Espartero, Baldomero
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Biografía GER
Pocas figuras más populares en el s. xix español que la de E., "el General del pueblo", como le llama uno de sus biógrafos, el conde de Romanones. Efectivamente, fue, antes que nada, un soldado valeroso, con ambición y vanidad; un soldado de fortuna que desde un humilde origen llegó a escalar las más altas magistraturas del Estado. Pero no un político. No tenía talla, convicciones y habilidad para encauzar y dirigir la inestabilidad política de una España sin rumbo. La gran importancia que el Ejército adquiere en el ámbito sociopolítico del xix, explica la aparente paradoja de su vida y la influencia que llegó a tener E. como militar y estadista. Se ha dicho que "más que a nadie se debe a él la pretensión posterior de los caudillos del ejército de dirigir a título de tales la política española" (F. Soldevilla, Historia de España, VII, Barcelona 1959, 128). Con E. comienza el militarismo en la historia contemporánea de España, siendo el representante genuino de un nuevo ejército, la milicia, que surgió como fermento popular en la guerra de la Independencia.Vida militar. N. en Granátula de Calatrava (Ciudad Real) el 27 oct. 1793, en un ambiente aldeano, hijo de Antonio Manuel Fernández Espartero, carretero de oficio, y de Josefa Alvarez. Su verdadero nombre fue Joaquín Baldomero Fernández Alvarez. Pero él siempre utilizaría el de Baldomero E. Estudió en el seminario de los dominicos en Almagro. Pronto se desvaneció el seminarista y surgió el soldado, al toque de independencia de 1808. Marcha a Ciudad Real donde se alista. Una derrota fue su primera acción de guerra: Ocaña (11 nov. 1809).Siempre conservó E. ese recuerdo; en el campo de batalla se templó su carácter. Forma parte después de un batallón de voluntarios de la Univ. de Toledo. En la Isla de León (Cádiz) ingresa como cadete en la Academia. A los dos años salía con el empleo de subteniente de Ingenieros, arma que pronto abandonó por la de Infantería. En 1812 participa en las acciones de Tortosa y de Cherta. Después entraría en Madrid con la división Villacampa.Ya en el trono Fernando VII, continúa su carrera militar en América. Sale de Cádiz con la expedición del general Morillo en febrero de 1815. En América recorrió en operaciones de guerra muchos kilómetros de su dilatada geografía: Cumaná, el istmo de Panamá, Arequipa, Charcas, Potosí, Oruro, donde mostró la firmeza de su mando al descubrir y yugular una conspiración militar, etc. Al pronunciamiento de Riego, que entusiasma a E., ferviente admirador de la Constitución de 1812, siguen años de relativa quietud en América. Después la actividad bélica se renueva: las acciones de Torata y Moquegua y la negociación de Salto son hitos importantes en su hoja de servicios. Obtiene el grado de brigadier y el nombramiento de jefe del Estado Mayor del Ejército. El 24 mayo 1824 sale para Madrid. Por encargo del virrey La Serna lleva la misión de informar al monarca y al Gobierno sobre la difícil situación del virreinato peruano, y defender la conveniencia de las negociaciones. Poca atención se le prestó en Madrid. Deja la corte el 9 dic. 1824, precisamente el día de la batalla de Ayacucho. A su llegada queda prisionero de las tropas de Bolívar, y hubiese sido fusilado si la intervención de una mujer, amante de Bolívar, no le hubiera conseguido el indulto.Vuelto a España es destinado a un cuartel de Pamplona. Allí conoce a su futura mujer, Jacinta Guadalupe de Martínez Sicilia, hija de un comerciante de Logroño, ciudad que será su próximo destino y en la que contrae matrimonio en 1827. Después es enviado a Barcelona y más tarde a Mallorca, donde le sorprende la noticia de la muerte de Fernando VII. La inmediata guerra que provoca la sucesión le atrae a la Península, donde pide puesto para combatir al lado de la reina regente María Cristina de Borbón (v.), frente a los partidarios de Carlos María Isidro (v.). Trasladado al regimiento de Valencia, derrotó y fusiló al cabecilla Magranell, que operaba en Játiva y Onteniente, y fue nombrado comandante general de Vizcaya.La primera guerra carlista (v.) se presenta dura y cruel. Los ejércitos del pretendiente cuentan con jefes de talla, como Zumalacárregui y Cabrera. Ascendido a mariscal de campo y nombrado jefe supremo del Ejército del Norte, E. consigue su primer gran triunfo a las puertas de Bilbao, cuyo cerco rompe, liberándola (25 dic. 