Generación Del 27 LIT.
Categoria:
Literatura
Componentes. Grupo de escritores, principalmente poetas, que comienzan a manifestarse literariamente en la segunda década del s. XX. Si bien en este grupo hay destacados representantes de los demás géneros literarios, como José Bergamín (1897-1983), Juan Chabás (18981954), Amado Alonso (1896-1952), etc., sólo los poetas consiguen formar un núcleo amplio y de valor decisivo. Entre sus componentes hay que destacar a Pedro Salinas (v.), Jorge Guillén (v.), Dámaso Alonso (v.), Gerardo Diego (v.), Federico García Lorca (v.), Rafael Alberti (v.), Luis Cernuda (1902-63), Vicente Aleixandre (v.), Emilio Prados (1899-1962), y como un epígono que se incorpora tardíamente al grupo, Miguel Hernández (v.). Algunos otros poetas, como Fernando Villalón (18811930), León Felipe (v.), José Moreno Villa (1887-1955), Adriano del Valle (1895-1958), Mauricio Bacarisse (18951931), Joaquín Romero Murube (n. 1904), Rafael Laffón (n. 1900), etc., aunque a veces coincidieron con los componentes del grupo, por su edad, por las fechas de sus obras, por su estética poética o su escasa convivencia, deben considerarse como anteriores a esta generación o como pertenecientes a ella sólo a medias.Este grupo ha recibido diferentes nombres. Recientemente, Debicki, siguiendo a Cernuda y a Cirré, ha propuesto el de generación de los años 1924-25, fechas que, ya acabado el ultraísmo (v.), marcan la composición de las obras clave (Romancero gitano, de Lorca; Versos humanos, de Diego; Marinero en tierra y La amante, de Alberti; Tiempo, de Prados; poemas de Cántico, de Guillén, y de Perfil del aire, de Cernuda) y en las que los componentes del grupo han logrado ya plena conciencia poética. Dámaso Alonso y Guillén fechan su época inicial entre 1920 y 1936. Nos parece más significativo el de generación o grupo del año 1927, puesto que (si bien esta fecha, al subrayar el centenario de Góngora, ofrece el peligro de enfatizar demasiado los aspectos formales y de poesía deshumanizada del grupo, vigentes únicamente en su primera época, y además sitúa demasiado tarde el efecto de sus primeros libros) tiene la ventaja de poner de manifiesto el momento en que este conjunto de poetas toma conciencia pública de grupo homogéneo ante hechos determinados (sesiones literarias del Ateneo de Sevilla y centenario gongorino). Impropiamente, también se ha llamado generación de la Dictadura, por coincidir cronológicamente con el mandato de Primo de Rivera.Características. Lo primero que cabe preguntarse es si realmente se puede hablar de una generación poética. Una serie de factores demuestran no sólo la coherencia del grupo, sino su integración en una verdadera generación literaria. En primer término, todos coexisten en el tiempo. Todos nacen en un periodo relativamente breve. Salinas, el más viejo, nace en 1891; Guillén en 1893 y Gerardo Diego en 1896; en 1898 ven la luz García Lorca, Dámaso Alonso y Vicente Aleixandre; Prados en 1899; en 1902, Rafael Alberti y Luis Cernuda. Son más jóvenes Manuel Altolaguirre (1906-59) y Miguel Hernández (1910).Todos ellos afloran a la vida literaria entre 1920 y 1930. Gerardo Diego publica su Romancero de la novia en 1920; García Lorca su Libro de poemas y Dámaso Alonso sus Poemas puros en 1921; de 1923 es el libro Presagios de Salinas, y de 1925 Marinero en tierra de Alberti y Tiempo de Emilio Prados; Vicente Aleixandre publicará su primer libro, Ámbito, en 1929, y Guillén está escribiendo su libro Cántico (1 ed. 1928) desde 1919 y publica versos en revistas (índice, La pluma y Rev. de Occidente) entre 1920 y 1924. Todos ellos tienen contactos personales desde esta época. Salinas llega a Sevilla como catedrático de literatura en 1918, y allí influye sobre los poetas andaluces, especialmente sobre Cernuda, al tiempo que nunca deja su vinculación con Madrid. En esta ciudad se instala en 1919 García Lorca en la Residencia de Estudiantes, donde conoce a Emilia Prados. Allí leen también sus poesías Alberti, Prados y Guillén. Alberti, que estaba en la sierra de Guadarrama por motivos de salud, conoce a García Lorca en 1924 y, al mismo tiempo, a Aleixandre, Cernuda y Villalón. En estos mismos años, Alberti y Gerardo Diego comparten el Premio Nacional de Literatura, otorgado a