Estados Unidos de América Del Norte (united States Of America).geografía 1 GEOG.
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Geografía
1. Generalidades. Constituyen una federación de 50 Estados, cuya capital es Washington. Son varias las naciones que hay en el mundo constituidas por federaciones de estados, pero sólo los Estados Unidos de América del Norte responden fielmente a esta denominación. Al estudiar la geografía de los EE. UU. sorprende, desde el primer momento, la magnitud de los hechos que se describen. No hay en la vieja Europa un modelo geográfico que pueda ser aplicado en EE. UU.: aquí se encuentran ríos de los más largos del mundo, llanuras de las más extensas, las cuencas hulleras más amplias, las explotaciones agrarias más mecanizadas y las mayores concentraciones urbanas.EE. UU. es el país de los grandes contrastes, nación joven que se ha ido haciendo a golpes de audacia y esfuerzo personal a lo largo de los últimos 250 años. Sus dimensiones son enormes: más de 4.000 Km. de costa a costa, desde el Atlántico al E, hasta el Pacífico al O; 2.500 Km. de N a S, desde la frontera con Canadá, a lo largo del paralelo 49, hasta el río Grande en la frontera con México, al S. En total, 9.363.125 Kmz de superficie, en su mayoría en el tramo central de la zona templada del hemisferio N.2. Medio físico. a. Relieve. Se caracteriza por la enorme simplicidad del relieve y por el predominio de las grandes unidades morfoestructurales. Como en la casi totalidad del continente americano, predominan líneas estructurales orientadas de N a S, de forma que aquellas grandes unidades se disponen sucesivamente, una al lado de la otra desde el Atlántico al Pacífico. Toda la complejidad morfológica de EE. UU. se reduce a dos alineaciones montañosas, a lo largo de las costas, y a una gran llanura, recorrida por el Misisipí (v.), en el centro. Esta peculiar configuración topográfica condiciona gran parte de las características físicas de EE. UU. En las altas latitudes, Norteamérica se ensancha, desde Alaska hasta Terranova, a lo largo de más de 5.000 Km. Pero a medida que se desciende hacia el S, las costas continentales se van aproximando, de manera que entre el océano Pacífico y el golfo de México, América Central se estrecha tanto que en algunos puntos la distancia de costa a costa es inferior a 100 Km.El interior del país está ocupado por un macizo de rocas antiquísimas, parte del escudo canadiense, bordeado al este y al oeste por cadenas montañosas. Estas cordilleras se fueron adosando al viejo escudo en el trascurso de la historia geológica y pertenecen a fases orogénicas muy diversas. Al E, una alineación de rumbo NE-SO se levanta como una modesta barrera montañosa de 2.000 m. de altura entre el mar y el interior: son los montes Alleghanys y Apalaches (v.), levantados como consecuencia de la orogenia herciniana en la Era Primaria; al O, otra gran alineación, de rumbo NO-SE, se eleva como una gigantesca muralla, de 1.500 Km. de anchura en algunos puntos, y cumbres que alcanzan sobradamente los 4.000 m.: son las montañas Rocosas (v.) y Sierra Nevada, que constituyen un fragmento de la gran dorsal americana que corre a lo largo del Pacífico desde Alaska hasta la Tierra del Fuego, en las inmediaciones del Polo Sur.Estas dos alineaciones montañosas ofrecen formas topográficas diferentes. Los Apalaches son montes viejos, una y otra vez rejuvenecidos y vueltos a arrasar. La red fluvial ha tenido que adaptarse a esas estructuras subyacentes dando un relieve tipificado y conocido como relieve apalachense. Las montañas Rocosas y Sierra Nevada, ligeramente arqueadas y enfrentadas, encierran una zona de mesetas de gran elevación. La topografía de estas tierras corresponde, no obstante, a formas predominantemente abruptas, configuradas por las grandes dislocaclones tectónicas y conos volcánicos que se suceden, sobre todo, a lo largo de la costa del Pacífico.Entre esas dos alineaciones montañosas, el interior