Europa. Geografia 2 GEOG.
Categoria:
Geografía
4. Economía. a. La utilización del suelo. Las dominantes condiciones medias climáticas, la gran extensión de las llanuras, la remota y después continuada colonización y la fuerte densidad de población hacen del campo europeo el más explotado. El espacio improductivo es del 45% en E. Septentrional, donde las condiciones son más duras, pero la proporción es menor en la Oriental y sobre todo en las restantes, en las que se limita a las zonas de alta montaña: 12% en E. Occidental, 11 en la Central y 10 en la Meridional. La forma de aprovechamiento es distinta, según difieren también los condicionantes factores de clima y relieve. La mitad occidental de E. distribuye el espacio agrario de la siguiente manera:SuperficieCultivos Pastizal forestalEuropa Septentrional.13,0%4,7%82,3%Europa Occidental ...39,5%40,4%20,1%Europa Central ... ...47,5%20,9%31,6%Europa Meridional ...41,5%27,9%30,6%Destaca la importancia forestal de la primera, debido a esos condicionamientos. Es la que tiene los bosques más densos y mejor explotados. En el extremo opuesto se halla en tal sentido la que también lo está en el latitudinal, es decir, la Meridional; el porcentaje del 30,6 encubre una realidad menos brillante. Gran parte de su superficie forestal corresponde a las típicas formaciones vegetales mediterráneas que hemos señalado, con árboles distanciados e incluso con matorral de escasos rendimientos. Se obtiene corcho de los alcornoques y se ha efectuado importante repoblación de pinos, que se explotan por su madera y su resina; pero muchas zonas están pobladas de encinas que sólo se aprovechan para alimentar con su fruto el ganado porcino. Lo mismo cabe decir en cuanto al pastizal. El del sur es pobre: se mantiene verde desde otoño hasta primavera, pero se seca al llegar el verano, y su hierba es dura, muy distinta de la que ofrecen las otras regiones, que gozan de mayor humedad y pueden sostener mejor cabaña bovina. Si la E. del norte destaca en el esquema anterior por la gran proporción que en ella ocupa el bosque, también resulta violenta la paralela menor importancia de praderas y cultivos. Sólo ocupan estimable extensión en Dinamarca. En cambio, en Islandia, debido a su alta situación latitudinal, el cultivo no alcanza siquiera el 1 % del espacio agrario. E. Oriental tiene las mismas condiciones en su parte norte, pero llega también por el extremo opuesto a las mediterráneas. Como consecuencia, presenta similitud de explotación con una u otra, según sea la situación.Pero el europeo se ha esforzado por corregir en lo posible los condicionamientos físicos. Deseca pantanos y albuferas, escalona las vertientes montañosas para obtener plataformas cultivables, represa los ríos y capta sus aguas con complejas redes de canales y acequias, llega incluso a cultivar en enarenados que retienen la única ° humedad del rocío nocturno en las zonas más áridas. Traslada los ganados en continua trashumancia hasta la montaña para aprovechar el pasto que la fusión de la nieve deja en ésta al llegar el verano, o, incluso; la realiza a centenares de kilómetros de distancia con ganado ovino, el que permite mejor movilidad, aunque ahora se haya mecanizado el transporte. Multiplicó la sementera de remolacha cuando, con la pérdida de las colonias de ultramar, perdió también el control de los cañaverales. Introdujo el maíz donde resultaba rentable; y también otra planta de origen americano, la patata, que fue la gran solución para paliar las malas cosechas cerealistas que daban lugar a las hambres catastróficas.La agricultura europea ha conseguido así rebasar el ámbito de sus plantas originarias y el que corresponde a las condiciones naturales. En el sur, con regadío si procede, se siembran incluso productos tropicales. Desde los tabacales mediterráneos, el algodón, el arroz, los frutos agrios o el maíz, se pasa, hasta el lino, la patata o la avena de los septentrionales, por una gama variadísima de productos agrícolas. Tienen más importancia, claro es, los que más se acomodan a las dominantes condiciones del clima templado. La superficie cerealista, según la media de los años 1966-67 y 1967-68, sólo ocupa en E. Septentrional el 22,6% de la total cultivada en la región, pero alcanza el 42,8 en la Meridional, el 45,7 en la Occidental, el 53,1 en la Central y resulta también elevadísimo