Geografía I. Ciencia. CIENCIA
Categoria:
Ciencia
Este artículo no pretende ser una meditación en torno a la naturaleza de la G. Por eso marginaremos desde el primer momento todo lo relativo al nacimiento de la G. científica moderna (v. II; HUMBOLDT, ALEXANDER VON; RITTER, KARL); tampoco aludiremos, si no es ocasionalmente, a las polémicas entabladas en la segunda mitad del s. XIX, y todavía vivas, sobre si la G. debe ser concebida como una ciencia global o general, un estudio del cuerpo terrestre o, por el contrario, debe ser considerada como una ciencia de los países y de las regiones; sobre si debe darse primacía a las observaciones analíticas, dirigidas sobre fenómenos aislados, o a las sintéticas, abrazando todo el campo considerado en su conjunto; sobre si el método de la G. ha de ser inductivo, empírico-positivista, o deductivo-especulativo; sobre si la G. es una ciencia natural o cultural y qué lugar ocupa en el árbol de las ciencias, etc. Al lector de habla hispánica, más que filosofar sobre la naturaleza, sobre el espíritu que anima a la G., lo que le interesa es que se le diga claramente lo que la mayoría de los geógrafos entienden en la actualidad por G.Para mucha gente, la G. es una disciplina puramente descriptiva, una especie de catálogo o enciclopedia que exige de sus cultivadores memorias privilegiadas: la G. que los anglosajones llaman, caricaturescamente, "de cabos y golfos"; se trata de una colección de nombres y de cifras tomados de los mapas y de los anuarios estadísticos. Nada más falso. Otros conciben a la G. como la disciplina que estudia las relaciones entre la Naturaleza y la humanidad, centrándolas en las influencias mutuas y más particularmente en las que la Naturaleza ejerce sobre el hombre y sus actividades; el objeto final de la G., para éstos, es la división de nuestro mundo en regiones naturales. Nada más parcial.1. Limitación del campo de estudios geográficos. Que la G. es una disciplina del saber humano (una de las más viejas), de carácter sintético, que estudia combinaciones de hechos y fenómenos, se expondrá más adelante con algún detalle. Lo que desde el primer momento interesa subrayar es que la G. no estudia toda la Tierra, que no es una vasta síntesis de las ciencias astronómicas, físicas, biológicas y humanas, como lo era hasta cierto punto en la mente de los dos grandes forjadores de la G. moderna, Humboldt (el cosmos) y Ritter (Erdkunde). Fue otro alemán, Richtofen (v.), quien redujo el campo de los estudios geográficos. En un famoso discurso pronunciado en la Acad. de Leipzig, en 1883, definió la G. como la ciencia de la superficie terrestre y de los fenómenos que están en relaciones mutuas de causalidad con ella. La G. no sólo no debe estudiar los astros, aun limitándose a los de nuestro sistema, sino ni siquiera la Tierra como planeta, la Tierra "en su complejo". Su interés debe centrarse en la superficie terrestre, entendida, no matemáticamente, sino como el "manto" de contacto entre las partes superiores de la hidrosfera y litosfera y las inferiores de la atmósfera, y más que de contacto, de interpenetración de los tres estados de la materia: sólido, líquido y gaseoso. Hettner fue quien completó, aclaró y difundió las ideas de Richtofen, sobre las que más recientemente han vuelto a insistir Hartshorne, Troll y Carol. Este último considera ese manto terrestre como integrado por elementos de cinco reinos diferentes, la lito, hidro, atmo, bio y antroposfera, formando juntos la geosfera; no es necesario añadir que sólo esta última es una concreta realidad.Aunque no tan claramente como pudiera parecer a primera vista, la concepción richthofeniana de la G. permite diferenciar a esta ciencia de la Geología, Geodesia, Geofísica, Meteorología y, por supuesto, de la Astronomía. Ello no quiere decir que el geógrafo deba desinteresarse de las cuestiones estudiadas por estas disciplinas; si así lo hiciera, mal podría comprender lo relativo a la superficie terrestre. Por esta razón en los tratados de G. general suelen incluirse unos capítulos relativos a la forma, dimensiones y estructura de la Tierra y a su posición en el sistema solar, nociones que a veces se agrupan incorrectamente bajo la denominación de G. astronómica; y otros referentes a los procedimientos empleados para la confección de mapas (Cartografía, v.); G. astronómica y Cartografía constituyen, para algunos geógrafos, la llamada G. matemática. Por eso, también el geógrafo necesita recurrir a la Geología y a la Meteorología para la mejor comprensión de los hechos