Federico II de Prusia, el Grande
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Biografía GER
N. en Berlín el 24 en. 1712, el Rey Filósofo, tercer rey de este título en Prusia, fue el monarca que logró hacer del antiguo Estado ducal de los Hohenzollern una gran potencia europea. Con él Prusia sale de su posición secundaria y subordinada en el seno del Imperio alemán, para igualarse en potencia y aspiraciones a la Austria imperial, estableciendo por primera vez un dualismo germánico que sus sucesores en el siglo siguiente transformarán en hegemonía de Prusia (v.), realizando la unidad de Alemania y expulsando a Austria de ella. La elevación de Prusia por F. al nivel de gran potencia europea fue, sin embargo, el resultado de un continuado y constante proceso de crecimiento iniciado por sus predecesores, desde que los Hohenzollern (v.) alcanzaron del Emperador, en 1415, el señorío ducal de la Marca de Brandeburgo, pobre y reducido territorio que esta familia cuadruplicó en el espacio de dos siglos por compras, herencias y tratados recíprocos de sucesión.El bisabuelo de F., el gran elector Federico Guillermo, que había subido al trono 100 años antes (1640), lo engrandeció todavía más con varias adquisiciones territoriales en las paces de Westfalia (1648) y Oliva (1660); y su hijo Federico I, aunque de cualidades muy inferiores, recibió del emperador Leopoldo el título de rey (1701), en pago de su ayuda para disputar a Felipe V la sucesión española (v.). El nuevo reino, cuyo núcleo originario era Brandeburgo, constituía un rosario de territorios diversos, sin unidad territorial, separados por grandes espacios interpuestos (Polonia, Hannover, etc.), y que se extendían desde la Prusia oriental (Ost-Preussen) en el Niemen hasta el ducado de Cléves en el Rin.Su formación. Fue el segundo monarca, el padre de F., Federico Guillermo I, el Rey Sargento (1713-40), quien se propuso centralizar este mosaico disperso y darle unidad, ya que no por la unificación territorial, por una férrea disciplina monárquica basada en una administración exacta y apoyada sobre un ejército poderoso. Con su rudeza y tosquedad, con su voluntaria limitación de propósitos, el Rey Sargento entregó ya formados a su hijo -y éste acabó reconociéndolo, pese a las diferencias y a la hostilidad existentes entre el padre y el hijo- los dos instrumentos esenciales en que F. apoyaría su obra: la burocracia y el ejército. Pese a su rebeldía juvenil (encierro en la fortaleza de Küstrin), la mutua antipatía y la oposición a su padre, el rey filósofo y músico, ilustrado y poeta, acabó copiando más y más los métodos de gobierno y administración de aquél, el teutón rudo e insensible a todo barniz de cultura, el "sargento" inflexible, avaro, práctico y positivista, que se consideraba sólo el primer servidor del Estado y no su beneficiario. F. le imitó como rey, mientras en su vida particular lucía la refinada educación a la francesa que le dio su madre, la princesa Sofía-Dorotea de Hannover, en su retiro del palacio de Sans-Souci en Potsdam, en las diarias sobremesas con los hombres ilustrados (Voltaire y otros extranjeros entre ellos), que formaban su única compañía en la paz. Pero los principios liberales que podía inspirarle la filosofía del siglo tuvieron nula o insignificante cabida en su actuación práctica como gobernante; desde su primer paso como rey (la invasión de Silesia), F. no dejaría de poner en práctica sistemáticamente los mismos principios que había repudiado teóricamente en una de sus primeras obras -escrita en francés, como todas las suyas-, el Anti-Maquiavelo (1739), cuando todavía no era rey.La ocupación de Silesia. Apenas llegado al trono (junio de 1740), la crisis de la sucesión austriaca (octubre de 1740) le brindó la oportunidad de realizar la gran conquista de su reinado: la fértil y rica región industrial de Silesia, con 25.000 Kmz y millón y cuarto de hab. Su, padre, siempre leal al Emperador, se había comprometido a defender la Pragmática (Tratado de Berlín, 1728). F. cambió de repente en rivalidad la tradicional amistad entre los Habsburgo y los Hohenzollern (invasión por sorpresa de Silesia, diciembre de 1740), y entró en alianza con Francia contra Austria (v. SUCESIÓN DE AUSTRIA, GUERRA DE). Para justificar a posteriori su agresión, F., absolutamente escéptico y agnóstico en materia de religión, invocó su título de "protector de los protestantes de Alemania"; Silesia era una provincia