en la Oriental. Dentro de la dedicación cerealista, el producto más importante es el trigo, que en el norte apenas representa la quinta parte de la correspondiente superficie cerealista, pero es más de la tercera parte de la sementera de cereal en el centro y oeste y casi la mitad en el sur. En la región del oeste y sobre todo en la del norte, se cultiva más cebada que trigo.Si la variedad alcanzada caracteriza a la agricultura europea, también lo hace la gran productividad. En el trigo mismo, p. ej., y según la media de las cosechas de los años 1967 y 1968, la E. Meridional consiguió un promedio de 19 q/Ha., 27 la Central y 34,5 la Nórdica en los pequeños espacios que a él dedica, y 37,5 la Occidental.Las formas de explotación de éste y los demás aprovechamientos son muy variados. En E. Oriental y en los países de la Central más próximos a ella dominan las grandes explotaciones colectivas o estatales, de acuerdo con la política que rige en ellos. En E. Meridional es típico el cultivo promiscuo o de distintas plantas sobre la misma pieza de tierra. En el noroeste de la península Ibérica, p. ej., maíz y alubias. La caña del primero sirve de sostén a la legumbre trepadora, y las características y necesidades de ambas se compensan, pues la legumbre fija el nitrógeno de la atmósfera, del que el cereal, si estuviera sólo, empobrecería la tierra; incluso con ellas se asocia en muchos campos la patata. En Italia, la vid, trepadora, se apoya en el olmo o la morera. En el norte de Portugal se asocia al maíz. En el centro de la misma península Ibérica es frecuente la asociación de vid y olivo; o la de uno de estos típicos cultivos mediterráneos con trigo intercalado en las calles que dejan las hileras del arbusto o del árbol.Donde no hay asociación, hay rotación. El cereal deja paso el segundo año a legumbres o a barbecho, tierra que se trabaja, pero no se siembra, para que pueda descansar y rendir más en el cultivo cerealista siguiente. Donde es posible, se practica el regadío. Con él se obtienen frutas y hortalizas tempranas de alto valor, y, en los lugares de más insolación, hasta tres cosechas por año. En conjunto resulta un mosaico de pequeñas piezas de muy variada dedicación que dan lugar a complejos sistemas, a veces seculares, en cuanto a la utilización equitativa del agua.En las otras regiones los sistemas son la campiña y la floresta o hérupe. El primero es de campos desarbolados y abiertos, frecuentemente de forma alargada, y se corresponde con el poblamiento concentrado. Como el barbecho y los rastrojos eran de común aprovechamiento, se diferenciaban bien en hojas aquél y el cultivo. Lo que fue barbecho se explota con patatas, remolacha azucarera o diversas forrajeras, que permiten más ganadería, con lo que hay más estiércol que posibilita la más intensa rotación. La hérupe, en cambio, es de campos cercados por setos naturales y pequeños muros, separados entre sí por caminos que facilitan la penetración directa a todas las parcelas. En muchos casos es por medio de árboles próximos y también árboles sombrean en el interior los cultivos herbáceos o el pastizal. A este sistema de piezas cercadas y arboladas corresponde un poblamiento disperso. Domina en los suelos ácidos más pobres y de difícil explotación cerealista, que basan su economía principalmente en el prado y el ganado bovino. La abundancia de frutales en el interior de las parcelas y de otros árboles o arbustos en las cercas, o los mismos pequeños muros cubiertos de yedra y otras plantas, dan al conjunto el carácter de floresta con que se le denomina. El carácter se intensifica porque con las piezas labradas alternan otras de exclusiva dedicación forestal.En consonancia con todo lo indicado, la ganadería fundamental en estas regiones es la bovina, muy especializada y con elevados rendimientos lácteos, a la que se une, sobre todo en Gran Bretaña, la ovina. Ésta y la caprina se unen a aquélla en la E. Meridional y todas están bien representadas en E. Oriental debido a la variedad de sus condiciones físicas.b. Las restantes actividades económicas. La economía europea es muy compleja. Si algunos de sus países se hallan entre los primeros del mundo en cantidad total conseguida de cereales, patata, remolacha azucarera, lúpulo, lino, determinados productos ganaderos, también los ribereños del Atlántico (Noruega, España, Gran