Geografía Ii. Historia de la Geografia. HIST.
Categoria:
Historia
En este artículo nos limitaremos a la evolución que ha sufrido a lo largo de los tiempos el concepto de G. Es obvio, sin embargo, que no puede comprenderse bien cómo se ha llegado al concepto actual de la G. como disciplina científica, sin conocer las etapas del desarrollo de otras ciencias que la G. califica de auxiliares, como la Cartografía, la Geología, la Botánica, la Meteorología, la Economía, la Sociología, la Etnología, etc. (v. voces correspondientes), y sin tener en cuenta los descubrimientos (v.) y las exploraciones geográficas (v.) que, a lo largo de los siglos, fueron ampliando el horizonte conocido y desvelando los secretos de muchas áreas de la superficie terrestre.En los últimos años del s. XIX y primeros del XX hubo entre los geógrafos europeos, y particularmente entre los alemanes, una fuerte polémica acerca de si la G. debería ser concebida como una ciencia global, un estudio de la Tierra (o mejor aún, de la superficie terrestre) en sus aspectos físicos y humanos, o bien debería ser considerada como una ciencia de los países y de las regiones que se distinguen (sea por sus rasgos naturales, sea por sus rasgos humanos) en la superficie terrestre. En el primer caso habría solamente lo que hoy llamamos G. general o sistemática; en el segundo, sólo la G. regional o descriptiva. Es curioso observar (la mayor parte de los historiadores de la G. no han dejado de hacerlo) que este doble enfoque en los estudios geográficos se ha dado desde la Antigüedad clásica hasta nuestros días.Antigüedad y Edad Media. Es bien sabido que la ciencia geográfica nació en Grecia, de cuyo lenguaje se tomó el vocablo `geografía’, cuya etimología significa descripción de la Tierra. Los griegos emplearon también muy pronto la palabra corografía (de cora, región) para designar la descripción o representación cartográfica de una determinada región. No es necesario forzar demasiado los hechos para agrupar a los sabios grecorromanos en dos escuelas, según el objeto que persigan con sus lucubraciones geográficas: de un lado, los que hoy llamaríamos representantes de la escuela positiva, los geómetras y astrónomos, los cuales tratan de investigar la forma y las dimensiones de la Tierra, su posición en el cosmos, sus relaciones con los restantes astros, la distribución de las tierras y las aguas, etc.; de otro lado, los que se interesan en cómo los hombres pueblan las diversas regiones de la Tierra, siendo la historia su base de investigación primordial; en definitiva, los representantes de la G. general, y sobre todo de la llamada G. matemática, y los de la G. regional o descriptiva. Entre los primeros deben incluirse los sabios de la escuela jónica, los pitagóricos, Aristóteles (v.), Dicearco, Eratóstenes (v.), Posidonio, Hiparco (v.) y Ptolomeo (v.), por no citar más que las figuras de mayor relieve. Entre los segundos, Heródoto (v.), Estrabón (v.), Pomponio Mela (v.) y Plinio el Viejo (v.). Si en las obras de G. regional o descriptiva la leyenda se mezcla muchas veces con la realidad, en las de G. matemática se sentaron algunos principios que han permanecido válidos, inmutables. Quizá la más importante adquisición de los griegos en el campo de la G. sea la idea de la unidad terrestre, lograda desde el momento en que a la noción de disco flotante sucede la de esfericidad; con ella apárece la división del Globo en zonas, cada una con su clima propio, su vegetación y fauna, sus razas humanas.Entre la aparición de la obra de Ptolomeo, que señala el fin de la G. clásica, y la versión latina de los ptolemaicos Ocho libros de Geografía, efectuada en 1410 por Giacomo d’Angelo, que marca el comienzo del periodo renacentista de la historia de la G., la Edad Media supuso en lo referente a los estudios geográficos, como en tantos otros aspectos, un estancamiento e incluso un retroceso. Por un lado, se cultiva en la Edad Media la G. descriptiva, las narraciones de viajes, más o menos realistas, casi siempre falseadas con leyendas: baste citar los nombres de Adam de Brema, de los viajeros cristianos que llegaron hasta el Asia central y el Extremo Oriente (Piano de Carpini, G. de Rubrouck, Marco Polo), y de los musulmanes que recorrieron más o menos extensas regiones de su mundo (Ibn Hawqal, al-Mas’údí, al-Idrisí (v.), lbn Battúta (v.), etc.). Por otro lado, en la Edad Media o decae la G. matemática (hasta se desecha la idea clásica de la redondez de la Tierra) o se estaciona en la producción ptolemaica, más concretamente en la "Sintaxis astronómica" que los árabes conocieron con el nombre de Almagesto y