Flandes (vlaanderen), II. Historia. HIST.
Categoria:
Historia
Región situada entre Francia, Bélgica y Holanda, debió tener una población primitiva importante, cuyos restos megalíticos se sitúan en el valle del Somme, añadiéndose a ellos los restos palafíticos de la zona de Dounai.Cuando César alcanzó estas regiones, la población vivía en la Edad del Hierro y está atestiguada la existencia de algunas villas romanas: Gesoriacum, Tervenna, Nemetoquenna y Samarobriva, que se identifican con las actuales Boulogne, Therouanne, Arrás y Amiens. Así, todo el futuro F. y el Artois (v.) están comprendidos en el Belgium de César que, a partir del s. i, se llama ya Bélgica. En este tiempo, la población celta estaba representada por los morines (Boulogne), los menapios (Hainaut) y los nervios y atrebatos (región de Arrás). De la resistencia celta no se ha conservado más que el nombre de un caudillo, el atrebato Comm, aliado primero y enemigo después de César (v.). En el 30 a. C. Carrino incorporó definitivamente el país a Roma, adquiriendo Boulogne importancia como terminal de la Via Sollemnis que conducía a Italia por Amiens y Lyon. Al ser dividida Galia, en el s. III, en dos diócesis, todo el territorio del norte, y, por tanto, F., perteneció a la Bélgica Secunda, con Reims como capital. En el s. v se establecieron los francos (v.) en todo el territorio y los sajones en una parte del litoral de Boulogne.La época medieval. La dominación merovingia (v.) ofrece el interés de la cristianización del país, hacia el s. vi, siendo el primer obispo S. Vaast, en Arrás. Esta sede episcopal pasó después a Cambrai y se creó una nueva en Tourenne, al tiempo que se experimentaba un gran florecimiento abacial, cuyas muestras más importantes fueron la abadía de S. Vaast en Arrás y la de S. Bertin en Saint-Omer. A mediados del s. VIII, la administración carolingia, al dividir el país en Pagus, separaba F. de Artois.Con la disolución del Imperio carolingio, F. se adentra en una época feudal que comprende desde el s. IX hasta el XIII. Los comienzos de esta etapa coinciden con las invasiones normandas. La ausencia de un poder efectivo permite a Balduino II (879-918), nieto del monarca francés Carlos II el Calvo, erigirse en primer conde de F. (883), no sin oposición de otros feudales y del propio Eudes, rey carolingio. Su hegemonía termina pronto. En la sucesión de dominios feudales, destacan verdaderos hombres de Estado, como Arnoldo I de F., en la segunda mitad del s. X, y la serie de Balduinos que, entre 1000 y 1119, amplían el condado con los territorios de Therouanne y Saint-Omer. Todo el país vive de la lana y ello empuja al poder a verdaderas "dinastías burguesas", que entorpecen, con sus "ciudades libres", el poder de los condes feudales. Los s. XII y XIII, junto al ascenso de la burguesía, presentan una singular cultura, con notables poetas (Gauthier D’Arras, creador del teatro cómico) o prosistas (Jacquemars Gielée y Alain de Lille).En 1214, la batalla de Douvines pone fin a una larga lucha entre la política anexionista del rey de Francia y las ambiciones de los condes flamencos, sin que todavía pueda hablarse de anexión. Ésta parece próxima a finales del s. xiii, cuando la crisis económica que enfrentaba a los burgueses financieros y la "Comuna" de trabajadores permite a Felipe II el Hermoso de Francia (v.) intervenir, llamado por los burgueses; pero, ante la idea anexionista del rey, el país se lanza a una guerra socio-nacionalista que, en la batalla de las Espuelas de Oro (1302), consigue, al mismo tiempo, derrotar al flamante ejército francés y al patriciado burgués. Sin embargo, a la larga, se impone el rey de Francia y, en 1320, Felipe el Hermoso firmaba una paz que presagiaba la anexión; mas las ilusiones francesas se desvanecen pronto, cuando el condado de F. se ve involucrado en la guerra de los Cien Años (v.). Efectivamente, al interés estratégico que su posesión tenía para franceses e ingleses, se une el problema de la lana, vital para la industria textil de F., que Inglaterra venía proporcionando y que Francia quiere reemplazar recurriendo a la lana merina castellana. En ciertos momentos pareció que Francia se anexionaría F., especialmente cuando el hermano de Carlos V de Francia, Felipe el Atrevido, que ya era duque de Borgoña (v.) desde 1353, casó con María, heredera de F., en 1384. Desde entonces, F. quedó unido a Borgoña. Sin embargo, contra toda esperanza, fueron precisamente los intereses de F. los que arrastraron a Borgoña a la alianza con Inglaterra. Y, después, la hábil política de Felipe el Bueno de Borgoña, árbitro entre franceses e ingleses, le permitió firmar con Francia la paz de Arrás (1435), que alejaba el peligro anexionista.El Flandes español. Integrado en los dominios de Carlos el Temerario (v.), F. pasó a su hija María, casada con Maximiliano de Austria; al hijo de éstos, Felipe I el Hermoso de