Foscolo, Ugo
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Biografía GER
Es el mayor poeta lírico italiano de la época coincidente con la Revolución francesa y Napoleón, que une en su obra una sensibilidad romántica y revolucionaria con el más puro clasicismo formal.Biografía. N. en Zante, una de las islas Jónicas, de madre griega, el 6 feb. 1778. Ya en Venecia, a partir de 1792, empezó a ser conocido como poeta, alternando el estudio de los clásicos con inquietudes modernas. Su vida agitada y tumultuosa transcurrió entre actitudes libertarias y políticas, exilios, combates, creación literaria y amoríos: de Venecia pasó a Bolonia y Milán, e incluso a Francia (donde fue oficial de Napoleón entre 1804 y 1806), y de nuevo a Milán coincidiendo con sus años más fecundos (1806-12) y gozando ya de fama altísima; tras una estancia en Florencia, marchó definitivamente de Italia (al no aceptar los ofrecimientos de los austriacos vueltos a Lombardía), para ir primero a Suiza y luego a Inglaterra, donde transcurrieron los 11 últimos años de su ajetreada existencia. Enfermo y envejecido precozmente, cargado de deudas y con el solo afecto de una hija natural y de muy contados amigos, como el emigrado español Miguel del Riego, m. en Turham-Green, en Londres, el 10 sept. 1827.Novelística. La obra que primeramente le define son las Ultime lettere di Jacopo Ortis (Últimas cartas de Jacopo Ortis), 1802, que tuvo tres distintas redacciones; es una novela epistolar de fondo autobiográfico, al modo del Werther de Goethe (v.). El protagonista escribe a un amigo unas cartas contándole su huida de Venecia, al ser cedida a Austria por Napoleón, su amor imposible por Teresa, ya prometida a otro, sus andanzas de ciudad en ciudad, su regreso a los montes Eugáneos y su proyectado suicidio. La muerte se presenta, pues, como única solución a las fallidas ilusiones de amor y libertad de Jacopo Ortis. A estos temas predominantes se une la idea del suicidio y el sentimiento del paisaje, visto en relación con el estado de alma del protagonista. Más que las figuras o la trama predomina la exaltación de la subjetividad. Su prosa es mórbida, rítmica, plegada a efectos sentimentales y con fáciles caídas en el énfasis. Es la primera y quizá la más completa expresión de la prosa romántica italiana.Obra lírica. La poesía lírica de F. está formada, aparte sus dos grandes poemas, fundamentalmente por 12 sonetos y dos odas que corresponden a la época del Ortis. Las odas tienen su punto de arranque en motivos puramente ocasionales en relación con dos damas, una caída de caballo y una enfermedad, reflejados en sus títulos: A Luigia Pallavicini, caduta da caballo (1800) y All’Amica risanata (1802). Ambas representan, y aún más la segunda, el primer ejemplo notable del neoclasicismo foscoliano por su elegancia formal, el uso de una mitología que brota espontánea y el culto rendido que se hace de la belleza, como ideal contrapuesto al dolor humano. Los sonetos, escritos entre 1798 y 1803, representan, en cambio, el mundo interior del poeta con una intensidad hasta entonces ignorada en Italia. Fácil resulta rastrear las huellas de clásicos latinos o italianos como Petrarca (v.); pero el tono, la dolorida subjetividad que se impone y el manejo técnico de los elementos formales definen potentemente su personalidad. Tres de ellos, In morte del f ratello Giovanni, A Zacinto y Alla sera, están entre los mejores sonetos de toda la lírica italiana.Un motivo también ocasional produce la composición del poema Dei Sepolcri (1807): el edicto de Saint Cloud (1804), con el que Napoleón establecía, por motivos higiénicos y democráticos, que los cementerios estuvieran fuera de la ciudad y de las iglesias y con lápidas iguales para todos. Una conversación con Ippolito Pindemonte sirvió de estímulo, aparte de la moda de la poesía sepulcral, para la redacción del carme o carmen, como F. lo llamó. En forma de epístola dirigida a Pindemonte en 295 endecasílabos sueltos, el poeta, partiendo de la afirmación de que todo es materia y la muerte la destrucción total, llega a una valoración positiva de las tumbas a través de la ilusión, ya que si son inútiles para los muertos no lo son para los vivos: el alma no es inmortal, según F., pero sí lo es en el recuerdo de quienes nos aman. Los sepulcros representan para los familiares lo que para las naciones significa el culto de sus grandes hombres muertos. Pero como tampoco las tumbas pueden evitar la fuerza destructora del tiempo, surge como supremo consuelo la poesía, que con su armonía vence el silencio de los siglos. De aquí el tono religioso y profundo del carmen, a pesar de su concepción materialista. Y esa elevada tonalidad, unida al estilo denso y conciso y a una lengua transida de saber literario, dan unidad de concepción al poema, que conceptualmente aparece dividido en evocaciones o episodios distintos. La romántica aspiración a lo infinito y la riqueza de cadencias métricas no impiden la síntesis formal clásicamente lograda, que hacen del poema uno de los mejores de la literatura moderna italiana. Y así lo apreció Menéndez Pelayo, que tradujo dignamente Los sepulcros en 1875.Al distanciamiento aristocrático y a la serena perfección neoclásica vuelve F. con Le Grazie (Las Gracias), poema que origina un dificilísimo problema sobre su texto. Publicó ya fragmentos en 1803, volvió sobre él en 1812, cuando fue expuesta en Florencia la Venus de Canova, y aun trabajó en el texto definitivo en el exilio final. En el estado actual está formado por una serie de fragmentos cuya ordenación han ejecutado los críticos. Dividido en tres himnos dedicados a Venus, a Vesta y a Palas, pretende representar la historia de la humanidad civilizada por las Gracias, como divinidades intermediarias entre el cielo y la tierra. Hablar de unidad es inútil; más bien habría que precisar si el fragmentarismo ha sido intencionado. Lo más importante es la creación de un mundo de suprema belleza y armonía con una elegancia de forma insuperable, también lograda con el endecasílabo suelto.Otras obras. Aparte las tragedias (Tieste, Ajace, Ricciarda), que nada nuevo aportan, hay que considerar a F. como prosista, tanto por sus discursos (bella servitú d’Ltalia), como por sus escritos de tono autobiográfico en el sentido irónico de Sterne, v. (Notizia di Didimo, Chierico, Gazzettino del bel mondo), y, sobre todo, por su rico Epistolario y su labor crítica, que señala un progreso en relación con la preocupación formalista, gracias a su penetración psicológica y a la relación entre las obras y su momento histórico.J. ARCE FERNÁNDEZ.
BIBL.: U. FOSCOLO, Opere, Milán 1962; G. MARZOT, Ugo Foscolo, en Letteratura Italiana. I Maggiori, IV, Milán 1961; M. FuBINI, Ugo Foscolo, 3 ed. Florencia 1962; W. BINNi, Foscolo e la critica, Storia e antología, 2 ed. Florencia 1962; A. PRIETO, La armonía romántica de Ugo Foscolo, en Maestros italianos, II, Barcelona 1965, 151-214.
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