Filología, III. Lenguas Románicas.
Categoria:
Cultura
Desarrollo de los estudios filológicos en la Romania. Nacen como un aspecto secundario, práctico y muy necesario, de la lingüística comparada (V. LINGÜÍSTICA ). Los comparatistas románticos precisaban, para un estudio serio de la lingüística románica, textos críticos que reflejaran lo más fielmente posible los distintos estados de lengua desde su formación hasta la aparición de organismos o Academias a través de los cuales los eruditos depuraran y fijasen la lengua en cuestión. Se ha pretendido remontar el origen de la f. románica, así como de la romanística en general, a Dante. La exageración es evidente. Ni en la Edad Media, ni en el Renacimiento, al menos para las lenguas modernas, existió una conciencia filológica. Sin embargo, se elaboraron buenos diccionarios, léxicos, gramáticas; se ensayaron etimologías, se editaron textos más o menos antiguos, pero sin metodología de ninguna clase. Muchos de estos materiales son pura arqueología o bien sirven como muestra de la inquietud del hombre por un mejor conocimiento de sí mismo y de su propio pasado. La f. románica despertó tímidamente en el s. xviii y alcanzó auténtico relieve en la primera mitad del s. xlx. Al estudioso francés Francois Raynouard (1761-1836) cupo la gloria de ser el primer filólogo románico con su colección Choix des poésies originales des Troubadours (1816-21). Pero a su autor le faltaron técnica, escuela y método. Quedará como un monumento señero su Lexique roman ou dictionnaire de la langue des Troubadours (1838-44).Por haber empleado, en prodigiosa síntesis, los métodos comparativo e histórico, la crítica más seria considera a Friedrich Diez (1794-1876) como el verdadero creador de la lingüística y f. románicas. Su primera obra monumental fue Grammatik der romanischen Sprachen (1836-42), cuyo tercer volumen, dedicado a la sintaxis, sigue vigente en la actualidad. Completó su obra con un Etyrnologisches W6rterbuch der romanischen Sprachen (1854). El estudioso alemán armonizó y superó los métodos empleados por Franz Bopp (1791-1867), Jakob Grimm (v. GRIMM, HERMANOS) y otros comparatistas. Los estudiosos alemanes supieron aprovechar el descubrimiento del parentesco del sánscrito con las lenguas europeas para crear a través de sus distintas Universidades (Bonn, Berlín, posteriormente Leipzig) numerosas ramas lingüísticas y contar con un equipo de investigadores que fue capaz de renovar totalmente los estudios en torno al lenguaje (v. 1, 2).La importancia concedida en Centroeuropa a los estudios románicos, obligó a los países latinos a acortar distancias. Francia, siguiendo la tradición de F. Raynouard comenzó a través de una pléyade de filólogos a editar su literatura medieval, especialmente cantares de gesta y roman courtois. Paulin Paris, (1806-81), padre del maestro de la f. francesa, Gaston Paris; Francisque Michel (1809-87), Claude Fauriel (1772-1844), Adrien Le Roux de Lincy (1806-69), Edelestand Duméril (1801-71), Léon Gautier (1832-97) y Francois Guessard (1814-82), entre otros, fueron los pioneros de una escuela filológica y lingüística de excepcional categoría. Es verdad que muchos de los estudios y ediciones textuales de los filólogos mencionados hoy se han superado, pero no es menos cierto que en numerosas ocasiones debemos recurrir a ellos para la lectura de obras que nadie ha vuelto a editar con criterios más científicos y modernos. En numerosas ocasiones trataron de reconstruir originales perdidos; fueron capaces de poner orden en el abundante acopio de manuscritos conservados y llamaron la atención sobre la riqueza excepcional de la literatura de la Edad Media. Ellos dieron lugar a que numerosos investigadores alemanes, belgas, escandinavos, italianos e ingleses, se fijaran en la Francia medieval como centro de la cultura europea de los tiempos medios.Mientras Francia se dedicaba a desenterrar su pasado literario, Italia vio nacer a un lingüista original y de excepcional importancia. Graziadio Isaia Ascoli (1829-1907) es por muchos conceptos uno de los más grandes romanistas del s. XIX. Sentó las bases de la Dialectología (v.) y se enfrentó a los neogramáticos alemanes con una visión de numerosos problemas lingüísticos mucho más humana y no por ello menos científica. Creó una revista importantísima para la f. románica, el "Archivio