Francia, José Gaspar Rodriguez de
Categoria:
Biografía GER
Gobernante paraguayo. N. en Asunción el 6 en. 1766, aunque algunos afirman que fue en 1756, 1758 ó 1764. Hijo del portugués García Rodrigues Francia, capitán en las milicias provinciales del Paraguay, y de la asunceña María Josefa de Velasco. Se doctoró en Teología en la Univ. de Córdoba, en el Tucumán, en 1785, pero sin haber recibido las sagradas órdenes. De regreso a su ciudad natal, ejerció la abogacía y, sucesivamente, las cátedras de latín y de teología en el Real Colegio Seminario de San Carlos. En 1808, el Cabildo de Asunción le eligió alcalde ordinario de primer voto, y, al cesar en 1809, síndico procurador. Este último año, de una terna elaborada por la misma corporación, resultó candidato del Paraguay para diputado del virreinato del Río de la Plata en las Cortes del reino.En la independencia. En el cabildo abierto convocado por el gobernador Velasco, el 24 jul. 1810, F. había sostenido la caducidad del poder español. Sin embargo, su firma no figura en las correspondientes actuaciones. Producidos los acontecimientos del 14 y 15 mayo 1811, iniciales del movimiento emancipador en el Paraguay, y triunfantes los patriotas, éstos designaron dos diputados adjuntos, que compartirían el mando con el gobernador, siendo F. uno de ellos. Depuesto Velasco el 9 de junio bajo la presidencia conjunta de F., Juan Valeriano de Zevallos y Pedro Juan Caballero, se reunía un Congreso del que nació la junta Superior Gubernativa, primer gobierno autónomo paraguayo, presidida por Fulgencio Yegros e integrada por F., Caballero, Fernando de la Mora y el P. Francisco Javier Bogarín.En la Junta. Durante los primeros meses, F. tuvo a su cargo las relaciones internacionales; de su pluma es la nota del 20 jul. 1811, dirigida a las autoridades de Buenos Aires, en la cual se afirma la voluntad de los paraguayos de conservar su autonomía y de unirse a las demás provincias solamente en un sistema federal, de iguales; e intervino también en el tratado del 12 oct. 1811, igualmente con Buenos Aires. F. tuvo serias discrepancias con sus colegas y se retiró dos veces de la junta. Reincorporado en noviembre de 1812, logró la destitución de Mora, su émulo, y se aseguró su influencia en el gobierno.El Consulado. Del 30 sept. al 12 oct. 1813, se celebró un segundo Congreso, con la asistencia de 1.100 diputados, que adoptó el nombre de República del Paraguay y aprobó un Reglamento de Gobierno, redactado por F. Dos cónsules (Yegros y el propio F.) ejercerían asociados el mando político y militar, con rango de brigadieres, y se turnarían cada cuatro meses en el gobierno. Aprovechándose del altruismo de Yegros, F. fue montando la maquinaria que habría de llevarlo al poder unipersonal e ilimitado, al tiempo que tomaba medidas discriminatorias contra los españoles europeos.La Dictadura. El 3 oct, 1814, un nuevo Congreso designó a F., por cinco años, Dictador Supremo de la República. Un amago de protesta del ejército, adicto a Yegros, fue calmado por éste y Caballero. F. separó de la vida pública a los protagonistas del movimiento emancipador, reformó la mayor parte de la oficialidad y confió los mandos militares y las demás funciones de autoridad a sus parciales más seguros. Antes de cumplirse dos años, el 1 jun. 1816, F. obtenía de un cuarto Congreso General la investidura de Dictador Perpetuo de la República durante su vida, con calidad de ser sin par. Hasta 1840, nadie podría oponerse a su omnímoda voluntad.F. cortó todo trato con el Gobierno de Buenos Aires y con Artigas (v.), jefe de los orientales. El comercio y la navegación internacionales, aunque no necesariamente por razones imputables a F., decayeron de modo sensible y en 1823 éste los suprimió. Desde entonces, Paraguay quedaba encerrado, sin relaciones políticas, ni económicas, ni culturales, con el resto del mundo. Las antiguas exportaciones paraguayas perdieron sus mercados y las correspondientes actividades productivas se extinguieron. La economía decayó al rango doméstico y el crecimiento se volvió puramente vegetativo. La supresión de las importaciones, antes que favorecer el establecimiento de manufacturas, hizo que la economía familiar, con todas sus limitaciones, tuviera que satisfacer las necesidades individuales y colectivas. Nadie podía entrar en la República ni salir de ella sin un permiso que el Dictador se mostraba muy reacio a conceder. No obstante, por el puerto de Itapúa, sobre el Paraná, se siguió practicando algún intercambio con mercaderes brasileños.En materia eclesiástica, F. declaró a