protestante sometida a la administración católica de Austria. Con idéntica despreocupación F. abandonó por- dos veces la alianza francesa (convención de Kelin-Schnellendorf, octubre de 1741; tratado de Breslau, junio de 1742), y volvió a ella, según viese segura o amenazada la posesión de Silesia. Estas primera y segunda guerra de Silesia -en realidad una sola, dividida por un corto armisticio- fueron fáciles y rápidas, y en ellas obtuvo F. sus primeras brillantes victorias, que le depararon un súbito prestigio militar y el respeto de las potencias europeas hacia Prusia (Mollwitz, Chotusitz, Hohendriedberg, Soor, Hennenrsdorf). María Teresa (v.) hubo al fin de resignarse a lo inevitable y reconocer a F. la posesión de Silesia (paz de Dresde, diciembre de 1745).La recuperación y la guerra de los Siete Años. La paz de Dresde dio a F. 10 años de respiro para dedicarse a la política interior, poner en marcha un plan de desarrollo económico, completar la administración con nuevos ministerios y reponer las heridas de la guerra en la población y en el ejército. La agricultura cobra ahora un gran interés en su política: F. habla como un fisiócrata, discute con Voltaire sobre las calidades de los abonos o las razas de gallinas ponedoras, y, lo que es más eficaz, lleva a cabo la desecación y bonificación de los pantanos del bajo Oder, "ganando una provincia en la paz" (creación de 250 nuevos pueblos, instalando 50.000 colonos venidos de diversos Estados de Alemania). Es también la época de Sans-Souci y de la memorable estancia de Voltaire (1750-53), hasta que ambos amigos no pudieron ya soportarse, y el filósofo francés fue conducido entre guardias a la frontera. Pero son asimismo años de paz armada. F. no ignora que la paz de Aquisgrán (v.) es una simple tregua de recuperación para las potencias europeas, y que Austria se prepara para recuperar Silesia; él no descuida los armamentos, y cuando la guerra llegue, tendrá un ejército permanente de 150.000 hombres y más de 14 millones de táleros en reserva.La guerra inevitable le encontraría amparado en la alianza anglohannoveriana (convención de Westminster, enero de 1756), para hacer frente a Austria y a sus numerosos aliados. La tercera guerra de Silesia (1756-63) fue mucho más larga y dura que las anteriores, la más sangrienta que conoció la Europa del xviii (v. SIETE AÑOS, GUERRA DE LOS). Amenazada por Austria al S, por Suecia al N, por Rusia al E y por Francia al O, habiendo resultado débil el apoyo continental de Inglaterra, Prusia padeció tanto como en la guerra de los Treinta Años, y estuvo al borde del desastre en esta "lucha de cinco millones contra 90 millones". Fiel a su costumbre, y sin importarle aparecer como agresor, F. dio el primer golpe (invasión de Sajonia, agosto de 1756) para anticiparse al ataque de la coalición y llevar la guerra fuera de sus fronteras. Obtuvo algunas de sus más gloriosas victorias (Rossbach, Leuthen), pero también sufrió sus más sangrientas y desazonadoras derrotas (Hochkirch, Kunersdorf). La desunión e indecisión de sus adversarios le salvaron del desastre inevitable, y la retirada de Rusia de la coalición -por el nuevo zar Pedro 111, fanático admirador de F. le permitió resistir hasta la paz. Agotada igualmente por la guerra, y sin esperanza de recuperar Silesia, María Teresa se vio obligada a abandonar la contienda resignándose al statu quo ante bellum, paz en blanco tras siete años de sacrificios (paz de Hubertsburg, febrero de 1763).La recuperación final. La época de la diplomacia. La guerra había hecho perder a Prusia, según las Memorias del propio F., medio millón de hab., y las bajas de su ejército se elevaban a 180.000 hombres. La miseria y el hambre era general, los campos estaban abandonados y el ganado desaparecido. El rey que regresaba a sus Estados para hacer frente a la imponente tarea de la reconstrucción era a sus 51 años un hombre prematuramente envejecido, der alte Fritz, al que la vista de su pueblo excitait la compassion; sentimiento poco común en este filósofo estoico que se había prohibido a sí mismo toda blandura y que en su fuero privado menospreciaba a la canaille de sus rudos campesinos brandeburgueses. F. se entregó a esta labor infatigable, y en lo sucesivo evitó cuidadosamente nuevas guerras. Trató de suplir la guerra por la diplomacia, defendiendo el equilibrio europeo frente a una Austria inquieta. Durante 16 años se apoyó en la alianza rusa, haciendo la corte a la zarina