España. Literatura 2 LIT.
Categoria:
Literatura
6. Siglo XVIII. Afrancesamiento y tradicionalismo. Se caracteriza esta centuria por el enfrentamiento entre afrancesados y tradicionalistas. Hasta 1737 siguen, aunque en decadencia, los géneros y técnicas anteriores. El afrancesamiento no se debe a la entronización de la casa de Borbón, sino al predominio de la literatura francesa en toda Europa; la nueva monarquía influye, pero no de manera predominante. El s. xviic es erudito y crítico, frente a los dos anteriores que fueron de creación. Límites cronológicos y literarios no coexisten; literariamente, el s. xviii se divide en tres periodos: barroquismo, hasta 1737; neoclasicismo, hasta 1785 ó 1790, y-prerromanticismo, hasta 1823 aprox. En este año, aparte del tono prerromántico de las obras de muchos neoclásicos, tienen lugar las polémicas de J. J. de Mora (1783-1864) y Alcalá Galiano (1789-1865) con J. N. Bóhl de Faber, y se funda El Europeo; a Cabrerizo se deben muchas traducciones de los románticos extranjeros.El periodo hasta 1737, año de la publicación de la Poética de Luzán (1702-54) y del periódico Diario de los literatos de España, se puede considerar como continuación del barroquismo del s. xvii: Mansilla escribe una Tercera Soledad; José A. Porcel (n. 1720?) imita a Góngora en el poema Adonis; Alvarez de Toledo (1662-1714) tiende a lo ascético y festivo (La Burromaquia); A. Verdugo y Castilla, conocido como el conde de Torrepalma (1706-67) se muestra gongorista exacerbado, si se exceptúan sus poemas Deucalión y El juicio final; Gerardo Lobo (1679-1750), comediógrafo y lírico. Torres Villarroel, mejor prosista que poeta, imitador de Quevedo y último representante de la novela picaresca en la historia de su Vida.En el teatro, Antonio de Zamora (1664?-1728) trata el tema del "burlador" en No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague; José de Cañizares (1676-1750), notable refundidor, logra una buena comedia, El picarillo en España, señor de la Gran Canaria. A todo lo largo del s. xviii, pese a la oposición oficial, sigue cultivándose el teatro (si bien con escaso talento) característico del s. xvii, por obra de Dionisio Solís (1774-1834), T. Añorbe (ca. 1690-1741), Eusebio Vela y Comella, injustamente satirizado por Leandro Fernández de Moratín.La Poética de Luzán señala el pórtico del neoclasicismo (v.), visto más a través de los preceptistas italianos que de los franceses. Al triunfo del neoclasicismo contribuyen la protección real, la creación de organismos oficiales (Bibl. Nacional, reales academias: Española, de Bellas Artes, de la Historia) y la fundación del Diario de los literatos de España (1737), que en sus siete años de vida se muestra sumamente ecuánime, y lo mismo cabe indicar de la Real Acad. de la Lengua, que no admitió en su seno a significados neoclásicos y que en sus obras fundamentales, Gramática y Diccionario, ha tomado como maestros de la lengua a escritores de todas las épocas. El máximo apoyo a los neoclásicos lo constituye la Real Cédula de Carlos III, por la que se suprimen los autos sacramentales.El ensayo, la erudición y la crítica sintetizan la actividad literaria del s. xviii, aunque no siempre sea fácil separar las obras de estos tipos. Feijoo, Cadalso, Jovellanos y J. P. Forner son los nombres más destacados. El P. Fe!joo (v.), se propone "deshacer errores"; es autor de Teatro crítico universal y las Cartas eruditas y curiosas, sobre las más variadas materias; todo es comentado por este benedictino que hace gala de tan noble como independiente juicio. El gaditano José Cadalso (v.) es el escritor más abierto a los aires europeos; muy al estilo del s. xviil y, a la vez, prerromántico; Noches lúgubres, Los eruditos a la violeta y Cartas marruecas, son buena muestra de esta dualidad; la tragedia Sancho García y el libro de poesías Ocios de mi juventud y alivio de mis penas, completan su obra. Jovellanos (v.), dramaturgo en Munuza y El delincuente honrado, comedia notable en el tipo "lacrimoso"; filósofo y moralista en sus sátiras y epístolas; político y sociólogo en Defensa de la Junta Central, Informe sobre la ley agraria y en múltiples Memorias (de espectáculos, arte, literatura y filología, etc.). Forner (v.) es fundamentalmente polemista; Exequias de la lengua castellana y Oración apologética por España y su mérito literario reflejan, a la vez que su acendrado patriotismo, la profundidad de sus conocimientos.Dentro de la novelística, las tres mejores obras reflejan otros tantos tipos o tendencias: la Vida de Torres Villarroel (v.), en la picaresca; Fray Gerundio de Campazas, del P. Francisco José de Isla (1706-81), sátira del afrancesamiento de la literatura, vida y costumbres y del lamentable estado al que había llegado la oratoria sagrada, y El Eusebio, de Pedro de