Marinero en Tierra y Versos humanos (1924-25). Aleixandre, aunque enfermo, tiene contactos con los componentes del grupo, especialmente con Dámaso Alonso.Pronto aparecerán varias revistas poéticas publicadas o dirigidas por miembros de la generación: Litoral (Málaga 1926), Mediodía (Sevilla 1926), Verso y prosa (Murcia 1927), Carmen (Santander 1927), Parábola (Burgos 1928), Meseta (Valladolid 1928), gallo (Granada 1929), todas ellas de vida efímera (v. LITERATURA VIII). El más concreto acto público del grupo tiene lugar en diciembre de 1927: invitados por el Ateneo de Sevilla, los miembros de la generación (Jorge Guillén, Gerardo Diego, Rafael Alberti, Dámaso Alonso, García Lorca, Cernuda, José Bergamín y Juan Chabás) llevan a cabo una serie de sesiones literarias y poéticas (conferencias y lecturas de versos) en las que se manifiesta su coherencia.Su formación es similar. Chabás ha señalado que el grupo está integrado por hombres de ascendencia y educación burguesas. La mayoría son universitarios y algunos de ellos (Salinas, Guillén, Gerardo Diego, Dámaso Alonso) ejercen el profesorado oficial. Son, por tanto, personas dotadas de todos los instrumentos del saber crítico y literario moderno, espíritus conscientes y avezados en el trato de la poesía tradicional y clásica, que reciben como un legado común. Se respeta a los grandes maestros literarios inmediatamente anteriores, como Unamuno (v.), Antonio Machado (v.), Juan Ramón Jiménez (v.), y son admirados los grandes valores de la lírica nacional. No es una generación combativa; de ella dice Dámaso Alonso que es una "generación que no se alza contra nada. No está motivada por una catástrofe nacional como la que dio origen al pensamiento del 98. No tiene tampoco un vínculo político... No, no hubo un sentido conjunto de protesta política... Pero es el caso que tampoco literariamente se rompía con nada, se protestaba de nada". Parece como si estos conceptos no afirmativos hicieran más imprecisos los límites del grupo.Hay que añadir que tampoco se puede señalar un verdadero caudillo literario como es Garcilaso para los poetas del s. XVI o Góngora para los del XVII; aunque muchos de los aspectos poéticos de esta generación se pueden entroncar con la obra de Juan Ramón Jiménez, a quien todos consideran como maestro indiscutible, y en menor grado, y con una influencia más efímera, pues, salvo en el caso de Jorge Guillén, se reduce a los momentos iniciales, con la obra de Paul Valéry (v.) en lo que tiene de asepsia, de técnica, de estéril esteticismo. También, en un momento, hay cierta polarización alrededor de García Lorca por un lado, y de Guillén por otro; en época más tardía Aleixandre y Dámaso Alonso ejercen un notable influjo. Además, también se ha de considerar que no hubo una comunidad de técnica o de inspiración (similar, p. ej., a la de la poesía petrarquista en la primera mitad del s. xvi, o de la poesía modernista a principios del s. XX), por lo que a primera vista parece como si se diluyera el grupo en una serie de poderosas individualidades que tienen entre sí más vínculos sociales que realmente literarios.No obstante, se dan otras condiciones que los definen como generación coherente: no sólo la coetaneidad, el compañerismo y la comunicación, la formación similar, idénticas experiencias, sino también, y ante todo, igual forma de reaccionar ante el fenómeno poético. Estas reacciones comunes pueden darse en el plano histórico y en el esencial poético.Históricamente todos ellos se enfrentan de manera similar con dos hechos clave: el ultraísmo y el centenario de Góngora. Salvo Gerardo Diego, que durante su época inicial se bifurca entre las libres piruetas ultraístas (Imagen) y los versos tradicionales (Versos humanos), más propios del grupo, toda la generación rechaza en pleno los movimientos de vanguardia (v. VANGUARDISMO) que habían tenido su auge tras la 1 Guerra mundial. A diferencia de los ultraístas, que protestaban violentamente contra las tradiciones literarias anteriores, imitaban movimientos extranjeros, veían la literatura como juego y vociferaban contra la atmósfera burguesa, los poetas del grupo del 27 se arraigan en la poesía tradicional y en la poesía culta de sus antepasados; así, sin meterse en polémicas ni alzamientos contra