glottologico italiano", aparecido en 1873 y dirigido posteriormente por Matteo Bartoli (1873-1946) y Benvenuto Terracini. Dos obras de excepcional interés fueron Saggi ladini (1873) y L’Italia dialettale (1882-85).Francia pasó a ser uno de los centros más importantes para la f. románica gracias a la labor titánica de Gaston Paris (1839-1903) y Paul Meyer (1840-1917). El primero, discípulo de F. Diez, reunió en su persona lo mejor de la ciencia filológica alemana con la tradición francesa. Fue maestro de muchísimos romanistas; sus libros y ediciones textuales se consideraron modelos en su época. En 1872, ambos investigadores crearon el mejor vehículo para potenciar los estudios filológicos en Francia, la rev. "Romania", y en 1875 apareció la "Société des Anciens textes franrgais", la colección filológica más lograda y ambiciosa del s. XIX. La labor crítica de Gaston Paris hizo surgir en torno a su persona toda una serie de investigadores especializados en numerosos campos. Él animó a sus discípulos, Jules Gilliéron (1854-1926) y Louis Gauchat (1866-1942), a estudiar las hablas de Francia y nació así la Geografía lingüística (v. LINGíiísTICA ti). Creó un "Bulletin de la Société de Linguistique" (B.S.L.), portavoz de los teóricos más renombrados de su tiempo y alma de todos los estudios lingüísticos franceses. En torno a su figura y prestigio se formaron filólogos y críticos tan renombrados como Auguste Longnon (18441911), Gaston Raynaud (1850-1911), Joseph Bédier (18641938), a su vez maestro de nuevas generaciones, el provenzalista Alfred Jeanroy (1859-1953), y contó con excelentes colaboradores, entre otros, el alemán Hermann Suchier (1848-1914). Esta gloriosa tradición vino a incrementarse con la aparición en 1910 de otra excelente colección, "Les classiques fran~ais du Moyen Age", dirigida por Mario Roques (1875-1961) y que acoge hoy a lo más granado de la f. francesa mundial.En el último tercio del s. XIX, Alemania vio nacer en la Univ. de Leipzig un movimiento lingüístico llamado a desempeñar un papel importantísimo en orden a la ciencia del lenguaje. La escuela neogramática contribuyó con el rigor de su método, pese a sus evidentes exageraciones, a potenciar los estudios filológicos. En el campo de la romanística, el suizo Wilhelm Meyer-Lübke (18611936) fue una verdadera autoridad. Su metodología, y rigor científico marcaron una época. La F. se vio enriquecida con dos obras de envergadura. La Grammatik der Romanischen Sprachen (1890-1902) y el Romanisches Etymologisches Wórterbuch (1930-35, 3 ed.). Contribuyeron también a un mejor conocimiento de las lenguas románicas, la Historische Grammatik der franzósischen Sprache (1966, 2 ed.) y en el dominio hispánico Das Katalanische (1925). Otros estudiosos alemanes en el campo de la f. románica fueron Gottfried Baist (1853-1920) y Gustav Gróber (1844-1919), fundador este último de la "Zeitschrift für romanische Philologie", que desde 1877 es el portavoz de los romanistas germanos. También fue el creador del famoso "Grundriss der romanischen Philologie" (1888-98), que tan buenos servicios prestó durante decenios.Dos nuevas escuelas, la idealista alemana (v. IDEALISNIO) y la neolingüista italiana, contribuyeron a abrir nuevos horizontes. La primera, dirigida por Karl Vossler (v.) sentó cátedra en el ámbito de la romanística; su método contó con infinidad de seguidores no sólo en Alemania sino en Italia, España e inclusive Francia. Su más audaz representante e innovador fue Leo Spitzer (1887-1960). El idealismo esteticista creó un nuevo concepto de la etimología, humanizó los estudios filológicos y dio una nueva visión de la crítica literaria (v.). Dentro de la escuela neolingüística, hemos de destacar a Giulio Bertoni (1878-1942), maestro indiscutido durante años y autor de un celebrado Programma di f ilologia romanza come scienza idealistica (1923).Los estudios filológicos en España. Para las teorías lingüísticas sobre el castellano, v. iv. España, aunque se incorporara tarde al quehacer filológico, inició esta clase de estudios en el s. xviil. La tradición lingüística del Siglo de Oro fue compendiada por Gregorio Mayáns (1699-1781) en los Orígenes de la lengua española (1737) y el primer filólogo fue Tomás A. Sánchez (1723-1802), editor de textos medievales y estudioso de las "voces arcaicas" del castellano. Su