y complaciéndola en su política polaca, para prevenir un posible ataque austriaco (v. CATALINA II DE RUSIA). F. le inspiró el primer reparto de Polonia (1772), que amputó a este país un tercio de su territorio y casi la mitad de su población: en él Prusia recibió la Pomerania menos Danzig y Thorn, porción inferior a las de sus copartícipes, pero que le permitía unir sus provincias prusianas y controlar el Bajo Vístula. Cuando Rusia cambió de frente y se reconstituyó la alianza austrorrusa (1781), F. se sintió de nuevo en peligro. Invocando el equilibrio y la paz de Alemania, supo formar en torno a sí una Fürstenbund (1785), o Liga de príncipes independientes (Sajonia, Hannover, Turingia, Baden, etc.), que fue capaz de frenar los proyectos de engrandecimiento de Austria a costa de la crisis de la sucesión bávara. Por este medio F. anticipaba en sus últimos días el futuro papel de Prusia como cabeza de la Alemania del Norte y núcleo de la futura unidad alemana.Política interior. El despotismo ilustrado. F. ha pasado a la historia como prototipo del absolutismo monárquico dieciochesco inspirado en la ideología reformista de la Ilustración (v. DESPOTISMO ILUSTRADO). Ilustrado lo era, sin duda -lo atestiguan los 30 vol. de sus Obras completas, entre ellas la Histoire de mon temes o el Essai sur les formes de gouvernement et sur les devoirs des souverains, sus composiciones musicales y la creación de centros docentes, de la Bibl. Real y de la Acad. de Berlín-, y déspota también, por condición hereditaria y por convicción pragmática de la necesidad de un poder fuerte. Pero su idea de un Estado poderoso no incluye proyecto alguno de transformación de las estructuras sociales de su pueblo. La Prusia de F. sigue siendo un Estado feudal de base aristocrática, montado sobre la colaboración íntima de la realeza y los junker. En esta clase social recluta F. los cuadros dirigentes del Estado, lo mismo la oficialidad de su ejército que los altos cargos de la administración o los gobernadores de las provincias (generalmente militares también); sólo a la nobleza hereditaria otorga el filósofo coronado confianza y capacidad.Salvo en las provincias de nueva colonización, a las que importaba atraer campesinos libres de otros Estados, la legislación agraria de F. mantuvo celosamente la tradicional estratificación del campo, con una minoría de nobles propietarios y una masa de siervos cultivadores, que le proporcionaba los dos elementos necesarios para formar sus ejércitos: oficiales y soldados respectivamente. Sus reformas fisiocráticas en la agricultura enriquecieron al país, pero no mejoraron la condición de los campesinos; F. lamentaba la abominación de la servidumbre, pero no liberó a sus propios siervos. Asimismo siguió recayendo sobre los campesinos la opresión fiscal de su Estado militarista, incluso después de la reforma tributaria de 1776, que conservó la exención del impuesto para la nobleza.Tampoco se advierte en F. el rígido idealismo teórico de otros gobernantes de su siglo; sus medidas de gobierno estuvieron inspiradas por el sentido práctico y las conveniencias de la realidad concreta, no por principios de escuela. En agricultura aplicó las ideas fisiocráticas, pero no las siguió en materia fiscal, como ya se ha dicho (v. FlSIOCRACIA). En el terreno industrial aplicó procedimientos rígidamente colbertistas: proteccionismo, barreras arancelarias a las importaciones, subvenciones, exenciones y monopolios a las nuevas industrias, etc. El Estado creaba industrias (seda y algodón en Brandeburgo, hierros en Westfalia, metalúrgica en la Alta Silesia, papel, porcelanas, vidrios, etc.) que luego entregaba a empresarios particulares, garantizándoles un monopolio y anticipándoles fondos, equipo y materias primas. Con todo ello, F. engrandeció a Prusia; su población de 2,5 millones de hab. a comienzos del reinado, había alcanzado los 4,5 millones en 1756, y llegó a los 6 millones al final del reinado. F. m. en Sans-Souci el 17 ag. 1786.A. EIRAS ROEL.
BIBL.: P. SAGNAC, La fin de 1’Ancien Régime, París 1952; L. GERSHOY, L’Europe des Princes Éclairés, París 1966; M. BELOFF, The Age of Absolutism, Londres 1954; P. GAXOTCE, Frédéric 11, París 1938; W. F. REDDAWAY, Frédéric le Grand, París 1932; J. LUYAAS, Frederick the Great on the Art of the War, Nueva York 1966; H. BRUNSCHWIG, La crise de 1’État Prussien á la fin du XVIII siécle, París 1947.
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