Estados Unidos de América Del Norte (united States Of America).geografía 2 GEOG.
Categoria:
Geografía
4. División regional. Tanto desde el punto de vista estructural y morfológico, como climático y demográfico, cabe distinguir cuatro grandes conjuntos regionales: el Este; el Medio Oeste; el Oeste y el Sur, en cada uno de los cuales se distinguen, a su vez, numerosas regiones de marcada personalidad geográfica. Estos conjuntos regionales son mucho más que una simple denominación geográfica de situación, son auténticas regiones que la historia de un país todavía joven no ha podido designar más que acudiendo a la Geografía.a. El Este. Como región, no se comprende sino en relación con el movimiento demográfico que llevó a la colonización de las tierras del interior. El Este es, ante todo, la tierra de las primeras colonias inglesas, las más próximas a Europa, las que mejor han conservado las esencias de la tradición y de la cultura inglesas. Son las tierras que en la marcha hacia el O quedaban atrás. No es, pues, un límite geográfico, sino una vasta zona que comprende varias áreas regionales: de una parte, las tierras que a partir de los Apalaches y de las montañas que forman el tramo meridional del escudo canadiense, se abren al mar; de otra, las llanuras que, a espaldas de dichas montañas, llevan hacia el Misisipí y los Grandes Lagos; y finalmente, las mismas montañas ya citadas. El Este termina prácticamente en la bahía de Chesapeake; a partir de Norfolk, empieza el Sur. El Este comprende administrativamente tres unidades: Nueva Inglaterra con los estados de Maine, New Hampshire, Massachusetts, Rhode Island y Connecticut; Atlántico medio, que engloba los estados de Nueva York, Nueva Jersey y Pensilvania; y, por último, el Nordeste central con los estados de Ohio, Indiana, Illinois, Michigan y Wisconsin.Prescindiremos de estas unidades administrativas para ceñirnos a otras de mayor consistencia geográfica: Nueva Inglaterra, la llanura atlántica, la región de los Grandes Lagos y los Apalaches. 1) Nueva Inglaterra se encuentra en el extremo NE del país, a modo de espolón estadounidense entre los Grandes Lagos y el río San Lorenzo, de una parte, y el mar de otra; y se alarga desde Long Island, frente a Nueva York, hasta la frontera de Nuevo Brunswick, en Canadá. Nueva Inglaterra fue el punto de llegada de los emigrantes del Mayflower; el lugar donde se establecieron las primeras comunidades inglesas y donde se gestó la nueva aristocracia de las tierras recién pobladas. Los modos de vida actuales no han podido desprenderse aún de esta carga histórica. Estructuralmente, Nueva Inglaterra constituye un bloque desgajado del macizo apalachiano por la depresión Hudson-lago Champlain, que corre de N a S. Todas las alineaciones montañosas siguen el rumbo N-S, de manera que se forma un haz de bloques montañosos paralelos separados por ríos y depresiones que constituyen una de las originalidades morfológicas de la región. La depresión Hudson-lago Champlain corre entre los Adirondack, ya fuera de Nueva Inglaterra y las montañas Verdes del estado de Vermont, que se elevan hasta 1.340 m. en el monte Mansfield. Más al E, las montañas Blancas de New Hampshire alcanzan 1.920 m. en el monte Washington; entre ambas alineaciones corre el río Connecticut. Hacia el N los dos bloques montañosos se funden en un solo macizo cuya línea divisoria de aguas, hacia el San Lorenzo y hacia el océano, marca también la frontera entre EE. UU. y Canadá.A partir de New Hampshire, el relieve decrece gradualmente hacia la costa, de manera que, salvo las alturas ya citadas, la mayor parte de la región se queda por debajo de los 500 m. A pesar de su escasa altitud media, el relieve de Nueva Inglaterra es muy abrupto como consecuencia de las vicisitudes de su evolución morfológica. Las glaciaciones cuaternarias, que desde Canadá avanzaron hasta más allá de los Grandes Lagos, realizaron una intensísima acción erosiva sobre el roquedo, de manera que, todavía hoy, la nota distintiva del relieve de Nueva Inglaterra la dan las manifestaciones de la erosión glaciar que ha originado la formación de millares de pequeños lagos. El retroceso de la cobertera de hielo es mucho más reciente que en Europa y la red fluvial no ha tenido tiempo de organizarse. Los ríos llegan al mar después de salvar multitud de rápidos y cascadas, por lo que ninguno de ellos permite a la navegación oceánica adentrarse en el continente. En cambio esos ríos fueron, desde los primeros momentos de la colonización, un instrumento insuperable de la industrialización, al proporcionar abundante fuerza motriz a un coste insignificante.Los primeros establecimientos industriales estadounidenses se instalaron en estas regiones del país; sin embargo, hay gran diferencia entre el norte y el sur de Nueva Inglaterra, entre la costa y el interior. En el estado de Maine, la densidad de población es apenas superior a 11 hab/Km2; en Massachusetts, supera los 250 hab/Km2 New Hampshire alcanza 29 hab/Km2; Vermon, 17 solamente.Nueva Inglaterra del norte ocupa casi la mitad de la región. Es una zona de bosques y economía predominantemente agropecuaria en el interior, y pesquera en el litoral. La costa rocosa, profundamente accidentada por entrantes y salientes y la proximidad de los bancos pesqueros de Nueva Escocia y Terranova, han favorecido el desarrollo intensivo de este tipo de actividades y un activo comercio marítimo, que fue perdiendo importancia a medida que se perfilaba la función regional de Boston. Hacia el interior, las condiciones climáticas, especialmente las térmicas, se hacen cada vez más crudas, a medida que se asciende en altitud antes de descender a la depresión del Hudson-lago Champlain. El estado de Vermont, con sus montañas Verdes, es una de las regiones más aisladas de EE. UU. y en ella se conservan los rasgos más arcaicos de los modos de vida tradicionales. Cuando la industria textil de Nueva Inglaterra del sur adquirió importancia, en los años de la guerra civil, Vermont incrementó sus rebaños de ganado lanar en enormes proporciones. Cuando el algodón del Sur comenzó a llegar en grandes cantidades por mar, Vermont transformó su ganadería lanar en vacuna, dedicando gran parte de su producción a la fabricación de queso. Cuando la producción lechera del Medio Oeste se intensificó, Vermont vio gravemente amenazada su economía rural, que solamente pudo salvarse por la enorme demanda de productos lácteos frescos de las concentraciones urbanas del Sur. Más al E, al otro lado del río Connecticut, la topografía se hace mucho más suave, excepto en el macizo de las montañas Blancas. También aquí se desarrolló, en los comienzos de la industrialización estadounidense, una importantísima industria textil basada en las hilaturas de algodón que llegó a contar en Manchester, ciudad sobre el río Merrimac, con una fábrica de 18.000 obreros. Como en las demás regiones septentrionales de Nueva Inglaterra, la industria textil decayó ante la competencia de las regiones meridionales. Quedan todavía canteras de mármol, fábricas de papel y algunas industrias textiles muy dispersas que utilizan hulla blanca como fuerza motriz.Nueva Inglaterra del sur difiere profundamente de la anterior. A la escasa densidad de población de aquélla, enfrenta las mayores concentraciones humanas del Este de EE. UU.; a la tradicional actividad agropecuaria del norte, la multiplicidad de industrias; a la economía un tanto cerrada, las grandes corrientes comerciales centradas en Boston (v.) y los puertos al S del cabo Cod. En resumen, dos mundos distintos en una misma región geográfica. El proceso de diferenciación se inició de manera decisiva como consecuencia de la guerra civil. Nueva Inglaterra proporcionó en aquel -entonces la mayor parte del equipo