Europa. Geografia 1 GEOG.
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Geografía
1. Introducción. Es una de las cinco grandes partes en que tradicionalmente se considera parcelada la parte sólida o continental de la superficie terrestre.a. Extensión y situación. E. tiene 10,5 millones de Km’ de extensión. Esta superficie es algo superior a la de Oceanía, pero resulta inferior en casi tres veces a la de África y cuatro veces a las de América y Asia. También la Antártida, el helado continente que se extiende en torno al Polo Sur, es más extenso que E. Ésta se halla limitada al N y al O por los océanos Glacial Ártico y Atlántico, respectivamente. El límite S lo forman los mares Negro y Mediterráneo, la comunicación entre los cuales se produce a través del Bósforo, el pequeño mar de Mármara (v.) y el estrecho de los Dardanelos, enlace que también se produce entre el mismo Mediterráneo y el océano Atlántico con el estrecho de Gibraltar. Se considera como límite oriental el formado por el mar Caspio, el río Ural y la cordillera de los Urales, que se extiende de S a N a lo largo del meridiano 60° long. E. Este límite oriental es el más convencional de todos, porque E. es sólo una gran península soldada al continente asiático por un istmo de 2.000 Km. de longitud. El convencionalismo resulta mayor porque a esa circunstancia física se une, además, el hecho de que la amplia zona próxima al que hemos señalado como límite E forma unidad política con la que se extiende al otro lado de él. Tanto, que esta unidad, la URSS, se estudia muchas veces desglosada de E.El extremo septentrional europeo, el cabo Norte, está casi exactamente a 71° 10 lat. N; el meridional se halla en la pequeña isla de Gávdos, al S de la de Creta, a 34° 45. Entre ambos extremos hay algo más de 36° de diferencia o cuatro mil Km. de distancia. Aunque estos límites y el occidental son más precisos que el del E, tampoco lo son de manera absoluta. E. se prolonga al norte por las islas noruegas de Spitzberg, que se hallan a menos de 10° del Polo Norte geográfico. Lo mismo ocurre en el sentido opuesto, pues como europeo hay que considerar al archipiélago español de Canarias, que se halla frente a la costa occidental de África. De la misma manera, avanza por el Atlántico mediante diversas islas, algunas de gran extensión. La de Islandia alcanza más de 24° long. O. La parte que resulta sin tener en cuenta estos destacados lugares adopta una forma sensiblemente triangular cuyo vértice más agudo lo es también de la península Ibérica, al SO, desde el que se ensancha hacia los Urales. El extremo meridional del triángulo está a 12,5° al N del Trópico de Cáncer; el septentrional sólo rebasa en cuatro grados el Círculo Polar Ártico. Esto quiere decir que, salvo las avanzadas insulares, E. desarrolla sus tierras casi por entero dentro de una misma zona climática: la templada del Hemisferio Boreal.b. Personalidad geográfica. Aspectos físico y humano. Decimos que E. es sólo parte de un gran continente y se encuentra casi dentro de una misma zona climática. De esto se deriva la nota más destacada y general de su geografía física: la moderación. Asia, África y América son conjuntos continentales mayores que atraviesan zonas climáticas de muy distintos caracteres. E. es menos extensa y no tiene tan fuertes contrastes como las otras partes del mundo. Sus diferencias de clima son menos acusadas; también las que se derivan de él. Carece de desiertos y selvas vírgenes, contrastes que presenta algún otro continente. Su variedad es moderada. Ocurre igual en la morfología. Su altitud media es de 430 m., similar a la de Australia, pero dos veces menor que la de África, tres menos que la de Asia y también inferior a la de América. No tiene tan altas y extensas cordilleras como estas últimas y, por otra parte, se orientan muchas en el sentido de los paralelos. La influencia marítima, a favor de esta circunstancia y del dilatado y movido litoral, penetra más, y es otra nota diferencial respecto a las restantes partes del mundo.Sobre esta personalidad física se superpone, más destacada, la humana. E. ha sido hasta ahora importante y constante campo de batalla sobre el que se han dirimido los grandes conflictos de la humanidad. También es el lugar en que se han fraguado sistemas culturales trascendentes (v. v, tx). E. completó el conocimiento del mundo merced a sus descubrimientos geográficos y expandió con ello su civilización. Su historia, que encierra múltiples detalles para cada región o país, ha modelado de manera especial el paisaje. Resulta el conjunto más transformado o más humanizado de la Tierra.El complejo litoral. De los tres lados del triángulo europeo, dos son marítimos y uno continental. El continental es muy regular, pero no ocurre lo mismo con los marítimos. De éstos, uno está de cara a los océanos Ártico y Atlántico; el otro, frente al Mediterráneo. Hay profundos entrantes de aquellos océanos y de este mar en otros menores espacios marítimos, cuya continuidad, a su vez, se ve rota por penínsulas e islas. El Ártico penetra por el mar Blanco (v.), entre las penínsulas de Kanín y Kola. El tránsito litoral al Atlántico se realiza mediante la península Escandinava, que avanza hacia el sur. En dirección opuesta lo hace la de Jutlandia, que se prolonga por numerosas islas, haciendo así más estrecha y múltiple la comunicación marina hacia el Báltico (v.), mar que se adentra al E de la península Escandinava con profundos golfos. En el Atlántico se hallan las extensas Islas Británicas. Al trozo de Atlántico que las aísla de aquellas penínsulas se le llama mar del Norte (v.); paso de Calais y canal de la Mancha (v.), a las partes que las separan del resto del continente. Islandia se encuentra lejos de E.; su longitud occidental coincide con la oriental de