Fernández de Moratín, Leandro
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Biografía GER
Poeta, dramaturgo y erudito español, hijo de Nicolás Fernández de Moratín (v.). N. en Madrid el 10 mar. 1760 y m. en París el 21 jul. 1828. El más famoso de todos los neoclásicos españoles; trató con dignidad y talento artístico temas pedagógicos y morales que se prestaban muy poco al lucimiento. Es el creador del teatro moderno y el espíritu más universal del s. xviii.Vida. F. de M. fue un alma introvertida, tímida, llena de complejos, pero dotada de un enorme poder sugerente y observador. El ambiente severo de su casa le influyó grandemente, le marcó una línea a seguir y el muchacho conservó ese recuerdo como huella indeleble. La viruela contribuyó aún más a reconcentrar su carácter. Trabajó como joyero y dibujante, oficios que alternó con la poesía a la manera anacreóntica. A partir de 1780 es reconocido como poeta de valía y comienza su vida brillante de viajero y dramaturgo. A partir de 1808 se produce el descenso vertiginoso. En 1787, acompañando al político Cabarrús, realizó su primer viaje a París. Caído Cabarrús en desgracia, F. de M. atraviesa un mal momento, pero protegido por el conde de Aranda, puede dedicarse de lleno a las letras. En 1790 entra en el círculo de amistades de Godoy quien lo envía comisionado a Francia. Vive horrorizado los prolegómenos de la Revolución y, curándose en salud, marcha a Inglaterra, donde dedica su tiempo libre a estudiar teatro. Fruto de esas investigaciones es su interesante versión comentada de Hamlet.Después de un largo y accidentado viaje, regresó a España para, ocupar el cargo de secretario en la Interpretación de Lenguas, trabó amistad con Goya, el explorador Humboldt y con Paquita Muñoz, con la que sostuvo relaciones durante muchos años. En 1799 es director de una comisión reformadora de teatros y redacta para ella una lista de autores prohibidos y una colección inconclusa: Teatro nuevo español. Su actividad artística reverdece en tres dramas definitivos: El barón, La mojigata y El sí de las niñas. Con la invasión napoleónica se recrudece el afrancesamiento de F. de M. Huido después de la batalla de Bailén, regresó con el rey José y recibió cargos y honores. Es la etapa más penosa de su vida, llena de vergonzosas claudicaciones y de servilismo hacia la causa francesa. Tras la derrota de Los Arapiles, F. de M. huye a Valencia y desde allí es deportado a Francia. Pasados los peligros y condenaciones que sobre él pesaban, regresó a Barcelona y pudo ver cómo triunfaban sus dramas, se le devolvían sus bienes y se le proponía para ingresar en la Academia de la Lengua. Trabaja en su obra erudita Orígenes del teatro español, prepara la edición completa de sus obras y realiza su último viaje a París donde muere.Obra. Aunque educado en los rigores de la poética clásica, la timidez de su carácter imprimió un sello de melancolía casi prerromántica y de delicadeza intimista a su poesía lírica que está muy por encima del tono mediocre de la época. La epístola A don Rodrigo Simón Laso es casi horaciana en su contextura. Una blanda efusividad se observa en la dedicada A fovellanos. La oda A los colegiales de San Clemente de Bolonia está traspasada de una sencillez bucólica dulcemente sentimental. La nostalgia de sus insatisfacciones se remansa en la elegía A las musas y en el soneto La despedida. Su poesía satírica logra efectos sorprendentes de fino humor en La lección poética, en las epístolas A Andrés y A Claudio y en otros poemas epigramáticos.En una de sus más logradas obras teatrales, El viejo y la niña (1790), F. de M. plantea un problema de felicidad conyugal entre un hombre maduro y una joven inexperta. Era en el fondo una sátira contra los matrimonios amañados en los que para nada intervenían ni el amor ni los sentimientos. Un tema