del país constituye una zona deprimida que corresponde a un gran bloque hundido y parcialmente recubierto con sedimentos recientes, de origen continental en su mayor parte. La zona más deprimida de la parte central de EE. UU. es el valle del Misisipí, que corre relativamente próximo a los Apalaches. Pero hacia el oeste, las Rocosas se hallan a más de 1.500 Km. del río, de manera que desde el valle propiamente dicho, hasta el murallón de montañas, se suceden amplísimas llanuras suavemente onduladas, tanto más accidentadas cuanto más se avanza hacia el O.b. Clima. La especial configuración morfológica del país es en gran parte responsable de sus condiciones elimáticas. En un país de estas dimensiones continentales, no puede hablarse de clima sino de grandes áreas climáticas. En cuanto a las temperaturas, decrecen regularmente de N a S, con isotermas que resultan sensiblemente paralelas, lo mismo en verano que en invierno. Pero las amplitudes térmicas son enormes, dando un clima de características acusadamente continentales en la mayor parte del país. La isoterma de -10° en invierno corre a lo largo de la frontera con el Canadá; en Europa, es preciso llegar más allá del Círculo polar ártico para encontrar temperaturas semejantes. Ningún obstáculo se opone a que las masas de aire frío avancen profundamente hacia el centro de EE. UU. El frente polar, que en lo más crudo del invierno suele situarse en Europa hacia la latitud de Gibraltar, penetra en EE. UU. hasta las tierras del bajo Misisipí. En cambio, durante el verano, las masas de aire cálido procedentes del golfo de México avanzan sin obstáculos, Misisipí arriba, hasta los Grandes Lagos. Galveston en el golfo de México, tiene 20,8° de media anual, con muy poca amplitud térmica: 28,3° en el mes más cálido y 11,5° en lo más crudo del invierno. Lo mismo sucede en Nueva Orleáns, donde las temperaturas del mes más cálido y más frío son respectivamente de 27,4° y 11,7°, para una media térmica anual de 20,1°.Hacia el norte, a medida que se adentra en EE. UU., las amplitudes térmicas aumentan rápidamente, no por la elevación de las temperaturas veraniegas, que se mantienen casi uniformes de S a N, sino por el brusco descenso de las temperaturas invernales, con diferencias térmicas de hasta 16° en enero entre la costa de los Grandes Lagos y el golfo de México. Vicksburg, a 250 Km. de Nueva Orleáns, registra 26,9° en verano y sólo 8,3° en enero; Little Rock, algo más al N, conserva prácticamente la misma temperatura media de julio que las estaciones anteriores, 26,6°, pero la de enero desciende hasta 4,8°. En San Luis la media de enero queda ya por debajo de (0,5°), mientras que en julio se registran 26,2°. Todavía más al N, Indianápolis conserva aún las temperaturas de verano en 24,7°, pero en invierno el termómetro no pasa de -2,1°. Entre Chicago, con -4,6° de temperatura media de enero, y Nueva Orleáns, hay una diferencia de 16,3° en este mes; pero sólo de 5° en agosto.Esta alternancia térmica estacional se acusa inmediatamente en la distribución de las lluvias. La parte central de EE. UU., la misma que se ha estudiado antes desde el punto de vista térmico, recibe en general precipitaciones superiores a los 800 mm., pero se aprecian fuertes irregularidades en función de la topografía y de la latitud: Nueva Orleáns recibe 1.560 mm/a.; Vicksburg, 1.410; Little Rock, 1.360; San Luis, 1.050; Indianápolis, 1.090 y Chicago 880. Hay, pues, una degradación pluviométrica bastante regular a medida que se asciende en latitud.Se va pasando poco a poco de un régimen pluviométrico tropical en el golfo de México, con lluvias abundantes en verano, a otro de tipo templado, más o menos boreal y continentalizado. En Nueva Orleáns, junio y febrero son los meses extremos con 170 y 120 mm. de precipitaciones; en Vicksburg, marzo y octubre con 160 y 70 mm.; mayo 150 mm. y octubre 50 mm. en Little Rock; con 130 y 50 mm. en junio y enero, respectivamente, en San Luis; y 100 