Groenlandia, de la que está separada por el estrecho de Dinamarca.Otra penetración atlántica es el golfo de Vizcaya, mar Cantábrico (v.) para los españoles. Al sur de él se extiende la península Ibérica, que forma el ángulo del triángulo europeo. Su extremo meridional, que lo es también de la forma triangular europea, está separado de África mediante el estrecho de Gibraltar. Por él penetran las aguas del Atlántico hacia la mayor superficie marítima interior que tiene E.: el Mediterráneo. Numerosas islas, algunas de extensión considerable, rompen su continuidad. También las dos penínsulas, Itálica y Balcánica, que, junto con la Ibérica (por su situación mediterránea y atlántica a la vez), prolongan E. hacia el sur. Tanta irregularidad hace que en el Mediterráneo se estimen como partes especiales del mismo los mares Tirreno (v.), Jónico (v.), Adriático (v.) y Egeo (v.).Todavía hay que señalar otro accidente importante del litoral: el de un mar, más interior aún, que se abre al fondo del mismo Mediterráneo: el Negro (v.). También tiene una península de igual dirección meridional que las mediterráneas, la de Crimea y, a su costado oriental, otro entrante marino: Azov (v.). Resulta, en definitiva, un complicado litoral de penínsulas e islas y con penetraciones marinas que en algunos casos se continúan con otras menores. Todos estos accidentes contribuyen a hacer de E. la parte menos continental de la superficie terrestre.2. Medio físico. a. Relieve. Para lo referente a la evolución geológica, v. ti. Además, hay que señalar un fenómeno importante en la formación del relieve europeo: el de las glaciaciones. Tuvieron lugar durante la Era Cuaternaria (v.) en largos periodos en que el clima (se desconocen con seguridad los motivos) se recrudeció. Los hielos polares cubrieron toda la zona septentrional, rebasando incluso lo que ahora son mares Bálticos y del Norte, y todas las importantes cordilleras. La acción de ellos, la del viento y la de las aguas actuando sobre los relieves dieron las formas actuales, acabaron la configuración de E. Con sus aportes se formaron las llanuras que, más que aquellas cordilleras, dan carácter a E. La mayor ocupa toda la zona central, hasta los Urales. En su parte norte está formada por depósitos glaciales; al sur por loess, finos sedimentos que el viento arrancó a aquéllos; junto al Atlántico, hasta donde esta gran llanura se extiende, por los marinos que dejaron las transgresiones en los momentos en que E. descendió en bloque. Los mismos sedimentos marinos o los glaciales, eólicos y fluviales forman las llanuras que se extienden entre los ramales alpinos y entre los bloques levantados de los macizos paleozoicos, pues se acumularon sobre fosas y depresiones. Las mayores cimas europeas (el Mont Blanc con 4.807 m. es la máxima) no alcanzan las latitudes de África, América o Asia, pero la escasa altitud media europea no se debe sólo a esta circunstancia, sino más bien al gran desarrollo de tales llanuras. Si en los países mediterráneos limitan mucho su anchura, se hacen mayores en los atlánticos y llegan a dar desde éstos una continuidad total hasta el borde oriental, esto es, los Urales.b. Clima. Corresponde a E. por su latitud un clima de suaves temperaturas. Por estar al E de un océano y muy abierta a su influencia, también un clima húmedo. Pero E. se halla soldada al continente asiático y, en parte, abierta a la influencia polar. Hacia el interior y el chaflán ártico se difuminan aquellos caracteres atlánticos. También hacia el sur, de cara al Mediterráneo, donde a la situación latitudinal más baja se une el hecho de la existencia de paredones montañosos que protegen de la influencia continental. Dentro de la general uniformidad climática que corresponde a la latitud media en que se halla E., hay que señalar, pues, algunas diferencias según situación y, por tanto, distintas regiones, ya que el clima es rasgo físico muy condicionante de los hechos humanos. Dichas regiones son la Occidental, la Oriental y la Meridional, que se corresponden a los dominios climáticos atlántico, continental y mediterráneo. Pero también otras dos, la Nórdica o Septentrional y la Central, en las que se realiza la transición entre esos distintos caracteres climáticos.Las barreras montañosas cierran el paso de la influencia atlántica hacia el interior de la península Ibérica, y su extremo meridional, a tan baja latitud, se halla también fuera, en otro sentido, de ese dominio climático. En cambio, se prolonga por el Norte, merced a la corriente marina cálida del golfo de México, que avanza por el litoral escandinavo. Pero en esta península no se adentra mucho porque los Alpes escandinavos lo impiden. Entre ambas posiciones extremas, septentrional y meridional, la influencia atlántica penetra bien hasta alcanzar la E. Central a favor de la indicada y amplia gran llanura.Este clima atlántico se caracteriza por tener inviernos relativamente suaves y veranos frescos. La amplitud térmica resultante a lo largo del año es, pues, moderada, en general no superior a 15 ó 16°. La causa es que el océano, como masa líquida, se calienta y enfría menos que la continental, y sus más suaves condiciones repercuten en las tierras abiertas a su influencia. También ésta es de humedad. Sobre el océano, en latitudes medias, se halla el llamado frente polar, realmente subpolar, en que entran en contacto las masas de aire frías con las tibias o tropicales. En las interpenetraciones de unas en otras se producen borrascas que al avanzar hacia el este riegan la E. Occidental. Son lluvias regularmente repartidas, aunque más persistentes desde otoño hasta primavera o, más aún, en estas estaciones equinocciales; y resultan en total precipitaciones que, si se debilitan hacia el interior, rebasan los 1.500 mm. en la zona costera, en la que