que se dan en la superficie terrestre, pero cuya explicación hay que buscarla muchas veces en las altas capas de la atmósfera o en el interior de la litosfera.Sin perjuicio de una ampliación posterior, es ya ocasión de decir que la G. estudia los hechos, los fenómenos de la superficie terrestre en su localización y distribución y en sus mutuas relaciones; lo que hace que el escenario de los estudios geográficos sea enormemente variado, que esté formado por múltiples paisajes. Para describir la variada faz de la superficie terrestre, y para explicarla, el geógrafo se vale de una serie de principios metodológicos, que son los que vamos a examinar a continuación.2. Localización y distribución. Este principio, llamado también de la extensión, fue uno de los primeros en enunciarse y aplicarse; todavía hoy, muchos consideran la G. como una disciplina cuyo objeto principal, si no único, radica en la localización de los hechos estudiados y en su distribución espacial. Quienes así piensan es lógico que afirmen que el mapa es el objetivo final de todo estudio geográfico y que todo lo que no puede cartografiarse, es decir, representarse en un mapa que indique su localización y el área que ocupa, cae fuera del dominio de la G. Ellos suscriben al pie de la letra la siguiente propuesta, votada y aprobada en el III Congreso lnt. de G. celebrado en Venecia bajo la dirección de Della Vedova, Wagner y Marthe, en 1881: "lo que distingue eminentemente a la G. de sus ciencias auxiliares es que ella localiza los objetos, esto es, indica de modo positivo y constante la distribución de los seres orgánicos e inorgánicos sobre la Tierra". Como decía De Martonne, cuando el botánico trata de determinar el área de extensión de las plantas, hace G. botánica, cuando el geólogo localiza y presenta la distribución de los volcanes, hace G. física, y G. humana el estadístico o demógrafo que estudia la repartición de la población por el mundo.Todo ello es cierto, pero sólo parcialmente. Por supuesto que una de las primeras tareas del geógrafo es la de localizar en un mapa el o los hechos que estudia, ofreciendo así su distribución espacial; mas éste sólo es el comienzo del camino, la primera etapa, aunque fundamental e imprescindible, en la investigación geográfica. Mackinder expresó muy bien estas ideas diciendo que la primera labor del geógrafo es responder a la pregunta Where is it? (¿Dónde está?), ya que sin ello mal podría contestar satisfactoriamente a esta otra Why is it? (¿Por qué está?). Algunos años más tarde, Meynier insistiría sobre lo mismo, hasta el punto de que a veces se le atribuye la paternidad de las dos interrogaciones: oú?; pourquoi?3. Coordinación, analogía, identidad. El anterior principio metodológico es imprescindible para la aplicación correcta del que por unos autores ha sido calificado de "principio de generalidad", "principio de geografía general", "principio o noción de lo universal", "principio de analogía", etc. Fue expresado y aplicado por Ritter y, después, por todos los geógrafos. Vidal de la Blache le dedicó un artículo sustancioso en los "Anuales de Géographie" (1895-96). Una necesidad del espíritu, dice él, nos impulsa a referir el detalle aislado, en sí mismo inexplicable, a un conjunto que lo ilumina; porque, por encima de las mil combinaciones que hacen variadas hasta el infinito la fisonomía de las regiones, hay condiciones generales de forma, de extensión, de posición, etc., que nos llevan a la consideración de la unidad terrestre. De Martonne, uno de sus discípulos, expresaría luego de un modo más claro y conciso las mismas ideas, diciendo que al estudiar un hecho o fenómeno geográfico cualquiera el investigador debe tener la preocupación constante de compararlo con los hechos o fenómenos análogos que pueden darse en otros puntos del Globo. Sólo así se podrán agrupar los hechos o fenómenos en tipos, clases, familias, etc. La G. no procede, en este aspecto, de modo distinto a como lo hacen otras ciencias naturales y sociales. Y sólo de este modo puede llegarse al enunciado de principios y aun de leyes generales. "Los problemas geográficos rara vez son exclusivos de un determinado país o zona; es muy difícil plantearlos y orientarlos con vista a una determinada parcela terrestre; con frecuencia están ligados a un orden general de cosas y adquieren sentido ecuménico" (A. Melón, "Estudios Geográficos", 1943, 214).Tal actitud de espíritu, dice Cholley, debe llevar al geógrafo a eliminar de la masa de hechos que se dan en la superficie del globo terrestre, el