Castilla; y, por fin, a Carlos 1 (v.), rey de España y Emperador alemán, el cual logró que el monarca francés renunciara (tratado de Madrid, 1526) a sus posibles derechos sobre F. En el reparto del Imperio de Carlos, F., con los Países Bajos (v.), quedó incorporado a la corona española y se convirtió en punto clave de la política europea de Felipe 11 (v.). Tras la paz de Cateau-Cambrésis (1559; v.) comienza la lucha nacionalista por la independencia frente al dominio español, matizada con un conflicto religioso entre el protestantismo del norte y el catolicismo del sur. El proceso completo abarca cinco fases: el gobierno de Margarita de Parma, la época de los gobernadores, el gobierno de Isabel Clara Eugenia y del archiduque Alberto, la tregua de los Doce Años y la guerra contra Felipe IV.El partido nacionalista, que al principio agrupaba a protestantes como Guillermo de Orange y católicos como los Condes de Egmont y Horn, provocó los suficientes conflictos a Margarita como para que Felipe II enviara como pacificador al duque de Alba. Su actuación, excesivamente dura, abre la segunda época, en la que desfilaron gobernadores de la talla de Alejandro Farnesio, D. Juan de Austria (v.) o Luis de Requeséns. En 1579, por el tratado de Mons, las provincias del norte se hacían independientes, mientras las del sur quedaban bajo un Gobierno español. Al morir Felipe 11, las provincias del sur recibieron el régimen de autonomía con los archiduques Alberto e Isabel. La muerte de Isabel, en 1633, abría de nuevo el periodo de guerras en las que Richelieu (v.) y Felipe IV (v.) se disputaron el territorio. En 1659, por la paz de los Pirineos (V.), una parte del país (Artois) pasó a los franceses, quienes incrementaron sus dominios en sucesivas etapas: tratado de Aix-la-Chapelle (1688), Nimega (1678) y Ryswick (1697), hasta englobar casi todo el F. histórico, donde la anexión francesa no provocó ningún entusiasmo.Desde 1661 a 1789, la historia de los Estados Generales de F. es la de la defensa de los últimos privilegios provinciales contra el centralismo absorbente de Francia, en torno al problema de los impuestos. Una nueva guerra, la de Sucesión española (v.), que arrastra al conflicto a casi toda Europa, permite la invasión de F. por los holandeses; pero el tratado de Utrecht (1713; v.) fija definitivamente las fronteras del F. francés (perdiendo Tournai, Furnes e Yprés). Una pequeña porción del F. histórico (entre el Escalda al E, el mar del Norte al O, las Provincias Unidas de Holanda al N, y una frontera irregular al S que se extiende desde el N de Dunkerque hasta Roubaix, al SE) quedaba fuera de Francia, englobada en las posesiones españolas de los Países Bajos que fueron transferidos a Austria en el tratado de Utrecht. Posteriormente (1830), al surgir la nación belga (v. BÉLGICA Iv), esta fracción formó parte de su territorio, creando graves problemas su dualidad cultural y lingüística (V. BÉLGICA VI; FLAMENCA, LENGUA Y LITERATURA).El Flandes francés. Dividido en F. marítimo (al NO) y valón (al SE), los largos periodos de guerra empobrecieron el país tanto demográfica (un tercio de su población perdida) como económicamente.Con el advenimiento de Napoleón, un nuevo resurgimiento económico se experimenta en todo el país. Tal auge soporta mal las guerras imperiales, y la subida al trono de Luis XVIII es clamorosamente recibida. Favorecida por la monarquía burguesa de Luis Felipe, la industria se diversifica. Con el progreso industrial, aumentan los problemas sociales y, en 1848, el clima es francamente revolucionario, dirigido por Lamartine y Odilon Barrot; pero la revolución aporta desilusiones económicas y nuevos desórdenes. El Segundo Imperio es recibido sin entusiasmo, aunque sin oposición. Con él, se experimenta un nuevo desarrollo económico, basado en el carbón (1885) y las nuevas hilaturas en Fourmies, que sufre un corto colapso en 1870, con la invasión prusiana del sur del país. La guerra de 1914 trae, de nuevo, la devastación y la ocupación alemana; en 1917 los ingleses desencadenan la ofensiva de F. en Arrás y, por fin, en 1918, F. es liberado e inicia, inmediatamente, su recuperación industrial, favorecida por una fuerte inmigración extranjera, particularmente polaca. La II Guerra mundial vuelve a azotar F. (invasión alemana, retirada de Dunkerque, desembarco aliado). En la actualidad, el país se ha repuesto de su destrucción, aunque sigue enfrentándose a dos grandes problemas: el abandono del campo y la falta de mano de obra para la industria hullera.V. t.: GANTE; BRUJAS.C. ALVAREZ SANTALÓ.
BIBL.: J. LESTOCQUOY, Histoire de la Flandre et de l’Artois, París 1966; K. LETTENHOVEN, Histoire de Flandre, Brujas 1853-54; G. DOUNIENC, Le Mémorial de la terre de France, Flandre et Artois, Grenoble 1943; M. BRAURE, Lille et la Flandre wallone au XVIII siécle, Lille 1932.
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