hay puntos que sólo se ven libres de ellas menos de 100 días al año. En pleno invierno queda contrarrestada la influencia atlántica cuando el anticiclón de las Islas Británicas cierra el paso a las borrascas. Toda o casi toda E. cae entonces bajo el dominio del anticiclón siberiano, y hasta las mismas penínsulas meridionales sufren entonces sus gélidos efectos.Esta influencia del norte o nordeste se hace más acusada y general en la región más interior, la de clima continental. Al alejarse la vertical del sol hacia el Ecuador y el Trópico de Capricornio, la masa euroasiática se enfría con más rapidez e intensidad que el Atlántico. El anticiclón siberiano, que durante el verano estuvo constreñido, incluye en su dominio a toda la E. Oriental que sufre entonces temperaturas bastante inferiores a 0°. En el verano, por el contrario, la misma circunstancia de la lejanía oceánica, da lugar a un rápido caldeamiento que funde el hielo formado por la escasa humedad invernal. No supera entonces en muchos grados al clima atlántico, pero la mayor diferencia de las temperaturas invernales que ambos tienen da como consecuencia en el continental una mayor amplitud térmica. Este clima tiene lluvias de verano porque las bajas presiones de ese momento permiten la llegada de aire húmedo, pero resulta en total una precipitación muy inferior a la propia de la región atlántica.En E. Meridional dominan las condiciones derivadas de la baja latitud y la proximidad al Mediterráneo. Sus principales caracteres son las suaves temperaturas invernales y la escasez o nulidad de lluvias de la estación estival, lo que, unido al calor y la fuerte evaporación derivada, da lugar a gran aridez. Esta aridez se prolonga cinco o seis meses del año, y a esta circunstancia, catastrófica desde el punto de vista económico, se suma la contraria de las, lluvias, que caen de manera torrencial y en breves lapsos de tiempo durante la época opuesta del año. Los lugares donde este clima se manifiesta con más claridad alcanzan una insolación superior a 2.500 h. que se reparten en casi 300 días del año. La aridez en ellos resulta muy acusada, casi desértica. En el ángulo sudeste de la península Ibérica apenas se alcanzan los 200 mm. de lluvia anual. En todo caso es invernal, cuando las bajas presiones mediterráneas atraen aire atlántico. Pero también estas bajas presiones pueden dar lugar a penetraciones de aire continental frío. Fuera de los lugares más típicos mediterráneos caben así algunas heladas invernales que, por circunstanciales, resultan también adversas para las formas de utilización del suelo, acomodadas a las indicadas notas generales. Los caracteres mediterráneos se diluyen con la altitud y donde las cordilleras, como en el caso de la península Ibérica, se orientan paralelas al litoral actuando de barreras. Por esto se distinguen en la región Meridional dos áreas. Se ha establecido el límite aproximado entre ellas sobre las comarcas que tienen 9,5° como temperatura media de enero, que es el mes más frío. Esta línea arranca del centro del litoral atlántico de la península Ibérica y termina al sur de la Balcánica. En ambas penínsulas, por efectos de la altitud, se incurva tal isoterma al sur para dejar la mayor parte de sus tierras en el área septentrional, que es donde los caracteres climáticos muestran rasgos atlánticos o de continentalidad o están más diluidos los típicos mediterráneos.La E. Nórdica o Septentrional gravita entre los caracteres atlánticos, dominantes al sur de ella, y los continentales. Lo mismo ocurre en la Central que, en parte, recibe también alguna influencia mediterránea. Y tanto en éstas como en aquellas regiones hay que señalar las modificaciones que impone la altitud. Estas modificaciones resultan más suaves en E. Meridional, donde la nieve se limita a unos espaciados y pequeños nichos durante el verano y sólo en la alta montaña o en sus vertientes septentrionales. En cambio, en las cordilleras de las otras regiones recubre las altas cumbres todo el año.c. Hidrografía. Los caracteres de los ríos son consecuencia de los morfológicos y climáticos. Así, los de E. muestran también rasgos de valor moderado y sin exagerados contrastes, de acuerdo con sus determinantes. Los ríos más largos de E. son el Volga (v.), que rebasa los 3.600 Km.; el Danubio (v.), que tiene más de 2.800, y el Ural (v.), Dnieper (v.) y Kama, este último afluente del Volga, que pasan de los dos millares de Km. Son de recorrido muy inferior al que tienen las grandes arterias fluviales que atraviesan los continentes de África, Asia y América.El Danubio discurre de O a E, paralelo al lado meridional del triángulo europeo. Los demás ríos indicados corresponden al ensanchamiento oriental, donde se halla también la mayor parte de los que siguen a ésos en cuanto al valor numérico de la longitud. Ésta es, en general, menor en los de Europa Central y Occidental, donde se reduce el ensanchamiento continental y se hallan las penetraciones de mares y golfos. Las menores longitudes corresponden, salvo excepciones, a penínsulas e islas. El Po, principal río de la península Itálica, sólo alcanza 652 Km.; mayor longitud tienen los principales de la Ibérica, pero menor los de la Balcánica y la Escandinava. Aunque las cordilleras europeas no son de gigantesco desarrollo, las numerosas piezas levantadas mediante pliegues o fracturas por los movimientos alpinos dan una gran compartimentación de cuencas. Sólo la del Volga rebasa el millón de Kmz de extensión, que es muy inferior a la de los grandes ríos mundiales. La del Danubio se limita a 800.000 y las del Dnieper y Kama, a menos de medio millón. E. se caracteriza por tener muchas cuencas fluviales de reducidas dimensiones. Los caudales absolutos superiores son los de las mayores cuencas receptoras, aunque igualmente