Francia, V. Historia Moderna y Contemporánea I. HIST.
Categoria:
Historia
1. Loss de la Francia moderna. Al comenzar la Edad Moderna, F. tiende a la constitución de una gran unidad nacional basada en la comunidad de origen, lengua y civilización, al igual que las demás grandes monarquías de la Europa occidental. Pronto adquiere ventaja sobre ellas: más poblada (14 ó 15 millones de hab.) y recursos equiparables a las necesidades; impuestos abundantes, pero pagados sin excesiva dificultad. Su organización social es, sin embargo, semejante a la de sus vecinos. La alta nobleza, escasa en número pero muy influyente, se beneficia de la concentración de las propiedades, concentración que defiende con el derecho de primogenitura. La pequeña nobleza, hobereaux, más agraria, aumenta de número y se empobrece; casi desaparece por su entronque con la gran burguesía de las ciudades. La burguesía desarrolla una creciente intervención en los asuntos del Estado y en la administración y burocracia públicas; la antigua burguesía municipal se hace capitalista y nacional, mientras una parte se ennoblece por la compra de títulos nobiliarios y el enlace con la pequeña nobleza; las profesiones liberales promocionan una nobleza especial, noblesse de robe, vinculada a un cargo que se transmite por herencia.Las demás clases urbanas pierden importancia. Los campesinos soportan la peor suerte: más de un millón son siervos sujetos a la gleba, mientras que los arrendatarios libres, fermiers y métayers, están obligados, además de los pagos de los censos y réditos establecidos en los contratos agrícolas, a la prestación de servicios personales y económicos de índole abusiva. Aparece también un proletariado campesino, hombres libres que se contratan como jornaleros eventuales. Las ciudades se ven invadidas por abundantes elementos desplazados del campo, masa desarraigada fácil al motín y la revuelta: las guerras de religión les darán ocupación. En este marco social, la monarquía tenderá, apoyándose en el ejército permanente y en la burocracia, a acaparar todo el poder. Conseguida la unidad territorial, F. lanzará el ímpetu de sus soldados hacia el avispero italiano.2. Los intentos sobre Italia. Carlos VIII (v.), 1483-98, después de su minoría de edad, casa con Ana de Bretaña para integrar plenamente este territorio a F.; seducido por Italia, pretende lanzarse sobre Nápoles; por los tratados de Barcelona, Senlis y Etaples, tras importantes cesiones de zonas fronterizas en litigio, consigue la neutralidad de Aragón, el Imperio germánico e Inglaterra. Llega a Nápoles al frente de su brillante ejército (1495), pero se tiene que retirar porque la Liga de Venecia ha agrupado a los príncipes italianos y a los monarcas vecinos. Tras el encuentro de Fornovo, el ejército francés se retira.Luis XII (v.), 1498-1515, es más realista, pero sigue atraído por Italia. Reivindica el Milanesado (v.), aísla diplomáticamente a los Sforza (v.) y fácilmente se apodera del territorio. Con esta base de operaciones pacta con Fernando el Católico el reparto del reino de Nápoles; tras la conquista conjunta surgieron problemas fronterizos y la guerra entre los dos aliados. Los franceses fueron vencidos y se retiraron (1504). Poco después entra en la Liga de Cambrai (v.) promovida por el papa Julio 11 para castigar a Venecia; vencida ésta, se forma la Santa Liga (1511) contra la preponderancia de F. en el norte de Italia. Con la intervención de los suizos, los franceses son expulsados del Milanesado y restablecidos los Sforza.Francisco I (v.), 1515-47, joven, lleno de empuje, humanista, reanuda la disputa de Milán; atraviesa los Alpes con un ejército bien equipado y vence a los suizos en Marignano. La nueva conquista se asegura con un tratado de paz perpetua con los suizos, a los que entrega un subsidio anual a cambio de poder reclutar allí soldados, y la reconciliación con el nuevo pontífice León X. De la entrevista de Bolonia (diciembre 1515) nace un acuerdo que desembocará en el Concordato de 1516.3. Las luchas con los Habsburgo. Por estos años nace una nueva potencia, el Imperio de Carlos V (v.), que cercará a F. por todas sus fronteras. Eslabón