Franconia, Casa de HIST.
Categoria:
Historia
Las invasiones de los húngaros en el s. X y los intentos de formación de nuevas nacionalidades producen en el antiguo Imperio carolingio la anarquía, y con ella el debilitamiento del poder real. Como consecuencia lógica, aumenta el poder de la nobleza que, sin ser hereditaria, se vincula a determinadas familias. En torno a estas familias surgen auténticos Estados con etnia, lengua, tradiciones y derecho propios, y con personalidad muy acusada. Uno de estos Estados será el de F., o país de los francos del E., cuya posesión recae en los Conradino, al vencer éstos a los Babenberg. Junto con los otros ducados (Sajonia, Baviera, Suabia y Lorena o Lotaringia) forma parte del mosaico de poderes que tiende hacia una unidad imperial de signo universalista.Hacia el Imperio universal. Considerando como Imperio universal, no el dominio del ecumene, sino el poderío político sobre una zona geográfica unificada por la economía, la historia del Imperio y en particular la de los Emperadores salios (de la casa de F.) supone un camino universalista, aunque enormemente dificultado por múltiples factores de índole social, económica y política. El primer gran obstáculo es la diversidad del Imperio germánico (v.). Una Alemania sudoccidental romanizada coexiste con otra Alemania nororiental pobre e inculta, a la que no llegó la huella de Roma. Por otra parte, la propia situación geográfica de Alemania dificultaba un proceso universalista: quedaba al margen de la Europa occidental, del comercio marítimo y de la gran ruta terrestre del comercio internacional.Otros problemas eran de tipo político. Así, la constante amenaza de pueblos orientales y nórdicos, y el consecuente debilitamiento de la realeza. En Conrado I (911918), duque de F. que accede al trono de Germania a la muerte de Luis el Niño, aparecen ya estas dificultades. Hostigado por húngaros, daneses y bohemios, ve su monarquía debilitada. Prueba de ello es que no fue reconocido por Lotaringia, que prefiere someterse al monarca carolingio occidental. Aunque estos problemas serán parcialmente superados por los dinastas sajones (9191024), no dejarán de ser continuo obstáculo para el Imperio. La Iglesia, en fin, será una baza decisiva en el poder. Unas veces con la colaboración de los obispos, otras veces frente a éstos, sajones y francones se sobreponen al determinismo histórico que marcan las circunstancias adversas, en un decidido proceso hacia el imperialismo universalista.Los dos Imperios. Al romperse la línea de descendencia de la casa de Sajonia (v.) por la muerte de Enrique II sin sucesión (V. ENRIQUE II DE ALEMANIA), la casa de F. llegó al Imperio al ser elegido Conrado II (1024-39), descendiente de Otón I el Grande (v.) por línea femenina. Pero entre los cuatro dinastas francones hubo serias diferencias en las concepciones políticas y en los fines imperiales. Mientras que Conrado II y Enrique III (1039-56) se preocuparon del fortalecimiento interno y del dominio alemán en Italia, incluso en Roma, llevando hasta su máximo poder el Imperio germánico, Enrique I V (10561106; v.) y Enrique V (1106-25) se enzarzaron en continuas luchas con el pontificado y con la nobleza, a la que no sometieron totalmente, produciéndose una profunda crisis imperial. Entre estos dos periodos se produce un hecho decisivo: la reforma de la Iglesia.Primer periodo (1024-56). Los monarcas sajones dejan un Imperio fortalecido. En favorable coyuntura surge, pues, la figura enérgica de Conrado II, guerrero listo y agresivo, pero cruel e inculto. A la hora de buscar riquezas para sus proyectos no vacila en utilizar los obispados y monasterios, vendiéndolos al mejor postor. Mantuvo el poder ducal ligado a su familia, como hizo Otón I. En el exterior, siguió dos líneas de política: paz en la región nordoriental, e intento de ganarse todas las clases sociales italianas. Para conseguir lo primero venció en 1033 a Mieszko II de Polonia, y firmó la paz con Esteban el Santo de Hungría y Knut el Grande de Dinamarca. En Italia, aceptado por los obispos y príncipes del Sur quiso ganarse también a la nobleza. Una sublevación de caballeros-vasallos le enemistó con el episcopado y la ciudad de Milán.Enrique III superó a su padre, Conrado II, en cultura y elocuencia, siendo el gran campeón de la reforma de la Iglesia y de la amistad con Roma. Para ello, renunció a la simonía (v.) prestigiando a las