Francos HIST.
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Historia
Pueblo de estirpe germánica, tal vez procedente del Báltico, que -e ~tableció en la provincia romana de la Galia (v.). El origen de su nombre permanece confuso; es Vospico, en su Vida de Aureliano, el primero que cita la palabra franco. Para algunos historiadores, la denominación de este pueblo procede del arma que usaban, la f ramea franca; otros, en cambio, creen que el nombre del arma viene del pueblo. También se ha supuesto que franco quería decir libre. Ni siquiera es fácil decidir la razón por la que este vocablo se extendió a pueblos que habitaban en la orilla izquierda del Rin. Parece que ningún lazo de consanguinidad unía a las numerosas y diversas tribus que se llamaban francas; todo lo más, se trataba de una especie de confederación nada compacta, que carecía de gobierno central y de administración uniforme. Con la mayor facilidad desligábanse las tribus para ingresar nuevamente en la confederación, según los azares de la guerra y las necesidades del momento. Cada tribu conservó cierta independencia, su propio gobierno, leyes y costumbres. Los grupos más importantes, según Lavisse, fueron los chamavos, atuarianos, amprivarianos, ocatos, bructeros, tectaros y sicambros. Cuando en el s. ni los germanos lanzaron su ofensiva contra Roma, el nombre de francos era ya común a todos los pueblos que habitaban en la orilla del Rin, desde el Main hasta el mar.El contacto con Roma. Los primeros contactos con el mundo romano, de acuerdo con las fuentes de que hoy disponemos, tuvieron lugar en la época de Galieno (v.), que se vio obligado a rechazarlos en el 254. También hay noticias de otras dos importantes incursiones en el 258. A partir de entonces, muchos f. se alistaron individualmente en el ejército romano, pero esto no evitó que otras bandas del mismo pueblo continuasen sus expediciones guerreras dentro del Imperio, no limitándose a correrías terrestres sino que, p. ej., durante el reinado de Diocleciano, unidos a los sajones y desde el mar saquearon las costas de Galia.El primer choque importante con Roma no tuvo lugar hasta el reinado de Constancio Cloro. Por entonces, a fines del s. III, los f. se encontraban agrupados en dos grandes familias: los ripuarios, en la margen izquierda del Rin, hasta el país de los nervianos (Hainaut), y los salios, establecidos en la isla de Betaw, entre el Wahul y el Lech, en las bocas del Rin. En estos dos lugares debió estar su base de partida contra el Imperio romano. Al vencerles (292), Constancio Cloro logró que una de las más importantes tribus francas entrase en alianza con Roma. A partir de entonces, el pacto se extendió progresivamente a todas las otras tribus que aceptaron guardar, en calidad de federados, diversos sectores de la frontera Con todo, esto no significó la paz, puesto que, tanto durante el reinado de Constantino como en el de sus hijos, se produjeron sublevaciones, reprimidas por las autoridades romanas con tanta brutalidad que desencadenaron nuevas revueltas.En el 355, al avanzar las tribus alemanas y francas, Juliano acudió a la Galia para contener la invasión y logró liberar la ciudad de Autun, sitiada por los f.; después entró en Colonia, donde sólo había quedado en pie una torre, y recorrió las fronteras, encontrando todas las fortificaciones destruidas. Dos años más tarde, atacó a los f. salios en Toxandría (el país de Tournai) y les derrotó, pero permitiéndoles conservar su territorio y admitiéndoles bajo la autoridad del imperio; esto hizo que los salios recibiesen cierta influencia romanizadora de la que, por el contrario, carecieron los ripuarios. Durante mucho tiempo, proveyeron al Imperio de esclavos, de agricultores que repoblaban las comarcas desiertas, y de soldados. Por eso les encontramos en todas partes: en la Galia, en España, en Roma, en Constantinopla, en Egipto y hasta en Mesopotamia. Sus jefes, en muchas ocasiones, alcanzaron altos cargos del Imperio, como ocurrió con Mellobó, nombrado conde de los domésticos, en tiempos de Graciano. Su sucesor Richomer o Ricimer llegó a ser jefe de la milicia y cónsul. Cónsul también fue Bauto, en el 385; y el mismo rey Arbogasto, uno de los primeros jefes históricos de los f., gobernó en