de los ejércitos federales, creándose así una base industrial que todavía subsiste en el sur, en torno al puerto de Boston y las profundas bahías del cabo Cod y el bajo Connecticut.Hasta entonces, el sur de Nueva Inglaterra había sido una región enriquecida por el comercio y por sus expediciones marítimas para la captura de ballenas más allá de la península del Labrador. Algunos puertos, como el de New Bedford, armaban cada año hasta 300 navíos de gran porte. El descubrimiento en 1792 de la máquina desmotadora de algodón, permitió la instalación en Nueva Inglaterra de industrias textiles algodoneras, iniciándose así una revolución industrial que sería, posteriormente, la base del desarrollo económico de la región. Durante más de cien años, la prosperidad económica de Nueva Inglaterra estuvo subordinada al comercio del algodón, que llegaba por los buenos puertos de la región. La apertura del ferrocarril de Nueva York a los Grandes Lagos por la ruta Hudson-Mohawk determinó a su vez la vinculación de esta región a las zonas que desde mediados del s. xix se perfilaban como las de mayor vitalidad económica.2) La llanura atlántica constituye la segunda gran unidad regional del este de EE. UU. Desde un punto de vista estrictamente administrativo, la llanura atlántica se engloba en lo que se conoce como Este central, dentro del cual, a su vez, se distingue entre el Este atlántico y la región de los Grandes Lagos. Pero los límites son de todo punto imprecisos. Así, el estado de Nueva York, que escasamente se asoma al Atlántico por la desembocadura del Hudson, se abre, en cambio, ampliamente a las costas de los lagos Erie y Ontario, sin que por ello se le incluya en la región de los Grandes Lagos. Illinois, cuya capital es Chicago, a orillas del lago Michigan, queda fuera de esta región de lagos, mientras que Indiana se incluye en ella. Por eso ha parecido más oportuno mencionar las grandes unidades geográficas individualizadas por la topografía, sin que sea posible desconocer la interdependencia económica de todas las áreas de este complejísimo Este central.La depresión del Hudson marca la ruptura estructural y morfológica entre las montañas de Nueva Inglaterra y los Apalaches. Esta cordillera cuya altitud difícilmente supera los 2.000 m., sigue una dirección NE-SO, mientras que la costa, desde Nueva York hasta el cabo Hatteras, se orienta sensiblemente de N a S. Al pie de las montañas se extiende una llanura formada por sedimentos recientes, tanto más amplia cuanto más se avanza hacia el S. El tramo septentrional de la misma, desde la profunda escotadura de la bahía de Chesapeake, hasta Long Island, forma parte del Este central o Atlántico medio. La particularidad más notable de este tramo de la llanura atlántica es la configuración del litoral. El mar penetra, muy a menudo, varios cientos de kilómetros tierra adentro, como en las bahías de Delaware y Chesapeake. Los ríos, a su vez, forman amplísimos estuarios que permiten a la navegación oceánica llegar en ocasiones hasta muy al interior del continente. Tal es el caso de los ríos Hudson, Delaware, Susquehanna, Potomac, etc.Esa configuración denticulada del litoral ha permitido el emplazamiento, lejos de la línea de la costa, de una serie de grandes ciudades (v. BALTIMORE; FILADELFIA; WASHINGTON) de fuerte tradición comercial y marítima, que hacen de la llanura del Atlántico medio una de las áreas de mayor concentración urbana del mundo. Pero todas esas ciudades, entre las que hay que incluir a Nueva York (v.) y excluir a Washington (2.835.737 hab., con la aglomeración urbana, en 1970), que debe considerarse como un caso aparte por la función política que desempeña, han podido desenvolverse gracias a su papel de puntos nodales del comercio y de las comunicaciones entre el Atlántico y los Grandes Lagos. Cada una de esas ciudades ha procurado crear un amplio hinterland desarrollando las comunicaciones entre la costa y el interior. La cordillera de los Apalaches, por su especial configuración estructural y morfológica, no constituye una barrera infranqueable entre la llanura costera y los valles del interior. Desde los comienzos del ferrocarril, se trazaron líneas férreas hacia el Oeste a través de las montañas. La red fluvial en bayoneta propia de las estructuras apalachenses, permite no sólo el trazado de ferrocarriles y carreteras, sino unir mediante canales las cuencas fluviales del Misisipí y del Atlántico. Así, apoyada en una buena red de comunicaciones, se fue creando la magnífica unidad económica del Este central.La llanura atlántica goza de un clima mucho más suave que el de Nueva Inglaterra, lo que unido a la naturaleza de los suelos permite la existencia de una agricultura mucho más próspera que la de aquella otra región. Cultivos francamente tropicales o subtropicales, como el tabaco y el algodón, llegan muy al norte, y se les encuentra en el estado de Maryland. Sin embargo, las grandes concentraciones demográficas han traído consigo un fuerte proceso de industrialización que ha relegado la agricultura a actividad de rango secundario, y siempre subordinada a las peculiaridades del consumo urbano de las megalópolis.3) Los Apalaches, tercera gran unidad del Este central, constituyen una de las regiones de mayor personalidad geográfica de EE. UU. Una parte de la cordillera, la más meridional, escapa del Este central y se introduce en el Sur. Pero dada la unidad estructural y morfológica que se observa de uno a otro extremo de la misma, desde Pensilvania hasta Alabama, vamos a considerarla como una parte del Este central prolongada hacia el sur. En el gran macizo montañoso del Este cabe distinguir tres bloques perfectamente diferenciados: el macizo de los Adirondacks, la meseta de Pensilvania y los Apalaches propiamente dichos.El macizo de los Adirondacks forma una masa cristalina, de configuración sensiblemente triangular, que se levanta hasta los 1.630 m. en el monte Marey. Queda perfectamente definida por el valle del río San Lorenzo, de una parte, la depresión del Mohawk, de otra, y la fosa del lago Champlain. Los Adirondacks son una de las zonas de menor densidad de población de EE. UU., y, desde muchos puntos de vista, guardan una estrecha relación con las condiciones de vida de Nueva Inglaterra: las mismas superficies de erosión subglaciar, abundancia de lagos, desorganización de la red fluvial, actividad agropecuaria dominante, y en general los mismos problemas económicos y demográficos del despoblamiento, que ya se han visto en la región montañosa de Nueva Inglaterra.La meseta de Pensilvania se inicia inmediatamente al S de los Adirondacks, de los que se halla separada por la depresión del Mohawk. La parte septentrional de la meseta, muy poco poblada, cubre una parte del estado de Nueva York, y todavía dominan en ella las actividades derivadas de la agricultura y de la explotación forestal. Pero, más al S, el panorama cambia por completo. El alto valle del río Susquehanna atraviesa una de las cuencas carboníferas más ricas del mundo, no tanto por la cuantía de las reservas, como por la calidad del carbón y las facilidades para su explotación. Un yacimiento de antracita y otro de hulla han dado importancia industrial a la región. Al oeste, sobre la vertiente que desagua hacia el Ohio, se encuentra la cuenca hullera de Pittsburgh; al este, en el piedemonte de las montañas Azules, aflora un importantísimo yacimiento de antracita. En ambos casos la red fluvial del Susquehanna corta transversalmente la dirección de los estratos, haciendo que salgan a luz las capas más profundas de carbón, que de este modo pueden explotarse a cielo abierto. El transporte del carbón resulta también muy fácil al poderse utilizar la red fluvial navegable y canalizada, lo mismo hacia el Ohio que