Bretaña, Dinamarca) son de los principales en cuanto a la explotación de los recursos pesqueros. Las minas de E. son las de más remota y prolongada explotación y hay que sumar a todo esto una intensa actividad comercial e industrial.Gran Bretaña, Polonia, las dos Alemanias, Checoslovaquia, tienen muy estimable producción de carbón, en parte empleado para su transformación en energía eléctrica. Rusia y Francia, de hierro; Yugoslavia, de plomo; España e Italia, de mercurio, etc. Pero, así como la producción agraria resulta insuficiente porque es mucha la población y alto el nivel de vida y el consumo, la industria europea tampoco tiene bastante con las materias primas conseguidas en su propio espacio y ha de recurrir a las de otras partes del mundo para mantener el ritmo productivo ya alcanzado. En casi todos los productos esta dependencia es sólo parcial; en algunos, como caucho o petróleo, prácticamente total. También en cuanto a financiación y patentes es frecuente la subordinación a firmas o empresas, casi siempre norteamericanas, pero también, a su vez, las grandes casas europeas extienden su acción e influencia a otros continentes.La industria europea, al igual que la explotación agraria, responde a muy variados tipos. Casi todos los que se señalan en sentido general tienen aquí su correspondiente representación. En la URSS y en las Democracias Populares de E. Central, responden a planificación oficial que afecta a financiación, formas de localización, ensamblaje y orientación de la producción. Los demás países presentan mayor variedad. El tipo de complejo industrial disperso se da en zonas que conservan los emplazamientos iniciales. Necesitaron levantar los establecimientos fabriles a lo largo de las corrientes fluviales para usarlas como fuerza energética, o junto a yacimientos minerales, o en torno a una central eléctrica. Aunque no se limitan ya a estos medios, mantienen la misma distribución, que resulta así dispersa por pueblos y aldeas, aunque el centro de comercio y de organización sea una ciudad. Así ocurre en la metalúrgica de las Ardenas, en la algodonera de los Vosgos, en torno a Lyon, en los Alpes.El tipo suizo o milanés engloba una gran ciudad industrial, Zurich y Milán en cada caso, y muchas otras próximas y de mediana proporción. Tienen mucha menos mano de obra rural que el primer tipo señalado. Arrancan de una tradición artesanal local, pero ya están ligadas a materias primas ajenas a la región.Otro tipo que se ha señalado es el de la industria centralizada en una gran ciudad pero de manera más intensa y con núcleos satélites frecuentemente. Coincide con los anteriores en que también emplea materia prima lejana. Se citan como ejemplo París y Moscú. La industria portuaria está más diversificada por la facilidad que tiene el puerto para la recepción de materias primas distintas. Ofrece buenas posibilidades para la salida de productos elaborados, tanto hacia el exterior, como por las redes que siempre comunican el mismo puerto con la zona interior. También en este caso hay dependencia de materia prima ajena; así ocurre en el complejo que entre Londres y Southend se extiende a lo largo del Támesis.El geógrafo M. Derruau, a quien en líneas generales seguimos en esta clasificación, señala también otros tipos industriales, los que se hallan en función de la extracción del carbón. Son así los de la Campiña belga, que tiene industrias químicas, metálicas, de vidrio y otras. También han surgido en cuencas mineras, como la del norte de Francia y el Ruhr. La fuente energética, el carbón, originó en las proximidades distintas elaboraciones, lo cual ha dado nueva vida a las preexistentes que no se apoyaban en él y ha influido sobre otras textiles y metalúrgicas próximas. En el norte de Francia se han distinguido a su vez, según su carácter, las regiones de predominio industrial (que comprenden un centro industrial, el país negro, o de la propia cuenca hullera, y los valles siderúrgicos, o de transformados metálicos); las aglomeraciones de extensión media, con importante actividad terciaria (regiones urbanas costeras y aglomeraciones continentales relacionadas con la cuenca); las regiones de industrialización dispersa; las localizaciones aisladas.Las zonas de intensa industrialización son muchas. Cabe señalar a manera de ejemplos el