Federico II de Alemania
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Biografía GER
Hijo del emperador Enrique VI y de su esposa Constanza, heredera del reino normando italiano, n. F. el 26 dic. 1194 en les¡ (marca de Ancona), y creció en Palermo, siendo pupilo del papa Inocencio 111 (v.), debido a la temprana muerte de sus padres, y al cual debió la conservación de la herencia normanda, hasta antes de salir para su presentación en el Gobierno, que fue en 1210. La reanudación de la política de los Stauffen del Güelfo Otón IV en Italia meridional, originó que el Papa presentara a F. como anti-rey en Alemania. F. tuvo que prometer no unir el feudo papal de Sicilia al Imperio y dejó coronar a su hijo Enrique, por su matrimonio en 1211 con Constanza de Aragón, rey de Sicilia. En 1212 fue elegido F. en Frankfurt rey de los romanos y coronado en Maguncia. En la bula dorada de Eger (1213) renovó las concesiones hechas al Papado por Otón en 1209, sobre la renuncia al derecho de expolio y la intromisión en la elección de obispos, reconoció la expansión de los Estados pontificios y se impuso definitivamente en Alemania, después de la derrota de la coalición inglesagüelfa-renana contra Francia en Bouvines, en el año 1214. La prohibición de una unión de Sicilia con el Imperio la mantuvo F. formalmente mientras dejó elegir a su hijo Enrique VII rey de los romanos en 1220, para quien ejerció la tutela él mismo y aceptó igualmente la corona imperial. Con sólo cortas interrupciones, permaneció F. desde 1212 en su monarquía hereditaria de Italia meridional, particularmente en Apulia. Allí acometió la obra de una restauración de los Estados sicilianos. F. estaba ampliamente emancipado con respecto al círculo de destierro de pareceres feudales caballerescos; en vez de esto, mostraba una manera de pensar sobria y racional con ideas absolutistas. Bien penetrado del valor del Derecho romano, vio las bases y estabilidad de su concepción del Estado en un Derecho común y así lo presentó en el libro de Augusto del año 1231 (las Constituciones de Melfi). Las fuentes del Derecho no fueron más la tradición y la costumbre que debían ser buscadas y comprobadas, sino el mismo Emperador. La función de la legislación era una máxima señal del poder real, restringido solamente por la razón y profundo conocimiento que facultaba para el cargo imperial. Conforme a eso entró una organización de autoridades burocráticas llevada por un jurista de Derecho civil en la administración del país, en lugar de los elementos feudales. Los juristas fueron formados primeramente en Bolonia y después en Nápoles, desde que F. en 1224 fundó allí la Universidad del Estado (sin autonomía), y los elementos culturales romano-latinos fueron los signos característicos del nuevo Estado. F. no pensó limitar sus esfuerzos de restauración a la monarquía hereditaria de Sicilia. Mientras metódicamente extendía su política de administración de S a N, fue notorio que únicamente debía tener carácter limitado la concedida separación al Papado de la monarquía hereditaria de Sicilia y del restante Imperio, donde él o su hijo solamente podían ser elegidos soberanos en vida.La transformación del Imperio, ya preparada anteriormente por Enrique VI, a la cual pertenecía también la Italia septentrional, parecía ahora haber sido acometida por el camino de una reforma de la administración, sin nombrar el objetivo o también habiendo sólo conseguido lo más aproximado. Un nuevo levantamiento del regimiento imperial principalmente en Italia septentrional se opuso a la corporativa confianza del Estado. En contra de su voluntad hacia una política libre, F. consiguió una reunión de Italia central y septentrional hacia un único organismo estatal, para cumplir las garantías de justicia y de paz como él la expresaba. Apoyado por una alianza con la marca del conde de Verona Ezzelino de Romano, y bajo cooperación de su hijo ilegítimo Enzio, fue cubierto el país entero por una red de distritos construidos uniformemente bajo la dirección de vicarios generales, la mayoría de origen meridional, que al mismo tiempo estaban subordinados al Podestá nombrado por el Emperador. En Alemania se mostraron solamente principios de esta política. Para la elección de su hijo Enrique había ratificado los privilegios ya compuestos