esencial en este Imperio es el Milanesado, que vuelve a estar en litigio. Francisco I había intentado evitar la elección imperial de Carlos y ahora busca una alianza con Inglaterra, pero nada consigue. En 1521 comienzan las hostilidades en Navarra e Italia principalmente; éxitos y fracasos se alternan hasta que, tras la batalla de Pavía, el rey francés cae prisionero. El tratado de Madrid (1526) supone la renuncia francesa a Italia y la consolidación del dominio español sobre ella; la restitución de Borgoña a Carlos no se cumplió. A partir de este año todas las coaliciones van a ir contra el excesivo poder de los Austrias: la Liga de Cognac, en 1526, señala la unión de Francisco I con los principales Estados italianos e Inglaterra; después del saco de Roma (v.) por las tropas españolas, los franceses llegan hasta Nápoles, pero la defección del genovés Andrea Doria y su flota les obligó a retirarse. El tratado de Cambrai (agosto 1529) era semejante al de Madrid pero sin hablar de Borgoña, que queda definitivamente para F.Francisco I prepara el desquite; rehace la Hacienda y entabla relaciones con los enemigos de los Habsburgo (v.): sultán de Constantinopla, voivoda de Transilvania y príncipes protestantes alemanes. Sintiéndose más seguro, se lanza al ataque. Ocupa Saboya y el Piamonte y pide Milán para su segundo hijo (1536). Las ofensivas de ambos contendientes no tienen éxito y se llega a una tregua, la de Niza de 1538, que mantiene el statu quo. Aprovechando momentos difíciles para Carlos V, de nuevo le declara la guerra (1542) que al principio se mantiene equilibrada pero luego se inclina a favor del Habsburgo, y F. tiene que pactar en Crépy (1544), a base del statu quo anterior y promesa de colaboración en la lucha contra infieles y herejes.Enrique II (v.), 1547-59, frío, inteligente, taciturno, va a recomenzar la guerra. Pacta con los príncipes protestantes alemanes (tratado de Chambord de 1552), a los que promete ayuda a cambio de los obispados de Metz, Toul y Verdún, que fueron ocupados y defendidos de la ofensiva del Emperador. La guerra languidece, pues Carlos V está preparando la abdicación, y se llega a la tregua de Vaucelles, febrero de 1556, sobre la base del statu quo. Una vez más Italia removerá la situación diplomática: él rey francés se alía con el papa Paulo IV contra Felipe II de España (v.). Un ejército francés se lanza sobre Nápoles, pero es rechazado al mismo tiempo que en San Quintín (v.; 1557) se traba la batalla decisiva; el triunfo español le abre las puertas de París y, aunque el duque de Guisa rescata Calais, posesión inglesa, la paz de Cateau-Cambrésis (v.; abril 1559) supone la neta hegemonía española: F. se queda con Calais y los obispados, pero renuncia definitivamente a Italia y entrega Saboya y el Piamonte.4. Las Regencias y las guerras de religión (v. vi, 6). En F. se había desarrollado un espíritu reformador de tipo humanista, que con la aparición de Lutero (v.) había recibido un fuerte impulso. Hasta 1538, Francisco I había mostrado severidad e indulgencia según las circunstancias, pero desde ese año apoyó resueltamente al partido católico. Enrique 11 vio con temor extenderse el movimiento luterano y pensó después de la paz de CateauCambrésis dedicarse a combatirlo. Pero será el calvinismo (v. CALVINO) el que arraigue con cierta facilidad en amplios sectores franceses, al darle al reformismo una doctrina práctica y una organización. Mientras que los campesinos se mantuvieron en el catolicismo, "el protestantismo en F. fue la religión de una minoría liberal semiaristocrática" (Maurois). Hacia 1560 un tercio de los franceses aceptaba la nueva doctrina: gran parte de los centros urbanos de Normandía, Bretaña, Delfinado, Provenza y Aquitania eran sus núcleos importantes. Junto a este problema religioso, las guerras continuas habían desangrado al reino y la deuda se había incrementado.Bajo este panorama se van a suceder en el trono los hijos de Enrique II. Francisco II, 1559-60, joven enfermizo, estaba casado con María Estuardo de Escocia, pero el poder lo ejercieron los Guisa, católicos muy populares.En la oposición estaba la familia Borbón, protestante, y