realidad en nombre de Valentiniano 11 y Eugenio (392).Organización social. Podría creerse que el largo contacto entre Roma y los germanos establecidos en el Rin determinó la romanización de los f., tanto salios como ripuarios. Sin embargo, no ocurrió así, al menos durante mucho tiempo. Las relaciones políticas y comerciales con Roma no alteraron su forma tradicional de vida. El cristianismo ni siquiera les afectó, manteniéndose en el paganismo. Dueños de las ciudades del Rin, las saquearon. Las iglesias cristianas fueron asoladas, y el cristianismo sufrió un tremendo retroceso en todas las regiones ocupadas por estos pueblos, como lo demuestran las lagunas en las listas episcopales durante el s. v. Por otro lado, el Derecho privado de los salios y los ripuarios no tiene la más mínima influencia del Derecho romano. Sus leyes y costumbres seguían siendo absolutamente originales, reflejo de precedentes muy arcaicos.Conocemos el estado social y político de los f., antes de que éstos invadieran la Galia, por la Ley sálica (v.), cuya primera redacción fue anterior a Clodoveo. En ella se advierte que el pueblo f. se mantenía fiel a sus normas tradicionales. Políticamente, el rey era jefe del Estado y detentaba el poder ejecutivo; pero, para resolver los asuntos importantes y promulgar las leyes, necesitaba la aprobación del pueblo. Se entendía por pueblo exclusivamente a los hombres libres, que todos los años se reunían en asamblea, encuadrándose dentro de ellas por grupos de cien o centenas, cada una de ellas presidida por un funcionario llamado thunginus o centenarius, elegido por los guerreros. Su organización social estaba basada en la comunidad familiar, la aldea y la comunidad lugareña.Dentro de este esquema, la propiedad podía ser personal y colectiva y, como en los demás germanos, su justicia se movía dentro de un doble ámbito: el familiar y el público. Los delitos eran considerados como una cuestión privada entre el delincuente y la víctima o sus familiares; pero, sin embargo, el Estado, si puede hablarse de Estado, reglamentaba el posible "ajuste de cuentas" entre los interesados. Estaban prohibidos los matrimonios entre gentes de condición social distinta, cosa que también ocurría en Roma; sin embargo, las consecuencias de violar tal prohibición eran diferentes.Con el tiempo, llegó a existir cierta influencia de las normas romanas. De esta forma, en cuanto que, por lo menos teóricamente, los f. salios servían al Imperio y recibían, por mediación de sus reyes, las órdenes imperiales, éstas adquirieron grandísima autoridad moral. De ahí, p. ej., que en el Derecho público la realeza se convirtiese en hereditaria, aunque el papel predominante de la asamblea nunca desapareció.La gran invasión. En el 406, a consecuencia de la presión de los pueblos "bárbaros" orientales, la llamada gran invasión, empujó a los f. desde el Rin hacia adelante. Hubo entonces un avance de ripuarios y salios sobre el limes o frontera imperial. Toda la región de Colonia, el valle inferior y medio del Mosela quedaron en poder de los ripuarios; Brabante, Flandes y otras comarcas de Bélgica, en poder de los salios.La historia de los f. en este periodo resulta confusa; primero, por desarrollarse en una lejana frontera de gran extensión ’y, en segundo lugar, porque los f. no marchan unidos. Existe gran diferencia entre ellos y otros dos grupos bárbaros que entraron al mismo tiempo en el Imperio: los visigodos y los borgoñones. Éstos constituían ya dos pueblos homogéneos y compactos, mientras que los f. aún se encontraban fraccionados en multitud de tribus independientes, cada una con sus reyes propios. Hay también otra distinción que anotar: los visigodos, desde el día en que entraron en la Galia, se mantuvieron formando una especie de isla movible que al fin se detuvo tomando como centro Tolosa, viéndose rodeados por todas partes de la civilización romana. Los borgoñones, al dejar el Rin y pasar a los valles del Saona y del Ródano, también se vieron ahogados por la romanización. En cambio, los f. mantuvieron siempre su vinculación a la materna Germania (v.). A medida que el Imperio se debilitaba, avanzaron los f. ripuarios hacia el O y los salios hacia el S, avance que sólo se detuvo cuando Aecio se enfrentó a