hacia la llanura atlántica.Hacia el sur de la cuenca hullera, la meseta de Pensilvania pierde su configuración maciza al aparecer, cada vez con mayor frecuencia, las alineaciones casi geométricas de los montes Apalaches y Alleghanys (sector occidental de los Apalaches), que se prolongan a lo largo de 600 Km. desde Pensilvania hasta Alabama, en el Sur. Como ya se ha dicho, la mayor parte de la cordillera discurre sobre territorios sureños, pero la unidad regional es tan clara que habitualmente se incluye entre las regiones industriales del Este.Es preciso insistir en el hecho de que la cordillera de los Apalaches no ha constituido nunca una barrera insalvable. Tanto los ríos que descienden al Atlántico, como los que lo hacen hacia el Misisipí remontan, con sus cabeceras, hasta muy al interior del macizo apalachiano, de manera que son innumerables los portillos por los que se alcanza el Oeste a partir de la costa. Las facilidades de paso se ven acrecentadas todavía más por el hecho de que, de uno a otro extremo de la cordillera, se alarga una gran depresión longitudinal, una gran fosa tectónica, conocida como el Gran valle apalachiano, que tradicionalmente ha venido siendo utilizada como vía de paso entre las regiones industriales del Este y el Sur. En realidad, el Gran valle no es sino una muestra más del conjunto de depresiones que articulan todo el sistema de comunicaciones del Este y dan unidad a la región. En efecto, las montañas del Este no aparecen nunca formando bloques compactos, sino que los macizos se hallan profundamente fragmentados por accidentes longitudinales y transversales que favorecen la circulación en todos los sentidos. El que se utilicen unas rutas u otras es más una solución de coyuntura económica que de dificultades específicas. Las primeras vías de comunicación entre Nueva York y los Grandes Lagos se hicieron a través de las montañas., Pero muy pronto, desde que en 1825 se abrió el pequeño canal, que a lo largo de la depresión del Mohawk unía el lago Erie con el Hudson, el tráfico de mercancías siguió esta ruta, más larga, pero al mismo tiempo más barata que las anteriores. Un canal mejorado y, posteriormente, el ferrocarril afirmaron definitivamente las relaciones entre la costa atlántica y la región de los Grandes Lagos, para crear el mayor complejo económico regional de EE. UU.4) La región de los Grandes Lagos, última gran unidad regional del Este, comprende los estados de Minnesota, Wisconsin, Michigan, Indiana y Ohio, con una superficie de 714.700 Kmz y más de 32 millones de hab. Esta enorme concentración humana no se comprende sino en función de las comunicaciones y de su integración en la unidad económica del Este que incluye también los estados costeros del Atlántico. La colonización de los Grandes Lagos fue tardía. Los primeros colonos preferían dirigirse hacia el Oeste, atravesando los innumerables pasos de las montañas. Así, cuando sobre el valle del Ohio se habían asentado ya más de un millón de colonos, a orillas de los Grandes Lagos apenas se contaban 5.000 residentes. Sin embargo, en poco más de 40 años, a partir de 1820, la región se pobló con inmigrantes llegados de los puntos más diversos de Europa occidental y de las regiones montañosas de Nueva Inglaterra. Los puertos interiores, Chicago entre ellos, se convirtieron en el punto de llegada más próximo a las praderas del Misisipí. En una época en que los transportes terrestres resultaban caros y difíciles, la posibilidad de llegar al corazón del continente por una vía de agua simplificaba mucho las dificultades. Desde 1820 a 1850, con gran ímpetu constructor se abrieron canales en todas las direcciones, de manera que los Grandes Lagos se convirtieron, en poco tiempo, en una de las regiones mejor comunicadas de EE. UU. El primer canal se abrió en 1825, para unir el lago Erie al Hudson por la depresión del Mohawk; en 1829, se construyó el canal Welland para salvar los rápidos existentes entre los lagos Ontario y Erie; en 1832, quedaron unidos el Ohio y el lago Erie; en 1848, el lago Michigan y el Misisipí; y en 1856, quedó establecida la comunicación entre los lagos Superior y Hurón.Al principio, la región fue colonizada desde la orilla del Canadá por colonos franceses, ocupados casi exclusivamente en la explotación forestal y en la caza de animales de piel comercial izable. Cuando el poblamiento progresivo de la región hizo desaparecer la caza, la explotación de los bosques se convirtió, hacia el primer cuarto del s. xtx, en la principal actividad económica, hasta que la tala abusiva de árboles, a veces mediante incendios provocados, redujeron la región a un inmenso calvero fuertemente atacado por la erosión. Tal vez por ello, la agricultura no tentó demasiado a los primeros colonos: la región de los Grandes Lagos no fue, al principio, más que una zona de tránsito hacia las praderas del Medio Oeste. En cambio, las riquezas mineras de la región determinaron la implantación de numerosos núcleos estables de poblamiento. El reborde meridional del escudo canadiense es particularmente rico en minerales, y, sobre todo, en hierro. Los yacimientos del lago Superior se cuentan entre los más ricos del mundo. Aunque el mineral se halla a más de 1.000 Km. en línea recta de los grandes centros siderúrgicos, situados casi todos ellos sobre la orilla meridional del lago Erie, y en el área apalachiana, de Pittsburg, la vía acuática de los Grandes Lagos proporciona un medio de transporte baratísimo, aparte de que el mineral tiene un contenido de metal superior al 65% y la explotación se realiza a cielo abierto.Ante esta serie de circunstancias, no puede extrañar que la región haya crecido a un ritmo vertiginoso, y que allí se encuentren algunas de las mayores aglomeraciones urbanas del mundo (v. DETROIT; CHICAGO; BUFFALO; CLEVELAND), que concentran sobre sí una intensísima actividad económica. Los Grandes Lagos soportan una de las mayores intensidades de tráfico del mundo. Todas las redes viarias tradicionales se encuentran congestionadas y ha sido preciso abrir los Grandes Lagos a la navegación oceánica por el canal del San Lorenzo.b. El Medio Oeste. Así como Nueva Inglaterra representa la tradición, el Este central reúne la mayoría de los centros gestores del mundo de los negocios, y la región de los Grandes Lagos los núcleos industriales más importantes de EE. UU., el Medio Oeste constituye la despensa de EE. UU. y, gracias a los excedentes de su producción agrícola, alimenta también a gran parte del mundo. Es la región más extensa del país: 1.500 Km. de E a O; 1.000 Km. de N a S. Pero los límites, como sucede siempre con las grandes unidades geográficas, son un tanto imprecisos, y de uno a otro extremo se presentan peculiaridades físicas y humanas que obligan a una diferenciación regional más pormenorizada: al E, las zonas industriales de la cuenca del Ohio; en el centro, a ambas orillas del Misisipí, los grandes cinturones (belts o gonas de cultivo) de maíz, soja y avena; al N, el área de praderas; al S, los cinturones del tabaco y del algodón; y al O, los cultivos de trigo.1) Los estados de la cuenca del Ohio: el mismo Ohio, Indiana, Illinois, y Kentucky no son en realidad sino el nexo entre las regiones del Este atlántico y los Grandes Lagos, y por ello están más vinculados a la economía de estás dos últimas regiones que al Medio Oeste propiamente dicho. Pero el Ohio es un afluente del Misisipí y, aunque por medio de un sistema de esclusas y canales se puede alcanzar desde él la costa atlántica y la de los lagos, la densidad industrial disminuye rápidamente en cuanto se sale de la zona de montañas, apreciándose una clara vocación agrícola, que es la característica más particular del Medio Oeste. La cuenca del Ohio fue el primer oeste colonizado