contrastan con los que en esos otros continentes unen a la gran extensión grandes alturas circundantes de innivación continua, o incluso, las fuertes lluvias ecuatoriales o monzónicas. El Volga rebasa los 7.000 m3 de media en la desembocadura; el Danubio, favorecido por los aportes alpinos, los 6.500. Paralelo a él, en la vertiente meridional alpina, discurre el Po, que con 652 Km. de recorrido sólo tiene 1.800 m3.Los que abren sus cuencas a las borrascas atlánticas y remontan su cabecera a zonas de fuerte innivación son los de mayor -caudal relativo. El Dnieper y el Don (v.) no llegan a dos litros por Km’ de cuenca; el Volga, de cuenca más extensa, es inferior a cinco; el Danubio con sus aportes alpinos, sube en cambio a 7,3; el Rin (v.), que atraviesa además una zona de abundantes precipitaciones, alcanza 9,8. Estos caudales no se reparten de la misma manera en todos ellos. Los más regulares son los que atraviesan sus cuencas bajo clima atlántico, pues se alimentan con lluvias bien distribuidas a lo largo del año. Los orientales se hielan en invierno, aumentan de manera brusca su caudal en primavera, cuando se produce la fusión, y lo reducen en verano. En el clima continental las lluvias son estivales, pero hay entonces fuerte evaporación, y el suelo, reseco, absorbe la humedad. También la irregularidad caracteriza a los mediterráneos, que tienen aguas altas desde otoño a primavera, a favor de las lluvias y la escasa evaporación, con fuertes crecidas incluso en esas estaciones, pero que llegan a secarse, o casi secarse, a finales de verano. Aquéllos son utilizados como medio de comunicación; estos otros, para la agricultura.d. Suelos y vegetación. Clima, morfología y litología determinan las condiciones edáficas, y todas ellas las vegetales (v. iit). Pero la acción humana ha modificado sensiblemente el paisaje vegetal y, consecuentemente, el suelo. A los tres grandes y generales dominios climáticos ya señalados corresponden otros tantos de vegetación. La conjunción de condicionamientos climáticos y acción antropógena da como resultante en las zonas de clima atlántico tres distintas formaciones vegetales: bosque, landa y pradera. El bosque corresponde a la situación original. La acción humana ha contribuido a la extensión de algunas especies a costa de otras y, sobre todo, ha dado paso, por degradación, a la landa y la pradera.El bosque atlántico es el politípico caducifolio, integrado principalmente por diversos robles (Quercus pedunculata y Q. sessiliflora, sobre todo) y hayas (Fagus silvatica). El hombre ha favorecido la propagación del pino marítimo (Pinus pinaster) y otros. La desforestación continuada produce la landa. Es el matorral formado por genistas o aliagas (Ulex europeus como dominante), helechos (Pteridium aquilinum) y diversas Éricas o brezos. En muchos lugares, el mismo brezal, por intervención humana, da paso a la pradera permanente.El abundante humus del bosque presente y del pasado acidula más el agua de lluvia que cae sobre el suelo. La alteración de la roca en los bloques paleozoicos y en los aportes procedentes de ellos determina suelos ácidos o podsólicos. El pH llega a ser inferior a seis en muchos lugares porque los carbonatos son arrastrados a bajos horizontes. En las formaciones calcáreas carentes de arcilla resultan rendzinas o suelos también pobres, pero, si hay arcilla que transforme en margas la caliza y la impermeabilice, se originan suelos pardos que retienen más la humedad y asimilan mejor los fertilizantes.Dentro de la región Oriental hay algunas diferencias climáticas. Como consecuencia, se producen cuatro distintas formaciones vegetales: tundra, taiga, bosque y estepa. Los suelos de la tundra son negros, con frecuencia pantanosos, muy ricos en humus. Los de la taiga son muy ácidos, tipo podsol, porque no hay en ella calor suficiente para que los carbonatos que bajan a horizontes profundos puedan de nuevo subir a la superficie. Bajo el bosque más meridional dominan los suelos pardos, y en la estepa, el chernosiem. El humus que aquí producen las gramíneas alcanza a los distintos niveles u horizontes edáficos, y el calcio no migra hacia abajo. Resultan suelos neutros, con pH igual a siete o incluso de reacción básica, capaces de magníficos rendimientos agrarios. Donde las condiciones de aridez se intensifican, resultan suelos demasiado cargados de cal y sales y con pH que llega a ser igual a nueve, es decir, demasiado básico.La formación vegetal originaria bajo el clima mediterráneo es el bosque de igual denominación, perennifolio y muy abierto. El árbol típico es la encina (Quercus ilex), con acompañamiento de algunos robles (Quercus lusitanica y Q. pyrenaica o Q. tozza) ; en suelos ácidos, alcornoques (Quercus suber) y, favorecidos por el hombre, Pinus pinaster y P. sylvestris. Sobre suelos calizos, en general menos húmedos, el pino carrasco o de Alepo (P. halepensis) y el pino laricio o rodeno. A la sombra de las encinas crece un sotobosque de retamas, jaras, romero (Rosmarinus o f f icinalis)y otras labiadas.La desforestación continuada ha hecho que este matorral de plantas arbustivas domine sobre el querquecetum. En suelos ácidos, el matorral es el maquis o formación de enebros arbustivos (Juniperus comunis), jaras (Cistus ladaniferus y otras), brezos (Erica arborea), cantueso (Lavandula pedunculata), etc. El matorral de suelos calizos es la garriga, integrada por la coscoja (Quercus coccifera), cuyo nombre vulgar (garrigue en francés, garric en catalán) define la formación. La acompañan sabinas (Juperus phenicia, J. turiphera), espliego (Lavandula latifolia) y otras diversas especies aromáticas. En el maquis dominan las plantas silicícolas; en la garriga, las calcícolas. Plantas que, como los enebros o las sabinas, pueden en otras condiciones adquirir aspecto