mm. en junio, y 50 en enero en Chicago.Esta variación termo-pluviométrica, muy regular en líneas generales, de S a N afecta a buena parte del centro de los EE. UU., y de manera especial al valle del Misisipí. Pero, a uno y otro lado del río, las condiciones climáticas adquieren matices que las apartan mucho del régimen general. El este y el oeste de EE. UU. tienen climas completamente distintos; y entre ambas regiones del país se da toda una enorme y variada gama de climas, regionales y locales, que no pueden entenderse como degradaciones de tipos climáticos generales sino que es preciso verlos en su compleja personalidad geográfica. Dos hechos explican esta peculiaridad climática. De una parte, la circulación general de la atmósfera en las latitudes medias; de otra, la configuración topográfica, ya conocida.De S a N, las temperaturas medias decrecen conforme aumenta la latitud, pero el ritmo es distinto en la costa oriental y en la occidental. San Diego, en la costa del Pacífico (32° de lat.) registra 15,0° de temperatura media; en San Francisco (37° lat.) la media es sólo de 12,7°; de 10,7° en Eureca (40° lat.) y de 10,6° en Seattle (47° lat.). En 15° lat., la temperatura media anual sólo decrece, pues, 5,3°. En cambio, en la costa atlántica, en la misma distancia latitudinal, desde Savannah (32° lat.) hasta San Juan en la costa de Terranova (470 lat.), la diferencia térmica es de 13,8°.Esta diferenciación térmica entre las costas orientales y occidentales de EE. UU. es consecuencia de la circulación general de la atmósfera y de las corrientes oceánicas. La costa occidental se beneficia de las corrientes cálidas del Pacífico, como Europa lo hace de la Corriente del Golfo; en cambio la costa oriental se ve afectada por la Corriente fría del Labrador que en ocasiones hace que se hiele el puerto de Nueva York, a la misma latitud que la alta California. En cuanto se abandona la costa y se penetra en el interior, la influencia oceánica se debilita grandemente, pero la degradación de los climas costeros ofrece modalidades diferentes a uno y otro lado de EE. UU. En el oeste, la variación climática se manifiesta por la acentuación progresiva de la aridez; en el este, por la amplitud térmica.San Francisco recibe 600 mm. anuales de lluvia; Salt Lake City, 410; Los Ángeles, 440; Phoenix, 180. La configuración topográfica tiene aquí una importancia decisiva en la reproducción de las lluvias. El Gran valle de California recibe por término medio menos de 200 mm. de lluvia anual. Más al interior, a espaldas de la Sierra Nevada, se extienden, por Nevada, California y Arizona amplios desiertos de barrera; algunos de los cuales, como el de Mojave y el Death Valley, se cuentan entre los más áridos del mundo. En el otro extremo del continente, la barrera montañosa de los Apalaches acentúa la continentalidad del clima. Boston, en la costa atlántica, acusa 24,6° de amplitud anual; Buffalo, en el extremo oriental del lago Erie, 25,6°; Milwaukee, en la costa occidental del lago Michigan, 27,9°; Sioux City, todavía más al interior, 32,5°.c. Vegetación. Estas condiciones climáticas deben reflejarse lógicamente en el tapiz vegetal. En la mitad occidental, el factor ecológico limitante es la aridez; en la mitad oriental, la temperatura. En el Oeste americano, áridos desiertos tropicales suceden de N a S a los desiertos templados y fríos, siempre con el problema básico de la aridez; en el centro y en el Este, los climas tropicales dejan paso, de S a N, a otros de características templadas y boreales. En ambos casos, la topografía introduce profundas variaciones locales.La cobertura vegetal del oeste de EE. UU. responde exactamente a la intensidad de las lluvias. La costa del Pacífico comprende dos dominios: uno meridional, de características mediterráneas con precipitaciones de invierno, sequía total en verano y temperaturas que apenas descienden unas décimas por debajo de 10° en el mes más frío. Predomina aquí una vegetación