por gentes venidas de la costa (v. 3). La estructura de la cordillera de los Apalaches facilita enormemente las comunicaciones entre una y otra vertiente. Una vez que los colonos llegaban al Gran valle apalachiano podían alcanzar fácilmente el piedemonte interior, suavemente inclinado hacia el Misisipí. El Ohio es uno de los grandes ríos americanos. Su caudal medio sobrepasa los 8.000 m3/seg. y, pese a la irregularidad estacional, que es muy acusada, se convirtió en la principal vía de penetración hacia el oeste, hasta que se franqueó el Misisipí.El extremo oriental de la cuenca de Ohio es francamente industrial, pero muy pronto se llega, aguas abajo del río, al centro de la zona agrícola del Corn Belt, donde la producción de maíz y la cría de ganado porcino constituyen la principal actividad agraria. El maíz penetró con posterioridad al trigo en las praderas del Medio Oeste. Este último cereal se hallaba sólidamente vinculado a la tradición agrícola de los colonos de origen europeo que poblaron el Medio Oeste. A medida que la colonización se extendía hacia el interior, el trigo ocupaba las tierras recién roturadas. En 1850 el área del cultivo intensivo del trigo formaba una media luna en torno a los Grandes Lagos desde Ohio hasta Wisconsin.El maíz, por el contrario, era un cereal típicamente americano. Después de las primeras excelentes cosechas de trigo, los rendimientos comenzaron a flaquear como consecuencia del empobrecimiento del suelo y de la erosión. Los colonos tuvieron que recurrir al maíz como cultivo de emergencia. Al principio, se cultivaba al sur del área de cultivo intensivo del trigo. Muy pronto, Indiana, Illinois, lowa, Nebraska y Kansas se convirtieron en grandes productores de maíz. Mucho antes de acabar el s. xix, el Corn Belt estaba ya perfectamente configurado. Con ello iban a cambiar todos los moldes de la antigua tradición agrícola europea trasplantada a América. El maíz se utilizó para la alimentación del ganado, vacuno primero y porcino después, y permitió pasar de una economía de subsistencia a una agricultura de mercado. El comercio de la carne se convirtió muy pronto en el mejor negocio del granjero del Medio Oeste. Chicago, que había comenzado siendo un puerto de llegada de colonos, se convirtió a su vez en el primer puerto exportador de cereales y en el mayor centro mundial de industrias cárnicas, junto con San Luis, San Pablo, Sioux City, Kansas City, etc.El primitivo cinturón triguero en torno a los Grandes Lagos cedió pronto ante la necesidad de cultivar praderas que proporcionasen una adecuada alimentación al ganado vacuno, productor de leche y carne, cuya demanda crecía vertiginosamente, a la par que los núcleos urbanos del Este. Hoy, esta región septentrional del Medio Oeste forma el Dairy Belt, o cinturón lechero.2) Al O del Corn Belt, en cuanto la intensidad de las precipitaciones disminuye, ya en el piedemonte de las Rocosas, aparece el Wheat Belt o zona triguera del Medio Oeste. Hay dos zonas productoras de trigo: la septentrional, donde se cultivan trigos de primavera, y la meridional, centrada en el estado de Kansas, donde se cultivan trigos de invierno. Los primeros colonos cultivaban variedades de trigo blandos de invierno. Pero, a medida que la colonización avanzaba hacia el interior, la continentalidad climática se hacía más acusada por las bajas temperaturas del invierno, que en las regiones septentrionales descienden frecuentemente por debajo de -25°. En estas condiciones, los trigos blandos de la agricultura tradicional norteamericana no podían cultivarse. Y, sin embargo, el colono tenía ante sí una zona de magníficos suelos detríticos fácilmente arables y de tina gran fertilidad natural. Los trigos duros de primavera llegaron procedentes de las regiones cerealistas de Europa central en el último cuarto del s. xix, después de haber sido ensayados con éxito en las regiones meridionales del Canadá.La introducción de los trigos duros de primavera revolucionó a su vez la industria de la molinería, de manera que muy pronto se renunció a la fabricación local de harina, iniciándose una corriente exportadora por la ruta de los Grandes Lagos hacia los centros urbanos de los lagos orientales. Al principio, los rendimientos no fueron más que mediocres, debido a los grandes daños causados por la erosión y a la utilización de técnicas agrícolas inadecuadas. Por eso, los estados septentrionales del Wheat Belt fueron los primeros en adoptar las técnicas científicas del moderno cultivo triguero, que iban desde la formación de unidades de explotación adecuadas y empleo de nuevas técnicas, hasta el consumo masivo de abonos y utilización de maquinaria.Los rendimientos por unidad de superficie cultivada son inferiores a los de otras regiones del Medio Oeste; pero en ninguna parte del mundo es tan eficaz el trabajo del agricultor. Esto permite un alto nivel de vida rural y proporciona una gran elasticidad a la agricultura, de manera que las crisis agrícolas se acusan muy poco sobre la zona. La mayor parte del trigo se exporta. Una amplísima red de comercialización asegura su venta en todo el mundo a precios sin competencia. La calidad de este trigo es tan elevada que sus variedades tipificadas sirven de referencia para clasificar todos los trigos del mundo. Una red de cooperativas de ámbito comarcal y regional controlan la producción para evitar que se produzca un envilecimiento de precios o calidades. Junto con el trigo se cultivan también otros cereales del mismo grupo, especialmente avena, que antes de la mecanización se utilizaba para la alimentación del ganado equino.3) La zona meridional del Wheat Belt es, sobre todo, la zona del trigo de invierno. Hacia mediados del s. xix se introdujeron variedades de trigo duro, también procedentes de Europa, especialmente el turkey red, que en seguida se extendió por todo el Medio Oeste. Aquí, las condiciones climáticas permiten la rotación del trigo en alternancia estacional con otros cereales, especialmente maíz, allí donde la humedad del verano es alta. En las regiones de más al interior, donde las lluvias escasean, la agricultura cede poco a poco ante la ganadería. Pero, incluso en las regiones de agricultura más próspera, la ganadería está siempre presente en todas sus formas; desde la cría de aves, hasta la de ganado vacuno o porcino, estabulado o en libertad.En las regiones más meridionales del Medio Oeste, el clima permite el desarrollo de cultivos tropicales, como el tabaco y el algodón, que preludian la proximidad de otra de las grandes unidades regionales de EE. UU., el Sur.La existencia de esas enormes masas de cultivos uniformes (belts), no puede explicarse sin tener en cuenta las particularidades de la colonización del Medio Oeste. Aunque en los primeros tiempos predominó la colonización individual realizada por pioneros profesionales, desde comienzos del s. xix se generalizó un tipo de colonización planificada, de la que fueron promotores algunas compañías de colonización y los ferrocarriles. A raíz de la Declaración de Independencia, grupos de especuladores compraron grandes extensiones de territorio en la mayoría de los nuevos Estados. Por otra parte, el Gobierno federal sentó el precedente de conceder tierras en el Medio Oeste a las personas perjudicadas por la Guerra de Independencia y a los soldados que habían participado en ella. Las compañías solían dividir el territorio en cuadrados de seis millas de lado, los townships, que a su vez se subdividían en unidades de una milla cuadrada y, cada uno de los cuadros resultantes, en 36 parcelas. Los colonos se establecían en el centro de las secciones de una milla cuadrada, o de las parcelas que hubiesen adquirido. Ello dio origen a un habitat disperso que, todavía hoy, constituye uno de los