parecido volvió a tratar en El sí de las niñas (1806), la comedia más perfecta de su tiempo y una de las más logradas de la dramaturgia española. Perfección técnica, fino análisis de sentimientos, comprensión humana y grandeza de alma se armonizan dentro de la más depurada forma neoclásica. Al parecer su argumento tuvo mucho de autobiográfico. El espíritu de Paquita Muñoz, casada en 1807, inspiró el perfil de su protagonista y el nudo gordiano de su temática. Dentro de la sátira de costumbres literarias escribió La comedia nueva o El café (1792), hiriente diatriba contra los malos poetas y dramaturgos populacheros. Contra la hipocresía y la mentira escribió dos de sus obras más perfectas, no sólo en técnica sino en tipos, El barón (1803) y La mojigata (1804), piezas moralizadoras en las que se ponen al descubierto las falsedades de la sociedad. Nos ha dejado dos adaptaciones fabulosas de Moliére: La escuela de los maridos y El médico a palos. En algunos momentos, el espíritu tan nuevo que imprime a estas traducciones las hace superiores al original.Debemos considerar a F. de M. en su triple faceta de prosista, poeta y dramaturgo. Como prosista se mueve dentro de las normas típicas de la erudición y crítica dieciochescas. Sin embargo, la prosa de sus dos obras fundamentales, por no citar el interesante Epistolario, La derrota de los pedantes (1789) y Orígenes del teatro español (publicación póstuma), es mucho más estilista y suelta que la de sus contemporáneos. En F. de M. había un formidable satírico y su fina ironía le hace en ciertos momentos abandonar la pedantesca fraseología erudita para recrearnos con una prosa entretenida, detallista e hiriente. Orígenes del teatro español es obra muy superada, pero siempre tendrán interés los comentarios personales del autor. La derrota de los pedantes es obra fundamental, no por su técnica, sino por poner al descubierto los gustos de F. de M. y contrastar la opinión de las figuras literarias del pasado y de su mismo tiempo con la estética actual. Por ella sabemos el desprecio que se sentía por lo culterano y la incomprensión y limitación en este aspecto del propio F. de M.Por otro lado, el tono entre burlón y sentimental, la intención moralizadora y satírica, la comprensión de los problemas humanos y la elección, tan teatral, de los temas hacen de sus dramas El sí de las niñas y La comedia nueva dos obras modernas, mucho más próximas a nosotros que el teatro del s. xvii. La prosa reposada, la meditación del proceso causa-efecto, la inteligente ironía, la dosificación armónica de los elementos intelectuales y de los sentimentales, acreditan la calidad de su teatro. ,F. de M. es clásico en la técnica teatral, finamente romántico en el análisis de sentimientos. Estaba, por último, bien dotado para la lírica; dentro de la atonía general de la época, encontramos en su poesía bellas composiciones formales en las que a veces un excesivo cuidado ahoga un momento de honda inspiración. Clásico y prerromántico, su poesía no pasó de discreta por el poco acierto en la elección de temas.P. CORREA RODRÍGUEZ.
BIBL.: L. FERNÁNDEZ DE MORATÍN, Obras, Real Academia de la Historia, 6 vol., Madrid 1830-1831; fD, Obras póstumas, 3 vol., Madrid 1867-1868; fD, Teatro, ed. de F. Ruiz, Madrid 1924; fD, Teatro completo, Madrid 1944; A. PAPELL, Moratín y su época, Palma de Mallorca 1958; R. BENÍTEZ CLAROS, Las ideas en el teatro de Moratín, en Visión de la literatura española, Madrid 1963, 209-225; F. Ruiz, Vocabulario de don Leandro Fernández de Moratín, Madrid 1945; J. ASENSIO, Estimación de Moratín. Un manuscrito de la Biblioteca Nacional de París sobre "El sí de las niñas", en "Estudios", XVII (1961) 83-144; v. t. el n° extraordinario de la rey. "ínsula" 161 dedicado a L. Fernández de Moratín, Madrid 1960.
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