los Montmorency, católicos pero rivales de los Guisa (v.). Una conjuración, la de Amboise, contra los Guisa fue duramente reprimida. La regencia durante la minoría de Carlos IX, 1560-74, fue encomendada a su madre Catalina de Médicis (v.), que inició una política moderada entre ambos partidos. El canciller L’Hópital concede ciertas libertades a los hugonotes (v.), nombre de los protestantes franceses, para evitar la intervención de España e Inglaterra en los asuntos internos de F. Los Estados Generales reunidos en Orleáns y Pontoise no solucionan nada, al igual que el coloquio religioso de Poissy (1561). El extremismo se apodera de ambos bandos; el saqueo de la catedral de Montpellier por los hugonotes y la matanza de hugonotes por los hombres de Guisa en Vassy (1562) señalan el comienzo de las guerras de religión en F. La corona apoya a los católicos e intenta, sin embargo, apaciguar los ánimos, pero la crueldad, destrucciones y actos vandálicos caracterizan estos primeros años que costaron la vida a los jefes de ambos partidos.A pesar de los éxitos católicos, la paz de Saint-Germain, en agosto de 1570, favorecía a los hugonotes, al concederles libertad de culto, excepto en París, y cuatro plazas de seguridad. Los moderados o políticos son los promotores de la paz, pero los beneficiados son los hugonotes, puesto que el almirante Coligny se gana a Carlos IX, y su partido pasa al poder. El casamiento de Enrique de Borbón, rey de Navarra, con Margarita, hermana del rey, es el signo del triunfo protestante. Pero la reacción católica fue rápida y violenta: consiguió del rey libertad para depurar los mandos hugonotes. Fue la matanza general conocida como Noche de San Bartolomé (v.; 23-24 ag. 1572). Sólo Enrique de Navarra y el príncipe de Condé fueron respetados. La matanza no solucionó nada; los hugonotes extremistas se alzaron en armas de nuevo, mientras los políticos acaparaban el poder.Con Enrique III, 1575-89, de carácter afeminado, siguieron las luchas, ahora con victorias hugonotes (paz de Beaulieu de 1576). La respuesta católica estribó en agruparse también en una liga y recabar el apoyo de Felipe II de España; sus triunfos desde entonces fueron mayores. Pero la crisis interna de la monarquía francesa se precipita con la muerte del hermano del rey, que dejaba como sucesor legítimo del trono a Enrique de Navarra. La Liga se lanza de nuevo a la lucha, llamada de los Tres Enriques por participar en ella Enrique III, Enrique de Guisa y Enrique de Borbón, con triunfos y fracasos alternados. El asesinato de Enrique de Guisa, la reconciliación de Enrique 111 con el de Navarra y el asesinato del rey francés endurecen la guerra. El nuevo rey, Enrique IV de Borbón (v.), 1589-1610, tenía que conquistar su reino y en especial París, reducto católico, en donde la Liga había proclamado rey a Carlos X, el anciano card. de Borbón. El creciente intervencionismo de Felipe 11 salva a la Liga pero promueve el éxito de la tendencia moderada.La conversión de Enrique al catolicismo le abre las puertas de París y la absolución del papa Clemente VIII acelera la paz con la Liga (octubre 1595) y la disolución de ésta. La guerra contra Felipe II continuó, pero al poco tiempo se llega al tratado de Vervins (mayo 1598) bajo los mismos términos que el de Cateau; por el edicto de Nantes (abril 1598) se consigue la paz con los hugonotes. Una vez conseguida la pacificación interior, se tiende a remediar los males del país: los campos, las industrias y las comunicaciones están destrozadas; asimismo la deuda es muy crecida. El ministro duque de Sully sanea la Hacienda y acrecienta la riqueza interior. Se comienza a colonizar Canadá (fundación de Québec en 1608).5. La recuperación de Francia en el s. XVII. La regencia de María de Médicis sobre su hijo Luis XIII (v.), 1610-43, señala un cambio de política exterior; se vuelve a la amistad con España, una de cuyas infantas casa con el rey. En el orden interno, el autoritarismo de Concini, favorito de la regente, une a la gran nobleza en busca de privilegios, mientras que los hugonotes reorganizan sus fuerzas. Los Estados Generales de 1614 no solucionaron nada, pero elevaron