Flavia, Dinastía HIST.
Categoria:
Historia
Emperadores romanos que reinaron del 69 al 96. De origen modesto, constituyen la más clara representación de la burguesía italiana encumbrada al poder gracias a la política de la dinastía Julio-Claudia (v.).T. Flavio Vespasiano (v.; 69-79). A la muerte de Nerón (v.), mandaba el ejército de operaciones en Judea. Aunque aceptó a Galba (v.) y Otón, se proclamó Emperador en Alejandría frente a Vitelio (1 jul. 69). Apoyado por los ejércitos del Danubio y el Rin, permaneció en Egipto; Antonio Primo atacaba Italia, mientras su hermano Flavio Sabino, prefecto de Roma, y su hijo Flavio Domiciano intentaban una sublevación, fracasada, en Roma. En Egipto, varios prodigios le mostraron como escogido de los dioses para la salvación del pueblo romano. Al mismo tiempo, suspendió los envíos de trigo a Roma para cortar la resistencia de Vitelio. El Senado le reconoció como Emperador el 22 dic. 69; Antonio Primo había ocupado Roma el día anterior.Adoptó, en apariencia, como modelo de gobierno a Augusto. Dado su origen, protegió la religión tradicional y adoptó una postura moralista. Su política económica fue sobria en extremo. No vaciló en suprimir gastos y en utilizar toda posible fuente de ingresos. Reconocido Emperador por el Senado, asoció al poder como césares y sucesores a sus hijos Tito y Domiciano. Prefiriendo al primero como sucesor, procuró que destacara en la vida pública y mantuvo al segundo en posición secundaria. Al mismo tiempo, procuró que ningún particular pudiera alcanzar una posición más destacada que Tito. En el 71 concedió el derecho latino a todas las ciudades de España, facilitando así la concesión de la ciudadanía romana. Con ello se propuso favorecer a las clientelas de sus amigos, camaradas y secuaces, los miembros del Senado de origen español y, al mismo tiempo, ampliar la política fiscal, uniendo a los viejos ingresos procedentes de las ciudades estipendiarias o federadas otros nuevos de los recién nombrados ciudadanos romanos.El nombramiento de Tito como censor (73-74), le permitió proceder a una renovación del Senado. Facilitó la carrera de sus partidarios e incluyó en el mismo a los que no habían ingresado en él. Estas medidas beneficiaron a los senadores de origen español, galo y de Italia en perjuicio de la aristocracia romana. La dinastía representaría principalmente los intereses de la nueva aristocracia itálica surgida de las filas de la burocracia augustea. Pese a la oposición del Senado, que se resignaba a una monarquía electiva, pero no aceptaba la hereditaria, el principio dinástico era incontrovertible en cuanto contaba con el firme apoyo del ejército y la mayor parte de la población del Imperio. La vinculación de Vespasiano a la política de Nerón, al igual que muchos de sus partidarios, excluyó la repetición de represalias como las intentadas bajo Galba. Aunque militar, el Emperador no carecía de experiencia administrativa y por ello no sólo era grato al ejército sino a la burocracia, que se veía representada en el poder por uno de los suyos. Preocupación especial de Vespasiano fue precisar y delimitar las respectivas esferas de competencia entre Emperador y Senado (Lex de Imperio). Con ello, una serie de medidas que desde Augusto tenían oficialmente carácter excepcional pasaron a ser constitucionales.La política militar en Oriente fue dejada en manos de Tito. Vespasiano se centró en la actividad administrativa en Occidente. La política seguida, frente al popularismo de Nerón, fue eminentemente conservadora. Favoreció al orden ecuestre y, aunque con prudencia, no dejó de provocar las iras de los senadores. Sus obras suntuarias se limitaron a lo indispensable. Coliseo, o anfiteatro Flavio y templo de la Paz tuvieron indudable carácter propagandístico. La intervención estatal se extendió a los grupos intelectuales: bien reprimiéndolos, caso de los filósofos, bien comprometiéndolos, al vincularlos a la administración.Vespasiano, militar, no fue un monarca belicista. Procedía de una escuela militar, la de Domicio Corbulón, que se había caracterizado por sus propósitos de intervencionismo en la política oriental, problemas sucesorios de Armenia y Partia pero, aparte la ocupación de la actual Georgia, la actividad militar de Vespasiano en Oriente, excluida