Etnología Musical.en General. MÚSICA
Categoria:
Música
Ocioso sería el empeño de mostrar hasta qué extremo el arte musical, en su más amplia acepción, alcanza un lugar de gran importancia en el vivir y en el obrar individual y colectivo. Mas el fenómeno se nos aparece de manera inmediata, no uniforme sino diverso, y ello en su actuación sobre la conducta humana.De un lado hallamos un arte musical mudable y en constante evolución más o menos acelerada según las épocas, con etapas definidas, elaborado frecuentemente a partir de criterios teóricos y especulativos, creado individualmente por compositores de formación académica y erudita y fijado y transmitido por la escritura. Los receptores son más bien sujetos pasivos y en el disfrute musical buscan primordialmente el goce o el alivio del espíritu, la distracción o la diversión. Tales características convienen a la que podemos designar y de hecho solemos llamar música de las culturas occidentales.Pero, de otra parte, tenemos un arte musical más bien estático y estable, sin creadores conocidos individualmente sino presentado como producto de la elaboración colectiva sobre moldes preestablecidos y transmitido oralmente. Sus obras no consisten en composiciones escritas ni son fruto de especulaciones intelectuales ni de teorías; su creación no se produce casi exclusivamente en un ambiente erudito ni por un acto individual, ni está reservado uniformemente a una finalidad estética, ni existe una real separación entre el compositor y el ejecutante, ni entre éste y sus oyentes. Así como el primero es estudiado por la Musicología, este último es el objeto de investigación de la E. musical, hoy con preferencia llamada Etnomusicología y Musicología comparada, que "considera los fenómenos de la música y, en general, todo fenómeno musical revelado por una tradición oral que atañe a la vida sociocultural y las técnicas de los diversos grupos étnicos. Su vocación es descubrir, observar, recoger y, finalmente, estudiar los hechos relativos al sonido y a la música incorporados a las creencias y a los mitos de un pueblo, a sus ritos e instituciones y, en general, a sus actividades" (C. Marcel-Dubois).Su campo geográfico es extensísimo, ya que abarca toda tierra habitada. La música de todos los pueblos no europeos, aun los de civilizaciones muy evolucionadas -China, India, países árabes, etc.- responde a las características señaladas; pero también las descubrimos en las de los pueblos de civilización occidental -Europa y la América de cultura europea o influida por ésta-, y más o menos integrada en las diversas capas sociales, incluso en aquellas acusadamente conformadas por la música de raíz académica y erudita. No menos extenso es el terreno histórico abierto a la investigación etnomusicológica. La raíz de este tipo de música se pierde en la prehistoria y aparece ya con los primeros albores de la cultura, pero sus frutos llegan hasta alcanzar las más evolucionadas de nuestras civilizaciones. En resumen: el objeto de esta ciencia está constituido por la música de las sociedades llamadas primitivas, la de las rurales -en muy amplio sentido- del Occidente, pero también de las altas culturas de los países no occidentales.Materias de estudio. Base de los trabajos es el contenido musical y su análisis, pero un contenido de gran riqueza, no limitado a sus elementos puramente acústicos, sino observado y estudiado en su amplia proyección humana, individual y colectiva. Si cada cultura considera su propia música como uno de sus bienes peculiares y le confiere poder y cometido de representación espiritual, le asigna asimismo múltiples funciones por las cuales alcanza lugar preponderante en la mitología de las colectividades y en el desarrollo de la vida humana. El matrimonio, los ritos fúnebres, y hasta el nacimiento o el periodo prenatal van acompañados por hechos musicales; también los ritos de curación han de recurrir a la música para ser eficaces, de lo cual se revela el poder mágico atribuido a la música; pero no menos revelador es que el estímulo de los ritmos y cantos colectivos, especialmente los de trabajos y los efectos mágicos de ciertas exhortaciones cantadas o de sonoridades particulares estén asociados estrechamente a las actividades técnicas de la caza, de la agricultura o de la ganadería. Y el íntimo nexo de la música con las manifestaciones religiosas.La música, se ha repetido constantemente, es un lenguaje; es más, en el lenguaje hablado, aun en los no considerados musicales -aquellos en los cuales la distinta entonación de una misma palabra le confiere significado distinto, caso de los centroafr¡canos-, la