a la escena política al obispo de LuQon, Richelieu (v.), que pronto entró en la órbita de la regente y que como ella tendría que salir de París cuando el rey se hizo cargo del poder, en 1618. En medio de la inquietud interior, Richelieu consiguió un acercamiento entre el rey y su madre, y el cardenalato por premio; en 1624 entró en el Consejo Real y pronto se puso al frente de él."Mi primer objetivo fue la majestad del rey; el segundo, la grandeza del reino". Para ello siguió una política interior fuerte: activación de la economía pero centralización rígida, contención de la nobleza y recuperación de las plazas de seguridad otorgadas a los hugonotes. Inglaterra les ayudaba, pero no pudo evitar el sitio de La Rochela y su captura en 1628. Por el Edicto de gracia los hugonotes ceden las plazas, pero consiguen plena seguridad espiritual. La política exterior de Richelieu se desarrolla a través de la guerra de los Treinta Años (v.). F. no interviene de momento, pero prepara las condiciones favorables para una posible intervención. Con subsidios franceses, Dinamarca y Suecia entran en la guerra, pero sus derrotas hacen necesaria la entrada directa de F. en conflicto contra los Austrias y sus aliados católicos (1635). La lucha se mantiene indecisa hasta 1640, en que comienza la disgregación de la monarquía española; Cataluña y Portugal se levantan contra Madrid y obtienen apoyo francés. En 1641 Luis XIII es nombrado conde de Barcelona, y un ejército francés se apodera del Rosellón y llega hasta Tarragona. Mas ni Richelieu ni Luis XIII asisten al triunfo final, y la desaparición de ambos abrirá una brecha en la unidad de los franceses.Bajo la regencia de Ana de Austria comienza el reinado de su hijo Luis XIV (v.), 1643-1715, aunque el centralismo y absolutismo fue mantenido por el nuevo presidente del Consejo, card. Mazarino (v.). Se continúa la guerra contra los Austrias, ya con evidente signo positivo francés. En Alemania pronto comienzan las conversaciones de paz, mientras que la victoria de Rocroi sobre los tercios españoles (1643) señala el final de la supremacía de la infantería española, confirmado poco después por la batalla de Lens (1648). Ese mismo año se firma la paz de Westfalia (v.) con el Imperio, por la que F. se confirma la posesión de Metz, Toul y Verdún, y de Alsacia; era el de la marcha hacia el Rin como frontera natural. F. y España no acuerdan nada, porque Felipe IV no renuncia a la restitución de los territorios conquistados por los franceses; la lucha continúa. Los conflictos interiores imposibilitarán a F. decidir rápidamente la contienda. Existía un malestar casi general por la política absolutista de la monarquía y las continuas guerras, mientras que las finanzas estaban en mala situación y los impuestos aumentaban. Los magistrados del Parlamento de París pedían las libertades tradicionales del reino y el control de los impuestos; los nobles soñaban en restablecer sus privilegios perdidos. La incompatibilidad de ambas solicitudes salvará la corona.La lucha contra la monarquía autoritaria, la Fronda (v.), se divide en dos periodos: el Parlamentario (1648-49) y el de los Príncipes (1650-53). A las peticiones de los parlamentarios, Mazarino opuso el ejército del príncipe de Condé, vencedor en Lens, que puso sitio a París; pero se llegó a una concordia en Rueil (marzo 1649), cediendo la regente a varias peticiones. El mayor peligro surgió cuando Condé cambió de bando y se opuso a Mazarino; al ser aquél arrestado, la nobleza tomó las armas y al ponerse de acuerdo con los parlamentarios, consiguieron ambos el destierro del cardenal en febrero de 1651. La unión fue efímera y Mazarino volvió, mas Condé y los frondistas, junto con algunos destacamentos españoles, se adueñaron de París, y Mazarino marchó de nuevo al destierro, en agosto de 1652; la burguesía parisina se molestó con Condé y entonces recibieron triunfalmente a la regente y su hijo (octubre 1652), y poco después a Mazarino. La Fronda había acabado. El Parlamento renunciaba a sus pretensiones, y los nobles fueron sometidos. El país había quedado devastado y tenía que hacer frente a una guerra, la inacabada contra