Flor, II.floricultura
Categoria:
Cultura
1. Introducción. La floricultura es el cultivo de las plantas de f. El término se hace extensivo también a aquellas plantas que se cultivan por el valor ornamental que tenga cualquier otra parte distinta de la f.: hojas, frutos, etc. Asimismo, suele comprender el arte que se ocupa de aquel cultivo. Las plantas objeto de cultivo pueden encuadrarse en dos categorías bien diferenciadas: las especies tipo, ornamentales por sus hojas f. o frutos (Ficus elastica, Salvia splendens, Pyracantha coccinea), y las variedades (Sansevieria tri f asciata var. laurentii, Ilex aguifolium var. argenten-marginatum).La escala de las plantas cultivadas en floricultura es muy variable, pues abarca desde las especies puras a los híbridos más complicados. Toda variedad de origen hortícola se denomina cultivar, aunque puede designarse indistintamente como `variedad’. En floricultura, se tiende a resaltar las partes más vistosas de las plantas y para ello se utilizan las técnicas más diversas. Está muy extendido el cultivo de variedades de f. dobles, que se obtienen generalmente transformando sépalos y estambres en piezas petaloideas, en razón de ser la parte más llamativa de la f. También es frecuente la hibridación, para lograr plantas más vigorosas y que conserven los caracteres dominantes de las de procedencia. Asimismo, se puede conseguir aumentar el tamaño de algunos órganos (hojas, f., etcétera), actuando genéticamente y obteniendo así plantas poliploides (con mayor número de cromosomas; v.). Cuando aparecen mutaciones con valor ornamental, puede lograrse, a veces, su fijación. Así, p. ej., se utiliza mucho la reproducción vegetativa de plantas decorativas por su follaje matizado de color diferente al verde, con la finalidad de transmitir ese carácter.En floricultura, tiene una gran importancia el conocimiento exacto del clima apropiado para cada planta, y conseguir así las condiciones ideales en orden a su desarrollo y producción.2. Temperatura. Es sin duda el factor climático más importante y, sin embargo, el más fácil de modificar, sobre todo si se trata de plantas cultivadas en invernadero. Su influencia sobre la vegetación es evidente: todas las funciones de la planta, germinación, foliación, floración, maduración de frutos y semillas, tienen su temperatura adecuada de realización para cada especie. La manera en que recibe la planta esa cantidad de calor que necesita es, hasta cierto punto, indiferente, con tal que la temperatura de su cuerpo se mantenga dentro de los límites que le son propios. La resistencia, tanto a las mínimas como a las máximas de temperatura, es muy diferente de unas especies a otras; hay plantas que tardan mucho en detener su vegetación por el frío, y que soportan sin peligro heladas de muchos grados bajo cero, mientras que otras, de las regiones tropicales, cesan en todas sus actividades, e incluso llegan a morir, a temperaturas bastante alejadas todavía del punto de congelación. La mayor parte de las especies de origen tropical se cultivan en invernadero, a temperaturas que no superan los 28° C; sin embargo, algunos vegetales soportan temperaturas muy altas, aunque durante poco tiempo: las lilas, 43° C, unos pocos días; los bulbos de narciso, 34° C, 5 días.Desde el punto de vista práctico, es importante que la temperatura no descienda por debajo de un mínimo que frene el desarrollo o comprometa la floración: a menos de 15° C, las Saintpaulia no crecen y las hojas se arrugan; las Strelitzia necesitanmás de 10° C. La procedencia de las distintas especies (v. FITOGEOGRAFíA) puede dar una idea sobre las condiciones de su cultivo. Las plantas ornamentales, por sus hojas, de las regiones ecuatoriales se desarrollan muy bien a partir de los 18° C, acelerando notablemente su crecimiento si la temperatura se mantiene entre 20 y 25°. Las especies de invernadero de origen americano necesitan durante la noche de 13 a 15° para formar sus yemas florales. A lo largo de las distintas fases de cultivo, la temperatura no tiene por qué ser uniforme, ya que cada función se lleva a cabo en una determinada temperatura, lo que indica que la clasificación de plantas de estufa fría o de estufa caliente es relativa. Las plantas sometidas a temperaturas elevadas florecen, a veces, de manera diferente.