obra Colección de poesías castellanas anteriores al siglo XV (1779-90) cumplió una benemérita misión dada la escasez de ediciones y manuscritos de textos medievales. A mediados del s. XIX, Manuel Rivadeneyra (1805-72) creó la Biblioteca de Autores Españoles (BAE), empresa grandiosa para su época y que hoy rebasa el centenar de densos volúmenes. Los criterios filológicos empleados por los editores tienen todas las limitaciones que implica la carencia de un método, pero no podemos negar que, inclusive hoy, hemos de recurrir a dicha colección para la consulta de numerosas obras. La ingente labor de Rivadeneyra fue continuada por uno de los más grandes maestros españoles de la crítica decimonónica, Marcelino Menéndez Pelayo (v.). Fue el creador de la Nueva Biblioteca de Autores Españoles y forjó en torno a su persona toda una escuela a través de la cual entró en España el saber filológico lingüístico y literario centroeuropeo y francés. Su discípulo más famoso fue Ramón Menéndez Pidal (v.), auténtico filólogo, dotado de una especial capacidad para los estudios medievales. Tres obras cimeras deben ser tenidas en cuenta: Manual de Gramática histórica española (1952, 9 ed.), Orígenes del español (1956, 4 ed.) y el Cantar de Mio Cid. Texto, gramática y vocabulario (1908-11). En 1914 fundó la "Rev. de Filología Española" (R.F.E.) y a través de sus discípulos directos o indirectos, elevó el saber filológico y lingüístico a la misma altura que se encontraba en los demás países donde era tradicional. Su discípulo Amado Alonso (1896-1952) creó a su vez la escuela filológica y lingüística de Buenos Aires, cuyo portavoz desde 1939 hasta 1946 fue la "Rev. de Filología Hispánica" (R.F.H.), hoy "Nueva Rev. de Filología Hispánica" (1947). Figuras mundialmente reconocidas son Américo Castro (v.), Dámaso Alonso (v.) y el filólogo y lexicógrafo Julio Casares (1877-1965). Relacionadas con las enseñanzas de Menéndez Pidal hemos de considerar tres prestigiosas escuelas donde viven con todo vigor los estudios filológicos y lingüísticos; las Univ. de Madrid, Barcelona y Granada han alcanzado por el prestigio de sus figuras y la calidad de sus publicaciones, merecido renombre. La BAE ha sido sustituida por la colección Clásicos Castellanos, donde han ido apareciendo ediciones modélicas de textos literarios al cuidado de los más renombrados especialistas. Estudios de filología hispánica y ediciones filológicas aparecen regularmente en la sección correspondiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Para una visión de los estudios filológicos en España en la actualidad, v. 1, 3.La actividad filológica en el dominio hispano-luso. En el ámbito catalán y el gallego-portugués se dispone también de excelentes colecciones hechas con todo rigor científico. No podemos dejar de mencionar al estudioso Manuel Milá i Fontanals (v.), introductor en Cataluña de las inquietudes lingüísticas del s. XIX. A su profundo magisterio, directo o indirecto, se adscriben las figuras de Antoni M. Alcover (1862-1932), alma del Congrés de la Lengua Catalana (1906), Pompeu Fabra (1868-1948) y Ramon Miquel i Planas (1874-1950), quienes canalizaron las aspiraciones de los filólogos catalanes hacia las ediciones críticas de "Els nostres clásics". La tradición de A. M. Alcover la representa hoy su alumno Francesc de B. Moll (n. 1903); la dialectología cuenta con Antoni Griera (n. 1887) y Antoni M. Badia Margarit (n. 1920). La crítica literaria y la F. se aúnan en los excelentes estudios de Martín de Riquer (n. 1914), el mejor provenzalista español. Hay que mencionar también al padre de la f. portuguesa José Leite de Vasconcellos (1858-1941), quien ejerció un papel similar al desempeñado en España por Menéndez Pidal. Hemos de reconocer en las obras de Francisco A. Coelho (1847-1919) y Aniceto dos Reis Gon~alves Viana (1840-1914) una inquietud hacia las nuevas corrientes filológicas. Son los iniciadores y sin ellos y la colaboración de la figura señera de Carolina Michairlis (1851-1925), alemana de origen, no hubiera alcanzado la F. tan absorbente interés hasta el punto de imponerse una renovación total de los estudios. Contribuyeron a ello, José J. Nunes (1859-1932), el mencionado Leite de Vasconcellos y las nuevas generaciones nacidas al amparo del magisterio de Manuel de Paiva Boleo (n. 1905), creador de la renombrada