Formación (pedagogía) EDUC.
Categoria:
Educación
El Diccionario de la Real Academia, en una de sus últimas acepciones, dice que f. es la "acción y efecto de formar", entendiendo por esto, entre múltiples acepciones, "criar, educar, adiestrar" y también "adquirir una persona más o menos desarrollo en lo físico y en lo moral". (Este último concepto parece referirse más bien al formarse que al formar). El Diccionario de uso del español de María Moliner limita más la noción de f.: "adiestramiento en determinada materia o actividad". Ambos términos provienen etimológicamente de f ormatio y forma, que en latín significan forma, figura, imagen, hermosura. El término f. no aparece en las lenguas modernas hasta entrado el s. XVIII, cuando Herder y Goethe lo introducen en el léxico psicológico con el sentido etimológico de acuñar o esculpir una figura. Otto Willmann afirma que f. es una expresión "propia del idioma alemán; los antiguos carecían de esta palabra designativa de una cosa por ellos conocida en más limitada escala" y añade que los idiomas modernos "no designan el objeto de una manera eficientemente comprensiva".Noción filosófica. La Filosofía enseña que forma est quod dat esse reí, es decir, lo que hace que algo sea lo que es, contraponiéndose, por tanto, a materia, que expresa el elemento indiferenciado, principio ex quo et in quo, al que la forma configura y determina. En otras palabras, si la materia es lo determinable, lo perfectible, la potencia..., la forma es precisamente la determinación, la perfección, el acto.Filosóficamente, f., información y conformación son esencialmente lo mismo, como acertadamente recuerda Millán Puelles. La f. es información porque lo formado llega a ser justamente en la misma medida en que una cierta forma se halla en la materia, merced a la actividad educativa de una causa eficiente. Y f. es confirmación porque lo educido no se separa de la materia, sino que es con ella, determinándola.La idea de f. presenta una dualidad de elementos, una causa eficiente o sujeto activo, que a su vez consta de una facultad o potencia y de una actividad u operación, y una materia paciente o sujeto pasivo, con receptividad y recepción (cfr. Millán, Formación, en Diccionario de Pedagogía). Dentro de la causa eficiente concurren siempre una causa primera, Dios, y una o más causas segundas, las criaturas, a las que Dios confiere non solum quod sint, sed etíam quod causae sint, como afirma S. Tomás.Noción pedagógica. La cualidad de perfección que hemos mencionado anteriormente como característica de la forma, muestra claramente el importante contenido pedagógico del término f. Aunque varía mucho su concepto de uno a otro autor, puede entresacarse alguna característica común prácticamente a todos: 1) casi es unánime la idea de perfectibilidad y, por tanto, de educabilidad; así la vieja noción del s. XVIII por la que f. es la configuración armoniosa y estética de una personalidad coherente (cfr. Góttler, o. c. en bibl., 47-48), y la moderna de perfeccionamiento intelectual y espiritual, con el consiguiente acrecentamiento de la capacidad de actuación del hombre, encaminada al logro de su autonomía espiritual; 2) su carácter esencialmente autoformativo, pues, como dice Haeberlin, "nadie la puede hacer por otro"; es verdad que su objeto implica la coexistencia de la autonomía de su sujeto propio y la eficacia del sujeto coadyuvante, pero no influyen ambos en idéntica medida, sino que lo principal es el sujeto propio y lo específico la libertad, si bien no se desprecia el auxilio externo de preceptos morales y de otras personas; en una palabra, la f. es fundamentalmente autodominio y autoeducación (Henz), pero está abierta al influjo de la naturaleza y del artificio; de esto último se deduce la dimensión formativa de la Pedagogía (v.), al entenderse como "una organización sistemática y eficaz de la solicitud por el prójimo en lo que atañe a los medios coadyuvantes a que su formación personal resulte una verdadera y auténtica formación" (Millán); y 3) su carácter permanente (es uno de los puntos distintivos entre f. y educación, como veremos): la f. dura toda la vida.En el lenguaje no técnico suelen utilizarse como sinónimas palabras como instrucción, educación, f. y, en sentido algo más específico, didáctica (v.) y enseñanza (v.). Conviene tener claros dichos conceptos: a) formación es la tarea de proporcionar a una persona, prescindiendo de su edad y grado de desarrollo, lo que necesite para una tarea humana cualquiera