cuya versión latina se difundió por Europa gracias a la Escuela de Traductores de Toledo.Del Renacimiento al siglo XIX. Ambas tendencias persisten durante el Renacimiento. Si nos limitamos al caso de España (podría hablarse de "periodo español" en la historia de la G., como acertadamente calificó A. Melón al Renacimiento), las obras de Hernando de Colón (v. COLóN, FAMILIA), jerónimo de Chaves, Martín Cortés (v .), Pedro de Medina, Alonso de Santa Cruz, etc., acreditan el valor de las aportaciones hispanas en el campo de la G. matemática; del mismo modo, las relaciones topográficas o geográficas que cada piloto mayor de la Casa de Contratación (v.) debía hacer sobre los países explorados, las que enviaron gobernadores, descubridores, adelantados, visitadores, etc., las que mandó realizar Felipe 11 sobre España al objeto de confeccionar un gran mapa topográfico son obras de gran interés en el campo de la G. descriptiva. También en el resto de Europa la producción geográfica seguía ambas direcciones, la matemática o "exacta" y la descriptiva o "histórica". De la primera puede ser modelo el Cosmographicus liben de Apiano, y de la segunda, la Cosmografía de Sebastián de Münster. Puede afirmarse que en el Renacimiento esta última tendencia se desarrolló más que la primera, que apenas salió de las directrices señaladas por Ptolomeo. La obra de Copérnico (v.) (De revolutionibus orbium coelestium, 1543), al derribar el sistema astronómico de Ptolomeo y establecer que no es la Tierra, sino el Sol, el centro del universo, dio fin al periodo español o renacentista de la Historia de la G., y abría uno nuevo, al que A. Melón llama periodo holandés.Efectivamente, holandeses fueron algunos de los grandes descubridores, como Barents (v.), Tasman (v.), y los más excelsos cartógrafos: Ortelius (v.), Mercator (v.), Willem Janszoon Blaeu, y, sobre todo, en Holanda maduró el genio geográfico de Varenius (v.), una de esas excepcionales personalidades científicas que se adelantan a su tiempo. En su Geographia Generalis (Amsterdam 1650), Varenius agrupa los fenómenos geográficos en affectiones caelestes (G. matemática), affectiones terrestres (G. física) y affectiones humanae (G. humana); los tres se incluyen en la G. general, la cual considera la Tierra en su conjunto y explica sus diferentes partes y los fenómenos generales. Existe también, dice Varenius, otra G., la G. especial, la cual (basándose en las reglas generales) estudia cada una de las regiones. Pero a pesar de este gran avance metodológico, el libro de Varenius no tuvo resonancia inmediata. Cierto que fue reimpreso varias veces y que Newton (v.), a quien se deben dos ediciones, en 1672 y 1673, supo valorarlo adecuadamente. Mas eso era insignificante al lado de las 44 ediciones de la Cosmografía de Münster.En el s. XVIII (periodo francés en la historia de la G.), las dos tantas veces mencionadas direcciones, la exacta, positiva o matemática, y la descriptiva o histórica (grosso modo, la G. general y la G. regional), siguieron netamente separadas. Con la excepción de la Geografía de Kant (v.), Varenius no dejó escuela; ni se ampliaron sus conocimientos de G. matemático-física, como puede deducirse de la comparación entre la G. general de Varenius y la Introducción al estudio matemático y físico del globo terrestre de Lulolfs, escrita un siglo después (1750). En la dirección histórica, la discusión abierta hacia mediados del s. XVIII sobre si debía preferirse una subdivisión de la superficie terrestre según confines naturales o políticos, demuestra que conmenzaba a sentirse la necesidad de establecer una relación más estrecha con la G. física. El Manual de Geografía de Gatterer (1775) debe considerarse como una tentativa para conciliar las dos tendencias entonces separadas, pero no tuvo resultados profundos. Los libros más corrientes, los de mayor aceptación, fueron los de G. puramente descriptiva, en los cuales los datos económicos y políticos eran lo principal, sin dar apenas importancia a las condiciones naturales de la superficie terrestre: tal es el caso de la Nueva descripción de la Tierra (1754) de Anton Friedrich Büsching.La Geografía en los siglos XIX y XX. Incluir a A. von Humboldt (v.) entre los representantes de la tendencia física o naturalista y a Ritter (v.) entre los de la tendencia histórica es empequeñecer las figuras de esos dos "modeladores de la moderna ciencia geográfica" (Melón), aunque efectivamente las contribuciones del primero fueran mayores en el campo de la G. física y las del segundo en el de la G. humana. Humboldt y Ritter fijaron los principios más básicos de la G. científica: el de localización, el de correlación de fenómenos, el de causalidad. Antes de ellos, con excepción de Varenius, la G. física era esencialmente una G. matemática, con fuertes visos utilitarios; una ciencia (peso de Ptolomeo) suministradora de datos para la construcción del mapamundi, a la cual poco a poco se añadieron otros temas, pero sin que hubiese relaciones de causalidad e interdependencia entre los distintos fenómenos; y la G. humana (G. histórica, civil o política) quedaba reducida, la mayor parte de las veces, a una amalgama de noticias y datos históricos y políticos y a escuetas enumeraciones, también con vistas a la utilidad que podían rendir a los viajeros, comerciantes u hombres de Estado. De la obra conjunta de Humboldt y Ritter, dice Melón, saldría ese método, ese "espíritu", tan peculiar a la G., de universalizar los problemas particulares, de reducir los hechos observados a fórmulas y leyes generales, de estudiarlos causalmente y, sobre todo, en sus mutuas relaciones de interdependencia. Humboldt pone los cimientos y levanta la estructura general del edificio de la G. física. Ritter hace lo mismo con la G. humana: la G. es concebida como el estudio de la Tierra en cuanto que es sede y morada de los hombres.Como Ritter fue profesor (y además excelente profesor) de G. en la Univ. de Berlín durante 50 años, no es de extrañar que tuviera multitud de discípulos, casi todos reclutados entre los estudiantes de Historia y, por eso, proclives a estudiar principalmente la influencia del medio ambiente sobre la evolución histórica de los pueblos. La G. humana ganó terreno en los decenios que siguieron a 1859, fecha de la muerte de ambos sabios alemanes, mientras la G. Física lo perdía. Los seguidores de Humboldt, con base científico-naturalista, se quedaron, la mayor parte de las veces, en puros geólogos o botánicos, y los de Ritter siguieron frecuentemente siendo historiadores, "eruditos de biblioteca", como les llamaban despectivamente los naturalistas del último tercio del s. XIX. Oscar Peschel, cuya obra fundamental, Nuevos problemas de Geografía comparada, apareció en 1868, formó parte del grupo de los que criticaron las exageraciones de los discípulos de Ritter y aun la obra misma del maestro. Peschel fue enemigo del método comparativo, de comparar entre sí unidades de naturaleza distinta: fenómenos naturales y fenómenos sociales. Pero el mayor ataque a la erudición libresca, a una G. demasiado "historizante", vino de la persona y obra de F. de Richthofen (v.). A este geógrafo alemán corresponde el mérito de haber delimitado el campo de estudios de la G. (v. i), reduciéndolo a la superficie terrestre. Sólo después de 1880 resurgiría nuevamente el estudio geográfico de los hechos humanos, gracias a F. Ratzel (1844-1904), autor de obras tan importantes como la Antropogeogra f la (1882-91) y la Geografía política (1897). Con Ratzel se inicia el determinismo geográfico que habría de combatirse, sobre todo en Francia, gracias a Vidal de la Blache (v.) y sus discípulos.Siguieron las polémicas entre "naturalistas" y "culturalistas", entre los partidarios de la G. general y los de la G. regional. Pero poco a poco fue aceptándose que la G. es, como dice R. Almagiá, una ciencia compleja porque investiga "hechos de interdependencia y de recíprocas correlaciones": correlaciones de objetos y fenómenos físicos entre sí, de fenómenos biológicos y humanos entre sí y aun de fenómenos físicos con fenómenos biológicos y humanos, y viceversa; correlaciones que tienen su razón de ser en el hecho fundamental de que estos objetos y fenómenos coexisten en el mismo espacio y se influyen recíprocamente, de donde se derivan formas y aspectos continuamente cambiantes de la superficie terrestre, es decir, lo que hoy, con término técnico frecuentemente usado, se llaman paisajes geográficos. La G. tiene por objeto la descripción y explicación de los paisajes geográficos (v. PAISAJE I).A. FLORISTÁN SAMANES.
BIBL.: R. ALMAGIA, Fondamenti di Geografía Generale, Roma 1961; R. CLOZIER, Las etapas de la Geografía, Barcelona 1945; K. KRETSCHMER, Historia de la Geografía, Barcelona 1930; A. MELÓN Y RUIZ DE GORDEJUELA, España en la historia de la Geografía, "Estudios Geográficos" IV (1943) 195-232; ÍD, Esquema sobre los modeladores de la moderna ciencia geográfica, ib., VI (1945) 393-442; A. MEYNIER, Histoire de la pensée géographique en France, París 1969; M. VIVIEN DE SAINT MARTIN, Historia de la Geografía y de los descubrimientos geográficos, Sevilla 1878; H. WAGNER, Tratato di Geografía Generale, Turín 1911.
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