Como consecuencia de lo dicho, hay que distinguir en floricultura unas temperaturas útiles, que son las comprendidas entre el máximo y el mínimo, que ponen tope a sus actividades; otras inútiles, que por rebasar esos límites suponen el aletargamiento o la paralización de todas las funciones vitales; por último, temperaturas perjudiciales, que pueden llegar a ser mortales cuando la separación de aquellos límites supera ya la resistencia específica de la planta. Dentro de las temperaturas útiles quedan comprendidas las temperaturas óptimas, que son aquellas que permiten el máximo crecimiento de la planta, compatible con un desarrollo normal.3. Luz. Es tan necesaria como el calor para la vida de las plantas, por la influencia que tiene sobre el crecimiento y la nutrición. Lo mismo que para las temperaturas, pero poco definido, cada planta tiene su óptimo de iluminación y sus límites de luminosidad y oscuridad irrebasables. Ocurre a veces que las plantas permanecen estériles o llegan a sucumbir cuando se las transporta a un lugar de distinta luminosidad. Sin embargo, es corriente que tengan a este respecto un poder de adaptación bastante grande. La luz actúa sobre la vegetación con su intensidad y con la duración de la iluminación. Esta última varía de una manera notable a lo largo del año, pudiendo pasar de 100.000 lux en días soleados de verano a menos de 3.000 lux en épocas nubladas de invierno. Para algunas especies ornamentales cultivadas en invernadero, se ha precisado de una manera exacta el óptimo de iluminación, logrando así producirlas en condiciones ideales. Una iluminación superior a un determinado límite puede ocasionar perjuicios a la planta, tales como clorosis (decoloración de las partes verdes). Otras veces es interesante que la intensidad de la iluminación sea diferente para cada parte de la planta a fin de obtener un desarrollo más regular.En invernadero, la mayoría de las plantas deben ser protegidas de una excesiva iluminación desde abril a octubre. La disminución de la intensidad no es fácil de valorar, y puede variar desde el 20% al 65%. La sombra es indispensable para la mayoría de los cultivos de plantas ornamentales por sus hojas (Ficus, Monstera, Sansevieria), para evitar que disminuyan las dimensiones del limbo. Bastantes especies de hoja coloreada prefieren la media sombra y pueden morir a pleno sol (Nidularium, Aechmaea, Abutilon). Gran número de plantas precisan ser protegidas durante el verano por medio de umbráculos, hechos de cañizo o de brezo. Hay muchas plantas que necesitan en invierno una iluminación supletoria, que ha de procurárseles artificialmente por medio de una irradiación; se lleva a cabo con unas potentes lámparas, que actúan durante cinco o seis horas diarias y sustituyen así, aunque incompletamente, a la luz solar. Esta irradiación es corriente en los países nórdicos.La formación de yemas florales viene determinada por la duración del día, es decir, por lo que se llama fotoperiodismo (v.). Esto da lugar a que se clasifiquen las plantas en dos grupos: plantas de día largo y de día corto. Las primeras necesitan, durante la formación de las yemas florales, que el día tenga una duración superior a las 14 h., mientras que las de día corto precisan como máximo 12 h. durante el mismo periodo. Aunque la mayor influencia del fotoperiodismo se acusa en la formación de las yemas florales, también puede producir otros efectos, como, p. ej., variar la formación de los órganos de reserva y alargar o acortar la longitud de los tallos; incluso puede tener gran influencia en la formación de los distintos colores de las hojas, sobre todo en las plantas de gran valor ornamental por las tonalidades de su follaje, como ocurre en la diferente formación de los pigmentos antociánicos de las hojas de los Codiaeum.4. Humedad. La influencia que este factor tiene en el cultivo de las plantas es también de importancia suma. Sabido es que el agua interviene en la vida de las plantas como alimento necesario y como vehículo de las sustancias nutritivas solubles. Las exigencias respecto al agua son muy variables: unas plantas solamente viven en terrenos francamente húmedos, otras se conforman con los simplemente frescos; las especies exigentes en humedad se denominan higrófilas; por el contrario, hay plantas que soportan la sequía con más o menos facilidad e incluso aparentan necesitarla, y a las que se da el calificativo de xerófilas.El grado higrométrico del aire es una circunstancia que a menudo se olvida en los cultivos de estufa, donde el empleo de aparatos de control está poco extendido. Sin embargo, en el interior de las estufas, la cantidad de vapor de agua contenido en el aire influye apreciablemente en el desarrollo de la vegetación. En atmósfera seca, la transpiración aumenta en grandes proporciones, las plantas se marchitan muy rápidamente y algunas de ellas forman hojas de limbo grueso y de peciolo más corto. Por otra parte, las exigencias de cada planta no son fáciles de precisar, aunque puede decirse que los vegetales muy jóvenes se desarrollan mejor en ambientes muy húmedos. En general, las plantas necesitan más humedad en época de crecimiento, y mucha