jerarquías, reformó el clero y buscó la paz general con medios aún más, efectivos que la tregua de Dios (v.). Depuso a los Papas indignos, elevando al solio pontificio a Papas alemanes. Con esto perseguía, no só:c asegurar el dominio alemán en Roma, sino también reformar a la Iglesia. Tuvo que reprimir constantes sublevaciones de la nobleza, especialmente en Lorena. La independencia, en fin, de Hungría, (v. IIUNGRíA III), no es suficiente para enturbiar tan glorioso reinado.La muerte prematura del Emperador, cuando su hijo contaba seis años, y la de su regente, Víctor II, abrió en el Imperio un desastroso periodo de anarquía, en tanto que la Iglesia culmina su reforma, no sólo al margen, sino también frente a los germanos. Del Papado de influencia germana y de la reforma preconizada por el Imperio se pasa, como proceso lógico, a una reforma interna de la Iglesia que se enfrenta con firmeza a la situación alemana, al intentar suprimir las investiduras (v.). Esta reforma será llevada a cabo fundamentalmente por la Orden de Cluny (v.), y clérigos franceses de Borgoña y Lorena. Todo el proceso culminará con la gran personalidad política y religiosa de Gregorio VII (v.).Segundo periodo (1056-1125). Viene determinado por las continuas luchas entre la Iglesia reformista y el decadente Imperio, y por la consiguiente pérdida de cohesión en éste. Enrique IV, hijo y sucesor de Enrique 111 en el Imperio, se encuentra desde un principio con el levantamiento de los nobles, dirigidos por Otón de Nordheim, y con el descontento de las masas populares. Aunque domina la situación en 1075, supone un serio golpe para el prestigio real. Pero el problema más grave es el enfrentamiento con el Papado por las investiduras. Aliado éste a los normandos del Sur y el emperador a Godofredo de Toscana, se reúnen los obispos y clérigos alemanes en Worms (1076), declarando la indignidad de Gregorio VII. La excomunión fue la respuesta pontificia y, con ella, el levantamiento de los príncipes. Ante la perspectiva de la elección de un nuevo rey en Maguncia, el Emperador tiene que acudir a Canossa (1077) a solicitar el perdón papal. Pero esto no impide a los príncipes la elección de Rodolfo de Rheinfelden como rey. El sur del país permanece fiel a Enrique. Una segunda excomunión sobre el belicoso monarca le lleva a la conquista de Roma, donde será coronado por el antipapa Clemente III, en tanto que Gregorio VII tendrá que huir con los normandos para morir en el destierro. El partido gregoriano, que no sucumbió, obligará al rey a replegarse a Alemania. Aunque pacificó el Imperio, a la hora de su muerte dejará un triste legado: oposición papal, división de Alemania en pontificales e imperiales, pérdida del dominio sobre Italia, y desprestigio del poder.El mayor tacto político de Enrique V, que sucede a su padre Enrique IV en el Imperio, no logra dominar el decidido proceso hacia la crisis. Restablecida la paz interna, a pesar de la definitiva independencia de Polonia y Hungría, puede dedicarse a sus dos fines fundamentales: dominio sobre Italia y acuerdo con la Iglesia. Lo primero lo obtiene tras someter a Matilde de Toscana, a los lombardos y a los normandos. Lo segundo, tardará en conseguirse. El primer paso en este sentido será un acuerdo con Pascual II, a quien había apresado; pero el Sínodo de Roma de 1112 declara nula esta investidura. Fracasan igualmente sucesivas negociaciones, hasta que en 1122 firma con Calixto It el concordato de Worms, zanjando definitivamente el problema de las investiduras. Muere antes de realizar sus otros planes de implantar un impuesto real, según modelo inglés, y de atacar a Francia. Al no dejar sucesión, se interrumpió en su persona la línea dinástica de la casa de F., que sirvió con diversa suerte a los 200 años de dominio germánico sobre Occidente.A. RECUERO ASTRAY.
BIBL.: C. W. PREVITÉ-ORTON, Historia del inundo en la Edad Media, Barcelona 1967; K. JACOS, Quellenkunde der deutschen Geschichte iin Mittelalter, Regensburg 1949 ss.; G. RICHTER-H. KOHL, Annalen der deutschen Geschichte im Mittelalter, Halle 1873-98; J. HALLER-DANNENBAUER, De los Carolingios a los Staufer, México 1964; J. GAY, Les papes du XI, siécle, París 1926; J. HALLER, Der Weg nach Canossa (Abhandlungen zur Geschichte des Mittelalters), Stuttgart 1914; A. HOFMEISTER, Das Wormser Konkordat, en "Festschrift für D. Scháferu (1915).
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