arbóreo se limitan en éstas a forma arbustiva. Así, las dos formaciones son de matorral, aunque más denso que el maquis porque los suelos silíceos retienen más la humedad que los calizos. El esparto (Stipa tenacissima) marca la mayor aridez, y él mismo y el pobre pastizal invernal constituyen la última formación de estas latitudes, el erial, cuando las rozas continuadas no permiten siquiera el matorral. En cambio, el hombre ha favorecido la introducción o la expansión de especies de origen extraeuropeo, como pitas (Agave americana), nopales o chumberas (Ficus indica) y palmeras. Con el clima mediterráneo las rocas silíceas y la pobre vegetación originan suelos pardos meridionales, de ligera acidez, y tierras rojas no cálcicas. Sobre las calizas se forman suelos castaños y, con mayor aridez, el serosem, más cargado de cal. Pero la formación edáfica más típica mediterránea, procedente de roca madre caliza, es la terra rossa, poco ácida porque la pobre vegetación no produce mucho humus y la escasa humedad no arrastra los carbonatos.3. Poblamiento y población. a. Desmembración política. La desmembración política no se corresponde con el esquema regional que hemos señalado. Grupos humanos de distinto origen, de diferentes creencias religiosas o sistemas políticos se han enfrentado a lo largo de siglos y han dado como resultado una gran multiplicidad de Estados. Sobre el mapa europeo faltan las fáciles fronteras lineales que caracterizan a las entidades políticas de más reciente creación. Tampoco en E. hay fronteras imprecisas que respondan a desinterés o a vacíos humanos. Al trazado actual de cada una se ha llegado a través de numerosos conflictos armados, estudios y acuerdos.Así, sólo una de esas grandes regiones señaladas, la Oriental, se corresponde con una entidad política: la Unión Soviética (v.). Su extensión no es la normal de los países europeos, pues abarca más de la tercera parte de Asia y la mitad oriental de E. En todos los aspectos es transición a Asia. La otra mitad europea, la que integra las cuatro regiones restantes, está dividida, por el contrario, en numerosos países, todos ellos con extensiones más acordes con los moderados valores que hemos señalado como característicos de la geografía física europea.La E. Septentrional o Nórdica se parcela de la siguiente manera: dos Estados, Suecia y Noruega, se reparten la soberanía de la península Escandinava. El territorio que se halla entre ésta y la URSS forma la nación de Finlandia. Dinamarca ocupa por completo la península de Jutlandia y las islas que establecen el puente natural con la Escandinava. Finalmente, hay que incluir también en esta gran región a Islandia, que acomoda sus límites a la isla de igual nombre. Si por su situación, tan próxima a América, más parece parte de este continente, es europea, y así se ha estimado siempre, en cuanto a sus aspectos humanos.La E. Occidental, la más propiamente atlántica, está integrada por tres países tan relacionados entre sí que a su conjunto se le denomina Benelux, palabra formada por las primeras letras del nombre de cada uno: Bélgica, Nederland (Países Bajos u Holanda) y Luxemburgo. También por el que se halla al S de ellos, Francia, aunque en parte es mediterráneo y se prolonga en el mar de este nombre mediante la isla de Córcega. Igualmente pertenecen a la región occidental o propiamente atlántica las Islas Británicas. La mayor porción de la más occidental forma el Eire o Estado Libre de Irlanda; la menor y más septentrional, el Ulster, integra con la isla mayor el Reino Unido de Gran Bretaña.Pueden estimarse de Europa Central: Alemania occidental y oriental; los que la limitan por el E, esto es, Polonia y Checoslovaquia; dos Estados íntegramente alpinos, que son Suiza y el pequeño principado de Liechtenstein; otro que es alpino también, pero algo danubiano: Austria, y los exclusivamente danubianos de Hungría y Rumania. No quiere esto decir que los Alpes accidenten sólo esos países que se apoyan en su nombre, ni que el Danubio sea río exclusivo de los señalados como danubianos. La delimitación bajo un concepto se realiza en función de los caracteres más acusados. Es también la razón de incluir en esta región a los que muestran algunos rasgos similares a los de la E. Oriental; basta su carácter dominante de transición para estimarlos de la Central.Se incluyen en la E. Meridional las zonas de clima mediterráneo, que son las penínsulas Ibérica, aunque sea atlántica en buena parte, Itálica y Balcánica. De las tres sólo la Itálica forma una unidad nacional, Italia, que extiende sus fronteras, de un lado, hasta las cimas alpinas, de otro, hasta las importantes islas de Cerdeña y Sicilia. Más al sur, en situación más céntrica dentro del Mediterráneo, se halla el pequeño Estado de Malta y, en la misma península, la Ciudad del Vaticano y el enclave de San Marino. En el ángulo sudeste de Francia, el principado de Mónaco, también de reducida extensión. La península Ibérica comprende Portugal y España. En el istmo pireinaco, por el que se ha trazado la frontera entre España y Francia se halla otro pequeño territorio independiente, Andorra, y en el extremo meridional la plaza británica de Gibraltar. Desde el Danubio o su cuenca hasta el Mediterráneo, se extienden, a través de la cordillera y la península Balcánica, los siguientes países: Yugoslavia, Albania, Grecia y Bulgaria, este último, al igual que el más septentrional y ya indicado de Rumania, abierto al mar Negro. Desde Bulgaria hasta lo que se considera límite sudeste europeo, prolonga su soberanía un Estado asiático en lo que se llama Turquía europea.Recientemente han surgido bloques políticos, oriental y occidental, que contrarrestan de alguna manera tanta diversidad (v. v). También otras fuerzas (COMECOM, Mercado Común, EFTA, Consejo