España. Los éxitos y fracasos se suceden en tanto que ambos contendientes intentan atraerse a la Inglaterra de Cromwell (v.); con su apoyo naval se consigue la victoria francesa en Las Dunas, en junio de 1658, y España tiene que pedir condiciones de, paz. El tratado de los Pirineos (v.), en noviembre de 1659, proporciona a F. el Rosellón, gran parte de la Cerdaña, el Artois y varias plazas en la frontera de los Países Bajos españoles; el matrimonio de Luis XIV con la infanta María Teresa sellaba el pacto, y ésta renunciaba a los derechos a la corona española a cambio de una dote que nunca se entregó.,6. La época de Luis XIV. En 1661 Luis XIV toma directamente las riendas del gobierno; la gloria será su máxima preocupación y la guerra el camino para aumentarla; el engrandecimiento del territorio francés será la manifestación de esa gloria. Su política exterior radicará en una sucesión de guerras, y la interior servirá de apoyo a ese imperialismo. Escoge a sus ministros entre la burguesía mientras que atrae a la nobleza a su fastuosa corte de Versalles. Colbert está al frente de la Hacienda y es el encargado de reunir el dinero necesario para esa actuación; siguiendo las -teorías de la época tiende a la autarquía económica mediante la ayuda a la agricultura y en especial a las plantas industriales, la vitalización del comercio y de la industria; reglamentó el trabajo y la producción industrial para conseguir artículos de buena calidad, sobre todo en las nuevas industrias de lujo que el Estado fundó y apoyó; se interesó por los mercados de las colonias y protegió los productos franceses con altas tarifas aduaneras. La Inspección General de las Manufacturas y los comités provinciales de industriales y comerciantes vigilaban la marcha de la economía. El mayor enemigo de Colbert y su obra fueron la prodigalidad y las continuas guerras del rey. Louvois organiza un ejército permanente con soldados volunt-irios alistados por cuatro años: les impone un uniforme y una disciplina severa; hace su aparición en el armamento la bayoneta en sustitución de la lanza: invención de Vauban, ingeniero militar especializado en la fortificación de las ciudades fronterizas; la marina fue especial preocupación de Colbert.
La consecución del Rin como frontera natural ocupa sus primeros años. En el testamento de Felipe IV de España (v.) su hija María Teresa no aparece como posible sucesora al trono; en compensación, Luis XIV reclama el "derecho de devolución" de los bienes patrimoniales a los hijos del primer matrimonio, para apoderarse de gran parte de Flandes; aísla diplomáticamente a España, se lanza al ataque en mayo de 1667 y ocupa gran parte del territorio flamenco con facilidad; mas la Triple Alianza de Holanda, Inglaterra y Suecia contiene al rey francés; en la paz de Aquisgrán (mayo 1668) consigue la mayoría de las plazas. fuertes conquistadas. Holanda se presenta ahora como el próximo enemigo. Después de una brillante campaña diplorpática de aislamiento (tratados con Inglaterra, Suecia y príncipes alemanes), el ejército francés invade Holanda, en mayo de 1672, y se apodera de la mayor parte de su territorio.La respuesta holandesa fue romper los diques e inundar las tierras bajas y entregar el poder a Guillermo de Orange (v.), que organizó la resistencia y el contraataque con el débil apoyo español. La lucha se generaliza: el Imperio y Brandeburgo declaran la guerra a Luis XIV; ahora se combatirá en el Rin, en las posesiones españolas y en el Mediterráneo. En todos los frentes los ejércitos franceses, mandados por Turena y Condé, mantienen a raya a los enemigos, pero no obtienen victorias decisivas. La unión de Inglaterra a los aliados y la situación de la economía francesa condujeron a la paz de Nimega, en 1678; el país que salió más perjudicado fue España, que tuvo que entregar a F. el Franco Condado (v.) y varias plazas fronterizas en Flandes. Bajo un clima de general deseo de paz, F. seguirá su impulso expansivo; recurre ahora al concepto jurídico de "reunión" para añadir a la, corona aquellos territorios que fueron en algún tiempo "dependencias" de las plazas ya conseguidas. Así, zonas fronterizas de