arbustiva salpicada de algunas encinas y pinos. Hacia el norte, a medida que la cuantía de las lluvias se eleva, la vegetación se hace más densa y arbórea. Desde el norte de California hasta la frontera del Canadá, se extiende el dominio de las grandes coníferas. En la parte más septentrional crecen densos bosques de pinos, que hacia el sur ceden ante el pino Douglas, primero, y luego ante la Sequoia Sempervirens, gigantesco árbol de hasta 100 m. de altura. Todavía más al sur, el bosque se aclara y achaparra con pino de Monterrey y encinas y arbustos de porte mediterráneo. En altitud, la vegetación se degrada rápidamente. En la frontera da Canadá la vegetación arbórea desaparece hacia los 2.000 m., y a 3.000 m. al sur de California.En el otro extremo del país, la vegetación responde, como ya se ha dicho, a las variaciones térmicas. De N a S se observa una sucesión de dominios botánicos que van desde el bosque de coníferas, en el extremo septentrional de Nueva Inglaterra, hasta el bosque subtropical de Florida. Desde los Grandes Lagos hasta Nueva Inglaterra se extiende un bosque de mixto constituido fundamentalmente por robles, pino blanco, pino rojo, cedros y algunas hayas. Más al interior, sobre los Apalaches y las tierras del Misisipí, se extiende el bosque templado de hojas caducas formado por hayas y robles, que hacia el sur se van salpicando de plantas tropicales, como el laurel y la magnolia. Toda la zona litoral, desde el bajo Misisipí hasta la bahía de Chesapeake es un dominio subtropical donde crecen pinos, robles, magnolias, laurel y algunas palmeras, en las zonas de suelo consistente, y plantas arbustivas hidrófilas en las áreas pantanosas y de manglares. Fuera de estas dos áreas extremas, todo el interior de EE. UU. es un dominio de la pradera cuya composición fitológica acusa la disminución de las lluvias hacia el oeste y de las temperaturas hacia el norte.La combinación de estos dos hechos permite diferenciar tres clases de praderas. Por el oeste, sobre las mesetas que se alzan al pie de las montañas Rocosas, se extiende una pradera de plantas gramíneas muy castigadas por la aridez, donde la erosión causa frecuentes estragos. Otra zona de praderas aparece al oeste de los Grandes Lagos, entre el Misuri y el Misisipí, praderas que soportan una enorme masa vegetal por hectárea sobre suelos profundos de elevado contenido en materia orgánica. Estas últimas son las praderas que, desde los orígenes de la colonización, permitieron el desarrollo de una importantísima ganadería centrada en Chicago. Hacia el norte las condiciones climáticas se hacen cada vez más adversas y la vegetación más escasa: la pradera canadiense ofrece ya caracteres boreales, distintos por completo de los que definen a las praderas del Medio Oeste.d. Hidrografía. En la configuración morfológica de EE. UU., el país queda reducido a una gran cuenca central limitada por cadenas montañosas. De esta manera, las 8/10 parties de EE. UU. vierten hacia el golfo de México a través de los sistemas hidrológicos del Misisipí y del río Grande del Norte (v.), completados por pequeñas cuencas litorales.El Misisipí es uno de los ríos más grandes del mundo y con su afluente el Misuri forma la corriente fluvial más larga de la Tierra. El Misisipí se caracteriza por su régimen complejo. Desde su nacimiento cerca de la frontera del Canadá, en plena zona boreal, hasta su desembocadura en el golfo de México, en plena zona tropical, se suceden toda clase de climas, desde los más áridos hasta los más húmedos, con alternancias estacionales, a veces contrapuestas, complicadas con los regímenes propios de los grandes afluentes del río principal, como son el Ohio, el Tennessee, el Red, el Platte, etc. Por todo ello, el Misisipí, es un río muy irregular. Su caudal medio en la desembocadura no pasa de los 20.000 m’/seg., pero en ocasiones se originan riadas que elevan el caudal hasta 60.000 m’/seg.; o periodos de aguas bajas en las que el caudal