entonación diversa cambia el sentido de las frases y hasta el de las palabras. Pero, además, todo fenómeno sonoro es un medio de comunicación, mucho más si el sonido se organiza musicalmente; el alcance, las alturas, la frecuencia de las señales y su ritmo, los efectos variados conseguidos por el empleo de las fuentes sonoras y el timbre de- los instrumentos -considerando como tal también la voz humana-, concurren a permitir, en el seno de una misma área cultural, el intercambio de los mensajes más importantes, íntimos y delicados y a propiciar la transmisión de las más diversas informaciones.De cuanto hemos venido considerando, sin echar en olvido la multiplicidad de las técnicas sonoras, aparece la multitud y complejidad de los problemas propuestos a la E. musical. Acerca de los instrumentos: factura, técnicas del tañido, empleo, simbología, intensidad sonora, tipología, repertorio, carácter mágico o religioso, etc. Acerca del canto: emisión de la voz, timbres peculiares, tesituras propias del hombre y de la mujer, etc. Sobre el contenido musical: ámbito, escalas, ritmos, estructuras, formas musicales, forma antifonal o responsorial, diversidad de polifonías, monodía acompañada, improvisaciones, variaciones, ornamentaciones, etc., repertorio. Sobre los ejecutantes: pueblo en general, determinados grupos, músicos nómadas, de corte, de santuarios y templos, clanes o castas de músicos, privilegios y prohibiciones, prestigio social, estructura jerárquica, instrumentos o canciones reservados a los jefes, a los hombres, etc. Acerca de la función: cantilaciones, canciones infantiles, de juego, de danza, de trabajo, de cuestación, encantamientos, exorcismos y conjuros, etc. Relaciones entre la vida social y religiosa y los fenómenos musicales, concepto de la creación colectiva y de la transmisión oral, perennidad y filiación de los cantos y sonatas tradicionales, aprendizaje, fuentes y lugares de la inspiración para componer, aires regionales, etc.Si ya aparece con claridad el parentesco estrechísimo de la Etnomusicología con la E. en general, de la cual viene a ser parcela, especializada, el hecho de que las culturas musicales tradicionales constituyan como una prehistoria viviente, la naturaleza física de la materia musical, la complejidad de las relaciones entre la expresión musical y las reacciones íntimas del ser viviente -hombre o no-, el carácter de mensaje cifrado que puede tener el fenómeno sonoro o la obra musical, la acción de la música sobre el pensamiento, las obras y las instituciones de una colectividad nos descubren cómo el estudio étnico de la música puede plantear problemas propios de otras ciencias o comunes con los de ellas: acústica, tecnología, psico-fisiología, lingüística, filosofía, sociología, arqueología, ciencias de la religión e historia, sin cuya solución no es posible acometer las de los etnomusicológicos.Orígenes. Como primeros balbuceos de esta ciencia (ya en su orientación descriptiva como en la posterior sistemática) pueden ser consideradas las observaciones recogidas en los escritos de los viajeros por países exóticos en los s. xvii-xix, sin olvidar los de los misioneros españoles en primer lugar y de los cronistas de Indias; mas suele estimarse que el P. Amiot, en sus Memorias sobre la música de los chinos (1779), Juan Benjamín de Labaide, con sus estudios sobre la música antigua de los griegos (1780 y 1781) y los de Guillermo Villoteau sobre la oriental y egipcia (1813 y 1816) fueron quienes primeramente trabajaron con afán científico, aunque limitados a la música de las culturas evolucionadas. Para la atención a las culturas primitivas hay que esperar a Fétis (1832) y, hasta llegar al nacimiento de la Etnomusicología como disciplina científica, a los trabajos de John Alexander Ellis (1885) y del psicofilósofo Carlos Stumpf (1883) y los posteriores de Franz Boas y Frances Desmore, etc. La invención de las técnicas para registrar el sonido posibilitó la creación de archivos sonoros (Viena 1899, París 1900, Berlín 1902) y el nacimiento de la Musicología comparada; los posteriores adelantos en el campo especialmente de la electrónica han facilitado los análisis de orden acústico.De las dos principales direcciones en que trabaja la Etnomusicología, la organología o estudio de los instrumentos tiene como primer maestro a Curt Sachs, principalmente en su monumental obra Geist und Werden der Musikinstrumente (1929), a él se debe asimismo el sistema de clasificación de los instrumentos, seguido hasta hoy con escasas modificaciones. M. A. Schaeffner (1936) extendía el campo más allá de lo tecnológico e histórico, y en el mismo