Nórdico, Consejo de Europa, el citado Benelux) que más todavía que aquéllos tratan de aunar esfuerzos económicos y atenuar las barreras fronterizas (v. EUROPEíSMO Ii). Hay que señalar igualmente la relativa unidad que a casi toda E. dan su historia, su cultura y la fe cristiana que profesan la mayoría de sus habitantes. Pero también la misma historia ha consolidado de manera muy firme esta diversidad nacional, a la que se une, por otra parte, la que también existe en cuanto a los caracteres raciales y étnicos.b. Caracteres raciales y étnicos. E. no tiene unidad racial. Remonta su poblamiento a la Era Cuaternaria (v. Iv). Sobre la inicial raza paleolítica de Neanderthal se superpusieron las de Cromagnon y Chancelade, dolicocéfalas o de cráneo alargado, al igual que aquélla. Otros grupos, ya braquicéfalos o de cabeza redonda, llegan, seguramente desde Asia, a partir del Mesolítico. Las fusiones no permiten establecer tipos bien definidos. Hay que tener en cuenta también que muchos caracteres que se estimaban propios de grupos raciales son sólo debidos a la alimentación y cambian según varía ésta o el medio en que se desenvuelven.Sin embargo, pueden señalarse cinco grupos unidos por sus caracteres somáticos o fisionómicos y que se corresponden mucho con las regiones señaladas: nórdico, oriental, mediterráneo, alpino y dinárico. El primero, que ocupa el borde del Báltico y del mar del Norte, es ligeramente dolicocéfalo, alto, de piel muy blanca, cabellos rubios, ojos claros y barbilla saliente. El oriental, que ocupa el norte y centro de Rusia y el centro de Polonia, coincide con aquél en el color de la piel, los cabellos y los ojos, pero es más bajo y braquicéfalo. El mediterráneo se extiende desde la península Ibérica hasta el sur de Rusia, coincide con el nórdico en la dolicocefalia, pero es mucho más bajo; debido a la mayor insolación que soporta, es de oscura pigmentación, y tiene negros los cabellos y los ojos. Alpino y dinámico forman la transición geográfica entre los anteriores, esto es, ocupan el oeste y centro de E. El colorido de la piel, de los ojos y de los cabellos y la estatura son en ellos intermedios entre los del nórdico y el mediterráneo; los dos son braquicéfalos, pero con cara más ancha y mayor estatura el dinárico.De todas formas, el elemento racial tiene escaso valor geográfico. Más interesantes son las etnias o grupos unidos por caracteres de civilización. De éstos, el más destacado es la lengua. Pero en este sentido E. es un complicado mosaico. Hay tres grupos fundamentales de raíz indoeuropea: eslavo (v. ESLAVOS 111; ESLAVíSTICA), germánico (V. GERMÁNICAS, LENGUAS Y LITERATURAS) y latino (v. ROMÁNICAS, LENGUAS). El grupo eslavo está integrado por ruso, letón, lituano, polaco, checo, eslovaco, croata, eslovenio y servio. El germánico tiene tres ramas: nórdica (la de las lenguas de E. Septentrional), gótica y alemana. De esta última deriva el frisón y el sajón, originario éste a su vez del flamenco, neerlandés e inglés. Las lenguas latinas se hablan en Rumania, Italia, Francia, España, Bélgica y Portugal. (Todos los indicados son sólo ejemplos que están muy lejos de agotar la posible enumeración). Una misma lengua madre, como el latín, ha dado lugar a varias, habladas en un mismo país, y cada una con diversas formas dialectuales. Hay países no muy extensos en que coexisten varias de raíces o troncos distintos.A pesar de esto, cualquier atlas lingüístico puede superponerse a otro geográfico; las diferencias incluso dialectales son paralelas de las múltiples geográficas que cabe siempre señalar entre unas comarcas y otras. Son todas símbolo de diferencias de pensamiento, y por la hegemonía o la libertad de su enseñanza y uso producen todavía fricciones entre pueblos o zonas de una misma nación.c. Dinámica de la población. La evolución demográfica europea comprende tres distintas etapas. La primera se extiende hasta el s. xviil, para E. Occidental, y el xix para el resto. Se caracteriza por tener muy alta natalidad, pero crecimiento moderaáo, en virtud de una mortalidad también muy elevada. La gráfica que puede hacerse de la evolución demográfica de la primera etapa, aunque muy incompleta y parcial, revela que E. en todo ese tiempo tuvo una tendencia general creciente, pero de signo moderado y con frecuentes caídas bruscas.En el s. xvln se producen innovaciones técnicas y políticas que provocan la revolución industrial y los cambios agrícolas. En el xix se generalizan y van acompañadas también de adelantos médicos. Todo ello da lugar a una nueva etapa o ciclo en las tendencias demográficas, primero de la región occidental, después de las restantes. Los coeficientes de natalidad descienden, pero lo hacen de manera mucho más acusada los de mortalidad, ya libres de las frecuentes epidemias catastróficas, propias de la etapa anterior. A pesar de la emigración que se realiza principalmente a América, la población europea experimenta entonces un crecimiento de signo acelerado. Como consecuencia, E. ha pasado de los 175 millones de hab. a finales del xviit, a los 400 millones en 1900 y 500 millones en 1930.El tercer ciclo o etapa de la evolución demográfica europea empieza a mediados del presente siglo. Continúan los descensos de la natalidad y de la mortalidad. Al aumentar la vida media y reducirse los nacimientos, envejece la población y resulta desaceleración en el crecimiento. Todos los países, excepto Albania, tienen ahora tasas de mortalidad similares entre sí, en torno a 9%o. En cuanto a la natalidad, oscilan de 16, o menos, a 18%o. Resulta un crecimiento natural que varía de 0,1 al 1 % anual. Los países de menor crecimiento natural reciben migración procedente de los mediterráneos europeos e incluso de otros. Sólo la E. Meridional, en conjunto, rebasa ahora los 20 nacimientos al año por