se reduce a menos de 10.000 m’/seg.El río Ohio lleva al Misisipí un caudal de 8.000 m’/seg., casi tan importante como el del río principal, procedente de las regiones húmedas de los Apalaches, lo mismo que el Misuri le lleva las aguas de las primeras estribaciones de las montañas Rocosas. Todos los ríos que proceden de las mesetas que se levantan al pie de las Rocosas (Arkansas, Cimarrón, Platte, Red, etc.) se caracterizan por su irregularidad, contrariamente a lo que sucede con los afluentes apalachianos que proceden de zonas mucho más húmedas.El otro gran río de los EE. UU. que desagua en el golfo de México es el río Grande, que a lo largo de 2/3 de su recorrido forma frontera entre EE. UU. y México. El río Grande presenta un régimen tropical subdesértico y es, aguas arriba de la ciudad de El Paso, uno de los ríos mejor aprovechados para el riego.Los ríos de la vertiente del océano Pacífico y del Atlántico presentan características hidrológicas completamente distintas a las anteriores. En ambos casos, las barreras montañosas impiden que los ríos penetren profundamente en el interior, con algunas excepciones que se convierten en hechos hidrográficos importantes. La mayor parte de las altiplanicies de las montañas Rocosas son endorreicas: las altas barreras de más de 4.000 m. de altitud constituyen un obstáculo difícilmente salvable para ríos de escaso caudal, a consecuencia de la escasez de lluvias, en las zonas de su recorrido. Pero algunos de estos ríos llegan al mar abriéndose camino a través de accidentes tectónicos como el Sacramento y San Joaquín que recorren el gran valle californiano, o de simples depresiones morfológicas, como el Columbia en el extremo septentrional de la costa del Pacífico. De todos los ríos de la vertiente del océano Pacífico, el más importante, sin duda, es el Colorado (v.), que nace en las mesetas de su nombre y desemboca en el golfo de California, después de recorrer 1.500 Km. y formar un profundo cañón de renombre universal. Todos estos ríos de la cuenca del Pacífico presentan regímenes hidrográficos de tipo marcadamente mediterráneo, con un caudal muy irregular, grandes crecidas en otoño y acusadísimos estiajes. Pero en ellos se han realizado grandes presas y embalses para que sus aguas puedan utilizarse para el riego.Los ríos de la vertiente atlántica entre la cadena apalachiana y el mar, ven limitado su recorrido por la proximidad de la montaña al litoral; pero forman una red de una enorme densidad, especialmente entre la bahía de Chesapeake y la península de Florida. La mayoría de estos ríos llegan al mar después de atravesar llanuras pantanosas, lo que unido a las frecuentes barras de arena y cordones litorales hace difícil el acceso al interior del continente desde el mar. De estos ríos los más importantes son el Hudson (río de Nueva York), el Chesapeake, el Potomac (río de Washington), el Savannah, etc.e. Costa. Considerado en este conjunto, el litoral de EE. UU. es de configuración poco recortada. Ahora bien, los pocos accidentes costeros adquieren la categoría de accidentes continentales por sus dimensiones. A lo largo de la costa del Atlántico, de N a S cabe señalar, como accidentes más significativos, el cabo Cod, la isla de Long Island, el cabo Hatteras, y sobre todo la península de Florida, que con las grandes Antillas cierra por el este el golfo de México (v.). La costa meridional, abierta a éste, es baja, arenosa, y con innumerables cordones litorales; el accidente más notable es el delta del Misisipí, que avanza a razón de varios cientos de metros por año. En la costa del Pacífico, aparte de la bahía de San Francisco abierta en una escotadura por donde el Gran valle californiano se comunica con el mar, cabe señalar el estuario del río Columbia y la bahía de Seattle.f. Lagos. La red fluvial, como se ha visto anteriormente, es joven y bien jerarquizada, excepto en la zona montañosa del Oeste donde sobre los altiplanos se han formado áreas endorreicas