Gauguin, Paul
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Biografía GER
Vida. Insigne pintor francés, n. en París el 7 jun. 1848, hijo del periodista Clovis Gauguin y de Flora Tristán Moscoso, hija de Mario Tristán, coronel español del ejército destacado en Perú. Aún más, un tío de la madre, el mariscal Pío Tristán, había militado contra los independentistas peruanos y argentinos. De esta explosiva mezcla nació uno de los hombres que más llamado estaba a revolucionar la pintura europea. En 1851, a consecuencia del golpe de estado de Luis Bonaparte, Clovis Gauguin se exilia con los suyos, y permanecen cuatro años en la casa solariega de Lima. En 1855 regresan a Francia y fijan su residencia en Orleáns, donde G. hace sus estudios secundarios. Por un momento piensa en estudiar marina, pero todo queda en ser ayudante de piloto en el navío Luzzitano, que zarpa para Río de Janeiro. Sus navegaciones han durado desde 1865 hasta 1871, año éste en que ingresa en la casa de cambio Bertin, en la rue Lafitte, de París. En 1873 casa con la muchacha danesa Mette Sophie Gad. Por entonces comienza a dibujar, actividad que le apasiona cada día más. En 1874, gracias a sus saneados ingresos, ya posee una importante colección de cuadros impresionistas (v. IMPRESIONISMO), de Manet, Cézanne, Renoir, Pissarro, etc. Es precisamente a Pissarro (v.) al primero de ellos que conoce, en 1876, año en que ve una obra suya admitida en el Salón. Crece su afición, y en 1880 participa en la quinta exposición impresionista, en 1881 en la sexta, en 1882 en la séptima. Y, en 1883, cansado de mantener una doble personalidad, dimite su puesto en la casa Bertin y marcha con su mujer y sus hijos a Rouen, primero; a Dinamarca, después. A nada conduce este vagabundeo, como no sea a extremar su crisis, por lo que, en 1885, se separa de Mette y regresa a París con su hijo Clovis, para enfrentarse con un periodo de negrísima miseria.En 1886 se dirige a Bretaña y fija su residencia en Pont-Aven, lugar ya inseparable de su nombre, pero en noviembre vuelve a París y traba amistad con Van Gogh (v.). Ya en ese momento piensa, desesperadamente, que su carrera no ha de desarrollarse en Europa, sino en el trópico. En efecto, en abril de 1887 se embarca con rumbo a Panamá y La Martinica, acompañado de su amigo Charles Laval, pero ha de regresar en diciembre, enfermo de fiebre y de disentería. En 1888, algo más calmado, se dedica a decorar porcelanas, hace su primera exposición monográfica, seguida de éxito nulo, pasa una temporada en Pont-Aven y otra, de 20 de octubre a 24 de diciembre, en Arlés, junto a Van Gogh, por cuya demencia se ve obligado a huir. En 1889, la exposición de Sintetistas y Simbolistas, en el café Volpini, de París, muestra pinturas de Gauguin, Serusier, Denis, Laval, etc. G. pasa una temporada, fecundísima, en Pont-Aven, y otra en Le Pouldu, mientras que todo el a. 1890 lo deja transcurrir, sin posibles, en París, refugiado en casa de su amigo Schuffnecker. En 1891 se decide, y tras la venta de una treintena de sus cuadros, embarca el 4 de abril hacia Tahití, donde desembarca el 8 de junio. Disgustado por el aspecto europeo de la capital, Papeete, se interna en la isla, conviviendo con los naturales, hasta su regreso a Francia en junio de 1893. En enero de 1894 se traslada a Copenhague y ve por última vez a su esposa. En julio de 1895 vuelte a Tahití, donde permanecerá hasta agosto 1901, en que cambia esta isla por la de Hiva-Oa, del archipiélago de las Marquesas, donde, luego de haber mantenido enojosas contiendas con las autoridades coloniales, muere el 8 mayo 1903. El maorí Tioka, que fue a avisar del suceso al pastor Vernet, hizo el primer responso: "Ya no tenemos hombre".Obra. Era casi imposible que una biografía tan abundante en pormenor humano de primera calidad dejase de serlo de quien, no menos, fue uno de los pintores máximos que prologaron el s. XX, en la misma categoría que Van Gogh y Cézanne. Y, como ellos, poniendo al servicio del arte que le llamaba y atraía todo lo que puede poner un humano; más aún, ya que sacrificó posición social y económica, familia, amistades, absolutamente todo. Pero hay derecho a preguntarse si el arte a que se entregó merecía tamaño sacrificio, a lo que importa responder rotundamente que sí. Porque G. había comenzado su apasionada carrera sin ser cosa mayor que un impresionista más, camino que, de perseverar en él, apenas le hubiera conducido a una estimación un poco más alta, que, p. ej., la de Pissarro. Ahora bien, no se había propuesto esta meta, y la virtud que más empezó por admirar en los impresionistas, la de la espontaneidad, se le