los Países Bajos españoles y, sobre todo, de Lorena y Alsacia serán ocupadas desde 1679, a pesar de las protestas de la Dieta alemana; la anexión de Estrasburgo coronó la obra, en septiembre de 1681. Con la pasividad de las demás naciones, Luis XIV invade los Países Bajos para hacer algunas "reuniones" y España le declara la guerra (diciembre 1683), pero al año tiene que aceptar la tregua de Ratisbona, en la que se confirman las principales "reuniones" efectuadas.Luis XIV está en la cumbre de su gloria. Se siente con fuerzas para atacar la situación religiosa del país; los hugonotes mantenían los privilegios del Edicto de Gracia de Richelieu, pero el rey quería unidad absoluta de religión: abjuración o destierro son las posibilidades que se ofrecen a los disidentes. -En octubre de 1685 revocó el edicto de Nantes, carta de coexistencia redactada por Enrique IV, y gran número de hugonotes prefirieron marcharse del país.Desde ahora los enemigos del Rey Sol se aliarán para subyugar su imperialismo. Los príncipes alemanes se unen a la Liga de Augsburgo contra las pretensiones francesas y cuando el ejército francés rompe la tregua de Ratisbona, en septiembre de 1688, y pasa al ataque, a la Liga se incorporan España, Holanda, Inglaterra, Suecia y Saboya. Era la guerra de todos contra F. y, a pesar de eso, los ejércitos franceses vencieron en las distintas fronteras, pero no obtuvieron la victoria decisiva capaz de dirimir la contienda; el agotamiento se apoderó de los contendientes. Únicamente en el mar hubo enfrentamiento decisivo: en La Hougue (junio 1692) la escuadra francesa fue destrozada. La paz de Ryswick (1697) era un declive en la hegemonía francesa a la vez que una pausa para resolver el problema de la sucesión a la corona española que estaba enrareciendo las relaciones de los países desde años atrás. Carlos 11 (v.) no tenía sucesión directa y dos pretendientes se disputaban la corona: el Imperio y F. Carlos II se decidió por el segundo hijo del delfín de F., Felipe de Anjou, y a los pocos días moría (noviembre 1700).Sólo cuando Luis XIV proclamó intactos los derechos de su nieto a la corona francesa, lo cuaj posibilitaba a la larga la unión de ambas monarquías, los Estados europeos se opusieron claramente a este peligro: la Gran Alianza de La Haya entre Holanda, Inglaterra y el Imperio pedía la separación de ambos reinos y compensación territorial para el archiduque Carlos, el otro pretendiente. En la guerra que comenzó (v. SUCESIÓN ESPAÑOLA, GUERRA DE) meses después, F. sólo tuvo como aliada a España. En tanto los ejércitos aliados no ensamblaron sus esfuerzos, los éxitos franceses fueron alentadores, pero desde 1704 se suceden los fracasos: la derrota de Blenheim, la conquista de Gibraltar y Barcelona por los aliados, y las derrotas de Ramillies, Turín y Oudenarde obligaron a Luis XIV a pedir la paz. Aceptaba todas las condiciones excepto la de ayudar a expulsar de España a su nieto. A pesar de la nueva derrota de Malplaquet (septiembre 1709), la lucha cambia de signo. En la batalla de Villaviciosa, España se decide por Felipe de Anjou (v. FELIPE v DE ESPAÑA), los tories exigen la paz, mientras que el archiduque Carlos ha subido al trono de Austria. La victoria francesa en Denain, 1712, obliga a todos los contendientes a entrar en las negociaciones de paz. Los tratados de Utrecht (v.; abril 1713) señalan la aparición del concepto del equilibrio europeo y el fin de la hegemonía de un país sobre los demás. F. no salió perjudicada, pues se mantenía en sus fronteras. Poco después acababa el reinado del glorioso Luis XIV, pero el balance final será negativo: la situación del país era ruinosa.7. En el juego del equilibrio europeo. La regencia de Felipe de Orleáns sobre Luis XV (v.), 1715-74, cambió la vida en F.: volvió la nobleza a los Consejos, el Parlamento recibió atribuciones, se protegió a los jansenistas, y todo en medio de una creciente inmoralidad cortesana. Después del breve gobierno del conde de Borbón, que casó al rey con María Lesczinski, hija de un importante noble polaco, el card. de Fleury dirigirá el gobierno con sensatez durante muchos años. Procura ahorrar aventuras