caracteres diferenciadores del poblamiento del Medio Oeste.Los ferrocarriles tuvieron también participación muy directa en la colonización del Medio Oeste, especialmente de las tierras que se extienden más allá del Misisipí. El problema de la colonización se les planteó a las compañías ferroviarias como consecuencia de la construcción de los grandes transcontinentales. El ferrocarril debía atravesar inmensas extensiones despobladas que pesaban negativamente sobre la economía de la explotación comercial de la vía férrea. Todas las compañías recibieron del Estado grandes extensiones de tierras a uno y otro lado de la vía para atender a los gastos de construcción de la misma. En ocasiones, la concesión de tierras incluía hasta 30 millas a cada lado del ferrocarril. Muchos colonos pudieron obtener, así, tierras a precios irrisorios y en la vecindad de un medio de transporte que aseguraba la concurrencia de la producción agrícola en los mercados del Este. Todas las grandes ciudades del Medio Oeste fueron, en sus comienzos nudos ferroviarios, y todavía hoy conservan en buena parte aquella función relacionada con el tráfico de mercancías.c. El Sur. Las regiones anteriormente expuestas tienen muchos puntos de semejanza con los países de Europa. Pero el Sur es algo completamente distinto. Todos los Estados de EE. UU. están poblados por un mosaico de gentes llegadas desde los lugares más diversos. Pero los estados norteños tienen un sustrato cultural de raigambre europea que constituye el común denominador de todos ellos. En cambio, en el Sur, falta ese común denominador y todo se presenta heterogéneo y variopinto, desde cualesquiera que sean los puntos de vista que se consideren. Fueron esas disparidades entre el Norte y el Sur las que condujeron a la guerra de Secesión (v. iv, 7).1) El Sur se encuentra bajo un dominio climático de tipo tropical o subtropical-. Son las diferencias climáticas, más que la configuración topográfica, lo que marca la diversidad regional y comarcal en el Sur. La topografía apenas significa nada en una región de llanuras, colinas y pantanos, que se abre ampliamente al golfo de México y al Atlántico. Las tierras montañosas situadas más al oeste, a lo largo de la frontera de México, no pertenecen ya al Sur, sino que se integran en la otra gran región de EE. UU.: el Oeste.El Sur coincide casi totalmente con el Cotton Belt o área de cultivo intensivo del algodón. Como el Medio Oeste, es una zona eminentemente agrícola; pero el Sur está adquiriendo cada vez mayor importancia industrial, gracias sobre todo a los riquísimos yacimientos de gas y petróleo descubiertos en el s. xx. Tres grandes unidades regionales cabe distinguir en el Sur: el Sur atlántico; el central y el occidental.2) El Sur atlántico no es sino la continuación meridional del Este atlántico. Comprende los estados de Delaware, Maryland, Virginia, Virginia Occidental, Carolina del Norte y del Sur, Georgia, y Florida. En total, 722.000 Kma aprox. 30 millones de hab. Los estados septentrionales de este Sur atlántico pueden incorporarse plenamente al grupo de los estados marítimos del Este central. Baltimore y Washington no son, en modo alguno, ciudades sureñas; pero en ambas se manifiesta con particular fuerza uno de los rasgos diferenciadores del Sur: el poblamiento negro.En 1621 los holandeses se habían establecido muy sólidamente en la desembocadura del Hudson, sobre lo que sería después el área metropolitana de Nueva York. La Compañía de las Indias Occidentales obtuvo el privilegio de importar esclavos negros para dedicarlos a las faenas agrícolas. En 1750 había ya más de 40.000 negros en el estado de Maryland. En Virginia, a finales del s. xvin, todos los grandes terratenientes disponían de esclavos negros en número proporcionado a la extensión de sus tierras. Algunas plantaciones llegaron a sumar hasta 300 esclavos.La Compañía de las Indias Occidentales no fue la única entidad colonizadora. La mayor parte del Sur atlántico se colonizó por mediación de compañías creadas al efecto, que realizaban su propaganda entre las poblaciones campesinas de Europa occidental. En Virginia, Maryland y Carolina, el poblamiento se hizo por el sistema de cesión de tierras (25 Ha.) a cada nuevo colono que llegaba y a cuantas personas habían participado en su traslado al Nuevo Mundo. Más al sur, se daban hasta 50 Ha. a cada colono, siempre que se hubiese pagado el viaje desde Europa, y otras tantas a cada miembro de la familia, incluidos mujer e hijos, mayores de 16 años y 25 Ha. a los menores.El tabaco y el algodón son los cultivos tradicionales de esta zona costera. El tabaco alcanza en Virginia su máxima extensión de cultivo, que se prolonga por las dos Carolinas. Las tierras en torno a la bahía de Chesapeake no cultivaban a finales del s. xvii más que tabaco. A mediados del s. xviii se introdujo el arroz en las zonas pantanosas del litoral y en la vecindad de los ríos, y el índigo o añil en las tierras. del interior. Actualmente el arroz sigue siendo uno de los principales cultivos, mientras que el índigo ha desaparecido.El algodón fue la planta que revolucionó toda la agricultura sureña. Sin embargo, tardó mucho tiempo en desplazar a los cultivos tradicionales. Hasta 1792 no se inventó la máquina desmotadora de algodón, que permitía separar el grano de la fibra. El desmotado se realizaba en las plantaciones y la fibra se transportaba por mar a los centros textiles de Nueva Inglaterra. Charleston, Savannah, y los puertos situados en la desembocadura de la bahía de Chesapeake conocieron durante todo el s. xix un intensísimo tráfico comercial debido a la exportación de fibra. Sin embargo, a finales del siglo se aprecia ya un proceso inverso que lleva a las industrias textiles a instalarse en las zonas productoras de algodón. El Sur atlántico se ha convertido de ese modo en una zona de fuerte concentración industrial textil. Las montañas del interior, que en esta parte se elevan hasta más de 2.000 m., proporcionaban la energía hidráulica y el caudal de agua que Richmond, a lo largo de las últimas alineaciones apalalas fábricas precisaban. Todavía hoy, desde Atlanta hasta chianas, se suceden los principales centros manufactureros de la industria textil estadounidense. El Sur atlántico no es más que una parte, y no la más significativa, del inmenso Sur. Éste comienza propiamente más allá de las montañas, una vez que se avista el valle del Misisipí. Se trata de un dominio climático tropical dedicado casi exclusivamente al cultivo del algodón: es el Cotton Belt que por el N llega hasta el extremo meridional de Illinois, en la confluencia del Ohio con el Misisipí. Los primeros colonos cultivaron arroz en las zonas pantanosas del litoral y en las proximidades de los ríos hasta donde llegaban las inundaciones periódicas. El arroz cedió, durante los primeros años del s. xix, ante la invasión de la caña de azúcar que, importada desde la isla de Santo Domingo, llegó a convertirse en el principal cultivo de las regiones del bajo Misisipí. La generalización del cultivo de la remolacha en Europa y en las regiones septentrionales de América fue un duro golpe para el cultivo de la caña. Entonces, se intensificó en todas partes el cultivo del algodón por el sistema de plantaciones. La derrota del Sur en la guerra de Secesión produjo una enorme convulsión socioeconómica en los Estados sureños. Sin embargo, una serie de circunstancias modificaron completamente las perspectivas económicas, de manera que en sólo 40 años el Sur se rehízo por completo.En 1901 se descubrieron los primeros yacimientos de petróleo en la costa del Estado de Texas y en seguida se creó una zona de gran actividad petrolífera entre el delta del Misisipí y la frontera mexicana. Los puertos del Sur: Nueva Orleáns (v.), Galveston, Houston (v.), Baytown, Port Arthur, etc., tradicionalmente dedicados a la exportación de algodón, se convirtieron en terminales de oleoductos y exportadores de petróleo. Las explotaciones petrolíferas desplazaron de la costa el cultivo del algodón. El Cotton Belt occidental se alarga hasta las mesetas interiores de Texas, casi en los confines de las regiones más áridas de EE. UU., apurando hasta el límite las posibilidades ecológicas de la zona. Los rendimientos son bajos, pero la planta se ve libre de algunas plagas que causan enormes estragos en las plantaciones del Misisipí. Más al O todavía, la intensidad del cultivo algodonero decrece rápidamente, y el trigo de invierno, cultivado en condiciones climáticas de tipo mediterráneo, ocupa el lugar del algodón. Con ello se entra en el Oeste propiamente dicho.d. El Oeste. Ocupa 1/3 de EE. UU.:algo más de 3.000.000 de Kmz, y 31.000.00 de hab. En conjunto, es la región menos poblada del país; la más abrupta también, de mayor altitud media y que acusa mayor déficit de agua. Pero, al mismo tiempo, es una región que ha ejercido, desde siempre, una atracción muy fuerte sobre los colonizadores pioneros, debido a sus riquezas mineras. A pesar del obstáculo que suponen las cadenas de montañas de más de 4.000 m. de altura que bordean la región, el Oeste no ha sido nunca una región infranqueable. La costa del Pacífico se pobló con gentes de origen español procedentes de México; pero también, antes incluso de la Independencia, comenzaron a llegar al leiano Oeste emigrantes de la costa atlántica y del Medio Oeste.Más allá del Wheat Belt, en los estados de Kansas y Nebraska, toda forma de agricultura desaparece. Los colonos que se aventuraban por entre las montañas debían recorrer más de 1.500 Km. hasta encontrar terrenos agrícolas. El Oeste fue, desde los comienzos, una zona de paso, pero no de asentamientos humanos. Únicamente cabe exceptuar a los buscadores de minerales y a ciertos grupos que, impulsados por sus creencias religiosas, buscaban aislarse del resto del mundo. La agricultura es una actividad casi desconocida en la mayor parte de esta región, salvo en las zonas de regadío. La mayor extensión de tierras irrigadas se encuentra en el Gran valle de California, donde se producen toda clase de productos agrícolas mediterráneos y algunos tropicales. También existen amplias zonas de regadío en las cubetas interiores del intrincadísimo complejo estructural y morfológico del Oeste. Todos los grandes ríos, y de manera especial el Colorado, están acondicionados para la captación de aguas, que se utilizan para el riego y hasta para el consumo humano de las grandes ciudades de la costa del Pacífico.Con una densidad media inferior a 12 hab/Kmz, el Oeste no ha hecho más que empezar su desarrollo económico, y constituye la gran reserva minera de EE. UU. Una cuenca carbonífera que va desde Canadá hasta Texas a lo largo de las montañas Rocosas contiene tantas reservas como las cuencas apalachianas; pero apenas se explota. El petróleo, los metales preciosos y los no férreos se encuentran abundantemente en esta región montañosa, y su explotación, más o menos intensa, condiciona en gran manera la evolución demográfica de la zona. El Oeste se halla lejos de ser una región homogénea. Hay grandes diferencias entre la costa del Pacífico y el interior; entre el norte y el sur. Por ello, cabe distinguir varios conjuntos regionales dentro de esa gran área que es el Oeste.El sudoeste, con los Estados de Arizona, Nuevo México, y parte de Texas, ha sido hasta tiempos muy recientes una región en litigio. Constituye el Oeste difundido por un género literario y cinematográfico de amplia clientela en todo el mundo. Es también el Oeste más rico, el más poblado, y el que cuenta con las mayores aglomeraciones humanas: Las Vegas, Phoenix (v.), El Paso, Alburquerque, cada una de las cuales destaca por una función propia, específica.Las regiones montañosas del norte constituyen un mundo diferente. La hostilidad del medio físico es mayor que en el sur, debido a las bajas temperaturas invernales. Sin embargo, lo que ha hecho que los Estados de esta parte de EE. UU. sean los menos poblados no es el medio físico, sino la evolución histórica del poblamiento. La única ciudad importante es Salt Lake City, con 200.000 habitantes, cuyos orígenes se relacionan con la secta religiosa de los mormones, que en su emigración hacia el Oeste buscaron el lugar más apartado para poder practicar libremente su religión. Fuera de , este caso tan especial, los colonos prefirieron siempre las rutas meridionales que les conducían hasta el Gran valle de California, donde no sólo existían grandes posibilidades agrícolas, sino también yacimientos de oro y petróleo en el litoral. Además, las regiones meridionales de la costa habían sido pobladas por gentes de origen español llegadas desde México y había abundantes asentamientos de población.La costa del Pacífico corresponde a un Oeste fuertemente industrializado, con grandes núcleos de población. Pero también aquí se marcan las diferencias entre el norte y el sur. La costa del Pacífico disfruta de la misma posición geográfica que Europa occidental. En la parte septentrional, en los Estados de Washington y Oregón, la pluviosidad supera ampliamente los 1.000 mm. anuales, llegando en ocasiones hasta los 3.000 a favor de la altitud. El bosque lo invade todo, y las explotaciones madereras han sido durante mucho tiempo la única actividad económica de la región. La agricultura y la ganadería apenas se han desarrollado. Más al S, California vuelve a ser un Estado de amplias actividades industriales y agrícolas. El descubrimiento de oro y de petróleo provocó una auténtica marea demográfica a mediados del s. xix, favorecida más tarde por los ferrocarriles transcontinentales. El Gran valle es una de las zonas agrícolas más ricas de EE. UU. gracias al regadío, y su producción intensiva no puede compararse con la de ninguna otra parte del mundo en lo que respecta a calidad y variedad de sus especialidades frutícolas.5. Economía. EE. UU. es la nación de mayor potencial económico de la tierra. Más de la mitad del producto bruto obtenido por la humanidad proviene de este país, mientras que su población representa menos del 7% de la mundial (1967). Cualquier índice que se tome para valorar la capacidad económica de un país beneficia a EE. UU. Producen el 20% del carbón mundial; 40% de la energía eléctrica; 25% del petróleo; 55% del gas natural; 22% del acero; 30% del aluminio; 45% del papel; 75% del caucho sintético; 30% de los vehículos a motor (el 60% de todos los vehículos del mundo corren en EE. UU.); y así en otros muchos casos. En conjunto, la producción de EE. UU. es un tercio de la producción mundial; un tercio también de los estudiantes que cursan estudios superiores pertenecen a EE. UU.; el 80% del comercio mundial se contabiliza en dólares, y su población tiene una renta per cápita de 3.200 dólares.El potencial económico alcanzado por EE. UU. se explica por coyunturas históricas y circunstancias geográficas; por la extensión territorial del país y su forma de poblamiento; por la adquisición de una conciencia nacional basada en factores de eficacia frente a terceros y no en valores tradicionales y, finalmente, por las circunstancias que condujeron a EE. UU. a participar en las dos guerras mundiales. Se limitará el análisis aquí. A partir de la entrada de EE. UU. en la I Guerra mundial en 1917, y dejando a un lado todo lo referente al progreso tecnológico y sus aplicaciones a la agricultura e industria, se considerarán únicamente los hechos económicos que han llevado a EE. UU. al puesto que actualmente ocupan: las inversiones estatales y privadas en el extranjero; la devaluación del dólar en 