Montengón (1745-m. después de 1824), que señala uno de los primeros ecos de la influencia del Emilio de Rousseau (v.) en España.La erudición y la crítica constituyen la más amplia aportación de la historia literaria del s. xvtii, y en ella ocupan lugar preferente los jesuitas expulsos: Llampillas (17311810), Esteban de Arteaga (1747-98), los citados Isla y Montengón, Juan Andrés (1740-1817), Hervás y Panduro (v.), Masdeu (1744-1817), etc. También, fray Gabriel y fray Pedro Mohedano, Enrique Flórez (1702-73), Cerdá y Rico (1739-1800), Martín Sarmiento (1695-1771), T. Antonio Sánchez (1723-1802), Capmany (1742-1813), Sempere y Guarinos (1754-1830), F. Burriel (1719-62), etc.Respecto a la poesía aparte de algunas tertulias (Fonda de San Sebastián en Madrid, y de la Acad. del Buen Gusto en Sevilla), renacen las dos antiguas escuelas del s. xvi: salmantina y sevillana. Asiduos de la tertulia madrileña son N. Fernández de Moratín (v.), poeta, crítico y dramaturgo, del que se han hecho antológicas sus quintillas Fiesta de toros en Madrid; Tomás de Iriarte (v.), aunque mediocre poeta, es notable innovador por la variedad de metros y estrofas que emplea; original en sus Fábulas literarias, cultiva la comedia moralizadora en El señorito mimado y La señorita malcriada. F. María de Samaniego (v.) es autor de Fábulas morales.La escuela salmantina se inicia en la reunión que tenía lugar en la celda de fray Tadeo González (1732-94); Cadalso, Jovellanos, Forner, Iglesias de la Casa (1748-91) y Meléndez Valdés (v.) son los principales componentes; en su segunda etapa: Quintana (v.), sobresaliente en la oda heroica y notable historiador (Vidas de españoles célebres) y dramaturgo; Alvarez de Cienfuegos (1764-1809), cultivador de la tragedia y de la comedia neoclásica y prerromántico en sus poesías: La escuela del sepulcro y Mi paseo solitario en primavera; J. Nicasio Gallego (v.), traductor de Manzoni y autor de Oda al Dos de Mayo y Elegía a la muerte de la duquesa de Frías. En cuanto a la temática, la primera escuela salmantina cultiva la anacreóntica, lo bucólico-amoroso y lo filosófico-moral; en la segunda, predomina lo patriótico y lo filosófico-elegíaco (coincide con la invasión napoleónica). La escuela sevillana toma por modelos a Herrera y a Rioja ya citados; la mayoría de sus componentes son sacerdotes y afrancesados: Lista (1775-1848), Reinoso (1772-1841), Roldán (1771-1828), Marchena (1768-1821), Blanco, son sus principales representantes. Al margen de estas escuelas, que dan los nombres de Arriaza (1770-1837), L. Fernández de Moratín (v.) y Cabanyes (1808-33).En el teatro, la principal figura es Leandro Fernández de Moratín, creador de una temática y técnica que perduró a lo largo de tres cuartos de siglo; su obra es exigua, pues aparte de traducciones de Shakespeare y de Moliére, ha dejado sólo cinco comedias. Mayor interés tiene la tragedia, con amplia temática: bíblica, nacional y clásica, sin desdeñar las adaptaciones y refundiciones del Siglo de Oro. López de Sedano (1729-1801), notable antologista, Trigueros (1736-1801?), J. Clímaco Salazar y García de la Huerta (v.) con Raquel, de éxito memorable, son los más notables representantes. Completa la dramática, el sainete (v.), de éxito superior a su calidad literaria; Ramón de la Cruz (v.), para el ambiente madrileño y González del Castillo (1763-1800) para el gaditano, son dignos de mención. A finales de siglo, y por especiales circunstancias, la tragedia adquiere un tono político marcadamente liberal, y toma como modelos a Schiller (v.) y Alfieri (v.); sus cultivadores, con el paso del tiempo, serán los introductores del romanticismo: Duque de Rivas, Martínez de la Rosa, Rosa Gálvez, etc.7. Siglo XIX. Romanticismo, realismo-naturalismo, noventayochismo-modernismo. Este siglo marca el, triunfo y muerte del movimiento romántico, cuya principal aportación estriba en haber provocado el resurgimiento de las antiguas literaturas peninsulares gallega y catalana, de tradición medieval, y en iniciar el cultivo de los dialectos (V. ROMANTICISMO rII). Se expondrá aquí lo referente al periodo de la Decadencia (v. 2) en la literatura catalana. Desde comienzos del s. xvi hasta 1833, en que Aribau escribe su Oda a la Pátria, sólo pueden citarse unos pocos nombres: Pere Serafí (m. entre 1566 y 1568) que imita a Ausiás March en Cants d’amor; Joan Pujo!, con un mediocre poema sobre la batalla de Lepanto; Viceng García, Rector de Vallfogona (n. entre 1579 y 1582-m. 1623), interesante en Cant d’agonia; Josep Fontaner, con el poema alegórico Lo temple de la Glória. En la prosa novelesca y doctrinal sólo hay traducciones; únicamente se observa originalidad en la historia y heráldica: el rosellonés Andreu Bosch (s. xvu), M. Carbonell (1434-1517) y Jeroni Pujades (1568-1635). Aunque el ideario