las órdenes religiosas independientes de sus autoridades radicadas en el extranjero; en 1825 decretó la supresión de los conventos y la secularización de sus individuos. Los sacerdotes no quedaron exentos de las penas que alcanzaron a los desafectos al régimen franciano y a los sospechosos de serlo; el obispo de Asunción, único prelado de la República, cesó en su jurisdicción, la cual pasó a un provisor adicto al gobernante, si bien en 1838, poco antes de su fallecimiento, fue restablecido en su autoridad. Definitivamente clausurado el Colegio Seminario en 1823, y desaparecidas las comunidades religiosas, ello afectó sensiblemente el desarrollo cultural, pues no había otros centros de enseñanza media y superior. Subsistieron solamente las escuelas de primeras letras, de aula única y muy elementales. No se publicaban libros ni periódicos, ni se importaban otros que los de uso particular de F. Más que de estancamiento, cabe hablar de regresión cultural.En 1824 fue suprimido el cabildo y, gradualmente, decayeron o se extinguieron otras instituciones administrativas de épocas anteriores. No se montó la estructura del Estado, sino que los asuntos públicos fueron manejados por un corto número de funcionarios subalternos, y en todo, inclusive en lo cultural, la última palabra la decía F. Se mantuvo un ejército relativamente numeroso, fraccionado entre las guarniciones fronterizas y los cuarteles de la capital, y bastante mal armado; su parque, ya anticuado en 1811, no experimentó incremento de consideración. Eliminados los militares de mayor prestigio, F. no concedió ningún ascenso superior al de capitán, y aun éste, en muy contados casos. Prohibida toda actividad política, desde 1815 se hicieron sentir las medidas de represión, que poco más tarde alcanzaron a los hombres más capaces y de mayor predicamento y, en especial, a los protagonistas de la independencia. En 1820, el descubrimiento de una conspiración, real o supuesta, acentuó la dureza: centenares de presos, confesiones bajo tormento en la "cámara de la verdad" y 68 ejecuciones en nueve días, del 17 al 25 jul. 1821, que comenzaron con la del brigadier Fulgencio Yegros y alcanzaron a políticos, intelectuales, eclesiásticos y militares, sembraron el terror. Hubo fusilamientos, aunque ya no masivos, durante el resto de la dictadura, y se calcula en 600 el promedio permanente de presos políticos. La mayor parte de los encarcelados en 1820 o murieron en la prisión o permanecieron en ella hasta 1840, y muchos vieron confiscados sus bienes. Los españoles europeos, por su parte, sufrieron cárcel, confinamiento, destierro, confiscaciones y abrumadoras multas, además de prohibírseles el casamiento con mujeres de raza blanca. Algunos de ellos fueron también ejecutados, y sus familias declaradas mulatas por decreto. Pese a su rigor, F. concedió asilo al héroe uruguayo Artigas, su antiguo adversario, y amparó a exiliados correntinos.El hombre y su obra. F., uno de los principales actores de la independencia del Paraguay, hizo de la preservación de la misma la razón de ser de su largo gobierno. Porque no la reconocían expresamente, rechazó todas las tentativas de acercamiento de Buenos Aires y de Bolívar. Por el mismo motivo, cortó una naciente vinculación con el Brasil, y aspiró, aunque sin éxito, a establecer relaciones directas con las grandes potencias europeas. A su muerte, y en gran medida por obra suya, el Paraguay era independiente, pero carecía de equipo directivo para defender esa soberanía en la vida internacional. Con su clase intelectual y militar exterminada o envejecida en el llano, sin centros formativos de las nuevas generaciones, sin oficialidad y sin administración civil, tras largo gobierno unipersonal y excluyente, el país afrontaba una situación muy difícil. Aunque su apego al poder era inmenso, F. despreciaba los bienes materiales. Sus sueldos quedaron en buena parte sin cobrar y él, célibe y solitario, vivió sobriamente en la antigua casa de los gobernadores. Allí, sin haber dispuesto nada sobre la sucesión en el poder, sin un solo discípulo que recogiera su legado, m. el 20 sept. 1840.RAFAEL ELADIO VELÁZQUEZ.
BIBL.: J. C. CHAVES, El Supremo Dictador, Buenos Aires 1942; 1. P. BENÍTEZ, La vida solitaria del Dr. José Gaspar de Francia, Dictador del Paraguay, Buenos Aires 1937; G. CABANELLAs, El Dictador del Paraguay Dr. Francia, Buenos Aires 1946; C. BÁEZ, Ensayo sobre el Dr. Francia y la dictadura en Suramérica, Asunción 1911; E. CARDOZO, Paraguay independiente, Barcelona 1949.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.