escuela de Coimbra, o del más joven, Luis F. Lindley Cintra (n. 1925), representante hoy de la más segura tradición filológica.La f. hispana se ha extendido a muchos lugares. En América goza de merecida fama el núcleo formado en torno a la Univ. de Buenos Aires y cada vez adquiere mayor prestigio el Inst. Caro y Cuervo de Bogotá. Si hubiéramos de enraizar la tradición filológica hispanoamericana con las escuelas lingüísticas del s. XIX, deberíamos centrar la atención en dos figuras claves, la de los colombianos Miguel A. Caro (v.) y Rufino J. Cuervo (v.). Podríamos añadir la del alemán Rudolf Lenz (1863-1938), chileno de adopción, creador de muy sugestivas hipótesis sobre el español de América. El rigor científico se logra a través del mencionado A. Alonso y de sus más directos colaboradores, María Rosa Lida de Malkiel (1910-62), Raimundo Lida (n. 1908) y Ángel Rosenblat. En casi todos los países hispanoamericanos hay un núcleo de investigadores, lingüistas y a la vez filólogos, que han adoptado los métodos y técnicas modernos, y han vigorizado dichos estudios. El catálogo sería muy extenso. Citemos como muestra a los maestros Pedro Henríquez Ureña y Rodolfo Oroz (n. 1895) y a los más jóvenes, como Luis Flórez, Berta E. Vidal, Humberto Toscano y J. M. Rivas Sacconi.La filología románica en la actualidad. La f. románica, cada vez más, tiende a conectarse con otras disciplinas lingüísticas de rango teórico. Es difícil que se dé un filólogo puro. El concepto tradicional de F. se ha ampliado. La edición de textos requiere una preparación literaria, cultural, lingüística e histórica de primer orden y en numerosas ocasiones tienden a confundirse los términos f. y lingüística (v. i, 1). Los romanistas actuales suelen parecerse más a Hugo Schuchardt (1842-1927), aunque tiendan a afiliarse a cualquiera de las muchas escuelas lingüísticas que hoy pululan por doquier. Dentro de esta visión más humanizada de la F. podemos considerar en una selección a los maestros ya desaparecidos, Ernst R. Curtius (1886-1956), Pio Rajna (1841-1930), Maurice Wilmotte (1861-1942), Max L. Wagner (1880-1962), Edmond Faral (1882-1958) y sus continuadores, Paul Aebischer (n. 1897), Gerhard Rohlfs (n. 1892), Italo Siciliano (n. 1895), Pierre Le Gentil (n. 1906), Erich von Richtofen, Jules Horrent y Antonio Viscardi. La crítica textual ha encontrado un tremendo competidor y a la vez un valioso auxiliar en los programadores electrónicos. Si tuviéramos que decidirnos por algún romanista actual como cierre de esta breve exposición, citaríamos al suizo Walter ven Wartburg (1888-1971), considerado como uno de los más grandes filólogos y lingüistas, capaz de haber sintetizado en sus obras los estudios diacrónicos con los sincrónicos.Principales revistas de Filología. La f. románica dispone de excelentes revistas especializadas. Aparte de las mencionadas, citaremos por la calidad de sus firmas y el prestigio de que gozan, en el dominio alemán "Romanische Forschungen" (desde 1882), "Wórter und Sachen" (1909-40), "Volkstum und Kultur der Romancn" (192843) y "Romanistisches Jahrbuch" (desde 1948); en el francés, "Rev- des langues romanes" (desde 1870), "Les Lettres romanes" (desde 1946) y "Bulletin hispanique" (desde 1899); en el inglés, "The romanic Rev. (desde 1910), "Romance Philology" (desde 1947) e "Hispanic Rev." (desde 1933); en el italiano, "Filología Romanza" (desde 1954), "Archivum Romanicum" (1917-42) y "Studi Francesi" (desde 1947); finalmente, en el dominio hispano-luso, "Boletim de filología" (desde 1932), "Rev. portuguesa de Filología" (desde 1947), "Estudis Universitaris Catalans" (desde 1907), "Archivo de Filología aragonesa" (desde 1945), "Rev. valenciana de Filología" (desde 1951) y "Thesaurus" (desde 1945 en Bogotá).V. t.: I; IV.P. CORREA RODRÍGUEZ.
BIBL.: I. IORDAN, Lingüística románica, Madrid 1967; G. ROHLFS, Manual de Filología Hispánica, Bogotá 1957 E. AUERBACH, Introduction aux études de Philologie Romane,~Franefort del Main 1965; W. vox WARTBURG, Problemas y métodos de la lingüística, Madrid 1951; fi), La fragmentación lingüística de la Romania, Madrid 1952; W. MEYER-LÜBRE, Introducción a la lingüística románica, Madrid 1926; H. LAUSBERG, Lingüística románica, Madrid 1965-66; 1. M. LOPE BLANCH, El español de América, Madrid 1968.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.