romántico se conoció primero en Cataluña que en el resto de España -obra de Prósper de Bofarull (1777-1859); ediciones de Cabrerizo; fundación de El Europeo (v. LITERATURA VIII); primera novela histórica: Los bandos de Castilla de López Soler (1799-1836)-, fue obra de eruditos bilingües: Milá i Fontanals (v.), Balmes (v.), Aribau (v.) Rubió y Ors (1818-99), Antonio de Bofarull (1821-92). Hasta 1859, con la creación de los juegos Florales (V. PREMIOS LITERARIOS I), no triunfa la literatura catalana, si bien ya en 1841 había publicado Rubió y Ors un libro de poesías.Alrededor de 1860 cabe señalar el renacimiento de la literatura gallega; un crítico nada suspicaz escribe: "La lozana primavera lírica de los Cancioneros medievales no influyó en el renacimiento de la poesía gallega, operado bajo el signo del romanticismo... La poesía gallega contemporánea se inicia sin tradición literaria hacia la poetización de las formas populares de vida. De aquí su primitivismo. Apenas la educación humanística de algunos escritores y su conocimiento de la poesía romántica de otras literaturas suministraron una retórica en la que envolver la temática inmediatamente recogida en la historia del prado, en el tojo de la gándara o en el barro de la correidora". Poetas representativos de esta etapa son Francisco Añón (1812-78), J. María Posada, Alberto Camino (1821-61), Juan Manuel Pintos (1811-76); popularismo y costumbrismo, no exento de cierto tono satíricohumorístico, es su nota predominante. El punto de arranque de la poesía gallega es el Álbum de la caridad (Juegos florales de La Coruña, 1861), en el que colaboran R. de Castro, Pondal y otros.Pese a estos escarceos, el romanticismo triunfa en la literatura castellana en 1835 con el estreno de Don Alvaro o la fuerza del sino, del duque de Rivas (v.). Habida cuenta del retraso de las otras dos literaturas peninsulares, que culminan cuando declina o se ha liquidado el romanticismo, en el s. xix podemos señalar tres etapas: a) romanticismo, entre 1835 y 1850; b) realismo-naturalismo, 1850-98; c) noventayochismo-modernismo, 18981914. A partir de esta fecha cabe hablar de los ismos (v. VANGUARDISMO), de la "deshumanización del arte" o del arte de "entreguerras".En la literatura española, la vuelta de los emigrados a la muerte de Fernando VII (1833), señala el triunfo del romanticismo, cuya estética había sido defendida unos años antes por N. Bóhl de Faber y por el aludido grupo catalán; prurito de los románticos es cultivar todos los géneros literarios. Se citan a continuación a los diversos escritores que han sobresalido: entre los dramaturgos, Martínez de la Rosa (v.), el duque de Rivas, Hartzenbusch (v.), A. García Gutiérrez (1813-84), Gil y Zárate (1793-1861), Patricio de la Escosura (1807-78), Eduardo (1826-92) y Eusebio (1822-92) Asquerino, P. Calvo Asensio (1821-63), Romero Larrañaga (1814-72) y, sobre todos, José Zorrilla (v.); este último es el revitalizador del tipo de D. Juan y señala la nacionalización del romanticismo por la tradicionalidad de sus temas, tanto en el teatro como en las leyendas. En 1845, un año después del estreno de Don luan Tenorio, tiene lugar el de Un hombre de mundo de Ventura de la Vega (1807-65), iniciador de la "alta comedia", que alcanza los mejores logros con Tamayo y Baus (1829-98) y A. López de Ayala (1828-79). Se caracteriza por el tratamiento de temas de actualidad y por el tono moralizador. En 1874 aparece un nuevo tipo de teatro con Echegaray (v.), premio Nobel y profundo conocedor del teatro europeo como años después Benavente (v.), incorpora todas las tendencias y modas: Ibsen (v.), simbolismo (v.), socialismo revolucionario, neocristianismo, etc. Siguen su escuela E. Sellés (1844-1926), Enrique Gaspar (1842-1902), Leopoldo Cano (1844-1934), Joaquín Dicenta (n. 1893), Felíu y Codina (1847-97). El género chico y la zarzuela (v.) ganan el favor del público.En la lírica ocupa el primer lugar Espronceda (v.), novelista y dramaturgo; El estudiante de Salamanca y El diablo mundo, cuyo segundo canto A Teresa se ha constituido en pieza antológica, son sus obras más notables. Otros poetas son el P. Arolas (1805-49); Pastor Díaz (1811-63), que escribe la novela psicológica De Villahermosa a la China; Carolina Coronado (v.), Enrique Gil (1815-46), autor, con El señor de Bembibre, de la mejor novela histórica; y G. Gómez de Avellaneda (v.), novelista en Sab, Guatimocín y Espatolino; lírica arrebatada en A él, Amor y orgullo, Al mar, y dramática en Baltasar, Saúl, Egilona; pero lo mejor de su obra es el Epistolario, donde su vida tormentosa se describe en toda su desnudez.Con posterioridad al romanticismo aparecen los dos poetas más sinceros, más intimistas: Bécquer (v.) y Rosalía de Castro (v.). Ésta halla su mejor expresión en lengua gallega; en castellano, aparte