nada, sin escribir manifiestos, sin hacer propaganda, crean únicamente poesía y construyen una obra orientada a captar los valores más amplios. Sin embargo, hacen suyos ciertos avances del ultraísmo: el culto a la imagen y el libre uso de la metáfora, que queda como uno de los elementos capitales del poema; la estilización poética de la realidad; la creencia de que la poesía debe separarse totalmente de lo cotidiano cursi y del antipoético mundo burgués; y la oposición al espíritu sentimental decadente del trillado modernismo, sustituido en algunos casos por un tono juvenil y optimista, a veces irónico, y casi siempre escasamente emotivo, que se evade hacia un arte de imágenes puras.Posteriormente, en 1927, se conmemora el centenario de la muerte de Góngora (v.). Los componentes del grupo no sólo celebran algún acto público (misa de difuntos por el alma del poeta cordobés en la iglesia de Santa Bárbara, de Madrid), sino que imitan y estudian la obra del poeta culterano: libros de versos como Cal y canto de Alberti, la Fábula de Equis y Zeda de Diego; posteriormente, Perito en lunas de Miguel Hernández, etc.; estudios críticos de Dámaso Alonso; conferencias de los demás. El arte de Góngora venía a reforzar las directrices estéticas en los primeros momentos de la generación: el culto por la imagen, el papel creador del poeta, la visión de un mundo poético alejado de la realidad y la valoración de la poesía como juego de la inteligencia. En la poesía gongorina veían un medio de ligarse a la tradición artística sin ningún sentido revolucionario.Aparte de estas características, hay en el grupo una forma común de encarar el fenómeno poético. Es ésta, ::in duda, su faceta crucial y su nota más generalizada. Se sienten, ante todo, poetas en el sentido más lato y profundo del, la palabra. En sus trabajos críticos, Dámaso Alonso, Salinas, Guillén, Cernuda, Gerardo Diego, subrayan insistentemente esta postura. Independientemente de las técnicas y de los distintos lenguajes poéticos (neopopularismo en los andaluces, poesía esencial y desnuda en Guillén y Salinas; estrofas cerradas, perfectas de Guillén; series abiertas y asonantadas de Lorca y Alberti; versolibrismo de Salinas y de Aleixandre, y de los mismos García Lorca, Alberti, Cernuda, etc.), todos ven la poesía como un fenómeno universal y perenne, como un arte trascendente que se sobrepone a lo cambiante y efímero del mundo circundante. Salinas, D. Alonso, Aleixandre, García Lorca, hablarán de la poesía como realidad indestructible, inmortalizada y superior, única capaz de trascender lo cotidiano. Su creencia en la importancia de su arte se relaciona con la importancia que otorgan a la elaboración exacta del poema; así lo dicen en las "poéticas" que cada uno de ellos publica, encabezando sus poesías, en la Antología de Gerardo Diego, y en las que se encarece el esfuerzo del poeta y su anhelo de perfección. Por esto, rechazan cualquier forma de retórica; en nombre de esta perfección surge también el interés de cada uno de ellos en descubrir y emplear la palabra más eficaz, sin que esto implique la defensa de un vocabulario determinado y exclusivista o la sujeción a formas poéticas especiales; únicamente, su deseo de exactitud, nitidez, precisión.Unidad esencial y variedad estilística y temática. El grupo se presenta como la acumulación de valores individuales con intensa personalidad artística. Les une su autenticidad frente al fenómeno poético y su trascendencia, lo grande y generoso de su propósito, ya que cada uno busca la obra perfecta y universal; pero, como se trata de poetas originales, destaca lo claramente diferenciado de sus voces.Etapas. En la evolución poética del grupo, Debicki propone dos etapas: la primera comenzaría aproximadamente hacia 1923 ó 1924, época en que el ultraísmo debe darse por definitivamente acabado, y se extendería hasta 1939; y la segunda, llegaría hasta 1954 ó 1955, fecha de los últimos libros poéticos de los componentes de la generación. Pero esta clasificación tiene el inconveniente de agrupar en un mismo periodo fenómenos tan dispares como la poesía pura y tradicional de los primeros años, la poesía neogongorina y los libros llamados surrealistas. D. Alonso insinúa la existencia de dos momentos en esta primera