sentido han de ser considerados los trabajos de Marius Schneider sobre simbología, etc. El conocimiento étnico de la música debe mucho a la escuela alemana, especialmente a Hárnbostel, revitalizador de la teoría sobre el ciclo de las quintas; la escuela centroeuropea ha alcanzado más tarde logros decisivos, por la obra principalmente de B. Bartók (v.) y Constantino Brailoiu, a quien se debe la teoría del conjunto y muchos trabajos sobre el ritmo y la estructura poético-musical de las canciones. Como principales problemas quedan el del origen de la música; de la diferenciación y multiplicación de los sonidos; de la interrelación entre las diversas culturas musicales, etc. Acaso el más acuciante sea la amenaza de que toda música de tradición oral desaparezca sin dejar huellas, por multitud de causas que concurren a provocar esa desaparición y, cuando no, al cambio del espíritu tradicional por el de la música occidental de raíz académica (música espectáculo-diversión). A paliar los efectos de tal pérdida tiende la tarea de recopilación de documentos, considerada como de la mayor urgencia por los etnomusicólogos, a través de registros sonoros -especialmente los magnetofónicos- y las colecciones de instrumentos tradicionales. Numerosos son los archivos de grabaciones y algunos de ellos se preocupan de difundirlas a través de la edición de discos, entre los cuales ocupan muy destacado lugar, por sus cualidades, los patrocinados por la UNESCO. La tarea de difusión es asimismo realizada por las emisoras de radio, ya en sus propios países, ya en intercambio con las de otras regiones, ya, finalmente, por los programas comunes monográficos de etnomusicología.Además de las instituciones de investigación -museos de Etnografía, institutos de Folklore y Antropologíaexisten sociedades de Etnomusicología en Europa, Estados Unidos, Japón y África del Sur.Principales tratadistas. Modernamente han publicado trabajos sobre: Grecia, S. Boud-Bovy; Rumania, Bela Bartók, C. Brailoiu y E. Néstor Moldoveanu; Hungría, L. Latja, Z. Kodaly y otros; gitanos, A. Hadju, R. Vig y B. Sárosi; Alemania, W. Wiora; Francia, Claudie Marcel-Dubois y Maguy Arnal; Italia, G. Nataletti; Estados Unidos, C. Sachs, Herzog, Drusmore, Rhodes, Watermann, Seeger, Lomax padre e hijo; Kolinski etc.; Iberoamérica, L. H. Correa Azevedo, C. Vega, V. T. Mendoza, 1. Aretz, F. Nolasco; música árabe, Farmer y d’Erlanger; Marruecos, Chottin y Larrea Palacín; Túnez, Salah el Mahdi; África negra, Kirby, lones, Schaeffner, Pepper, Wachsmann y Rouget; Turquía, Adnan Saygun; Egipto, T. Aleixandru; judía, E. Gerson-Kiwi, I. Levi y Larrea Palacín; bizantina, Wellesz; India, A. Daniélou; China, Kornfeld y Chi Wang; mongol, Enrsheimrer; Japón, Harich-Schneider, Tanabé y Masu; Indonesia, Kaudern, Kunst y Hood; Vietnam, Van Khé; Filipinas, Macedo.Perspectivas. No es de extrañar, dada la extensión y complejidad del campo abierto a la investigación etnomusicológica y la juventud de esta ciencia, que sean escasos todavía sus logros y que éstos se hayan alcanzado con mayor frecuencia en los trabajos de índole descriptiva y de organología, con ausencia de grandes y valederas síntesis. Concurre a dificultar los progresos la índole diversa de los problemas planteados: distintos son los del área de la llamada cultura occidental de los que presentan las árabe, iraní, india o japonesa, de las populares en su mismo ámbito y de las de otros pueblos africanos, americanos o asiáticos. Ni puede prescindirse de la interrelación e influencia recíproca de unos y otros estratos culturales y aun de unas y otras culturas. A tales dificultades se añade la de hallar métodos adecuados para resolverlas.Un solo método no es válido universalmente, y de ello tenemos prueba en la multitud de los usados y en vigor para algo, tan simple en apariencia, como es la clasificación de las melodías. La selección de uno u otro supone una previa opción sobre el valor de los elementos que constituyen cada forma melódica y de canción. Pero ese valor no es absoluto, ni puede serlo sino en el criterio de quien lo aprecia; si éste -caso común del etnomusicólogo- es extraño al medio cultural donde la música vive, su juicio puede resultar fundamentalmente falseado. Inciden en esta dificultad las anejas a una transcripción, indispensable y previa, obligada a recoger y notar las características fundamentales, no sólo de la obra musical en cuanto tal, sino las que acompañan a su ejecución, etc. Piénsese, además, que la teoría académica occidental, en la cual han sido formados los estudiosos, es por completo extraña a este tipo de fenómenos.Logros positivos son la