Esquivel, Antonio Marta
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Biografía GER
Pintor romántico español, n. en Sevilla el 8 mar. 1806, hijo del oficial de caballería D. Francisco Esquivel, muerto en la batalla de Bailén y de Da Lucrecia Suárez de Urbina. Al quedar tempranamente viuda esta dama, se dedicó heroicamente a cuidar la educación de Antonio, que cursó estudios en el Colegio de Santo Tomás, de Sevilla, y, más tarde, en la Acad. de Bellas Artes de la misma ciudad. También contribuyó a la formación del muchacho el dorador Francisco de Ojeda. Un intermedio significó la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis, en 1823, contra los que se batió bravamente E. En 1827 casa con Da Antonia Rivas, y la fundación de un hogar le fuerza a multiplicar su producción pictórica. En 1831, y protegido por el cónsul inglés en Sevilla, Mr. Williams, se instala en Madrid, dispuesto a triunfar. En efecto, el 1 jul. 1832 es premiado en un concurso de la Acad. de San Fernando y obtiene el nombramiento de académico de mérito. De nuevo concurre al concurso de 1838. Un año antes, en 1837, E. es uno de los fundadores de la memorable institución cultural que se llamó Liceo Artístico y Literario.En 1838 y 1839 permanece en Sevilla, y en el último de dichos años sufre una afección a la vista, de cuyas resultas queda ciego. Reaccionando generosamente, el Liceo madrileño organiza en 1840 un acto para recoger dinero con el que E. pudiera marchar a Europa y ponerse en manos de celebridades médicas. Así lo hizo, recuperó la visión y, en acción de gracias, pintó un cuadro simbólico, La caída de Luzbel, ofrecido agradecidamente al Liceo el 25 abr. 1841. Continuó pintando con creciente éxito, y en 1847 es nombrado académico numerario de San Fernando. Concurre a la primera Exposición Nacional de Bellas Artes, la de 1856. Y fallece en Madrid, en su domicilio de la Plaza del Cordón, el 9 abr. 1857.Conocemos bien al artista gracias a sus numerosos retratos, con su aire un poco fiero y, desde luego, acendradamente romántico. Y del mismo talante participaría toda su obra, muy variada, ya que cultivó el género religioso, el mitológico y, muy particularmente, el retrato. También, excepcionalmente, y rindiendo parias a la orientación isabelina, el cuadro de historia, de que son testimonios La campana de Huesca, Cristóbal Colón en la Rábida, Sancho IV, etc. En lo religioso, y siendo de destacar La Transfiguración, pintado en 1837 para la iglesia del Salvador, en Santa Cruz de la Palma, lo habitual en E. fue buscar temas del Antiguo Testamento, como La casta Susana (Museo de Sevilla), José y la mujer de Putifar, Judith, Tobías y el ángel, etc., composiciones en general poco afortunadas, si se exceptúa el noble David de la Col. Villabrágima, de Madrid. Mucho más rara su dedicación a lo mitológico, triunfa no obstante de lleno en la bellísima Venus de la Col. Domingo Carles, de Barcelona. Pero, en definitiva, el gran género de E. fue el del retrato. Más de 300 de ellos han sido catalogados por B. de Pantorba, y constituyen una impagable galería viva de personajes españoles actuantes entre 1837 y 1857, casi siempre óptimamente caracterizados, siendo de mencionar las efigies de Isabel II y su hermana Luisa Fernanda (ambos en el Alcázar de Sevilla), Gertrudis Gómez de Avellaneda, Santiago Miranda, El General Prim, el Duque de Ahumada, Julián Romea, etc.Pero lo que constituye la principal gloria del artista es un retrato colectivo, documento sin igual de la iconografía de los literatos españoles de la mitad del s. xix. Se trata del cuadro -conservado en el Museo de Arte Español Contemporáneo de Madrid, y firmado en 1846- Una lectura en el estudio del artista. El lector es José Zorrilla, y escuchan sus versos, además del artista, no menos de 40 asistentes, entre ellos Bretón de los Herreros, el duque de Frías, el conde de Cheste, Martínez de la Rosa, Ventura de la Vega, Campoamor, Hartzenbusch, etc., figurando también simbólicamente, mediante fingidos retratos, Espronceda y el duque de Rivas. Compañera de tan insigne composición, si bien de menor tamaño, hubiera sido Una lectura de Ventura de la Vega en el Teatro del Príncipe (Madrid, Museo Romántico), pero, por desdicha, quedó inconclusa. Otros géneros, como el del costumbrismo, fueron muy raramente tratados, y sin gran interés, por el gran artista sevillano.J. M. POVEDA ARIÑO.
BIBL.: E. BLAsco, El cuadro de Esquivel, "La Ilustración española y americana" (1899); A. COTARELO, La ceguera de Esquivel, BRAH, 1951; J. GUERRERO LOvILLO, Antonio María Esquivel, Madrid 1957; B. DE PANTORBA, Antonio María Esquivel, "Arte español" (1958) 155.
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