hecho accidental o pasajero, porque no tiene valor para el conocimiento racional, y a subordinar lo que es local a lo que es general, ya que el hecho local sólo se aclara a la luz del hecho típico o general. Algunos geógrafos hablan, por esto, de principio de identidad: lo particular, lo excepcional, no es geográfico, sino lo común y uniforme.4. Conexión, correlación. Los principios de localización y universalidad fueron particularmente aplicados por Humboldt y Ritter y marcaron un segundo estadio en el desarrollo de la G., después de la larga etapa descriptiva por que había pasado (salvo raras y aisladas excepciones, como Varenius y Kant) desde que los griegos emplearon el término geografía, que etimológicamente equivale a "descripción de la Tierra". En dicho segundo estadio, la G. era definida como el conocimiento exacto y organizado de la distribución de los fenómenos en la superficie de la Tierra. En cambio, el principio de la conexión o interconexión o correlación existente entre los diversos hechos y fenómenos, aunque conocido y utilizado antes, fue sobre todo expuesto y desarrollado por Ratzel y, después de él, por otros muchos especialistas de G. humana. Puede enunciarse de la siguiente manera: los hechos y fenómenos de la superficie terrestre deben ser considerados en su interdependencia, teniendo en cuenta sus influencias recíprocas. Así, p. ej., clima y vegetación son hechos interconexos, y ambos lo son del suelo y el suelo está en íntima relación con el paisaje agrario, etc. Si no se hiciera así o, lo que viene a ser igual, si no hubiera entre los hechos o fenómenos otra relación que la mera yuxtaposición, la G. no pasaría de ser una enciclopedia, un catálogo, y tendría muy poco o nulo valor científico.El principio de correlación, aplicado también por otras ciencias, como la Botánica, Zoología y Etnología, fue, sobre todo, utilizado por la llamada G. humana y es el que llevaría, más que a Ratzel, a sus discípulos y seguidores, como, p. ej., Miss Semple, al determinismo geográfico, que se desarrolló pujantemente en el ambiente filosófico-científico (naturalismo-positivismo) en que creció la concepción ratzeliana de la G. humana o Antropogeografía. Troll señala que con ello se alcanza el tercer estadio en la historia de la G., la cual era definida como la ciencia que trata de la distribución de cada hecho y el environment de cada criatura sobre la faz de la Tierra. Es, ni más ni menos, la concepción de Davis, para quien la G. se divide en Fisiografía o estudio del environment inorgánico, y Ontografía, o estudio de las "respuestas" que la "vida" da a su medio ambiente en lo que se refiere a la estructura fisiológica, conducta individual y hábitos raciales.La crítica de toda esta concepción geográfica surgida en torno a la aplicación del principio de las interconexiones ocupó a multitud de geógrafos, historiadores, sociólogos, etc. Francia quedó casi al margen del determinismo gracias a Vidal de la Blache, quien enarboló la bandera del posibilismo o de la contingencia de todo cuanto se refiere al hombre. El interesante libro de L. Febvre (La Tierra y la evolución humana. Introducción geográfica a la Historia) da cuenta perfecta del estado de la cuestión y del tono de la polémica. Pocos son hoy, y aun con matices, los geógrafos que se muestran partidarios del determinismo. Más bien sucede lo contrario, como señalan Woolridge y East: que nadie quiere ser tachado de "hereje" determinista. Pero, ¿no habrá sido la oscilación del péndulo demasiado amplia? Cierto que lo que el geógrafo debe investigar más bien es la impronta del hombre sobre la Tierra, pero sin negar rotundamente que la Naturaleza ejerce influencias sobre el hombre. Lo que sucede es que tales influencias no son fáciles de investigar y que, aun siéndolo aparentemente, hay que tener sumo cuidado, para no caer en conclusiones simplistas. Por otra parte, es preciso tener en cuenta que el medio natural actúa también sobre las manifestaciones sociales, políticas, artísticas, etc., de los hombres, determinando asimismo su comportamiento fisiológico, sin que todas estas cuestiones entren dentro del campo de estudios geográficos. Y al contrario, hay hechos de la superficie terrestre que el geógrafo investiga y que no pueden explicarse por las influencias del medio físico, especialmente aquellos que responden a circunstancias o factores históricos, sociológicos, económicos, políticos, etc.El principio de correlación es, sobre todo, aplicado en G. regional; como dice Hartshorne, el geógrafo estudia la