que dan origen a la formación de lagos de aguas más o menos salobres. En las costas, especialmente al sur, son frecuentes los lagos de origen pantanoso en relación con las áreas de manglares de la zona tropical.Pero el área lacustre más importante de EE. UU. se encuentra en las regiones septentrionales fronteras al Canadá. Los Grandes Lagos (v.) cubren una superficie de 24.800 Km2, repartida entre cinco lagos mayores: Superior, Michigan, Hurón, Erie y Ontario, todos ellos comunicados entre sí y con el mar abierto a través de la vía navegable del río San Lorenzo, para barcos de gran porte, y con Nueva York y el Atlántico merced a una eficaz red de canales. El origen de los Grandes Lagos es glaciar. Durante buena parte del Cuaternario, los hielos del casquete polar cubrieron el continente norteamericano hasta los 40° de lat. Cuando el cambio de las condiciones climáticas determinó el retroceso de la masa de hielo hacia regiones más septentrionales, se produjo una acumulación de agua en las regiones deprimidas que dieron lugar a la formación de los actuales lagos. Por el N, la línea de costa de la superficie lacustre sigue sensiblemente la dirección NO-SE, desde el lago Nipigon hasta el Ontario. Esta dirección no es otra que la del frente glaciar, que se retiraría mucho más de prisa en la parte del NO que en el SE, debido a las condiciones climáticas impuestas por la circulación general de la atmósfera. La configuración particular de cada lago dibuja con bastante aproximación dos hechos. De una parte, la disposición de los lóbulos frontales del glaciar; de otra, las deformaciones estructurales del zócalo subyacente bajo la masa de hielo. Al principio, los Grandes Lagos debieron desaguar, total o parcialmente, hacia el Misisipí, pero pronto, ante la retirada de la masa de hielo que recubría la profunda _fosa del Ontario, las aguas comenzaron a precipitarse en ella a través de las cataratas del Niágara y por el San Lorenzo encontraron fácil salida hacia el mar. Un ligero basculamiento del bloque canadiense hacia el norte acabó de configurar la región de los Grandes Lagos, anulando definitivamente la escorrentía hacia el Misisipí y el Hudson. Pero las antiguas depresiones han servido modernamente para el trazado de canales y vías de comunicación que convierten a la región en el área de economía más dinámica de EE. UU.3. Población. El país cuenta con 205 millones de hab., en su mayor parte descendientes de antiguos inmigrados europeos, más una minoría de gentes de color llegadas de los lugares más diversos del mundo. La historia del poblamiento estadounidense (v. iv) es una de las aventuras más interesantes de la colonización mundial. A finales del s. xvitt la población de EE. UU., ascendía a cuatro millones de hab. en números redondos; en 1820, sumaba ya 9,5 millones, y 31,4 millones en 1850. En 1900 había alcanzado 75 millones; 150,7 millones en 1950 y 205 millones en 1971.Cuando se hace la Declaración de Independencia, existe ya el embrión de la nación americana entre el océano Atlántico y las montañas de los Apalaches. Reconocida la independencia de EE. UU., comienza un periodo de gran desarrollo demográfico que se concreta en la conquista del Oeste; es decir, de las tierras allende las montañas. Primero serán los valles del Ohio y del Misisipí; luego, las mesetas interiores; más tarde las montañas Rocosas y el litoral Pacífico. La marcha hacia el Oeste se convierte muy pronto en una aventura nacional de rara eficacia, y en menos de cien años queda completada la colonización en sus rasgos generales.El rapidísimo crecimiento demográfico se debe casi exclusivamente a la inmigración. La Declaración de Independencia hacía realidad un orden socioeconómico nuevo, que en Europa había preparado la Revolución francesa. Con inmensos espacios vacíos más allá de las montañas costeras, el Oeste americano se convirtió en la tierra de promisión para ingentes multitudes de europeos. Desde 1790 hasta 1900, llegaron