menos durante el periodo de reposo. La mayoría de las especies decorativas que prefieren la sombra se acomodan mejor en ambiente húmedo (Dief fenbachia, Ficus, helechos). Durante el verano, los cultivos que exigen una atmósfera bastante húmeda se establecen bajo cubierta, que reduce a la vez luz y temperatura y que aumenta ligeramente el porcentaje de vapor de agua en el aire. El grado higrométrico depende en gran parte del estado del suelo; en estufa caliente y construida sobre terreno poroso, los riegos deben ser mucho más frecuentes que si el suelo fuera arcilloso más o menos impermeable.La temperatura del agua de riego es otro factor a considerar; en pleno verano, se debe pulverizar las plantas con agua fresca, pero no muy fría, porque en este caso se puede detener momentáneamente la transpiración de los tejidos y dar lugar a manchas en las hojas. En invierno, las plantas de epidermis frágil se deterioran fácilmente si se emplea agua demasiado fría o procedente de la fusión de nieve. Los riegos no deben realizarse a la caída de la tarde, pues provocarían un descenso de temperatura y la condensación de agua sobre las hojas, facilitando entonces la alteración de los tejidos. Por la misma razón, no son convenientes las pulverizaciones repetidas en tiempo brumoso, o hechas a primera hora de la mañana.5. Viento. Su acción se hace notar sensiblemente en la floricultura. El viento fuerte activa la transpiración y la evaporación hasta el punto de llegar a marchitar las plantas. Los vientos frecuentes y violentos pueden ser causa de serios accidentes, como rotura de tallos y f. Es indispensable crear una protección, poniendo obstáculos diversos, que rebajen la velocidad de los vientos. Estas barreras corta-vientos deben situarse bastante alejadas de los cultivos para que ni en su sombra ni sus raíces mantengan competencia con las plantas cultivadas. En todo caso, la separación ha de ser tal que impida que las pudriciones que puedan aparecer en las raíces de la barrera contagien a los cultivos. También se pueden utilizar con la misma finalidad plantas secas; p. ej., tallos de brezo, cañas, hojas de palmera, etc.6. Suelo. Tiene gran importancia en floricultura, hasta el punto de poder ser limitativo para algunos cultivos, ya que las plantas crecen naturalmente en un suelo que les es adecuado. Es un hecho positivo y comprobado la tendencia, cuando no exclusivismo, que tienen muchas plantas a desarrollarse en terrenos silíceos, mientras que otras manifiestan preferencia por los suelos calizos. La distinción, que desde luego puede hacerse, entre plantas silicícolas y calcícolas no puede mantenerse rigurosamente, ya que las mencionadas preferencias dependen también mucho de las condiciones climatológicas. No obstante, el suelo se corrige fácilmente, pues basta conocer las necesidades de los vegetales para poder satisfacerlas mediante la adición de los elementos necesarios; por tanto, la composición del suelo es, muchas veces, secundaria, al ser fácilmente modificable, sobre todo en cultivos de invernadero. Pero cualquiera que sea el suelo, no cabe duda de la repercusión que sus condiciones físicas y químicas tienen en la vida de las plantas. Las propiedades físicas regulan la humedad, la ventilación, la capilaridad, la capacidad calorífica y la radiación del suelo; las condiciones químicas afectan a la acidez o basicidad, la naturaleza de los cuerpos absorbidos, la concentración de los líquidos asimilados, etc. Por otra parte, hay que fijarse también en el aspecto biológico del suelo, ya que en él tienen lugar una serie de fenómenos de gran influencia en el desarrollo de las plantas: hay una serie de microorganismos, bacterias y hongos, que representan un papel fundamental en todas las funciones elementales. La forma más sencilla de aumentar la actividad biológica es la adición de estiércol, que proporciona los microorganismos vivos necesarios.7. Fertilización. Es la adición de los elementos que necesitan las plantas para su normal desarrollo, agregados en forma de abono. Los abonos son orgánicos e inorgánicos; los primeros están formados por restos de materia orgánica, y tienen como misión principal liberar el nitrógeno que contienen y mantener la vegetación durante un periodo más largo; se utiliza, con preferencia, el estiércol. Los inorgánicos son compuestos sintéticos, preparados químicamente, o sales naturales que contienen los elementos necesarios; estos abonos son nitrogenados, fosfatados, potásicos y cálcicos, atendiendo a los elementos fundamentales. En los cultivos especiales sin tierra (hidropónicos), las plantas se desarrollan directamente sobre soluciones nutritivas que contienen todos los elementos necesarios para su crecimiento. La falta de uno de estos elementos se acusa por la aparición de ciertos síntomas que, en general, se pueden observar a simple vista, como ocurre con determinadas clorosis.8. Multiplicación. Es uno de los aspectos más relevantes de la floricultura. Es necesario tener gran cuidado a la hora de seleccionar plantas y técnicas adecuadas. Por otra parte, la duración de un cultivo depende del- procedimiento y de la época de multiplicación, y existe un