manera y el grado en que los diversos hechos de un área y sus elementos componentes se relacionan los unos con los otros determinando el carácter de dicha área, su personalidad, distinta de la que tienen las áreas circundantes.5. La Geografía, ciencia de los paisajes. La G. estudia los objetos y fenómenos de la superficie terrestre en su localización y distribución espacial y en sus recíprocas conexiones y correlaciones. Precisamente, si se dan estas últimas se debe a que los objetos y fenómenos que la G. estudia coexisten en el mismo espacio y se influyen mutuamente, lo cual hace enormemente variada la faz de la Tierra, las formas y los aspectos que ofrece la superficie terrestre. Decir que las ciencias sistemáticas estudian aisladamente los fenómenos y objetos de la superficie terrestre y que la G. los estudia en su conjunto, no es correcto. Cada una de las ramas de la ciencia estudia el modo cómo los fenómenos, o el fenómeno objeto propio de sus estudios, se relacionan y se integran con otros; p. ej., la Botánica, la Zoología. Pero mientras estas ciencias extraen mentalmente los objetos a estudiar del complejo de fenómenos en que realmente se dan y centran en ellos su interés, estudiando solamente los otros fenómenos en la medida en que con ellos se relacionan, la G., por el contrario, enfoca el interés, desde el comienzo, hacia las combinaciones formadas por una gran variedad de fenómenos inanimados, biológicos y sociales diversamente interrelacionados de un lugar a otro.La G. es la ciencia que estudia los paisajes (v.); el paisaje es el objeto formal, específico de la G. Lo que esta disciplina pretende, pues, es describir y explicar la variada fisonomía de la superficie terrestre. Variada lo es porque variados son los elementos y factores naturales en las diversas partes de la misma; antes de la intervención del hombre, la faz de la Tierra era ya un mosaico de paisajes naturales, más o menos complejos. Lo fue más desde que el hombre apareció modificando la Naturaleza, con mayor o menor intensidad, según su grado de civilización, y creando lo que se suele llamar paisajes humanizados o culturales. Podríamos concluir, por consiguiente, diciendo que la G. es la ciencia que estudia la génesis, estructura y función de los paisajes.6. Actualidad y dinamismo. En el estudio de los paisajes actuales, que son los que primordialmente estudia la G., hay que tener siempre en cuenta su historia, porque con mucha frecuencia la explicación de lo actual se encuentra en el pasado. Fueron los americanos, y especialmente Davis, los que generalizaron este principio al estudio del relieve terrestre, el cual no representa sino un estadio transitorio de equilibrio entre las fuerzas destructoras y constructoras. Ratzel y Vidal de la Blache lo aplicaron en G. humana.Conviene, sin embargo, estar en guardia contra uno de los peligros que acechan al geógrafo: el de historizar. Empezar, p. ej., el estudio de un relieve determinado de la superficie terrestre por el precámbrico y acabarlo con los últimos episodios pleistocenos es, acaso, hacer Geología, nunca G. Debería empezarse, más bien, por la descripción de ese relieve, su forma y caracteres, su relación con la red hidrográfica, etc., para luego tratar de explicarlo en función de la estructura (que la dan los trabajos geológicos) y de la erosión; de ese modo se estudia un hecho geográfico, o mejor aún, un elemento del paisaje que es el resultado de la actuación simultánea y sucesiva de una serie de factores, y se relaciona luego con los que se dan análogamente en el resto de la superficie terrestre. Y, otro tanto, por lo que se refiere a los hechos antropogeográficos.7. Descripción y explicación. Las dos deben ir juntas en todo trabajo geográfico, porque difícilmente se puede concebir una explicación sin una previa descripción del objeto a explicar; e inversamente, resulta difícil describir bien lo que no se conoce en su estructura y génesis. Descripción racional: ésta es la expresión apropiada. La descripción habrá de ser científicamente objetiva; con ello excluimos la pura narración literaria, de preocupación subjetiva y simplemente paisajística; lo que no equivale a decir que no quepa la emoción y belleza literaria (hay de ello buenos ejemplos en la literatura geográfica) en una descripción que no deje de ser objetiva y científica. Objetiva, esto es, real, lo que se ve, prescindiendo de lo que se imagina. Y científica, es decir, jerarquizando el valor significativo de las partes o de los elementos del objeto cuya descripción queremos