de En las orillas del Sar, se muestra fina prosista: Ruinas y El caballero de las botas azules. De Bécquer, sería preciso desterrar el tópico de sentimentalismo llorón; en sus Rimas se contiene todo un proceso amoroso, pero a la vez, estético y hasta filosófico-social. Notable prosista en Templos de España, cuyo rasgo fundamental es la religiosidad, y en las Leyendas y Cartas desde mi celda; hay que resaltar además su labor como crítico literario.Ya en la línea del realismo (v. REALISMO in), no exenta de resabios románticos, destacan Campgamor (v.) y Núñez de Arce (v.); el primero, creador de un tipo de poesía que alcanzó éxito insuperable: doloras, humoradas y pequeños poemas. Núñez de Arce suele ser despachado con el título de "grandilocuente"; aunque parezca extraño, es un auténtico "comprometido". Su obra revela preocupaciones políticas, religiosas y sociales, de lo que son muestra: Gritos del combate, La visión de fray Martín, La selva oscura, La última lamentación de lord Byron, etc. Este tono ampuloso no le impide lograr los más delicados acentos en El idilio, La pesca y Maruja; como dramaturgo destaca en El haz de leña, sobre Felipe 11 y el príncipe Carlos en la que, frente a la moda de la época, se muestra favorable al rey. Ruiz Aguilera (182081), Querol (1836-89), Bartrina (1850-80), los "regionalistas" y los "académicos" completan el conjunto.Prosa. Se polariza en la novela, cuadro costumbrista y didáctica. El costumbrismo (v.), coincide cronológicamente con el romanticismo; prepara el terreno de la novela realista. Estébanez Calderón (1799-1867), Mesonero Romanos (v.) y, sobre todo, Larra (v.), son los típicos representantes; todos ellos, además, cultivadores de la crítica y de la novela histórica. Larra fue muy valorado por la crítica noventayochista; en Casarse pronto y mal, Nadie pase sin hablar al portero, el drama Macías y la novela El doncel de don Enrique el Doliente, se perciben sus deficiencias humanas.Del costumbrismo surge la novela realista, que, iniciándose con Trueba (1819-89) y Fernán Caballero (v.), alcanzará el máximo esplendor por obra de una serie de escritores que bordean la fecha de la guerra europea, y que, por tanto, cabe situar en el naturalismo (V. NATURALISMO IV): P. Antonio de Alarcón (v.), en El escándalo y El sombrero de tres picos, José María de Pereda (v.), notable paisajista en Peñas arriba, Sotileza y De tal palo tal astilla; Valera (v.), escéptico e irónico, crítico, erudito y diplomático: Pepita Jiménez, Doña Luz, Las ilusiones del Doctor Faustino; Leopoldo Alas, conocido por Clarín (v.), temido y denostado crítico y normalmente ecuánime, que escribe La Regenta, obra muy agria y una de las mejores novelas del s. xix. La condesa de Pardo Bazán (v.), teorizadora del naturalismo en La cuestión palpitante; Un viaje de novios, Los pazos de Ulloa, Una cristiana y La prueba, señalan su evolución de un naturalismo moderado a una plena cristianización. Pérez Galdós (v.) ha sido considerado después de Cervantes, el máximo novelista de la lengua castellana: ha dejado cinco series de Episodios Nacionales (la última incompleta), con un total de 46 volúmenes; novelas de tesis y de costumbres contemporáneas: Fortunata y Jacinta, Lo prohibido, Tormento, Misericordia, etc.; Palacio Valdés (v.), hoy quizá injustamente menospreciado; J. Octavio Picón (1852-1923), Ortega Munilla (1856-1922), Francisco Acebal (1866-1933) y Blasco Ibáñez (v.), llamado el Zola español, y autor de Cañas y barro, Flor de mayo, Arroz y tartana, La Barraca.Alrededor de 1890 hay una evolución espiritualista en los escritores que más se habían señalado en la línea naturalista: Pérez Galdós, E. Pardo Bazán, Clarín, Palacio Valdés; en realidad, es la trayectoria que se da en toda la literatura europea. La erudición y la crítica cuentan con la labor de los prologuistas de la Bibl. de Autores Españoles, ensayistas como Balmes (v.), Donoso Cortés (v.), Giner de los Ríos (v.), Revilla (1846-1881), Sainz del Río y, sobre todos, Amador de los Ríos (v.) y Menéndez Pelayo (v.), este último polígrafo y creador de nuevos métodos de investigación, notable tanto por su obra personal cuanto por la escuela que formó, de la que arranca la investigación moderna: Bonilla y San Martín (1875-1926), Asín Palacios (1871-1944), Federico de Onís (1885-1966), P. Henríquez, H. Ureña (v.), E. Cotarelo (1857-1936), Américo Castro (v.), Sainz Rodríguez (n. 1897), Lomba de la Pedraja, Alfonso Reyes (v.) y Menéndez Pidal (v.), creador de la moderna escuela de filología (V. FILOLOGÍA IV).Literatura catalana. De 1850 a 1900, como resultado del romanticismo, la literatura catalana experimenta una nueva edad de oro que se prolonga hasta 1936. Sin negar el valor de la novela y del teatro, es la poesía el género más destacado: Verdaguer (v.), Maragall (v.), Costa i Llobera (v.), Alcover (v.), Querol (1836-89) y Guimerá (v.) pueden competir con cualquier poeta de la literatura universal. Jacinto Verdaguer es, a juicio de Menéndez Pelayo, el mayor épico del s. xix, y como poeta místico, comparable a S. Juan de la Cruz: L’Atlántida y Canigó; Idil-lis i cants místics, Pátria. Distinto carácter tiene la poesía de Juan Maragall, pues mientras que Verdaguer es un místico religioso, Maragall es un místico profano; ve, admira y hasta adora la grandeza de Dios en sus obras; pero con la contemplación le basta para sentirse feliz: Cant espiritual. La temática de ambos es amplia, como prosistas también son importantes, aunque Maragall es superior. Costa i Llobera, notable helenista, cuya tradición seguirá otro sacerdote, Llorenc Riber (1882-1958); Joan Alcover, destaca en la poetizacion de temas bíblicos; T. Aguiló (1812-84), Guillermo Forteza (1830-73), todos de sólida formación clásica.En la novela predomina lo histórico y costumbrista, sea urbano o rural: Antoni de Bofarull, también erudito e historiador; Vidal Valenciano (1833-89), Maspons i Labrós (1840-1901) señalan la primera fase de transición al realismo; pero es Narcís Ollers (v.) quien logra una nueva técnica. Con anterioridad a La cuestión palpitante, de E. Pardo Bazán, publica La papallona (La mariposa), primera novela naturalista, que con gran minuciosidad descriptiva reproduce fielmente las costumbres barcelonesas del ochocientos; sin embargo, se separa del naturalismo por su tendencia moralizadora; Pilar Prim, La feree d’or y Vilaniu son sus obras principales. Josep Pin i Soler (1842-1927), buen humanista, aventaja a Oller si no en perfección léxica sí en cultura y en el análisis psicológico de los personajes; con la trilogía La familia dels Garrigues se adelanta a la novela-río, ya que presenta el proceso de una familia a lo largo de tres generaciones. Un naturalismo moderado, como en el fondo fue el de todos los novelistas catalanes de 1880 a 1910, caracteriza la obra de Víctor Catalá (v.), seudónimo de Caterina Albert, cuya larga vida le permite asistir a múltiples cambios literarios. Se inicia en 1902 con Drames rurals a los que sigue Solitud; conserva del naturalismo la dependencia hombre-ambiente, lo que da a su obra un tono pesimista. Cabe citar también a Emili Vilanova (1840-1905), localista, satírico y festivo; Josep Maria Valls, el rosellonés Carles Bosch (1831-97), Joaquim Riera (1848-1924), etc.El teatro cuenta con los pioneros Robreyon (1770-1838), Balaguer y Liern (1833-97); Balaguer (v.), notable escritor bilingüe, se distingue en la tragedia, precedente de la de Guimerá, y en la novela histórica: Don Juan de Serrallonga. El apogeo del teatro cuenta con una pléyade de escritores atentos a las corrientes europeas y, a la vez, a los temas locales: Frederic Soler (1839-95), más conocido por el seudónimo de Serafí Pitarra, aunque de escasa cultura, posee gran instinto teatral, un verso ágil, y es un buen dominador de la escena y conocedor de la psicología popular, lo que le proporcionó éxitos asombrosos; alterna el costumbrismo con el "drama de honor", que incluye personajes y ambientes rurales: Les joies de la Roser, Lo ferrer de tall, La pubilla. Ángel Guimerá lleva a la máxima perfección la tragedia; durante bastantes años impone personajes que viven en un mundo ideal: Judit de Welp, Galla Placídia, Mar i cel; a esta etapa romántica sigue otra con obras de tesis y costumbristas con incursiones en lo social: Terra baixa, Maria Rosa, La pecadora. Ignasi Iglésies (1871-1928) intensifica esta tendencia en Els vells y Les garses. Profundo conocedor del teatro europeo, estilista notable, pintor y bohemio, Santiago Rusiñol (v.), es uno de los espíritus más interesantes de la cultura catalana de 1890 a 1915; El místic, La lletja (La fea), La mare y L’héroe pueden competir con lo mejor del teatro europeo de la época. J. Felíu y Codina (1845-1907), famoso por su drama en castellano La Dolores; Conrad Roure (1841-1928), en la línea romántica y Albert Llamas (1840-1915) en el costumbrismo social, alcanzan éxito. Todos los géneros reseñados tienen un buen representante en Joaquim Ruyra (1858-1939), prosista eximio y poeta, que sobresale por su tendencia moral y religiosa; Pinya de rosa, Entre flames, en novela, y Religioses, Cancons, goigs i himnes, en verso, son sus obras más notables.Literatura gallega. Hemos dicho que el punto de arranque del "renacimiento" de la literatura gallega procede de los juegos florales de La Coruña, en 1861. Rosalía de Castro (v.) es la máxima representante de la lírica; realiza un gran esfuerzo para crear un léxico y una sintaxis. Cantares gallegos refleja la influencia de Trueba, al que supera; identificada con el alma gallega, sus notas son melancolía y sentimentalismo. Follas Novas