o, en general, para su perfección humana; b) educación, en su acepción más corriente, indica la f. física y psíquica del hombre en la fase de desarrollo, es decir, en la infancia y en la juventud; c) instrucción indica la transmisión de conocimientos científicos, que se hace a través de la enseñanza, tarea oral o escrita por la que se realiza la instrucción, y gracias a la didáctica, que es el conjunto de medios e instrumentos materiales que sirven para dicha instrucción.Formación y educación. Las relaciones entre f. y educación han sido objeto de múltiples teorías a lo largo de los últimos siglos. En la vida ordinaria, muchas veces usamos ambos términos como sinónimos (p. ej., hablando de la educación del carácter o de la juventud, y de la f. del carácter o de la juventud) y otras con diverso significado (así, no significa lo mismo ser un hombre educado que un hombre formado, ni la educación de los obreros puede confundirse con la f. de los mismos). En el s. XVIII Kerschensteiner proponía como principales funciones de la f. el suscitar vivencias de todos los valores y modelar con éstos todas las facetas de la personalidad, y proporcionar a dicha personalidad un recto criterio estimativo e "inclinarla a ponerse al servicio de los valores"; entiende la persona formada como "un microcosmos de todos los valores". Para él, por tanto, el término f. es prácticamente idéntico al de educación.Willmann, por el contrario, distingue ambos términos de manera clara: a) la educación se funda en la autoridad y en la obediencia y acaba con la madurez de la razón; b) la f., aunque también requiere la subordinación del sujeto a puntos de vista más elevados, exige a la vez su cooperación activa y libre; puede ocupar la vida entera. En otro lugar, no obstante, Willmann, y también es la opinión de Eggersdorfer (cfr. o. c. en bibl.), supedita la f., junto con la dirección y el cultivo, a la educación, que juzga como categoría suprema, en calidad de funciones.Para otros, sin embargo, el concepto supremo es el de f., entendida como f. psíquica. Así Haeberlin concibe la educación como la dimensión pedagógica de la f.: "como quiera que la respectiva formación de sí mismo es tarea personal de cada uno, sólo queda para la formación, como quehacer pedagógico, un solo sentido legítimo: prestar al prójimo auxilio para su propio proceso formativo, en la medida en que lo necesite. De esta manera el concepto pedagógico de formación es distinto del de la formación simplemente dicha, y es completamente idéntico, no sólo por el fin a que se refiere, al concepto de educación. Así, pues, distingue entre f. considerada sólo desde su propio sujeto, y f. como actividad de un sujeto coadyuvante, es decir, auxilio para hacer posible la verdadera f.Según Göttler, la f. "tiende a conseguir que el educando comprenda los diversas valores y se interese por ellos", siendo la educación, en sentido estricto, la actuación posterior a esa presentación de valores, es decir, la que "inclina al educando... a tomar una actitud firme y libre (carácter) al servicio de los valores jerarquizados por sus normas ético-religiosas". Tomada en su sentido activo, o sea como comunicadora de conocimientos (el sentido pasivo sería el estar formado), la f. sobrepasa el ámbito de la educación, pues no se circunscribe a la etapa del desarrollo, pero su comprensión, en sentido escolástico, es menor, porque se ocupa propiamente de las esferas intelectiva y afectiva, mientras que la educación abarca todas.Muchas de las 184 definiciones de educación recogidas por Rufino Blanco la conciben como obra perfectiva, lo cual es característico de la f., como hemos observado antes, y gran parte de ellos (Bain, Boutroux, Dopanloup, Gurlitt, Herbert, Litré, Lochner, Rein, Richard y Rollin) definen la educación explícitamente como f., al concebirla como medio para dar formas más perfectas al educando. Víctor García Hoz entiende por educación un perfeccionamiento intencional de las potencias específicamente humanas, y por f. un perfeccionamiento intelectual y espiritual (cfr. Principios de Pedagogía Sistemática, 25).En resumen, hoy día se tiende a incluir la f., pedagógicamente considerada, dentro de la educación (como desarrollo de hábitos especialmente morales), en vez de oponer o identificar ambos conceptos.Otras distinciones. El lenguaje vulgar equipara con relativa frecuencia f. con ilustración, entendiendo por persona formada y por persona ilustrada aquella que sabe manejarse en temas fundamentales de la