Clyde, Northumberland, Durham, Cumberland, Lancashire, Yorkshire, Midland, País de Gales, cuenca de Londres, en Gran Bretaña; las regiones de Lyon, del norte y nordeste, en Francia; Bélgica y Luxemburgo; las cuencas del Rin y del Ruhr; el valle del Po; Ucrania, Moscú y los valles del Volga, alto Ural y Kama; el tercio meridional de Suecia; el sur de Polonia, etc. Hay tanta multiplicidad de zonas como de elaboraciones y tipos de complejos.Lo mismo cabe decir de las actividades terciarias. La población dedicada al comercio es menor en la URSS y en las Repúblicas Populares del centro, debido al sistema económico, pero sube mucho la proporción en los restantes países. Coexisten las tradicionales ferias en los del sur con los grandes centros comerciales, y éstos casi igualan en número a las ciudades en las demás regiones. Las redes de ferrocarriles (privados en Portugal, estatales total o parcialmente en el resto) y de carreteras son densas, atraviesan con túneles la cadena alpina y sostienen tráficos muy intensos que ocupan también a buena parte de la población activa. Se han transformado los cursos de agua para hacerlos navegables y se enlazan mediante canales. Y los puertos europeos del Atlántico y de los entrantes marinos (Londres, Liverpool, El Havre, Nantes, Amberes, Hamburgo, etc.) se hallan entre los de más movimiento del mundo.5. División regional. Decimos que E. es una unidad geográfica diferenciada del resto del mundo por sus hechos físicos y, sobre todo, por los humanos. Pero esta personalidad viene a ser como la que da el tema o la composición a un mosaico integrado por numerosas piezas que, a su vez, difieren en tamaño, material y colorido. Dentro de esta complejidad ya hemos señalado unas grandes unidades. La Occidental es templada y húmeda, de viejas montañas arrasadas y de llanuras amplias; con bosques boreales, landas y praderas que alimentan buena ganadería vacuna y ovina; con roturaciones que se organizan en campos abiertos o en floresta y se dedican a trigo, principalmente; con alardes técnicos, que en Holanda llegan a extender el cultivo a costa del mar. La región supo aprovechar bien su apertura al Atlántico con la explotación pesquera y la relación de dominio o de comercio con amplias zonas de ultramar, en las que todavía conserva su influencia política o financiera. Las Bolsas de Amberes, París o Londres son el termómetro del "Estado Mundial". Aquí se inició en el s. xvin la revolución industrial y, a tono con ese comienzo, está el auge actual. Por sus grandes puertos E. Occidental exporta productos elaborados e importa materia prima para hacerlos y alimentos. Tiene la más alta densidad de población y, como consecuencia del auge industrial y comercial, la mayor urbanización.La E. Septentrional es la de peores condiciones físicas debido a su latitud; se atenúan en Dinamarca, pero se hacen más sensibles en Islandia y en la mitad septentrional de los demás países. La morfología comprende viejas cadenas montañosas, rejuvenecidas por los plegamientos alpinos, y llanuras de depósitos glaciales que interrumpen numerosos lagos de igual origen glaciar. Su riqueza agraria está en el bosque, que aquí es de coníferas. El, junto con la pesca fue la base del comercio; la riqueza que éste engendró, repercutió en la explotación minera, la industria y la urbanización, que nacieron más tarde que en el oeste. Carente de otra fuerza energética, emplea como tal las corrientes de los ríos, que fueron vías de transporte de la madera hasta los lagos y el mar. En los lugares terminales se levantaron las industrias y las ciudades. Contrastan las zonas septentrionales, heladas y de escasa población, con las del sur, en las que se concentra la mayor actividad. Tiene en conjunto las más bajas tasas de natalidad y resulta la menos poblada.La Meridional está formada en su mayor parte por penínsulas e islas que surcan cordilleras y mesetas. Las llanuras son estrechas. Es la zona del cielo azul, del calor y la aridez. Los ríos son irregulares y de escaso caudal; la vegetación, pobre. Es la zona de las viejas culturas de que el resto de E. se nutrió. Tuvo poderío, pero ha quedado rezagada respecto a las otras. El clima y la morfología limitan la explotación agraria, sometida a barbechos en los secanos, a desplazamientos en el ganado. Tiene, en conjunto, los más bajos rendimientos cerealistas que, en parte, compensa con los del viñedo