constituye una ampliación de temas: social, político, costumbrista; acusa influencia heiniana y un tono pesimista. Otras figuras son E. Pondal (1835-1917), Curros Enríquez (v.), poeta social, político y costumbrista; Lamas Carvajal (1854-1906) que encarna el alma popular; José Pérez Ballesteros (1833-1918); Antonio Noriega (1869-1947), poeta rural defensor de las tradiciones y Ramón Cabanillas, continuador del espíritu de Curros Enríquez.8. Siglo XX. En las literaturas castellana y catalana del s. xx hay que distinguir los periodos de pre y posguerra. La guerra civil, a la que hay que unir la conflagración mundial, cambia la ideología, las normas de vida y, por tanto, la literatura. Se rompe con el naturalismo del periodo anterior, que se prolongará en escritores de segundo orden (novela erótica). En Cataluña se observa una mayor apertura a las corrientes europeas; el magisterio de Eugenio D’Ors coincide con el triunfo del simbolismo, modernismo y psicologismo, rigurosamente paralelo con la obra que lleva a cabo la generación del 98, modificadora de la prosa ensayística, a la vez que Benavente crea un nuevo tipo de teatro y forma escuela.El teatro de preguerra se polariza en varias tendencias: a) El sainete costumbrista cuenta con la modalidad andaluza (Alvarez Quintero, v.) y la madrileña (Arniches, v.), ambos tipos contaron con múltiples imitadores. b) Teatro poético, en la línea modernista: predominio de la efusión lírica, poca consistencia teatral, salvo excepciones; preferencia por lo pseudohistórico, aunque aborda lo socialcostumbrista; hay en esta tendencia dramaturgos de valor muy diferente: Marquina (v.), Villaespesa (1877-1936), Fernández Ardavín (n. 1892-), López Alarcón (1881-1948), Alvaro Orriols, Joaquín Dicenta (n. 1893). c) La farsa teatral, representada por Muñoz Seca (v.), creador de la sátira política en obras como La oca y Anacleto se divorcia. d) Independientes y renovadores, en los que se incluye la nómina más dispar, ya que junto a los dramaturgos Casona (v.), Grau (18771958), Jardiel Poncela (v.), ocupan lugar destacado los escritores que sólo han cultivado subsidiariamente el teatro: Unamuno, Valle-Inclán, García Lorca. No deja de ser curioso que algunos han sido revalorizados en nuestros días, precisamente los que pasaron inadvertidos cuando vivían. Benavente (v.) cultiva todos los temas y junto a él se agrupan, Linares Rivas (1867-1938), autor de La garra y Aires de fuera; Martínez Sierra (1881-1947), elegante y sentimentaloide: Mamá, Lirio entre espinas, Canción de cuna; E. Suárez de Deza (n. 1905), Honorio Maura (1886-1936), Serrano Anguita y J. 1. Luca de Tena (n. 1897), cuyos principales éxitos corresponden a la posguerra. Si los Alvarez Quintero evolucionan a un tipo de comedia dramática, Arniches crea la "tragedia grotesca", en la que se adelanta a ciertas películas de Charlot y es parangonable con Andreiev. Se podría incluso señalar que los Alvarez Quintero y Arniches continúan la línea de los saineteros del s. xviii González del Castillo y Ramón de la Cruz. A base de un costumbrismo convencional, los hermanos Quintero abrieron camino a una serie de comediógrafos, muchas de cuyas obras ha popularizado el cine.Lo más notable del teatro de preguerra es obra de los innovadores. Jacinto Grau es un valor sólido de la dramaturgia española revalorizador de los grandes mitos: El hijo pródigo, El señor de Pigmalión, El burlador que no se burla y Don Juan de Carillana. En el teatro de García Lorca se marca una línea ascendente, ya que se despoja de un lirismo vacuo para llegar a la pureza dramática en La casa de Bernarda Alba; excesivamente monocorde, se centra en el sexo como tema fundamental. Casona (v.) y Pemán (v.) alcanzan (a pesar del premio Lope de Vega con La sirena varada, el primero; y del éxito, superior a la calidad literaria, de El divino impaciente, el segundo) sus mayores logros y pleno desarrollo en la posguerra.Principales movimientos literarios. Se viene repitiendo que desde principios de siglo nos hallamos ante una nueva edad de oro; disentimos de este juicio, hay grandes poetas (Unamuno, Machado, Juan Ramón), pero también hay grandes críticos, ensayistas y eruditos. Modernismo (v.) y generación del 98 coinciden cronológicamente. Los poetas finiseculares rinden culto al modernismo (v. MoDERNISMO iI), aunque luego deriven hacia la ideología del 98. Al igual que se dijo del romanticismo: ¿quién que es, no es romántico?, pudo decirse del modernismo. S. Rueda (1857-1933) y M. Reina (1856-1905) son modernistas, aunque el movimiento no triunfe hasta la venida de Rubén Darío (v.). M. Machado (v.), Villaespesa, Fernández Ardavín, Marquina, y los bohemios Carrére (n. 1880), Camín (n. 1882), Heliodoro Puche forman la escuela. El modernismo, en metro, temática y valoración del ritmo, ejerció