1836) en circunstancias adversas, frente a un enemigo recio y soportando las inclemencias de un crudo invierno. El centro de la batalla fue la toma del puente de Luchana, que daría nombre al condado que le otorgó la reina. Los años siguientes, en que se produjeron disensiones entre los jefes del ejército carlista, fueron aprovechados por E. para preparar la paz. Ésta llegó con el convenio de Vergara (31 ag. 1839), tras el famoso abrazo entre Maroto y E. que puso fin a las hostilidades, creando una paz precaria y poco duradera. Fue un triunfo diplomático que le valió el ducado de la Victoria. Pero la guerra continúa en Aragón. Cabrera, "el tigre del Maestrazgo", no acepta la paz de Vergara. La toma de Morella fue otro paso hacia la total pacificación. La reina premió a E. con el ducado de Morella y el Toisón de Oro.Actividades políticas. En la cumbre de su carrera militar se le abren las puertas de la política. Es el símbolo del progresismo que prende entre las filas del ejército y en las masas del naciente proletariado industrial. Las esperanzas que la reina puso en E. se frustraron. La proyectada ley de Ayuntamientos provocó la crisis. Los moderados atribuían la elección de cargos municipales a la corona, los progresistas estimaban que era competencia del pueblo. A pesar de la oposición de E., la reina firmó la ley. Una serie _de violentos disturbios populares, fomentados por los progresistas, obligaron a abdicar a María Cristina. Ocupa E. la regencia (10 mayo 1841), que dura hasta 1843, combatida por la derecha y por la izquierda y mantenida por un cierto apoyo inglés. Los moderados promovieron constantes conspiraciones, no ajenas a la reina desterrada ni a la ayuda francesa, temerosa de un excesivo influjo inglés en España. La incipiente burguesía textil se opuso también al regente, cuya política librecambista, según modelo inglés, protegía los intereses de los importadores.Las conjuras moderadas y las algaradas populares fueron reprimidas con dureza; valga como ejemplo el fusilamiento de Diego de León. Se constituyó una organización militar contra E., la Orden Militar Española. Disueltas las Cortes, una rebelión dirigida por R. M. de Narváez (v.) y F. Serrano (v.) pone fin a la regencia. Acogido a la hospitalidad inglesa, E. permanece en el destierro hasta 1849, en que regresa a España y se retira a Logroño, sin deseos de volver a la política.Después de "la Vicalvarada", la revolución de 1854 toma un nuevo sesgo. El manifiesto de Manzanares, redactado por Cánovas, hace concesiones a los progresistas (v.). E. vuelve y entra triunfante en Madrid. Comienza el bienio progresista. E. y O’Donnell (v.) constituyen una dualidad de imposible concordia. El bienio está dividido en dos periodos, el primero de claro dominio progresista, después desplazado por O’Donnell. Su resumen, desamortización, milicia nacional, nuevos brotes carlistas, entrada de capital extranjero para el programa de ferrocarriles que ahora se inicia y preparación de una nueva Constitución, que con la caída de los progresistas no llegó a nacer. Falto del apoyo de Isabel II (v.), E. se aleja de la escena política.La revolución de 1868 (v.), que destronó a los Borbones, y la posterior constitución del 69 dieron al Estado la forma de una monarquía democrática, con un rey elegido por las Cortes. De nuevo se miró hacia E., a quien Prim (v.) ofreció la corona, que rechazó, pretextando sus muchos años. Amadeo de Saboya le visitó en su retiro logroñés y le concedió el título de príncipe de Vergara con el tratamiento de Alteza Serenísima. La 1 República le mostró su respeto y el fervor popular en que aún vivía, reconociéndole todos sus títulos. Recién proclamado rey Alfonso XII, al regreso de una revista al ejército del Norte, se detuvo en Logroño para visitarle. En la ciudad riojana m. el 8 en. 1879, el hombre cuya vida resumió medio siglo de liberalismo español, siempre fiel a su lema "Cúmplase la voluntad nacional".M. ESPADAS BURGOS.
BIBL.: A. FIGUEROA Y TORRES, Espartero, el general del pueblo, Madrid 1932; A. OP[sso, Semblanzas políticas del siglo XIX: Espartero, Barcelona 1908; A. PIRALA, Historia de la guerra civil y de los partidos liberal y carlista, 3 vol., Madrid 1889-91; M. MARLIANI, La Regencia de D. Baldomero Espartero y sucesos que la prepararon, Madrid 18717; 1. MARTÍNEZ VILLERGAS, Paralelo entre la vida militar de Espartero y Narváez, Madrid 1851.
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