1934 y la participación en la reconstrucción europea después de la II Guerra mundial.Historia. EE. UU. fue desde los años de la Independencia (1783) gran exportador de materias primas y productos manufacturados. La balanza comercial ha sido siempre favorable, pero no la balanza total de pagos, que tradicionalmente se cerraba con grandes déficit. Durante 120 años, los capitales para el desarrollo interior se buscaron en el exterior. Así se pusieron en explotación las llanuras del Medio Oeste, se trazaron los ferrocarriles intercontinentales y se construyeron canales y carreteras. Los déficit se cubrían en parte con la producción de oro y en parte con la importación de más capital extranjero, especialmente europeo. En los años anteriores a la 1 Guerra mundial, las inversiones extranjeras totalizaban 7.000 millones de dólares. En 1900, las inversiones en ultramar eran solamente de 500 millones; en 1914 ascendían ya a más de 6.000 millones. Durante los años de la guerra, las inversiones europeas en EE. UU. se convirtieron en metálico para atender a las necesidades bélicas y además EE. UU. tuvo que prestar grandes sumas a los aliados, independientemente de su propio esfuerzo de guerra. Desde 1850 hasta 1914, el promedio anual de la balanza de pagos estadounidense arrojó un déficit de más de 50 millones de dólares. Pero de 1914-18, ese déficit se convirtió en un superávit de 2.240 millones; de 2.760 millones, entre 1919-21; y de 717 millones entre 1922-29. La crisis financiera de ese año acarreó un periodo de inestabilidad que duró hasta 1934 aproximadamente. Entre 1919-39 EE. UU. acumuló un superávit de 18.000 millones de dólares; de los cuales 11.900 millones lo fueron en oro.¿Cómo se llegó a esta cifra? Durante los años de la guerra y posteriores, hasta 1933, los superávit sólo tuvieron una realidad contable de ayuda a Europa. En octubre de 1919, las deudas de los aliados con EE. UU. ascendían a 9.400 millones de dólares, a cobrar en plazos anuales hasta 1990. Como los pagos a EE. UU. quedaban subordinados a que las potencias vencidas hiciesen honor a las reparaciones y éstas comenzaron a fallar muy pronto, a partir de 1932 nadie volvió a acordarse de las deudas de guerra. No obstante, EE. UU. se había beneficiado de tres maneras: 1) por el impulso dado a su propia industria; 2) por la creación, por primera vez en su historia, de una poderosa marina mercante; y 3) por las vinculaciones financieras que adquirió en el mundo. Entre 1913-23 el índice de producción industrial aumentó un 50%, mientras que en el resto del mundo el aumento fue solamente del 4. En 1913, la marina mercante estadounidense era de poco más de un millón de t.; en 1921 se elevaba a 11,1 millones, pasando a ocupar el segundo puesto en importancia después del Reino Unido. En 1929, el capital privado invertido en el extranjero ascendía a 15.393 millones de dólares. En contrapartida, las inversiones extranjeras en EE. UU. eran solamente de 5.700 millones. Más de la mitad del comercio mundial se contabilizaba en dólares; pero cada vez se hacía notar más el fenómeno que luego se conocería como "escasez de dólares", dificultando el desarrollo del comercio.En 1934, el presidente Roosevelt ordenó la devaluación del dólar en un 59,06%, elevando el valor del oro a 35 dólares onza. La devaluación produjo un beneficio de 2.000 millones en las reservas de oro y atrajo hacia EE. UU. grandes sumas de capital europeo que se evadían por la inseguridad política de los años de preguerra. De los 11.900 millones en oro acumulados por EE. UU. entre 1919-39, el 90%, es decir, 10.700 millones, lo fueron entre 1934-39; de los cuales, a su vez, 8.400 procedían de la evasión de capitales. La II Guerra mundial encontró una Europa financieramente empobrecida y unos EE. UU enormemente ricos. En 1940, las reservas estadounidenses en oro llegaban ya a 22.000 millones de dólares, igual al 75% de las tenencias mundiales estatales en oro. Durante el transcurso de la guerra, la ayuda bélica prestada a los Aliados y la creación del FMI (Fondo Monetario Internacional) fueron otros tantos hechos favorables para la economía de EE. UU.En 1941 el Congreso, a propuesta de Roosevelt, aprobó la Ley de Préstamos y Arriendos en virtud de la cual EE. UU. prestó ayuda bélica, entre 1941-45, por valor de 40.000 millones de dólares. Esta astronómica cifra no llegó a cobrarse más que en una pequeña parte. El Imperio británico, p. ej., que había recibido 33.000 millones, saldó su deuda con el pago de 650 millones de dólares, y eso mediante un préstamo de 4.400 millones que le hizo EE. UU.En contrapartida las obligaciones de EE. UU. en el exterior no eran más que de unos 5.000 millones de dólares. EE. UU. fue muy pronto el país acreedor de todo el mundo. Nadie pagaba, pero la ayuda prestada había repercutido en la capacidad industrial de EE. UU. que cada vez exportaban más e importaban menos. Hacia 1943 se vio claro que al terminar la guerra habría que buscar un sistema internacional de comercio y pagos. Keynes por el Reino Unido y White por EE. UU. confeccionaron sendos planes, que no llegaron a aplicarse, pero fueron la base de los acuerdos dé Bretton Woods en 1944, por los que se creó el FMI. En esencia, los acuerdos de Bretton Woods establecen la convertibilidad del dólar en oro a 35 dólares la onza, y todas las demás monedas establecen su paridad con relación al dólar. Los países tenedores de dólares podían en cualquier momento reclamar el pago en oro.Acabada la guerra, la reconstrucción europea se hizo difícil por la imposibilidad de los países europeos para financiar las importaciones necesarias. En 1943, se creó la UNRRA o Adminisoctración de las Naciones Unidas para la Ayuda y Rehabilitación en la que EE. UU. participó con 2.700 millones de dólares. Pero lo que, finalmente, recuperó a Europa y a otras naciones participantes en la guerra fue el Plan Marshall, anunciado por el Secretario de Estado G. C. Marsball el 5 jun. 1947. Desde 1947-55, solamente en Europa occidental la ayuda recibida por todos los conceptos, aparte de la ayuda militar, ascendió a 23.511 millones de dólares, de los cuales 6.521 millones lo fueron en concepto de préstamo a largo plazo y el resto a fondo perdido. Además, los donativos militares se elevaron a 11.534 millones. Durante varios años, EE. UU. financió prácticamente todo el comercio mundial. A partir de 1950, Europa, gracias a la ayuda americana, fue aumentando poco a poco su capacidad productora. Entre 1948-55, EE. UU. aumentó su producción en un 33%; pero Europa lo hizo en un 76%. Al mismo tiempo, la guerra de Corea primero y del Vietnam después, obligaron a EE. UU. a grandes esfuerzos económicos. La balanza comercial siguió siendo favorable a EE. UU., pero los gastos de guerra, la inversión privada en el extranjero al amparo de aquellos préstamos, el apoyo oficial a las monedas tambaleantes de algunas naciones, especialmente del Reino Unido y de Francia, y el consumo interior de bienes y servicios de otros países, pusieron en manos de éstos una suma de dólares, directamente convertibles en oro, que en 1960 llegaba a 32.500 millones. Desde 1960 a 1967, ambos inclusive, EE. UU. perdió 6.700 millones de dólares oro, más 1.200 millones de divisas convertibles. El a. 1967 se caracterizó por la lucha que mantuvo el dólar para atender a su convertibilidad. En marzo de 1968, las reservas de oro habían bajado tanto que el Congreso, a petición del presidente Johnson, decretó la suspensión de la cobertura oro del dólar, librando de ese modo 11.000 millones con los que atender a la demanda de conversión. El mundo esperaba una devaluación, como la de Roosevelt en 1934, pero no se produjo. En 1958, EE. UU. poseía el 54% del oro mundial; en 1967, sólo el 30°,6. Pero la crisis no era tanto