los primeros en el 428 y a los segundos en el 431. Después de la victoria de Aecio, los f. volvieron a servir a Roma y, como federados, tomaron parte en la famosa batalla de los Campos Cataláunicos contra Atila, jefe de los hunos (v.).Después de la derrota de Atila, y como sucesor del hipotético Meroveo, aliado de Roma y fundador de una dinastía (v. MEROVINGIOS), que iba a convertir a su pueblo en la nación bárbara más importante de Occidente, reinó entre los f. Childerico (458-481), en magnífica armonía con el Imperio romano, cuyo general Egidio tenía entonces en la Galia una autoridad sin límites. Sobre el gobierno de Childerico se fraguó una interesante leyenda que recuerda los cuentos germánicos sobre el mito de Odín y que contiene indicios para desenmarañar este oscuro periodo, ya que como todos los mitos contiene un trasfondo real. Así, el relato donde Egidio es nombrado rey de los f. descubre una auténtica realidad: la época en que el pueblo f. reconocía aún la hegemonía de los romanos, época de la que se hace eco, p. ej., el prólogo de la Ley sálica, añadido en época posterior a la redacción de la ley, cuando habla de los tiempos en que pesaba sobre los salios "el duro yugo de Roma".Ateniéndonos a los actuales conocimientos, lo único que podemos afirmar con certeza del pueblo f. en estos años es que Childerico aparece por primera vez en el 463 como un jefe de banda, al servicio de Roma, o más bien a las órdenes del magister militum Egidio, que defendía desesperadamente la latinidad al norte de la Galia; y que, muerto Egidio, el jefe f. continuó su obra luchando contra las invasiones germánicas aprox. hasta el 470, en que tuvo que hacer frente a una incursión sajona. Pasada esta fecha, ya no se vuelve a saber nada de Childerico. En 1653, se descubrió su tumba en Tournai. En ella todo es romano; las armas, las alhajas, las monedas. Su anillo dice: "Childerici Regis". Lo que no cabe duda es que sus campañas entre el Sena y el Loira, por cuenta de los romanos, indicaron a sus hijos el camino a seguir, una vez desaparecido el poder de Roma.Ocupación de la Galia. Cuando Roma se hundió, los f. que ocupaban diversas zonas de la Galia se consideraron desligados del ya inexistente Imperio. Desde entonces constituirían también, de forma legal, un pueblo libre e independiente. La dominación de la Galia por parte de los f. tuvo características peculiares, muy diversas a la ocupación de otras provincias romanas por distintos pueblos bárbaros. Se ha discutido si los f. confiscaron la tierra de los galo-romanos; pero lo que sí parece claro es que no apelaron a la violencia ni dividieron a capricho provincias y territorios, como hicieron los visigodos y borgoñones. Además, los romanos, vencidos al fin y al cabo, no fueron reducidos a una condición inferior, pues, a pesar de la diferencia que se establece en el Wergeld (se pagaba doble por la muerte de un f. que por la de un romano de la misma condición), eran iguales a los nuevos dirigentes en los demás aspectos. Esto se debe, probablemente, a que las relaciones entre salios y romanos habían sido desde mucho tiempo atrás relativamente pacíficas, aunque las mantenidas con los ripuarios no lo fueron tanto. Por esto, los galo-romanos eran tratados con mucha más consideración en los antiguos textos de la Ley sálica que en la ley de los ripuarios, quedando además mayor número de romanos en el territorio sálico que en el ripuario.Sean cuales sean las razones, vemos en la Galia f. a familias romanas que continuaron disfrutando de grandes fortunas. Un ejemplo de ello puede ser el del patricio Abbón, que dispuso en su testamento, redactado de acuerdo con el Derecho romano, de 140 dominios grandes y pequeños, situados en todos los lugares del reino f. Igualmente hay numerosos ejemplos de galo-romanos que desempeñaron altos puestos en la corte y en la administración, siendo refrendarios, condes, duques y mayordomos de palacio, todo lo cual prueba su igualdad con los f. Existe además una característica fundamental en las relaciones entre f. y romanos que no se da en los territorios ocupados por otros bárbaros: los matrimonios mixtos. La ley romana prohibía los casamientos entre romanos y bárbaros. El Derecho visigodo conservó esa disposición, que no