hacer, dando mucha más importancia a lo esencial que a lo accesorio, a lo típico que a lo excepcional. Y aun dentro de lo fundamental y típico puede, y debe seleccionarse, para darle preferencia, lo evocador.Para describir, el geógrafo se vale de la observación directa del objeto o, por lo menos, de su representación cartográfica o fotográfica. La mayor parte de las veces hay que servirse de ambos medios, no sólo sucesivamente (primero la realidad, después el mapa, o viceversa), sino simultáneamente, porque muchas veces la observación directa de la realidad resulta difícil por lo compleja que es; porque no podemos abarcarla en un sólo golpe de vista; porque el mapa, y mejor aún la fotografía aérea, localiza los hechos de un paisaje, los elementos de una combinación permitiéndonos deducir sus interconexiones; porque nos muestra que el hecho que observamos no es quizá único en el mundo, sino que hay otros semejantes; en fin, porque nos ayuda a pasar de la visión analítica a la sintética.Y con ello, ya podemos pasar de la descripción a la explicación. Como se ve, en realidad nuestro proceso ha sido, por un lado, el proceso normal de las ciencias naturales: el análisis detallado que conduce a la síntesis ordenada. Pero, por otra parte, no ha sido, no es, el método geográfico totalmente inductivo. En parte ha sido también, y de hecho así sucede frecuentemente, deductivo, por cuanto hemos partido de ciertas conclusiones y leyes de las ciencias auxiliares de la G. E incluso sucede, a veces, que el punto de partida de la explicación no son los datos inductivos tomados de las ciencias afines, sino la propia intuición, la hipótesis de trabajo.8. Ramas de la Geografía. Si el objeto formal de la G. es el paisaje, la región, no habrá más G., dicen algunos, que la G. regional. La G. general o sistemática debe desaparecer o reducirse al estudio de las leyes y de los principios básicos establecidos por las disciplinas auxiliares y necesarios para la interpretación de las diversas unidades terrestres, de los diferentes paisajes. Nada más incierto. Casi todos los tratadistas defienden la unidad de la Geografía. Cholley resume a este respecto sus ideas de la siguiente manera: la G. regional trata de aquilatar e interpretar la estructura, extensión y dinamismo de las diferentes regiones terrestres; la G. general considera en el plano universal los resultados de los estudios regionales para establecer las leyes generales que presiden todas esas variedades de combinaciones regionales; hay entre ellas una diferencia de punto de vista o, más bien, de escala para apreciar la realidad geográfica: la escala de la G. regional es una gran escala; la G. general considera los hechos a la escala del planeta.Durante mucho tiempo, de acuerdo con el predominio del naturalismo científico y filosófico-social, la superficie terrestre se dividía en regiones naturales, cuya unidad venía dada exclusiva o primordialmente por los elementos físicos o naturales, geológicos o morfológicos, climáticos, botánicos o por todos ellos a la vez. Luego se vio la dificultad de hacer una división del globo terrestre, que fuera válida, real, en regiones naturales, sobre todo en los países de civilización avanzada. Y entonces se empezó a hablar de regiones humanas (históricas, urbanas, económicas, políticas, etc.), de mucho más difícil delimitación, sin duda, pero más de acuerdo con la realidad.Puesto que toda región o todo paisaje es una combinación compleja de elementos y factores naturales, biológicos y humanos, la G. general se subdivide en G. física o natural, G. biológica y G. humana. La primera estudia el relieve, el clima y las aguas de la superficie terrestre, y así se habla de geomorfología, climatología e hidrografía o hidrología. La segunda estudia la distribución de las grandes formaciones y asociaciones vegetales (fitogeografía) y de las asociaciones de animales (zoogeografía) y sus relaciones con los otros elementos y factores del medio físico. Puede decirse, que la G. física y la G. biológica (que no pocas veces se agrupan bajo el epígrafe común, aunque inadecuado, de G. física) pretenden dar cuenta de los paisajes naturales (v. TIERRA IV),La G. humana, que algunos ahora califican de G. social, trata de describir y explicar los paisajes culturales o humanizados, es decir, la obra del hombre como transformador de la faz de la Tierra, de los paisajes naturales. Creo que su objeto ha sido precisado muy bien por Sorre en diversas ocasiones diciendo que la Naturaleza ha sido transformada por el hombre (en sentido colectivo) a lo largo del tiempo, en distinto grado de desarrollo cultural y con técnicas diferentes, para subvenir a sus necesidades materiales o de otro orden. Corrientemente se habla de G. humana general o ecológica, para designar a la parte de la G. humana que estudia las influencias del ambiente natural sobre el hombre y sus actividades y la distribución de la población sobre la Tierra desde el punto de vista cuantitativo y cualitativo; de G. del hábitat o del poblamiento, que estudia la forma de asentarse el hombre sobre la Tierra, desde las casas aisladas hasta las grandes ciudades; de G. económica, que estudia las modificaciones que la utilización por parte del hombre, de los recursos minerales, vegetales y animales, aporta a los paisajes naturales: G. agraria, industrial, comercial o de la circulación; y de G. política, que trata principalmente de los Estados.9. Instituciones, congresos y revistas de Geografía. Aunque no faltan empresas privadas, a las que debe mucho la G. como ciencia (Justus Perthes, de Gotha, p. ej.), han sido, sin embargo, las sociedades y los institutos o departamentos universitarios los que le dieron el mayor impulso. La más antigua de aquéllas es la de París (1821), seguida de las de Berlín (1828) y Londres (1830); entre las del mundo hispánico, la Soc. Mexicana de Geografía y Estadística (México) fue creada en 1833, la Real Soc. Geográfica Española en 1876, la Soc. Geográfica de Lima en 1888, la de la Paz en 1889, La Soc. Geográfica de Colombia en 1903, la Soc. Chilena de Historia y Geografía en 1911, la Soc. Argentina de Estudios Geográficos en 1922, etc. Pero, sobre todo, la G. adquirió prestigio científico al calor de las universidades; las primeras cátedras de G. se dotaron en Alemania y poco después en Francia e Inglaterra. Hoy todas las universidades suelen tener su instituto o departamento de G., sea en las facultades de letras, sea en las de ciencias, los cuales desarrollan una importante labor docente e investigadora. Los organismos nacionales de investigación científica impulsan igualmente los estudios geográficos; así, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas español a través de su Inst. de Economía y Geografía Aplicada.Casi todas las sociedades de G. publican una revista; también lo hacen algunas casas comerciales. Entre las más importantes mencionemos los "Annales de Géographie" (París), "The Geographical Journal" (Londres), "The Geographical Review" (Nueva York), "Petermanns Geographische Mitteilungen" (Gotha); y de habla española, "Estudios Geográficos" (Madrid), "Geographica" (Zaragoza y Madrid, hasta 1986) y los boletines o revistas de las diversas sociedades de G.Por último, están los congresos nacionales, y, sobre todo, los internacionales de G. cuya lista es: Amberes (1871), París (1875), Venecia (1881), París (1889), Berna (1892), Londres (1895), Berlín (1889), EE.UU. (1904), Ginebra (1908), Roma (1913), El Cairo (1925), Cambridge (1928), París (1931), Varsovia (1934), Amsterdam (1938), Lisboa (1949), Washington (1952), Río de Janeiro (1956), Estocolmo (1960), Londres (1964), Nueva Delhi (1968), Montreal (1972), Moscú (1976), Tokio (1980), París (1984), Sydney (1988).A. FLORISTÁN SAMANES.
V. 1.: GEOiMORFOLOGíA; CLIMATOLOGíA; CARTOGRAFíA; RURAI.. GEOGRAFÍA; TIERRA IV (Zonas y regiones geográficas). BIBL.: R. CLOZIER, Las etapas de la Geografía, Barcelona 1945; A. MELóN, Esquema sobre los modeladores de la moderna ciencia geográfica, "Estudios Geográficos" VI, Madrid 1945, 393-442; J. M. CASAS TORRES, Notas sobre el concepto y método de la Geografía científica contemporánea, "Rev. Universidad", Zaragoza 1945, 1-43; A. FLORISTÁN, Sobre el concepto y contenido de la Geografía, "Estudios Pedagógicos" 14-15, Zaragoza 1953, 13-20; S. W. WOOLDRIDGE y W. GORDON EAST, Significado y propósito de la Geografía, Buenos Aires 1957; M. TERÁN, La causalidad en Geografía humana. Determinismo, posibilismo, probabilismo, "Estudios Geográficos" 67-68, Madrid 1957, 273-308; P. PLANS, Orientaciones sobre didáctica de la Geografía, Madrid 1967; A. CHOLLEY, La Géographie. Guide de 1’étudiant, París 1951; R. HARTSHORNE, The Nature of Geography, "Ann. Ass. Amer. Geogr." (1939) 171-658; fD, Perspective on the Nature of Geography, 4 ed. Chicago 1966; J. O. M. BROEK, Geography, its scope and spirit, 3 ed. Columbus, Ohio, 1966; T. W. FREEMAN, A hundred years of Geography, Londres 1965; NATIONAL ACAD. OF SCIENCEs, The Science of Geography, 4 ed. Washington 1967.
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