naturaleza y de la cultura. También puede entenderse por f. la cultura subjetiva, en el sentido de cultura animi, es decir, tomada como trabajo cultural en su sentido activo y estable (sus resultados serían el llamado sentido efectivo de la cultura: cosas, situaciones y relaciones), pero no siempre abarca todo el ámbito de ésta (v. Góttler, o. c. 87-88). Por último conviene decir algo sobre la información. Filosóficamente ya vimos cómo coincide con el concepto de f., pues la forma ejerce su oficio precisamente informando. En Pedagogía, sin embargo, suele entenderse por información un conocimiento vitalmente aislado, una noticia en cierto modo desarticulada e inconexa; y esto difiere de f., que es más bien un saber orgánico, sistematizado, con orden y jerarquía. No obstante, afirma Millán, ambas se complementan recíprocamente en la unidad de la educación, ya que la f. humana es imposible sin una previa información, que es así su elemento condicional presupositivo; es decir, aunque la f. humana implica como nota esencial la libre voluntad, supone también la intervención del entendimiento y éste necesariamente actúa sobre un concreto dato informado.Necesidad de una formación integral. Para acabar, sólo unas líneas sobre la necesidad de una formación integral del hombre, que es como, ya en el mundo clásico, se entendía la educación (v. M. Lecner, Erziehung und Bildung in der griechish-rómischen Antique, Munich 1932, y J. L. Suárez Rodríguez, Las grandes _filosofías de la educación, Madrid 1964). El hombre necesita una f. lo más completa posible, pues es precisamente gracias a ella como se convierte en persona de criterio y dueño de sí mismo. El objeto de la f. es precisamente acrecentar la capacidad de actuación del hombre, pues, según el adagio, nemo dat quod non habet, y dado que éste siempre es perfectible de mejora, la f. debe durar toda la vida y abarcar, en la medida conveniente a cada persona, todas las facetas del saber (cfr. R. García de Haro, o. c. en bibl.). Esta f. integral debe cubrir todas las facetas, humanas y sobrenatural, del hombre. La f. humana, a su vez, puede considerarse como f. general básica, la que se suministra a la generalidad de las personas: hay que adquirir la cultura necesaria, según la mentalidad de cada uno; como f. profesional, adquisición de conocimientos en orden a la plasmación de una personalidad especialmente apta para el ejercicio de una actividad concreta, es decir, se ha de buscar la perfección humana en lo profesional y un serio prestigio científico, y como f. propiamente humana, para adquirir virtudes humanas tan necesarias como la lealtad, la responsabilidad, la honradez, que son fundamento de la f. sobrenatural. La f. debe tener una primordial finalidad ultraterrena que es, en definitiva, la que diferencia al hombre de los demás animales: hay que aprender vida de piedad y virtudes sobrenaturales, teniendo presente que "la vida interior es escuela de finura y cortesía" (Escrivá de Balaguer); hay que conocer y amar cada día más a Dios, nuestro Creador, y esto se consigue con una honda formación doctrinal, afianzada siempre en la práctica.V. t.: EDUCACIÓN; ENSEÑANZA; ORIENTACIÓN PEDAGÓGICA.J. MARTÍN RAMÍREZ.
BIBL.: A. MILLÁN PUELLES, Formación, en Diccionario de Pedagogía, Barcelona 1964; lo, La formación de la personalidad humana, Madrid 1963; F. X. EGGERSDORFER, Jugendbildung, Munich 1928; G. HERSHENSTEINER, Theorie der Bildung, Leipzig 1926; O. WILLIAM, Teoría de la formación humana, Madrid; E. VILLAREJO MÍNGUEZ, Formación general y formación profesional, en Diccionario de Pedagogía, Barcelona 1964; D. MORANDO, Pedagogía, Barcelona 1968; 1. GÓTTLER, Pedagogía Sistemátiéa, 3 ed. Barcelona 1965; P. HAEBERLIN, Wege und lnu+ege der Erziehung, Basilea 1920; V. GARCÍA Hoz, Principios de Pedagogía Sistemática, Madrid 1963; ÍD, Educación personalizada, Madrid 1970; HUBER HENZ, Tratado de Pedagogía Sistemática, Barcelona 1968; R. BLANCO, Enciclopedia Pedagógica, Madrid 1930; REDDEN y RYAN, Filosofía católica de la educación, Madrid 1968; VARIOS, Educación familiar, "Nuestro Tiempo" XXXI (junio 1969) (n" monográfico sobre el tema, con bibl. comentada); J. L. GARCÍA GARRIDO, Los fundamentos de la educación social, Madrid 1971; R. GARCÍA DE HARO, Régimen iurídico de la formación profesional en el derecho español, Pamplona 1965; GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Principios fundamentales de formación profesional, Madrid 1946.
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