su influencia hasta en la lírica regional. Hay que señalar, además, que creó un tipo de prosa, no sólo en lo estilístico, sino también en lo temático. En este aspecto no fue original, ya que sus fuentes se remontan a Baudelaire, Barbey D’Aurevilly y otros.La generación del 98 (v.) cuenta como precedente, en lo ideológico, con los regeneracionistas: Picavea, J. Costa (v.), Mallada y Ganivet (v.). Unamuno, Azorín, Baroja, Maeztu, Valle-Inclán y A. Machado son sus integrantes. Unamuno (v.), ensayista, novelista y poeta, es su representante más característico; Baroja (v.) es el novelista típico de la generación, a la vez que Azorín (v.) es el teorizador. En esta línea inicial ha habido cambios: Valle-Inclán (v.) pasa de un modernismo inicial a un noventayochismo ideológico, camino que sigue también Antonio Machado. Esta generación ha sido muy valorada, y posiblemente un análisis riguroso salvaría pocas obras del grupo; sin embargo, su influencia ha sido decisiva. La crítica literaria de Azorín ha aportado cierta contención en cuanto al estilo; el más singular del grupo es Maeztu (v.), que señala la evolución de España a lo largo de 30 años.La novela de preguerra. Aparte de la aportación de los noventayochistas, se polariza en tres direcciones: 1) Continuación del realismo-naturalismo del s. xix, con la novela erótica que cultivan Trigo (1865-1916), Zamacois (1873-1972), P. Mata (1875-1946), Hoyos y Vinent (18851940?), López de Haro, A. Retana (n. 1890), etc.; si bien todos evolucionaron hacia más sanas tendencias. 2) Academicismo tradicionalista: Ricardo León (1877-1943), de éxito superior a su valor real, pero explicable por las circunstancias en que escribió; Concha Espina (v.), Muñoz Pabón (1866-1920), Mas. 3) Estilismo-intelectualista: Gabriel Miró (v.) y Pérez de Ayala (v.); al declinar el primer cuarto de siglo y alrededor de la "Rev. de Occidente", se agrupan una serie de novelistas: Benjamín Jarnés (1888-1950), M. Bacarisse (1895-1931), Antonio Espina (n. 1894), Valentín Andrés, sobre los que se inicia una corriente revalorativa. 4) En la línea humorística, aparte el genial y polifacético Ramón Gómez de la Serna (v.), dramaturgo y novelista, creador de la greguería, y cuya principal labor estriba en la promoción de los movimientos de vanguardia, destacan Fernández Flórez (v.), autor de Un relato inmoral y Las siete columnas; Jardiel Poncela (v.), innovador teatral; Julio Camba (1882-1962), más notable en el periodismo, etc.La erudición y la crítica alcanzan el máximo esplendor con la escuela de Menéndez Pidal (v.), fundador del Centro de Estudios históricos y de amplísima obra filológica, histórica y de crítica literaria. Su labor ha sido continuada por una serie de discípulos que, unos en España y otros en el extranjero, representan lo más sólido de la crítica actual: Dámaso Alonso (v.), Amado Alonso (1896-1952), J. Casalduero (n. 1903), Ruiz Morcuende, García Gómez (n. 1905), A. Cotarelo (1879-1950), Pedro Salinas (v.), Rafael Lapesa (n. 1908), Moreno Villa (1887-1955), García Solalinde (1892-1937), Fernández Montesinos (n. 1897), Said Armesto (1871-1914), Valbuena Prat (n. 1900), etc.El ensayo pluritemático cuenta con nombres eximios como los de Ortega y Gasset (v.) y Marañón; el primero ha ejercido, a lo largo de 30 años, un auténtico magisterio ideológico, tanto por su obra como por la creación de la "Rev. de Occidente". Aunque su ideario está en plena revisión, caben destacar Misión de la Universidad, España invertebrada. La deshumanización del arte y los innumerables artículos de El Espectador. Marañón (v.), aparte de su obra exclusivamente profesional, es un notable investigador historicoliterario; en sus obras Amiel, Ensayo biológico sobre Enrique IV, Tiberio. El Condeduque de Olivares, Antonio Pérez, funde sus conocimientos clínicos con la investigación histórica. Zubiri (v.), Xirau (1895-1946), García Morente (v.), Zaragüeta (v.) y Gaos (v.) son los principales representantes de la crítica e investigación filosófica.Lírica. Aparte del citado Unamuno, poeta duro y quizá excesivamente intelectual, se abre el siglo con A. Machado (v.) y Juan Ramón Jiménez (v.), mentores de la generación del 27 y de los poetas posteriores. La influencia de’ Juan Ramón es hoy casi nula, a la vez que se intensifica la de A. Machado. Unamuno es (hay que admitir sus múltiples afirmaciones) antimodernista; Rubén Darío influye en él, pero por reacción, ya que se propone diferenciarse de él. A. Machado es el cantor de Castilla; se inicia en el modernismo para entrar en la ideología noventayochista; poeta personalísimo, y cada día más valorado, es también notable dramaturgo en colaboración con su hermano Manuel. Juan Ramón Jiménez sobresale por el tono elegiaco e intimista; consagrado permanentemente a la perfección de su obra; parte