la rebelión judía, fue mínima. Pese su vinculación a Egipto, donde había surgido la mística que le mostraba como enviado de los dioses para salvar al Imperio, sus manifestaciones en favor de aquel territorio fueron lo suficientemente discretas como para que no se reprodujera el temor con que el Senado contemplaba cualquier manifestación de preferencia por Oriente.Tito (79-81). Si alguna oposición existía en el Senado al reconocimiento de Tito como Emperador ésta no llegó a manifestarse. Aparte de tomar los títulos de Imperator y Augustus, Tito siguió con sus consulados, tribunicias potestades y aclamaciones imperatorias desde el momento de su proclamación como César. Oficialmente, Tito y Domiciano se hallaban asociados al poder, pero no se trataba ni de una diarquía ni de un gobierno colegiado. La matización de poderes era suficiente para señalar la inferioridad de Domiciano, cuyo desacuerdo en lo político con su hermano era bien conocido. El gobierno de Tito fue demasiado breve para poder mostrar una clara dirección política. El apelativo "delicia del género humano", aplicado por Tácito, quizá se explique más por esta brevedad del reinado que por un plan de acción establecido. La oposición senatorial, evidente en los últimos años de Vespasiano, se apaciguó ante el ánimo conciliador del príncipe y una política económica más generosa, factible gracias a las economías de Vespasiano, que proporcionaron cierta popularidad. No debe olvidarse que la historiografía senatorial se recrea en presentar el breve reinado de Tito con rosados colores, como contrapunto al de Domiciano.Domiciano (v.; 81-96). Su reinado fue un continuo enfrentamiento con la oposición del Senado. Ésta no procedía de la aristocracia sino de los funcionarios que con-’ sideraban su carrera interrumpida por envidias. En parte, esta posición podía ser cierta, pues había sido claro propósito de Vespasiano que nadie en el Imperio pudiera brillar más que Tito. El propio Domiciano, relegado a una posición secundaria, había sido víctima de esta política. Magnífico administrador y hombre de gran probidad en la vida pública, ha pasado a la Historia, gracias a esta oposición, como un nuevo Nerón. Las irregularidades de su vida privada se han presentado como su única actividad. Incluso el aumento del estipendio de los soldados, que aún se mantenía en el nivel que estableciera César, ha sido presentado como una medida populachera y no como un reajuste a las nuevas circunstancias económicas. Acumuló cargos, fue cónsul 17 veces, e inventó otros cargos, como censor perpetuo. Protegió a los senadores provinciales, especialmente a los que determinarían más tarde la política de Trajano (v.), y contó con notables apoyos en el ambiente militar y en la administración, cuya eficiencia perfeccionó. Se multiplicaron en su reinado los intentos de conspiración, las conjuras, en las que participaron incluso miembros de su familia, y una usurpación promovida por el legado de Germania, Antonio Saturnino. Durante su reinado, se consolidó la conquista de Germania, el frente del Rin y el Danubio. Se le acusó de una paz ignominiosa con los dacios, pero la crítica moderna ve en ello una actitud prudente.Fue querido por el ejército y el pueblo de Roma. En la conjura que le costó la vida participaron miembros de la corte y los tribunos de los pretorianos, pero no éstos. Bajo Nerva (v.) un motín de pretorianos exigiría, y conseguiría, el castigo de los asesinos. Si en algo falló no fue en sus propósitos y deseos sino en la manera de ejecutarlos. Las persecuciones de senadores, que tanto recuerda la historiografía opuesta a Domiciano, no tuvieron reflejo alguno en las provincias ni en la marcha general del Imperio. En este sentido, su reinado fue una etapa de prosperidad. No es cierto que hubiera crisis económica y de paz. La prueba de su grandeza se halla en los hombres que le sirvieron con fidelidad y constancia.ALBERTO BALIL.
BIBL.: A. PIGANIOL, Histoire de Rome, 5 ed. París 1962; M. A. LEVi, L’Impero Romano, I, Milán 1967; R. SYME, Tacitus, MI, Oxford 1957; G. M. BERSANETTI, Vespasiano, Roma 1941; M. FORTINA, Limperatore Tito, Turín 1955; P. E. ARIAS, Domiziano, Catania 1945; A. GARZETT, LImpero da Tiberio agli Antonini, Bolonia 1960.
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