exteriores para dedicarse a la reconstrucción del país, consiguiendo desde 1738 nivelar el déficit financiero. A su paz interior de acuerdo con Inglaterra se opondrá el partido belicista que quiere el enfrentamiento con Austria y la amistad con España. La cuestión de la sucesión de Polonia planteará la crisis (v. SUCESIÓN DE POLONIA, GUERRA DE); la Dieta polaca elige a Estanislao Lesczinski, suegro de Luis XV, pero las tropas rusas y austriacas imponen a Augusto III, elector de Sajonia. El belicismo triunfa y Fleury envía una expedición a Danzig, concierta un Pacto de Familia (v.) con España y ambas se lanzan al ataque; los éxitos en Lorena e Italia obligan a Austria a pedir la paz.Cuando en 1740 muere Carlos V I de Austria todos los países habían aceptado la Pragmática, pero ante la posibilidad de beneficiarse de los síntomas de debilidad de Austria sus enemigos exigieron compensaciones territoriales. De entre ellos, Prusia ocupará Silesia. De nuevo Fleury se ve obligado a entrar en guerra contra Austria; pacta con Prusia, España y Baviera, mientras que Inglaterra y Rusia apoyan a los Habsburgo. Las victorias prusianas en Mollwitz y Chotusitz convencen a María Teresa de que debe sacrificar Silesia para concentrar sus fuerzas sobre los demás enemigos; pacta con Federico II y pasa a la ofensiva. El ejército francés, que había avanzado hasta Bohemia, tuvo que retirarse a sus fronteras. A partir de 1743 se endurece la lucha: Inglaterra, y con ella Holanda, interviene decididamente en ella para solucionar el antagonismo naval y colonial con F. Se combatirá en Austria (nueva intervención prusiana), Italia (pretensiones reivindicadoras de España), Países Bajos austriacos y en las colonias. En América del Norte, la supremacía vendría impuesta por la mayor población de las colonias inglesas, pero en la India el enfrentamiento es favorable a los franceses. En los Países Bajos se dan las batallas decisivas: el mariscal francés Mauricio de Sajonia vence a los angloholandeses en Fontenoy y Rocoux, se apodera de todo el territorio y entra en Holanda. El agotamiento de los contendientes exigió la finalización de la guerra. La paz de Aquisgrán (v.), en octubre de 1748, señalaba el reconocimiento de la Pragmática Sanción, y para F. la vuelta al statuo quo anterior.En los años siguientes los Estados europeos se recuperan de los estragos bélicos. Son años de paz, pero de gran movimiento diplomático, a través del cual se consumaría la inversión de las alianzas. Dos problemas habían quedado pendientes de resolver: la supremacía colonial entre Inglaterra y F. y la alemana entre Prusia y Austria. F. quedó rezagada frente a sus oponentes; no cuidó el fortalecimiento de su marina de guerra ni estuvo al tanto de los manejos diplomáticos de Inglaterra y Prusia, aferrándose ciegamente a su alianza con Federico II y no atendiendo las proposiciones del canciller austriaco Kaunitz. Se vive en plena molicie cortesana. Pero el tratado de Westminster, en enero de 1756, altera la situación y acerca a F. y Austria, que firman el tratado de Versalles en mayo de 1756. A ellas se une poco después Rusia.Comienza la llamada guerra de los Siete Años (v.), que supondrá para F. un completo fracaso; obligada a combatir en Europa y en las colonias, en todas partes su papel fue negativo. Después de éxitos iniciales, el ejército francés, mal mandado, era vencido en Rossbach (noviembre 1757) por el prusiano y rechazado hasta casi sus fronteras, con lo que no participó ya en ninguna acción importante. En las colonias, F. será vencida plenamente; en América del Norte la superioridad demográfica y el dominio del mar por los ingleses obligaron a los franceses a mantenerse a la defensiva, pero tras la pérdida de Québec y Montreal fueron eliminados del Canadá, en 1759; en la India la resistencia francesa fue mayor, pero no más afortunada. El panorama no se alteró al conseguir Choiseul, ministro de Estado francés, la participación de España (Pacto de Familia de 1761), pues su flota no estaba aún preparada para medirse a la inglesa. La paz de París, en febrero de 1763, selló la primacía inglesa en los mares y en las colonias; F. entregaba a