etapa: uno que se extendería desde 1920 hasta 1927, y otro que llegaría hasta el final de la guerra civil. Por eso, proponemos tres etapas: la primera comprendería la obra inicial y los versos neogongorinos; la segunda, la época influida por el surrealismo; y la tercera, la poesía de posguerra.El momento inicial o, según D. Alonso, periodo de ligamiento o integración de vínculos entre los componentes del grupo, responde a fenómenos poéticos similares a los descritos por Ortega en La deshumanización del arte (1925), y se caracteriza por dos direcciones fundamentales: 1) la estilización culta de lo popular. Alberti, García Lorca, Cernuda, D. Alonso, muestran en su poesía elementos populares y tradicionales, si bien controlados por su clara conciencia artística; no imitan la poesía popular, sino que emplean sus formas para alcanzar valores propios; 2) la poesía pura (v.), basada en un ritmo principalmente intelectivo. Guillén y Salinas, mediante la supresión de todo lo que no tenga un auténtico valor lírico, crean un tipo de poesía desnuda, limpia y esencial. Como culminación de este periodo, en torno a 1927, muchos de estos poetas llevaron a cabo la aventura neogongorina.Poco después, sobre todo a partir de 1929, muchos de estos poetas considerados como fríos y deshumanizados (Alberti, Cernuda, García Lorca, Salinas, Altolaguirre, etcétera; a los que se les incorpora Aleixandre) humanizan su poesía; ésta se llena de resonancias personales y adopta un tono vehemente. Surgen libros apasionados como Sobre los ángeles (1929) de Alberti, Espadas como labios (1932) de Aleixandre, Soledades juntas (1932) de Altolaguirre, Poeta en Nueva York (escrito entre 192930) de García Lorca, La voz a ti debida (1933) de Salinas, Un río, un amor (escrito en 1929 y publicado como una parte de La realidad y el deseo, 1936) y Donde habite el olvido (1935) de Cernuda, cte. Esta nueva época, que Alonso ha llamado de relajación de vínculos entre los componentes del grupo, y que viene de la mano del surrealismo (v.) francés (con el que se relaciona en el empleo de lo onírico, en la angustia existencial, en el tono turbulento de sus alucinadas alusiones y en la incoherencia irracional de las relaciones metafóricas), pone en juego una poesía de grito, de vaticinio, de alucinación, que busca, ante todo, los valores humanos y emotivos.Por último, tras la violenta conmoción de la guerra civil, unos en España, otros en el extranjero, inician un nuevo momento poético, que en muchos aspectos es una continuación y profundización del anterior. El simple escareeo estético de los primeros años ha quedado definitivamente olvidado y ha sido sustituido por la expresión de una íntima congoja en la que los motivos personales se funden con otros de índole universal. Se da mayor importancia a los temas filosóficos fundamentales: la poesía como búsqueda de la eternidad, la angustia existencial y el sentimiento religioso, el enfrentamiento con los valores centrales de la vida del hombre y del mundo que le rodea. Han desaparecido, o se han amortiguado, preocupaciones de estilo y hay mayor tendencia a la presentación directa de imágenes, al lenguaje coloquial, al versículo. Así, surgen los libros de Dámaso Alonso (Hijos de la ira, 1944; Oscura noticia, 1944; Hombre y Dios, 1955), de Aleixandre (Sombras del Paraíso, 1944), de Salinas (Todo más claro, 1949), de Alberti (Hora marítima, 1953), de Guillén (Clamor, 1963), etc.V.1.: POESÍA PURA I; POESÍA SOCIAL 1; ULTRAÍSMO.E. VERES D’OCÓN.
BIBL.: Son muy importantes las siguientes antologías dedicadas exclusivamente al grupo: V. GAOS, Antología del grupo poético de 1927, Madrid 1965; J. GONZÁLEZ MUELA y J. M. ROZAS, La generación poética de 1927, Madrid 1966. Merecen destacarse también las siguientes, que incluyen a muchos más poetas que los de la generación: G. DIEGO, Poesía española. Antología, 19151931, Madrid 1932; ÍD, Poesía española. Antología (Contemporáneos), Madrid 1934 (ambas han sido reeditadas juntas con el título Poesía española contemporánea (1901-1934), Madrid 195962); F. DE ONís, Antología de la poesía española e hispanoamericana (1882-1932), Madrid 1932; J. M. CASTELLET, Veinte años de poesía española (1939-1959), Barcelona 1960.
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