y el olivar y con frutas y productos hortícolas, donde puede aunar la buena insolación y el regadío. Con subsuelo también más pobre, es más lenta su industrialización. Tiene alto crecimiento natural de población y ha de recurrir a la emigración continua. Como consecuencia, está menos poblada que la Occidental y la Central y tiene menor urbanización. Tanto en las ciudades como en los pueblos son característicos los emplazamientos, trazados viarios y monumentos que datan de tiempos remotos, y es buena fuente de ingresos la atracción turística que su clima ejerce sobre las otras regiones.La E. Oriental es la de las dilatadas llanuras y los grandes ríos. Su gran extensión la hace más compleja, similar a la Septenrional, y a la Meridional. Abarca desde los hielos casi continuos al clima mediterráneo; desde la tundra y el bosque de coníferas hasta la vegetación esteparia. Es la gran productora de trigo y de maíz, de patatas y remolacha, de lino y algodón. También, la iniciadora de un sistema político y económico que se ha extendido hasta los más próximos países de la E. Central. La de las granjas colectivas de alta mecanización y de la gran industrialización.La Central engloba la región alpina, la danubiana, Checoslovaquia y las llanuras centrales. Desde los Alpes bajan importantes ríos hacia el Báltico. El Danubio es hasta el mar Negro la gran vía de enlace. Las llanuras glaciares, de loess y fluviales, posibilitan una buena agricultura. El clima atlántico va dejando paso en ella al continental; por el sur penetra también la influencia mediterránea en las zonas inmediatas. Es región de transición. Ha sido afectada por las dos Guerras mundiales, de las que sólo Suiza se libró. Las fronteras políticas han cambiado de lugar varias veces, con los consiguientes problemas de desplazamientos o integraciones. En ella entran en contacto los dos sistemas políticos y económicos y dan lugar a mayor fricción en la vieja capital alemana, todavía parcelada según las zonas de ocupación resultantes de la guerra. A pesar de estas circunstancias se ha desarrollado con rapidez.Las diferencias económicas que hay entre todas, determinadas por las físicas respectivas y por la historia, se reflejan en la distribución sectorial de la población activa y en la renta individual. En 1968 la industria y los servicios ocupaban el 78,6, 92,9 y 94,6% de la respectiva población activa de Francia, Bélgica y Gran Bretaña; 79,9 y 87,6 en Noruega y Suecia; 75,7 y 88,1 en Austria y Alemania Occidental; 56,9, 67,8 y 77,6 en Portugal, España e Italia.Los países meridionales tratan de alcanzar los niveles de desarrollo que caracterizan a las otras regiones. El índice de su producción industrial con base cien en 1963 se elevó en 1969 a 144 en Italia, 177 en Grecia y 185 en España. El de Irlanda, país de más lenta industrialización dentro de los occidentales, es de 163, pero se limitan a 146, 134 y 121, respectivamente, los de Francia, Bélgica y Gran Bretaña, que van muy delante en el proceso de industrialización. Y parecidos a éstos, 158, 146 y 138, son también, p. ej., los de Alemania Occidental, Noruega y Suecia.Ese esfuerzo no basta a los meridionales para frenar su emigración hacia los países occidentales y centrales, ni para alcanzar aún el nivel de vida que han conseguido éstos y los de las otras regiones. Así, en consumo aparente de energía, reducida toda a su equivalente en kilogramos de carbón, pasaba en 1967, de 5.000, Gran Bretaña; de 4.000, Dinamarca, Alemania Occidental, Suecia, Bélgica y Luxemburgo; de 3.000, la URSS, Finlandia, Noruega, Holanda, Francia; de 2.000, Irlanda, Suiza, Austria. Sólo Italia, entre los meridionales, alcanzaba esta última cifra, y se limitaba a 1.264 España, 687 Grecia y 565 Portugal. En kilogramos de acero, el consumo aparente por habitante en el mismo año incluye también a Italia entre los que superan los 200, pero se limita a 188 España, 95. Grecia y 69 Portugal.En renta per capita, en igual fecha, todos los países nórdicos y occidentales, con la única excepción de Islandia, rebasaban el millar de dólares; también la mayor parte de los centrales y la URSS. La de Italia fue entonces de 1.075, pero la de España era sólo de 709, de 651 la de Grecia, de 421 la de Portugal y aún inferior la de Albania.V. t.: Por países.A. CABO ALONSO.
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