fue abolida definitivamente en España hasta el s. VII. En cambio, en la Galia esa prohibición nunca fue aplicada. Los matrimonios entre f. y romanos fueron cosa corriente, tomando siempre la mujer la ley del marido y, por lo general, los hijos la religión de la madre, lo que explica la creciente influencia del clero católico sobre un pueblo que aún era pagano.Unificación del pueblo franco. A la muerte de Childerico, ya desaparecido el Imperio, le sucedió, a los 15 años de edad, su hijo Clodoveo (v.), en un momento en que los visigodos (v.) eran el pueblo más poderoso de la Galia. Por lo demás, Clodoveo no fue más que un rey de los salios. Así, contemporáneos suyos, sobre los que no tuvo autoridad, fueron otros reyes de los f., como Ragnacaro, con sus dos hermanos Ricaro y Rignomiro, gobernando cada uno diferentes comarcas de la región de Cambrai; Chararico, que reinó no se sabe dónde; y aún había otros más. Según Gregorio de Tours, también gobernaba en la Galia en esos momentos Siagrio, hijo de Egidio, que dominaba entre el Sena y el Loira; era vecino de los salios en el Somme y de los ripuarios en el Mosela, cuyo curso superior parecía poseer, con Toul y Verdún.Todos estos reyes f. perdieron sus dominios poco a poco, a manos de Clodoveo, que desencadenó contra ellos una violenta acción. Gregorio de Tours, autor de Historia francorum (PL LXXZ (1849) 161-571), escribió entonces: "Dios hace caer bajo su mano a los enemigos de Clodoveo y aumenta su reino porque se dirige a Él con el corazón lleno de lealtad, y hace lo que es más agradable a sus ojos". Con la unificación de estos reinos f. por el ya único monarca comienza la historia propiamente dicha de Francia (v. FRANCIA Iv). Así, al morir Clodoveo (511), no quedaba en la Galia ninguna otra entidad política organizada. Su obra resulta, por tanto, decisiva. Los romanos de la Galia vieron en él su liberador, en cuanto que, al convertirse al catolicismo con todo el pueblo f. y vencer a los visigodos que ocupaban gran parte del país, libró a la Galia de la herejía arriana. Fue el primer rey que logró la unidad del pueblo f. y puso los cimientos para la construcción de la nación francesa, aunque no llegara a adquirir conciencia del trascendental papel que desempeñaba en la historia de la Galia.A partir de la unificación del territorio, en el interior del reino de los f. se percibe un manifiesto predominio de las tierras del Norte sobre las del Sur, de la región entre el Rin y el Loira sobre Aquitania y Provenza, predominio que iría aumentando con el tiempo. Una vez que Clodoveo fijó su residencia en París, donde murió, la región del Sena fue la tierra preferida de sus sucesores. Conscientes los f. de su debilidad numérica, no intentaron dispersarse y, desde sus bases del Norte, ejercieron el dominio de sus extensos territorios.La concentración de los f. en una zona determinada no quiere decir que permanecieran fijos en ella; por el contrario, una vez muerto Clodoveo, organizaron importantes expediciones hacia Germania, donde alcanzaron éxitos duraderos en la orilla derecha del Rin. Los alemanes, que se replegaban por los altos valles del Danubio y del Rin, fueron sometidos por el monarca franco Teodoberto (536). Igualmente fueron ocupadas las tierras comprendidas entre el Fulda y el Verra; los sajones que acampaban entre el Elba y el Ems tuvieron que pagar tributo; y, por último, los frisones que habitaban la costa de la actual Holanda hasta el Weser reconocieron la soberanía franca. De esta forma, los f., aún a medio romanizar, se volvieron hacia Germania para incorporarla al nuevo estado de cosas surgido de las ruinas de Roma. Esta compenetración de dos mundos, germánico y romano, bajo la monarquía franca, preparó el camino de los futuros misioneros que llevarían el cristianismo a Germania.A. LAZO DÍAZ.
BIBL.: Además de la correspondiente a MEROVINGIOS 1 y a FRANCIA IV, pueden consultarse: F. LOT, El fin del mundo antiguo y el comienzo de la Edad Media, México 1956; fo, Les invasions barbares, París 1937; G. KURTH, Études tranques, ParísBruselas 1919; H. F. MULLER, L’époque mérovingienne, Nueva York 1945; F. LOT, La Conquéte du Pays d’entre Seine et Loire par les Francs, París 1930.
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