cada mil habitantes y, estimando también los grupos de grandes regiones, resulta la única en la que el crecimiento natural medio supera el 1%. Los caracteres de esta región se compensan con los propios de las otras y resulta así, para E., una tasa media casi exactamente de 18%o en cuanto a la natalidad y menos del 10%o en mortalidad y un crecimiento natural medio de 0,8%.Son éstas las notas que en el aspecto demográfico dan carácter a E. y la diferencian en el conjunto actual de la humanidad, cuyos coeficientes medios superan los 30 nacimientos y las 14 defunciones al año por cada mil habitantes, y dan como resultado un crecimiento anual que está por encima del 1,5%. A pesar de esta última tendencia de desaceleración en el crecimiento, E., que tiene sólo una quinceava parte de la superficie continental de la Tierra, reúne casi la quinta parte de la población mundial: 638 millones, según estimación de 1968. Para el conjunto continental resulta una densidad media de 23 hab./Kmz; la europea es de 61.d. Formas de distribución de la población. Los 638 millones de hab. se distribuyen de la siguiente manera: 24 millones en E. Nórdica, 130 en la Occidental, 167 en la Central, 180 en la Oriental y 137 en la Meridional. La inferior densidad, 18,4 hab/Kmz, corresponde a la primera de las regiones indicadas. Debido a su situación latitudinal, tiene más extensión de tierra con condiciones poco propicias a la ocupación permanente, y su crecimiento natural es, a la vez, uno de los más bajos. La Oriental incluye también amplias zonas de clima extremado y poco aptas; su densidad es mayor, pero igualmente inferior a la media europea: 32,3. La de E. Meridional es de 94,9; supera a la media, pero no se corresponde con su crecimiento natural, debido a la emigración que padece, que en buena parte se dirige a E. Central y Occidental. Así, éstas, con menores crecimientos naturales, alcanzan densidades de 133,6 la primera y 140 la segunda. Dos países de ésta, Bélgica y Holanda, rebasan los 300 hab/Kmz.E. tiene más población urbana que rural. La industria y los servicios ocupan mucha más población (v. 4 b), que las actividades primarias, por lo que se multiplican los núcleos urbanos. En E. Occidental y en la Central, principalmente, se ha producido en muchos lugares la conurbación o unión real de distintos núcleos que, así, llegan a juntar incluso varios millones de hab. que, sin embargo, figuran censados dentro de diversas entidades porque en muchos casos se mantienen como límites administrativos los tradicionales. En 1968 pasaba de los ocho millones la aglomeración de París y de siete millones las de Londres y Moscú. Rebasaban los tres millones Leningrado, ciudad también de la URSS, y dos millones las británicas de Birminghan y Manchester, y Madrid que dos años más tarde alcanzaba ya los tres millones. En la misma fecha había otras 24 aglomeraciones que reunían, cada una, más de un millón de hab. Pero no sólo resulta intenso el proceso de urbanización, porque se haya llegado a estas cifras. Ciudades menores, que son capital administrativa de nación o provincia, nudo de comunicaciones, puerto, centro minero, religioso o turístico, mercado regional, cte., tachonan todo el mapa europeo. Hace ya casi una decena de años tenía Alemania Occidental un núcleo de 100.000 hab. por cada 2.289 Kmz del país. En Inglaterra y País de Gales no había lugar que se encontrara a más de 200 Km. de una de ellas. En algunas zonas, esa distancia se reducía a 100 Km.En E. Meridional se hallan los núcleos de más remota fundación. Algunos cuentan su existencia por milenios. Han sufrido asedios, invasiones, incendios, pero de nuevo se rehicieron sobre sus pasados cimientos, o incluso, sobre sus cenizas. El primitivo emplazamiento condiciona su desarrollo, y en muchos casos se reconoce todavía la red viaria inicial en la que destacan los edificios de anteriores momentos históricos y estilos artísticos. Formas que responden a pasadas funciones, como castillo, torres, puertas, parte de la muralla o incluso toda ella, se conservan y dan todavía carácter al núcleo histórico y, a veces, a todo el conjunto urbano. Resulta en cada caso una ciudad museo, y son, en general, centros administrativos, eclesiásticos, culturales y comerciales. Si hay evolución importante, se produce al otro lado de unas amplias vías de comunicación, dispuestas sobre lo que fueron rondas del recinto murado, o al margen de ese conjunto histórico-artístico. Resultan dos ciudades superpuestas: la vieja y monumental y la de formas y funciones más modernas que es a la vez mercado, taller y vivienda.Sobre el plano se puede delimitar bien el núcleo medieval, debido a la estrechez y la organización de la red viaria, condicionada por el templo principal o por lo que fue mercado central y luego plaza mayor. Y por el mismo trazado de las calles, tortuosas, quebradas y muchas de ellas cerradas, se reconocen bien las pertenecientes a la civilización musulmana. En todo caso, son ciudades que reúnen funciones diversas, incluso una estimable proporción de personas de economía primaria, con poca actividad industrial; se mezclan las restantes funciones (entre las que ahora se intensifica la turística) con las viviendas.Las ciudades de E. Occidental, y las de la Central más próxima a ella, acusan más el impacto de la revolución industrial. No hay en ellas aspecto rural alguno. La urbanización es tan intensa en estos países que incluso el campo circundante a la ciudad resulta prolongación de ésta, como si él mismo se hubiese urbanizado. Una tupida maraña de comunicaciones, carreteras, ferrocarriles, canales, enlazada a su vez con puertos que se hallan entre los de más movimiento del mundo, facilita la extensión de la ciudad, que ya encontró su impulso en el s. xviii o xix con la aparición de la industria