marcado y claro interés en acortar esa duración. Es _ muy corriente la reproducción por semilla, utilizada para prácticamente todas las plantas anuales y bianuales o tratadas como tales (algunas vivaces, leñosas y bulbosas). La conservación de las semillas a baja temperatura, en atmósfera seca, permite mantener durante mucho tiempo su potencia germinativa. Una vez hecha la siembra, conviene mantener la tierra moderadamente húmeda. En los invernaderos es aconsejable regar las plantas con agua tibia. La mayor parte de las plantas nacidas de semilla deben repicarse (v. TRASPLANTES); de esta forma, se proporciona a las plantas el espacio necesario y se favorece la proliferación de gran número de raíces secundarias que facilitarán a su vez el arraigo de la planta.La multiplicación vegetativa es muy utilizada en floricultura; se emplean fragmentos de diversas partes de la planta, y así los diversos cultivara; se pueden reproducir en gran número y con persistencia de los caracteres deseados se suele seleccionar cuidadosamente un pequeño número de plantas, las llamadas plantas-madre, que se someten a una observación muy atenta, eliminando de forma rigurosa todos los individuos que presenten virosis, enfermedades criptogámicas o que no respondan exactamente al tipo primitivo. Para algunas plantas, las vivaces sobre todo, es corriente la multiplicación por división de mata, que consiste en separar una parte que tenga por lo menos una yema bien formada y algunas raíces; si es de hoja persistente, también ha de llevar alguna hoja. Determinadas plantas forman proliferaciones de diverso origen, que reproducen fielmente la planta original; tales son hijuelos, rizomas, bulbos y bulbillos. También se utiliza la multiplicación por acodo (tallos enraizantes) o por esquejes. El injerto (v., parte de una planta, con varias yemas, que se adhiere a la planta patrón) se suele utilizar para multiplicar especies raras, difíciles de esquejar, o para asegurar una mayor vitalidad; pueden realizarse de muy diversas formas.9. Tratamientos. Su interés en floricultura es grande, ya que al forzar las condiciones para aumentar el crecimiento de las plantas se facilita igualmente la aparición de enfermedades (v. FITOPATOLOGÍA). De una manera general, y salvo algunas fórmulas fáciles de preparar, se deben emplear productos del comercio y aplicar las dosis que se indican; al utilizarlas, hay que hacerlo con precaución para evitar quemaduras y formación de manchas. Bajo abrigo cubierto, los tratamientos de primavera y verano deben realizarse, en general, al final de la tarde para evitar la acción de una luminosidad demasiado fuerte y una temperatura elevada que, al actuar sobre los productos, podrían ocasionar graves daños a las plantas. Deben tomarse asimismo precauciones para evitar accidentes, que son frecuentemente graves. Es indispensable disponer siempre de una reserva de este tipo de productos, para poder aplicarlos en cualquier momento.10. Comercialización (v. III). Los cultivos florales comúnmente están comercializados, a veces en gran escala tomando un carácter industrial. Este tipo de comercio está sujeto a muchas contingencias, sobre todo cuando se trata de cultivos al aire libre, debido a la gran influencia que sobre ellos ejercen las variaciones de las condiciones climatológicas. Los cultivos a cubierto son mucho más seguros, al poder regular el medio ambiente y proporcionar la protección necesaria. El gran auge que está adquiriendo en el mundo moderno el consumo de plantas ornamentales y el número cada vez mayor de especies empleadas y de variedades obtenidas hace cada vez más necesario que la floricultura esté a cargo de personal muy especializado. Para que la rentabilidad sea un hecho, se precisa un profundo conocimiento de los vegetales y de las técnicas de cultivo, y obtener plantas de gran calidad en un plazo de tiempo mínimo. Y, naturalmente, es necesario también una buena organización comercial, técnica y administrativa.Los cultivos florales más extendidos son distintos en cada región. Aun dentro de esa diversidad, los más comunes son: rosas (v.), cuya producción cubre casi todo el año; claveles, crisantemos, típicos del otoño; orquídeas, camelias, azaleas, rododendros, hortensias, mimosas, etc., y una larguísima serie de plantas bulbosas, que suelen ser de floración muy llamativa, pero poco duradera, y en la que figuran algunas tan conocidas como los jacintos, narcisos, tulipanes, lirios, crocus, anémonas y azucenas.V. t.: JARDINES Y JARDINERÍA II; FITOPATOLOGÍA.A. LÓPEZ LILLO.
BIBL.: Encyclopédie horticole, Le Bon Jardinier, 152 ed. París 1964; M. COTANCEAu, Encyclopédie des Jardins, París 1957; A. L. LILLO y A. RAMOS, Valoración del paisaje natural: las plantas ornamentales, Madrid 1969; BOSSARD, Cultures florales, París 1960; G. SORNAS, Floricultura, Barcelona 1960; G. KROMDIJK, Plantas de interior, Barcelona 1968; 1. M. DE SORDA, jardinería y decoración vegetal, Madrid 1969; A. LEROY, Art floral et Fleuristerie, París 1965; S. BENSA, Floricultura industriale, Bolonia 1966; T. H. EYERETT, Manual para el cultivo de flores, Buenos Aires 1969.
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