fue relegando en su interior para dar paso a lo que él creía fuera sintetismo y simbolismo. Decimos creía porque las fuentes a que acudió a buscar tales sentimientos, esto es, el arte popular bretón y polinésico, no pudieron ofrecerle cuanto anhelaba, de modo que tuvo que improvisarse otras propias, las que, al extremar su definición, rebasaban el programa indicado, imponiendo, si es que deseaba hacer un arte propio y original, puntos de partida del todo nuevos. Se impondría una novísima libertad de encuadre, de dibujo y de color. Desaparecían la neblina y la difusión cromática impresionista, mientras obtenían vigencia los colores planos, con mínimo de sombra, mas, si ésta existía, era por derecho pro-, pio y con acceso a otro colorido también plano, las más de las veces arbitrario. Todo el dibujo procuraría ser correcto y convincente, pero como su cometido era el de siluetear de negro las masas de color, se entendía que se incorporaba al poderío definidor de los planos cromáticos, cada vez haciendo uso de menos colores mezclados. En cuanto a la composición, quedaba a merced -y ello no era desgracia ninguna- del juego de contrastes provistos por el ritmo de colores. Declarado hasta aquí el propósito de G., acaso no se advierta su simbolismo, pero sí el sintetismo a que aspiraba.Pues bien, tales conquistas quedan va patentes y explícitas en sus cuadros bretones de 1888 y 1889, sobre todo en la Visión después del sermón sobre la lucha entre facob y el Ángel (Galería Nacional de Escocia, Edimburgo), obra que pudiéramos calificar de pre-fauve, como el conocido Autorretrato con nimbo de la National Gallery de Washington, casi rotundamente partido en dos mitades, una roja, otra amarillo-naranja. En cuanto al simbolismo, reconoce como una de sus pruebas más sustantivas el Cristo amarillo, pintado en Le Pouldu en 1889, y en el que el crucifijo, ante el que oran tres campesinas, supera extrañamente, pese a su curioso color, el rojo de los arbustos del fondo. Ahora bien, sintetismo y simbolismo obtendrían plena vigencia en la maravillosa obra polinésica, ya que la naturaleza, los frutos, las gentes, no harán sino colaborar al designio del artista. Todos los colores se harán más enteros, dominando dibujo y composición. Los sombreados serán mínimos, pero las sombras máximas, ahora ya, sin engaño, declaradamente verdes, o grises o azules. Además, es necesario que lo sean, para contrastar el personalísimo rojo que es la corriente de un arroyo o el vestido de una indígena. Y ahora sí que no nos falta el simbolismo (v.). G., en su nueva tierra adoptiva, ha gustado de sorprender todos los mitos, todos los rituales, todas las costumbres, y de todo se servirá para concebir y realizar obras a menudo enigmáticas, una de las cuales de 1897, pronunciando la eterpa pregunta (¿Qué somos, de dónde venimos, a dónde vamos?, en el Museo de Boston), resume la pavorosa suma de inquietudes de G. Había llegado a identificarse con la inocencia paradisiaca de las islas elegidas, y gustaba de titular sus cuadros en lengua indígena, como Ta Matete (El mercado); Mapoa Foa Ipoipo (¿Cuándo te casas?); Hina te Fatou (La luna y la tierra), etcétera. Y no deja de ser sorprendente y aleccionador que G. obtuviese esta paz, esta conciencia, esta infinita probidad estilística en una isla oceánica, a muchísimas millas de París. -1ando ya el Impresionismo comenzaba a degenerar en rutina y fórmula de los pintores domingueros. Ello, cuando él había facilitado la gran solución del fauvismo (v.) como Cézanne el cubismo (v.) y Van Gogh el expresionismo (v.). Ello, sin contar con la sabrosa responsabilidad que corresponde en el nacimiento del Nabismo y en la eclosión de lo abstracto, aparte de multitud de menores grupos y subgrupos que tantísimo deben a su arte. Y, en fin, no olvidemos su obra maravillosa de grabador en madera ni su labor literaria, tan lúcida como profética. Su Noa-Noa, en colaboración con Charles Morice, es un bellísimo libro, primeramente publicado en 1897, y que merece de todo devoto del artista ser degustado en su edición facsímil publicada por Jan Fúrlag, Estocolmo 1947. Acaso sea en este volumen donde, aparte los cuadros diseminados en las más luminosas pinacotecas, mejor pueda ser hallada el alma febril y anhelante de G.GAYA NUÑO.
BIBL.: J. COSSí0 DEL POMAR, Arte y vida de Paul Gauguin, Lima 1930; POLA GAUGUIN, Paul Gauguin, mon pére, París 1938; L. HAUTECOEUR, Paul Gauguin, Ginebra 1942; H. PERRUCHOT, Paul Gauguin, sa vie ardente et misérable, París 1948; CH. ESTIENNE, Gauguin, Ginebra 1953; L. VAN DOVSxc, Gauguin, Madrid 1969. J. A.
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