en el año 1220 en Privilegium cum principibus ecclesiasticis, dado a los príncipes eclesiásticos en el año 1232, y en el Statutum in favorem principum, dado a los príncipes laicos, cuyo apoyo necesitaba contra el entonces rebelde Enrique. Los dos estatutos sancionaron el efectivo dominio nacional (dominus terrae) y facilitaron a los príncipes presentarse ante el soberano en corporativa unidad como socios independientes del contrato. Sin embargo, en las Cortes de Maguncia de 1253 y después de que Enrique fue hecho prisionero y se llegó a un acuerdo con los güelfos, F. actuó como legislador de iniciativa propia, acentuó la invendibilidad de las regalías del Imperio y buscó la manera de quitar, por medio de una ley de paz nacional, una ya perceptible carencia en la estructura del poder central.El desarrollo del territorio real de los Stauffen, por medio de la fundación de ciudades en Suabia y Alsacia, fue otro de los principios, juntamente con una lista de contribuciones y la administración de Austria y de Estiria, a través de capitanes generales después de la desaparición de los Bamberg en 1246, que, según el modelo de la técnica administrativa de Sicilia desde fuera, se dio para encontrar una solución a la estructura del Estado de Alemania interior. Verdad es que Alemania había llegado a ser un país vecino dentro de la concepción de soberanía de F. Anteriormente su padre se había separado ya de la idea tradicional imperial que arraigaba en la monarquía romano-germánica y había sido sólo un aumento de esta gran monarquía sin verdadero aumento de poder. Solamente la corona imperial defendía ahora un derecho de soberanía sobre muchos reinos; ella se había convertido en expresión visible del deseo de un resurgimiento del antiguo Imperio. Por vez primera, bajo el dominio de F. no estuvieron más Imperio y Monarquía unidos en una sola persona, y Alemania fue solamente un reino entre los demás; Roma pasó como la "natural" capital del Imperio. La compleja, y aun hoy de ningún modo satisfactoria, reconocida idea imperial se sintió apenas obligada con la tradición. La independencia y la herencia directa de Dios del mayor poder temporal fueron fuentes del conocimiento del soberano. Modelos orientales y bizantinos tuvieron que ser presentados para las formas del aspecto exterior. Inaccesibilidad y exótica ostentación de lujo sirvieron para una misma representación del propio poder al igual que un vasto fomento del arte. F. igualó con su interés activo por la ciencia y por el arte a su joven contemporáneo, hijo de su prima Beatriz, Alfonso X de Castilla (v.). La inacostumbrada energía y formación del Emperador pareció en su tiempo como stupor mundi et immutator mirabilis. En Palermo fundó F. una escuela poética, en Italia meridional introdujo el gótico, y él mismo coleccionó estatuas antiguas. La lógica austeridad fue rasgo esencial de sus edificios en Sicilia y en Apulia. Sus creaciones artísticas no llevaron ya más el sello de un humilde culto a los dioses, sino que el propio Emperador fue objeto de representación artística (triunfador en Capua).No le fueron corrientes tampoco compromisos con las autoridades en sus deseos científicos. Su libro sobre la caza, a base de sus métodos empíricos de imparcialidad y con dotes de observación, del todo concretas y justas, lo demostró, igualmente que sus conversaciones con los sabios en la corte. Un sentido de la realidad y una fría razón caracterizaron el desarrollo del Imperio que, frente a las universales dimensiones de la idea imperial, acometió solamente la posibilidad política. El Imperio se presentó en concreta forma de fenómeno, como un dominio territorial firmemente limitado, más allá sólo como modelo y pauta de otros pueblos (potestas directiva sobre un corpus saecularium principium). La dependencia feudal, establecida por su padre, de Inglaterra y Francia no intentó F. reanimarla; sin embargo, en 1224, alargó el paso en la zona del mar Báltico, después de que allí se había originado una ausencia del poder, con motivo de la captura de Waldemar 11 de Dinamarca. Lo que se originó fue una devolución de Holstein y la fundación del orden del Estado de Prusia. De una manera poco convencional adquirió, por medio de negociaciones, el Santo Sepulcro (1228-1229), y se colocó él mismo la corona del