a EE. UU. no menos de 28 millones de personas; desde principios de siglo hasta 1920, otros 14 millones; y casi 5 millones hasta la terminación de la II Guerra mundial. En total 47 millones en 160 años; es decir, 294.000 inmigrantes por año como término medio. De todos éstos, el 89% eran europeos. Entre 1820 y 1945, Europa proporcionó cerca de 33 millones de personas, en su mayor parte alemanes, 6 millones; ingleses, 4,3; austrohúngaros, 4,1; rusos, 3,3; escandinavos, 2,3; y el resto gentes de Canadá y Terranova, también de origen europeo. Los puntos culminantes de la gráfica de inmigración se alcanzan hacia 1885 y 1907. Entre 1885 y 1890 llegaron más de 6 millones de inmigrantes. Entre 1907 y 1910, otros 5. Estos hechos tendrían gran trascendencia económica.La enorme ola de prosperidad que inundó a EE. UU hasta 1929 no puede explicarse sólo por la abundancia de recursos naturales; sino sobre todo por la corriente inmigratoria. La mayor parte de la población era joven, es decir, población eficazmente activa. Además, estas gentes llevaban consigo un bagaje cultural y técnico nada despreciable que, trasplantado a América y encuadrado en una organización socioeconómica nueva, produciría una era de prosperidad. Desde 1850 hasta 1945, más del 20% de la población inmigrada tenía menos de 15 años. Los recién llegados con más de 45 años no sobrepasaron nunca el 15%, y hasta 1920 fue incluso inferior al 10%. De ahí también que el crecimiento vegetativo fuera grande desde los comienzos de la Independencia. Entre 1850 y 1860 la tasa de natalidad se situaba en torno al 35%o, mientras que la mortalidad, a consecuencia de la gran proporción de gente joven, era una de las, más bajas del mundo. A partir de 1900, a medida que se generaliza el proceso de industrialización y se crea la red urbana, las tasas de natalidad descienden hasta colocarse entre las más bajas del mundo: 25,1°% en 1912; 19,7 en 1930; 16,5 en 1933; y entre 17 y 19%o a partir de aquella fecha.Un crecimiento demográfico tan espectacular como el de EE. UU., en el que la inmigración ha tenido importancia tan considerable, tenía que incluir necesariamente un poblamiento multirracial; a finales del s. xvt<< se estima que había unos 500.000 indios autóctonos; 700.000 negros traídos de África por el comercio de esclavos y 2.800.000 blancos. En 1950, los negros suponían el 9,8% de la población estadounidense, que ascendía a 151 millones; en 1960, la población negra, con 18,8 millones de personas, representaba ya el 10,3% de la población total; y, en 1970, el 11,2% para una población total de 205 millones de hab. Además de la población negra existen minorías asiáticas que porcentualmente tienen muy poco peso demográfico.Dada la enorme extensión del país, la densidad de población es muy baja (22 hab/Km2); pero la distribución del poblamiento es muy desigual. Los estados de la costa atlántica hasta Carolina del Sur, y los del Ohio registran densidades de población superiores a 100 hab; Km2, y en ocasiones a 300 hab/Km2. Pero en cuanto se traspasa el Misisipí, la intensidad del poblamiento disminuye rápidamente a medida que se penetra en las altiplanicies de las montañas Rocosas: Kansas, 11 hab/Km2; Colorado 8; Utah, 5; Nevada, 2; y la misma California no llega a los 50. De N a S la densidad del poblamiento decae desde los Grandes Lagos: Illinois, 75 hab/Km2; Misuri, 25; Arkansas, 14. El ángulo nordoriental del país soporta el 43% de la población de EE. UU. sobre una superficie que no es más que el 11% del territorio. Esta enorme concentración demográfica se apoya en una de las redes urbanas más densas del mundo que comprende 15 ciudades millonarias. En cambio, el O del Misisipí el poblamiento es mucho más disperso, incluso en la costa del Pacífico, donde enormes aglomeraciones como San Francisco y Los Ángeles se presentan como auténticos nódulos de poblamiento en una región casi vacía.A. HIGUERAS ARNAL
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