un problema de EE. UU., cuanto un indicio del desmoronamiento del sistema financiero surgido después de la II Guerra mundial. En 1972 se devaluó el dólar en un 7,89% y aumentó el precio del oro a 38 dólares la onza.Sectores económicos. El producto nacional bruto de EE. UU. ascendió (1966) a 744.000 millones de dólares. Su origen fue el siguiente: agricultura, 3,7%; industrias manufactureras, 31,1%; construcción e industrias extractivas, 6,2%; servicios estatales y empresas públicas, 13,7%, y servicios varios, 45%. Como en la mayoría de los países desarrollados, la agricultura no proporciona más que una pequeñísima parte de la renta nacional; la población dedicada a la agricultura no es más que del 7%. De los 936 millones de Ha. que componen el territorio de EE. UU., el 20% es superficie cultivada, el 27% bosques, el 3% inculto, y el resto totalmente improductivo. Dos hechos caracterizan a la agricultura de este país: la especialización zonal y la mecanización. La producción agrícola de EE. UU. es enorme. Ocupan los primeros puestos en la estadística mundial de productos agrícolas fundamentales; según datos de 1967, en millones de t. son: trigo, 415 (segundo país productor del mundo); maíz, 120 (50% de la producción mundial); agrios, 7,4 (primer país productor del mundo); algodón, 3,2 (fibra); azúcar de remolacha, 2,6; azúcar de caña, 1,1; soja, 23 (primer país productor del mundo), y mantequilla, 660.000 t.La cabaña nacional se compone de 108,6 millones de bóvidos; 23,9 millones de ovinos y más de 50 millones de cerdos. La producción de carne (1967) asciende a más de 15 millones de t. y la leche es superior a 54,2 millones de t. La población de EE. UU. (200 millones en diciembre de 1967) es una de las mejores alimentadas del mundo: 3.140 cal. por hab. y día. Estas producciones tan elevadas no se obtienen por el cultivo intensivo del suelo, sino dedicando enormes extensiones a cada uno de ellos. El rendimiento por unidad de superficie no es muy alto (menos de 12 q/Ha. para el trigo), pero las prácticas agrícolas se realizan con gran esmero, al objeto de obtener calidades uniformes y tipificadas, de fácil colocación en los mercados nacionales e internacionales. La mecanización ha alcanzado índices altísimos: 4,7 millones de tractores, 1,2 motocultores y más de medio millón de máquinas de todas clases emplea la agricultura de EE. UU., que se ha convertido en uno de los principales exportadores de cereales: solamente de trigo salen cada año más de 20 millones de t., con destino a Europa principalmente. Cada agricultor estadounidense produce para 35 personas.Pero la riqueza de EE. UU. radica en la industria y las actividades del sector terciario. La industria, incluida la construcción, proporciona el 39% de la renta; los servicios de todas clases, el 58%. En la evolución económica de los países, EE. UU. ha sobrepasado ya, o están a punto de sobrepasar, la etapa industrial, para entrar en la posindustrial caracterizada por el predominio de los servicios sobre cualquier otro tipo de actividad. Este planteamiento de la organización socioeconómica de un país, no es más que el resultado de las nuevas técnicas industriales y de la importancia creciente de la investigación científica en la industria.En la siderurgia y en la metalurgia diferenciada, EE. UU. ocupa el primer puesto del mundo. Las reservas de hierro metal se calculan en 4.000 millones de t. El volumen de hierro obtenido en primera fundición es de 80 millones de t. (1967); la de acero, más de 115 millones de t. La proximidad de los yacimientos de hierro y carbón ha dado origen a la formación de grandes complejos siderúrgicos en Pensilvania alrededor de Pittsburgh y Bethehem. Otra gran área siderúrgica es la que se extiende en torno al lago Superior con centro en Duluth, del que parten ramificaciones hacia Buffalo, Cleveland, Detroit (sede de las fábricas de automóviles), Chicago, etc. Dos empresas, la United States Steel Corporation y la Bethlehem Steel Corporation producen cada una más de 15 millones de t. de acero. La misma importancia tiene la metalurgia no férrea y la industria química. La producción de fibras sintéticas es de 17 millones de t.; 2 millones la de caucho sintético; 6 millones, la de resinas y plásticos; 28 millones, la de pasta de papel y 25 millones la de ácido sulfúrico. Así en la mayoría de productos básicos. En 1967 se construyeron casi 10 millones de vehículos automóviles. La flota mercante cuenta con 20 millones de t.; la red de ferrocarriles 345.000 Km.; las carreteras de primer orden, 6 millones de Km. Las transacciones comerciales (1967) con el exterior superan los 57.000 millones de dólares. Solamente 10 empresas estadounidenses facturaron en 1966, 80.000 millones igual al 10% aproximadamente del producto nacional bruto en aquel año. Esas empresas disponían de un capital social de 5 billones de pesetas (cuatro veces más que el producto nacional bruto español en ese año) y daban trabajo a dos millones de obreros. Cualquier intento de comparación con otros países no tiene sentido. Pero quizá lo más notable sea el espíritu en-,prendedor y de aventura, que lleva al estadounidense a buscar siempre nuevos métodos, lo mismo técnicos que de organización. Siempre hay una nueva frontera que conquistar; la hubo durante los años del poblamiento del Oeste; la anunció Roosevelt en 1932 y la llevó Kennedy en su campaña electoral de 1960. Pero la conquista de nuevas fronteras se hace en ocasiones a un precio excesivamente elevado. A partir de 1965 EE. UU. tuvieron que soportar un proceso inflacionista de amplias repercusiones nacionales e internacionales. La balanza de pagos, cada vez más deficitaria con los países de la OCDE (v.), y los enormes gastos militares que crecieron a un ritmo de 2.000 millones de dólares en 1966-67 aconsejaron al Gobierno federal el tomar medidas restrictivas sobre las inversiones en el exterior y establecer un criterio selectivo en las importaciones. De 1965 a 1966 el producto nacional bruto creció un 7,9% a precios corrientes, cuando las previsiones eran de que creciera sólo un 4%. La inflación fue general y el paro llegó a ser del 6% en la industria.6. División político-administrativa. EE. UU. consta de los Estados, cuyos datos y capitales se indican en el cuadro de la pág. siguiente, con datos de 1970, según el Calendario Atlante de Agostini.Hay que añadir además el distrito de Columbia (Washington), con 174 Km’-, 756.510 hab. y 4.378 hab/Kmz. También, diversas dependencias, como el estado asociado de Puerto Rico (v.), parte de las islas Samoa (v.) y zona del canal de Panamá (v.), e islas bajo tutela (v. CAROLINAS; MARIANAS). Tienen voz propia todos los Estados y, además las ciudades siguientes: Ángeles, Los; Baltimore, Boston, Buffalo, Cleveland, Chicago, Dallas, Denver, Detroit, Filadelfia, Houston, Kansas Cíty, Menphis, Milwaukee, Nueva York, Phoenix, Pittsburgh Saint Louis, San Antonio, San Diego, San Francisco, Seattle, Washington, Nueva Orleáns.A. HIGUERAS ARNAL.
BIBL.: Geografía física y humana: R. BLANCHARD, Estados Unidos, Canadá, Alaska, Barcelona 1944; P. VIDAL DE LA BLACHE, Geografía Universal, XVII, 1’ parte: América Septentrional. Generalidades. Estados Unidos, Barcelona 1938; R. CARTIER, Las Cincuenta Américas, Madrid 1963; D. OGRIZErc, Les États Unis d’Amérique, París; 1. BEAUJEu-GARNIER, Géographie de la Population, 1-II, París 1958; D. STAMP y OTROS, Geography for To-doy. North América, Londres 1957; J. H. PATERSON, North America. A geography of Canada and United States, Oxford 1970; G. H. DURY y R. S. MATHIESON, The United States and Canada, Londres 1970; J. BEAUJEU-GARNIER, Les régions des États-Unís, París 1969; P. GEORGE, Géographie des États-Unís, París 1971.
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