conciencia de que toda música, por primitiva y simple que parezca, comporta un sistema organizado; que el pentatónismo, otrora estimado como fruto de un empleo defectuoso de la serie de siete sonidos, es un fenómeno de alcance universal y base perfectamente asentada; que junto a él existen, también universalmente, sistemas que emplean cuatro, tres y hasta dos solos sonidos =sistemas prepentatónicos-, más la constante de sistemas fundados en relaciones de intervalos distintas a las de las empleadas por la música occidental. Acerca del ritmo es de señalar el descubrimiento del amplio campo cubierto por el aksak, creído primeramente como peculiar y exclusivo de Bulgaria, y el más general y complejo fenómeno de que determinadas combinaciones simples de sonidos y ritmos aparecen en el seno de muchas, muy variadas y distintas culturas en diferentes fases de evolución; lo propio ocurre con determinadas técnicas de emisión vocal.Mayores son los progresos de la organología, hasta el punto de que parece improbable la esperanza de grandes descubrimientos. El área de algunos instrumentos -roncador, guimbarda, flauta de Pan, etc- desborda en mucho las otrora creídas peculiares de ellos. La historia nos revela técnicas múltiples y sorprendentes y las interrelaciones constantes de los instrumentos que nosotros adscribimos a diversas familias.Estado actual. Se comprende que sea en Europa donde la investigación etnomusicológica encuentre mayores obstáculos, precisamente por su evolución cultural. A pesar de ello, se ha podido llegar a establecer grandes zonas con predominio de la canción de tipo silábico o melismático, de intervalos conjuntos o disjuntos, del movimiento giusto, etc., así como la de áreas para determinados tipos de canción; en general se admite la coincidencia de las áreas musicales con las de las viejas culturas: mediterránea, anglo-sajona, ugro-finesa, eslava, etc., olvidar los frutos de los hechos históricos, invasiones, etc.África presenta dos zonas claramente definidas: la de población blanca y la negra. Aquélla con la presencia de una música elaborada: hispano-árabe en Marruecos, Argel, Túnez y Libia; arábigo-oriental en Egipto con anejo en el Sudán; la de raíz árabe popular; la beréber y beduina, más, en Egipto, la copta, singularísima y la de los nómadas y de los campesinos. Muchas de las características son, cuando no comunes, muy semejantes, y lo propio cabe decir de los instrumentos. El mundo del África negra ofrece una riqueza abrumadora con la coexistencia de instrumentos pertenecientes a distintas épocas en- una variedad infinita. El tambor comprende gran número de tipos, distintos por los materiales, las medidas, las formas y los modos de tañido, dispuestos a veces en grandes baterías que suenan polirrítmicamente -la polirritmia es una de las características negras-. No menor es la abundancia de los cordáfonos, arcos, arpas y liras, y más escasos los aerófonos; de los idiáfonos es bien conocido el xilófono, así como los sonajeros y las campanas de madera. Con la polirritmia prevalece la polifonía, el canto dialogado, la emisión de voz con timbres característicos y la cualidad musical del lenguaje, que le hace apto a ser transmitido instrumentalmente.Asia mantiene la primacía de las grandes culturas musicales (india, iraní, coreana, etc.) cuyo estudio ha apasionado a los investigadores y relegado el de la música popular. La música india pudo admirar a los griegos por su complejidad y refinamiento y contaba ya, alrededor del s. v a. C. con tratados escritos. Cuatro son sus sistemas, notable la técnica de su vocalización y su instrumento principal es el sitar. Ha influido todo el sudeste asiático, en confluencia con la China.Irán da la gran raíz de la música árabe; la semejanza de la suya con la griega es notable. China, si conserva las teorías cultas, no ha mantenido la práctica de ellas; la popular presenta el pentatonismo en dos modos, aunque en el Occidente existen escalas heptatónicas. La música del Japón es fruto de la propia autóctona y de la proveniente de Corea por lo que atañe a la cortesana; la popular se distingue por ser pentatónica, muy rítmica y conservar el significado mágico. América, aparte la música india, con supremacía del pentatonismo, se distingue por el mestizaje musical: negro y anglosajón o francés en el norte: Canadá y EE. UU. y negro, indio y español en el centro y el sur. Y, en unas y otras zonas, el hecho de conservarse formas arcaicas, desaparecidas hoy de los países de origen.A.LARREA PALACÍN.
BIBL.: V. la correspondiente a los autores citados en el texto.
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