y el comercio de gran porte. Se multiplican los centros mercantiles, mineros, fabriles, etc. Algunas expansiones engloban o se acomodan, al igual que en las meridionales, a un núcleo histórico y monumental. Muchas de este carácter se han quedado, sin embargo, sólo con él, con progresiva despoblación, mientras surgen pujantes los nuevos centros comerciales e industriales. En muchos casos resultan éstos el centro de la ciudad, rodeado por los bloques de viviendas plurifamiliares, de los que parten los tentáculos urbanos de las zonas residenciales de viviendas unifamiliares y no apretadas. Desde esta ciudad-dormitorio se producen los movimientos pendulares de la población todos los días, a las horas convenientes, hasta el centro de trabajo y de comercio. La tipología es compleja, y coexisten en cada país numerosos núcleos poco populosos y grandes aglomeraciones. Gran Bretaña tiene los ejemplos más claros: cuenta con más de 70 ciudades que sobrepasan los 100.000 hab. cada una; 17 se hallan dentro de la gran aglomeración de Londres.La E. Oriental es la de las dilatadas llanuras, heladas parte del año las septentrionales. El río viene a ser la vía de más fácil relación. Los núcleos urbanos se han desarrollado en sus orillas. Pero la industrialización se ha producido, ya entrado el presente siglo. Los núcleos urbanos, con gran proporción de funciones agrarias, consistían en una mezcla de conjuntos histórico-monumentales y de grandes centros rurales. En las últimas décadas ha estallado el proceso de urbanización, paralelo al desarrollo industrial. En unos casos, en torno a esos primitivos núcleos; en los más, han surgido ciudades enteramente nuevas. Las formas son más modernas. Grandes bloques de viviendas de muchas familias y de uniforme construcción se alzan en torno a las grandes avenidas y, con frecuencia, resulta todavía el río eje fundamental en el plano de la ciudad. En ciertos aspectos se asemejan a las occidentales. Coexisten los pequeños centros urbanos, son centros comerciales, con las grandes aglomeraciones de compleja actividad, que también han dado lugar a ciudades satélites y a cinturones sólo residenciales y sometidos igualmente a los movimientos pendulares respecto al centro de comercio y de trabajo.En la península Escandinava y Finlandia los glaciares o lenguas de hielo socavaron depresiones que son lagos o zonas pantanosas, separadas por depósitos morrénicos " que tienen varias decenas de metros de altura y hasta un centenar de kilómetros de longitud. Se usaron como ejes de circulación y determinaron las fundaciones urbanas. Sobre todo en las orillas de los lagos y del mar y en los lugares terminales de las maderadas flotantes, en los que surgieron las actividades derivadas. O donde se establecieron los centros de pescadores, que también dieron lugar a elaboración y comercio. Estos países tienen pocas ciudades en el interior; la mayoría están sobre el lago o cerca dei mar. Al levantarse, libre de hielos, el conjunto de la península Escandinava, el viejo canal de navegación se ha hecho calle y se ha desplazado el puerto. Se relacionan más con la aglomeración ultramarina que con núcleos interiores, con los que la comunicación a través de bosque y suelo helado resulta más difícil. El grado de confort es alto, en consonancia con el nivel de vida de estos países, y el centro municipal, el sanitario y el deportivo parecen presidir la vida de cada ciudad. Se conservan algunas construcciones de madera, como vestigio de un pasado en que este material fue el único empleado, pero están rodeadas de bloques de formas modernas, aunque de volumen moderado, que es el signo general que preside los conjuntos urbanos.Si la larga historia da complejidad de tipos urbanos, no ocurre menos en cuanto a las formas del poblamiento rural. Los simples esquemas fallan, y lo mismo ocurre cuando se pretende justificar un tipo u otro en una única causa. En regiones de similares caracteres físicos, o incluso en una misma, coexisten poblamiento disperso y concentrado. La dispersión en casas aisladas o en pequeñas aldeas es frecuente en E. Septentrional en los regadíos de la Meridional, sobre las zonas montañosas de ésta y las restantes regiones y en las llanuras occidentales de Holanda, Bélgica y Francia. En los países anglosajones y en el oeste y centro de Francia, la aldea monta sus casas en torno a un espacio abierto de comunal aprovechamiento ganadero. En otras zonas, la dispersión se produce en nebulosa. En los Prealpes de Saboya se emonta a los orígenes y formas de la roturación medieval, que se realizó en aislados espacios o explotaciones. En los países escandinavos, en cambio, arranca de las disposiciones de concentración de parcelas, en el s. xviii, que obligaban a residir sobre las nuevas piezas de tierra.En Holanda y en zonas próximas de Alemania, desecadas para obtener cultivos, muchos pueblos se disponen en sentido longitudinal a lo largo del dique que facilita la explotación y con cada casa frente a la parcela agraria correspondiente. Lo mismo ocurre en los bordes de lo que fue bosque y se desforestó con igual finalidad cultivadora.Siguiendo un camino importante, a uno o los dos lados de él, hay pueblos lineales en Polonia desde la Baja Edad Media, y, en este mismo país y en Lituania, otras de similar distribución que se fundaron en el s. xvi. La aglomeración rural aparece en unos casos como nebulosa en torno a un centro, con pequeños espacios agrarios entre las construcciones; otros presentan amontonado el conjunto de viviendas. Aquel tipo domina en zonas quebradas que dificultan el agrupamiento total y, a la vez, son más ganaderas; el segundo, en las cerealistas. Pero, en general, son muy complejas las causas y múltiples las excepciones.A. CABO ALONSO.
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