Inglaterra el Senegal, Canadá, la mayoría de las posesiones en la India y parte de Luisiana, territorio a ambas márgenes del Misisipí, amén de varias islas en las Antillas menores; a España cedía el resto de la Luisiana. F. quedaba eliminada como potencia naval y colonial.En un ambiente pacificador, la diplomacia francesa no podía contrarrestar los éxitos de las demás Cancillerías europeas y, con frecuencia, quedaría aislada y arrastrada por los acontecimientos. Mientras, la vida cortesana acapara la atención de los nobles, que a través de las intrigas palaciegas se inmiscuyen en los asuntos del Estado, desorganizándolo aún más. La guerra de los Siete Años había puesto al descubierto evidentes síntomas de debilidad, mientras que el déficit de la Hacienda aumentaba. En los últimos años del reinado de Luis XV, el duque de Choiseul intenta atajar los problemas, reorganiza el ejército y la marina, pero no consigue solucionar la crisis económica. Las clases privilegiadas (nobleza, alto clero, parlamentarios) se niegan a pagar impuestos y no permiten realizar cambios importantes que dañen sus intereses.8. Luis XVI y la crisis del Antiguo Régimen. Luis XVI (v.), 1774-92, era humanitario y devoto, quería la felicidad de su pueblo, pero su indecisión malogró el reinado; además, las circunstancias le fueron adversas. Eligió ministros reformadores, aunque la oposición de la nobleza y de los Parlamentos le hará fracasar. Turgot se colocó al frente de la Hacienda; procuró producir más y reducir gastos; impuso la libre circulación del trigo y la abolición de los gremios y corporaciones. Las protestas por sus medidas se hicieron patentes bien pronto: se le colocaron enfrente la reina María Antonieta, los banqueros y arrendatarios de las contribuciones y aun la masa popular, hasta obligarle a dimitir, en mayo de 1776. Le sucedió Neeker, banquero muy estimado por los ilustrados, que acudiría al empréstito para subvenir a los gastos del Estado y a los de la nueva guerra con Inglaterra; sin embargo, algunas medidas reformadoras le acarrearon la oposición de los privilegiados, y aunque presentó un balance de la situación financiera en el que aparecía un inexistente superávit, fue obligado a dimitir, en 1781.Por estos años se desarrolla la guerra de Independencia de las colonias inglesas de EE. UU; el 4 jul. 1776 proclaman su autonomía y solicitan ayuda a F. y España, enemigos tradicionales de Inglaterra. En 1776 llega a París Franklin (v.), enviado por los insurgentes. El ministro de Negocios Extranjeros, Vergennes, era partidario de apoyar a los norteamericanos para incrementar los problemas ingleses; ante el deseo de paz del rey tuvo que contentarse con hacerlo secretamente, pero tras la batalla de Saratoga consiguió la firma de un tratado con los colonos sublevados (febrero 1778) por el que se reconocía su independencia. Inglaterra rompió sus relaciones con F., y consiguió ese año mantener sus posiciones, pero en 1779 la intervención de España en el conflicto permitió a los aliados pasar a la ofensiva en América y la India. El gobierno inglés respondió con la guerra general en corso para poder confiscar cualquier barco, aun neutral, que comerciase con EE. UU.; esto motivaría las protestas de Rusia, Dinamarca, Suecia y Portugal y la intervención militar de Holanda contra Inglaterra. La situación de ésta empeora progresivamente: en 1781 ocurrió la capitulación de Yorktown y la pérdida definitiva de las 13 colonias, en 1782 la conquista de Menorca por los españoles; mientras, las victorias francesas en la India y las Antillas eran continuas. A pesar de la eficaz defensa de Gibraltar y la derrota de la flota francesa en Antillas, Inglaterra tuvo que pedir condiciones de paz. El tratado de Versalles, en septiembre de 1783, señala el fortalecimiento de F. y España, y un momentáneo declive inlés; territorialmente, F. recibe- la Luisiana occidental dé’ España, y el Senegal y varias islas de las Antillas de Inglaterra, mientras que en la India se afirma su posición.L. LOBO MANZANO.
BIBL.: V.t.: FRANCIA, V. HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA II.
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