guarnición estuvo a punto de sucumbir, pero la tenacidad de Elliot, que dirigía a los resistentes, y las oportunas ayudas de la marina inglesa fueron alargando indefinidamente el sitio hasta la paz de Versalles (1783), por la que España recobraba la soberanía sobre Menorca y Florida, pero, a su vez, se confirmaba la posesión de G. a los ingleses. Desde entonces, con más o menos vigor, España ha seguido manifestando sus reivindicaciones sin resultado positivo.Durante el s. xix, la Roca se convirtió en refugio de los exiliados políticos, y en notable núcleo de contrabandistas, con activa participación de los mismos españoles. La apertura del canal de Suez (1869) dio mayor importancia estratégica a la colonia, como punto clave de la ruta de la India. Pero, poco a poco, esta importancia se ha ido desvaneciendo, sobre todo desde el punto de vista militar, merced a los grandes alcances de la moderna artillería. Ya en el s. xx fue fijada definitivamente la frontera por los ingleses (1909), que se apoderaron de territorios sobre el istmo, considerados hasta entonces como neutrales, pese a las protestas españolas. Con ocasión de la I Guerra mundial fue utilizada como base de apoyo y avituallamiento de los aliados y en la 11 Guerra mundial fue igualmente cabeza de puente para el desembarco aliado en el norte de África. La negativa de España a intervenir en este último conflicto no hizo posible la realización de la Operación Félix, destinada a captarse a los españoles y conquistar G. mediante un ataque alemán masivo por tierra y aire.La cuestión de Gibraltar. Desde 1940 comenzaron las peticiones españolas de devolución, ofensiva diplomática que se acentúa en 1956 y siguientes, hasta llegar a convertirse en uno de los principales problemas de política internacional para la opinión pública española. El Gobierno español editó en 1968 un Libro rojo sobre Gibraltar donde, precedidos de una amplia exposición de tipo histórico, se recogen los principales documentos relativos a las negociaciones hispano-británicas iniciadas en Londres el 18 de mayo 1966. Era la primera vez en 262 años que Gran Bretaña accedía a sentarse a la mesa de negociaciones con España. En ese libro también se incluyen reseñas de los debates suscitados en la ONU y otros organismos internacionales, así como testimonios de la opinión pública mundial respecto del problema.En 1963, a petición de Bulgaria y Camboya, miembros del llamado Comité de los veinticuatro, organismo que en el seno de la ONU se ocupa de los problemas de descolonización, se incluyó en la agenda de trabajo de dicho comité la cuestión de G. Inglaterra intentó que este organismo se declarara incompetente en la materia y asimismo propuso que el caso se resolviera mediante la autodeterminación. Pero fallidos ambos intentos tuvo que aceptar la invitación de negociar con España, hecha por segunda vez en la XX Asamblea General de la ONU (16 dic. 1965). España ofrecía solucionar la cuestión mediante un acuerdo entre los dos países sobre la base del retorno de G. a la soberanía española; al mismo tiempo, Gran Bretaña podría, de acuerdo con España, mantener sus instalaciones y se otorgaría también a los gibraltareños un régimen legal específico que protegiese sus legítimos derechos. La contrapropuesta británica comprendía una serie de ofertas, entre las que cabe destacar la de derribar la verja erigida en 1909 sobre el istmo, la admisión de un comisario español en G. con funciones consulares, la colaboración en la lucha contra el contrabando, y el uso común, en tiempo de paz, del aeródromo y puerto. El Gobierno español, considerando estas ofertas como argucias polémicas para retrasar la entrega, las rechazó.Inglaterra ha recurrido siempre al argumento de que los gibraltareños desean ser británicos, ignorando el hecho fundamental de que el colonialismo británico sobre el Peñón no recae sobre sus habitantes actuales, sino sobre España. Por otro lado el Estatuto de 1961~ prohibía a los españoles residir en la Plaza, siendo éstos la mayor parte de la población laboral. En resolución de 1 sept. 1967 la ONU declaró la invalidez del referéndum previsto, a pesar de lo cual se celebró con el resultado lógicamente esperado por sus organizadores.Otro de los intentos británicos para desviar la negociación fue la propuesta de someter el pleito ante el Trib. de La Haya. España rechazó esta propuesta porque la disputa, aun con aspectos jurídicos muy importantes, es esencialmente un problema político. No se pone en duda la legalidad de la presencia inglesa en el Peñón, aunque sí en el istmo, pero se trata de una cuestión distinta: G. es una colonia y, como tal, está sometido su futuro a la autoridad suprema de la ONU, cuya resolución 1.514 del 1 sept. 1967: 1° Respalda plenamente la interpretación española, estableciendo la tesis oficial de que el problema gibraltareño hay que juzgarlo a la luz del principio de descolonización, consagrado en la Carta de San Francisco de 1945. 2° Da la razón a España, que negaba a los habitantes de G. el derecho a disponer del futuro del territorio, y condena el referéndum organizado por Gran Bretaña en el Peñón. 3° Rechaza implícitamente toda maniobra dilatoria, como las intentadas por Inglaterra a través del referéndum o de la propuesta de acudir a La Haya, e invita a ambas partes a reanudar sin demora las negociaciones bilaterales. 4° Sitúa el problema de los intereses de la población en su verdadero lugar, que es posterior a la condición previa de descolonizar.Ante la actitud dilatoria de Inglaterra, que pone una vez más en entredicho la efectividad de la ONU, España adoptó medidas de fuerza como la prohibición de sobrevolar el espacio aéreo nacional, hecha por segunda vez en abril 1967 y repetidamente violada por aviones británicos y de la OTAN. Se cierra la frontera en 1969. Se crea un "polo de desarrollo" en el Campo de G. para absorber la mano de obra de la colonia.En la declaración de Lisboa (10 abr. 1980), firmada por los ministros de exteriores de España (Marcelino Oreja) y Gran Bretaña (lord Carrington), ambos gobiernos se proponen "resolver el problema de Gibraltar" conforme a la resolución 1.514 de la ONU y acuerdan "iniciar negociaciones". El 14 dic. 1982, España abre la frontera (sólo a peatones) con G. En una nueva declaración, esta vez en Bruselas (27 nov. 1984), firmada por los ministros de exteriores Fernando Morán y sir G. Howe se acuerda: la igualdad de derechos de los españoles en G., y viceversa; el libre tránsito de personas, vehículos y mercancías; tratar "las cuestiones de soberanía"; y respetar, por parte del gobierno británico, los deseos de los gibraltareños. En sintonía con esta declaración, el 5 abr. 1985 se permite la libre circulación acordada, pero la soberanía reclamada por España y la pretensión por Gran Bretaña de la autodeterminación de la población gibraltareña siguen siendo los principales obstáculos para un acuerdo definitivo. El ingreso de España en la OTAN (1982) y en la CEE (1986), organizaciones a las que pertenece Gran Bretaña, no han modificado en el fondo los postulados británicos.Por otro lado, los gibraltareños han aprobado una Constitución el 30 mayo 1969. El gobierno del Peñón es responsable ante una Cámara legislativa compuesta por 15 miembros. Hay elecciones cada cuatro años. En las de 1980 y 1984 los conservadores, con Joshua Hassan al frente, obtuvieron ocho escaños y, por tanto, el gobierno. En las elecciones de 1988 y 1992 ha sido el Partido Social Laborista (independentista) el que obtuvo la mayoría absoluta y el gobierno, liderado por Joe (Joseph John) Bossano.A. GARCÉS OLMEDO.
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