reino de Jerusalén. Al mismo tiempo, se aseguró por medio de la nobleza feudal una zona de influencia sobre Chipre y Armenia, en el Mediterráneo oriental. Sin embargo, F. no quiso ni pudo desistir de la exigencia fundamental de su idea imperial, que era la unión de Italia Meridional con el reino. Por ello, se encendió la disputa con el Papado que condujo a la caída de los Hohenstauffen. La investidura no era ya, desde hacía tiempo, objeto de diferencias. Tampoco pensaba F. en una supremacía del Imperio sobre el Papado. Los dos poderes los veía igualmente organizados recíprocamente; incluso correspondía al Papado una primacía, cuanto más que él veía fundado su Imperio independiente de la Iglesia. El Papado, por el contrario, rehusaba los nuevos fundamentos de la idea imperial, y perseveraba en la fundación tradicional del Imperio en el reino romano-alemán; el Imperio estaba colocado en esta clasificación equivalentemente junto a otros reinos. La relación de Sicilia con el Imperio llegó a ser de este modo la piedra de toque fundamental.Puesto que F. no cumplió a su debido tiempo su voto de cruzada -hecho con motivo de su segunda coronación en Aquisgrán, en 1215- a causa del desarrollo administrativo en Sicilia, fue excomulgado por Gregorio IX (v.), en 1227, por vez primera. En la paz de Ceperano le fue levantada la excomunión, en 1230. La política inflexible del Emperador en Italia septentrional, y el matrimonio de Enzio con la heredera de Cerdeña, que era entonces feudo del Papado, condujeron en el año 1239 a una segunda excomunión. F. no levantó a un antipapa de manera significativa, pero buscó impedir la asistencia de un concilio general. Inocencio IV (v.) hizo declarar como hereje al Emperador y también que lo destituyeran. La consiguiente enorme polémica señaló al Emperador como anticristo y hereje; sus partidarios, por el contrario, le festejaron como Emperador mesiánico y deseado príncipe de la paz. Ambos partidos se obstruyeron el camino para un acuerdo posible. Una ofensiva contra el Papa en Lyon fracasó por el asalto imprevisto del campamento del ejército imperial en Parma (1248). Enzio fue a parar a la prisión de Bolonia, y Petrus de Vinea, el íntimo consejero del Emperador y el prototipo del nuevo funcionario, hizo traición. La oposición del Papado se dirigió, no solamente contra F. en persona, sino contra los Stauffen principalmente, puesto que la política del Emperador, en gran parte, era herencia de los Stauffen. Con una dureza inexorable, indujo el papa Inocencio IV a los electores alemanes a elegir un antirrey, en el territorio condal de Heinrich Raspe de Turingia (1246-47)y del conde Guillermo de Holanda (1247-56) contra Conrado IV (1236-54), el hijo más joven del Emperador. F. murió el 13 dic. 1250 en Fiorentino, en Foggia (Apulia), y fue sepultado en la catedral de Palermo. El final del Imperio de los Stauffen había llegado; los esfuerzos que se hicieron hasta 1260 por salvar la herencia meridional italiana fueron solamente un epílogo. F. fue el último de los grandes y desarrollados soberanos alemanes de la Alta Edad Media. Él fue también el más singular, y justamente por eso, fue en parte admirado por sus contemporáneos y en parte temido. Algunas de sus ideas fundamentales resurgieron de nuevo en el s. XIII en otros lugares. La reanimación de antiguas ideas o conceptos fue propia principalmente de su época. El sentido para la representación por medio del arte y el fomento de la ciencia fueron también desarrollados por Alfonso X de Castilla. La restauración del Estado sobre la base de un derecho común fue un intento practicado en esta misma época en Francia, y algo más tarde en España. Y el plan de un Estado enérgicamente centralizado se desarrolló en principio, también del orden alemán, en el país prusiano de misiones. En F. se condensaron todos estos momentos hacia una única idea de grandeza; bajo ellos se destacó la libertad de su pensamiento. Aunque él, en vista de ello, según las reglas de su tiempo, era un hombre religioso, no se dejó apenas contradecir. Murió con el hábito de los cistercienses, la orden que él había favorecido en vida. A pesar de todo, parece ser que no tenía claras ni consecuentes condiciones hacia las últimas verdades.ODILO ENGELS.
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