del modernismo (Arias tristes, jardines lejanos, Ninfeas), para evolucionar hacia una poesía desnuda, pura, o hacia un misticismo ininteligible (Animal de fondo).Alrededor de 1923 se inicia una floración de poetas que adquirirá carácter de grupo en 1927 (v. GENERACIóN DEL 27), al coincidir en su devoción por Góngora: P. Salinas (v.), Guillén (v.), García Lorca (v.), R. Alberti (v.), Dámaso Alonso (v.), Cernuda (1902-63), Aleixandre (v.), y los epígonos Prados (1899-1962) y Altolaguirre (1906-59). También se incluye Gerardo Diego (v.), que funda el creacionismo (v. CREACIONISMO II), considerado como modalidad del surrealismo (v. SURREALISMO II). La del 27 es una generación de universitarios y profesores (muchos son catedráticos de literatura) que, de proyección minoritaria hasta 1936, ejercen su magisterio e influencia en la posguerra, al abandonar su aséptica temática inicial y entrar en la problemática del momento; humanización y compromiso; concepción de la poesía como portavoz de las preocupaciones y problemas del momento: Hijos de la ira, de Dámaso Alonso; Sombra de paraíso, de Aleixandre y Maremágnum, de Jorge Guillén, constituyen los revulsivos de una nueva poesía. Poco antes de la guerra civil aparece una nueva generación: Vivanco (n. 1907), García Nieto (n. 1914), los dos Panero, Juan (1908-37) y Leopoldo (v. PANERO, LEOPOLDO), Ridruejo (n. 1912), Luis Rosales (n. 1910), propugnadores de una vuelta a lo tradicional y cuya obra halla pleno desarrollo a partir de 1940, con la creación de la rev. "Garcilaso"; su característica principal es la perfección técnica y la ortodoxia más rigurosa.Alrededor de 1945 se inicia una tendencia’ social (v. POESÍA SOCIAL I), que toma por modelos a Dámaso Alonso y a V. Aleixandre, y en 1952 aparece la Antología consultada, que pretende ser una puesta a punto de las tendencias dominantes; el resultado es un "compromiso", ya que de los nueve poetas seleccionados como los más representativos, cuatro son sociales: Blas de Otero (n. 1916), Celaya (seudónimo de R. Múgica, n. 1911), Crémer (n. 1908) y E. de Nora (n. 1923) (los dos últimos fundadores de la rev. "España"), y otros cuatro, tradicionales: Morales (n. 1919), Bousoño (n. 1923), Gaos (n. 1919) y Valverde (n. 1926), y uno ecléctico, José Hierro (n. 1922). La poesía social parece que está en línea de agotamiento, sea por la poca sinceridad de algunos cultivadores o por el desenfoque de la temática.En el desarrollo de la poesía de posguerra hay que destacar la labor de la colección Adonais que, creada en 1944, ha dado a conocer a la inmensa mayoría de los poetas a la vez que ha suscitado la divulgación de la poesía; la simple mención de los premios y accésits se haría interminable, pero justo es consignar que entre unos y otros se hallan los mejores poetas: Suárez Carreño (n. 1915), Gaos, Morales, Muñoz Rojas (n. 1909), J. Luis Cano (n. 1912), Elvira Lacaci, R. de Balbín (n. 1910), Pérez Clotet (n. 1902), Romero Murube (n. 1904), J. Luis Hidalgo (1919-47), Rafael Montesinos (n. 1920), Dora Varona (n. 1932), Ricardo Molina (n. 1917), Susana March (n. 1918), Carlos Salomón (n. 1923), María Beneyto (n. 1925), Pino Ojeda (n. 1916), Ángel González (n. 1925), Ángel Crespo (n. 1926), Eladio Cabañero (n. 1930), Ruiz Peña (n. 1915), García Viñó (n. 1928), López Anglada (n. 1919), Manuel Arce (n. 1928), Claudio Rodríguez (n. 1934), Luz Pozo Garza, Juana García Noreña (n. 1926), Rodríguez Spiteri (n. 1911), Lorenzo Gomis (n. 1924), Ramón de Garciasol (n. 1913), Vicente Lloréns (n. 1906), Carlos Sahagún (n. 1938), Luis Feria (n. 1927), Rafael Laffon (n. 1900), Pérez Clotet (n. 1902), julio Maruri (n. 1920), Leopoldo de Luis (n. 1918), J. Benito de Lucas (n. 1934), Miguel Fernández (n. 1931), Julia Uceda, Alfonso Canales (n. 1942), y muchos más galardonados en múltiples concursos: Nieves Fernández Baldoví, Julián Andújar, A. Goyúsolo (n. 1928), Gimferrer (n. 1943). Pese a esta cantidad nos hallamos con una poesía harto monocorde, lo que impide señalar cimas o jefes; si todos estos poetas resultan aceptables, no vemos a ninguno capaz de formar escuela, o de imponer su técnica, como hicieron Rubén o Zorrilla, Bécquer y Campoamor, Machado o García Lorca.Teatro de posguerra. Hasta 1949, con el estreno de Historia de una escalera de A. Buero Vallejo, se sigue la línea de preguerra, con la inserción de la ideología que representaron los vencedores de la contienda civil; por otra parte, los mejores dramaturgos de 1936, siguieron escribiendo después del conflicto bélico (Benavente, Marquina, Arniches, Pemán, Jardiel Poncela, Navarro y Torrado, etc.). Creemos que los dramaturgos han seguido las corrientes europeas más atentamente que los poetas y novelistas. La simple mención de nombres llenaría muchas páginas. Han alcanzado renombre universal, Buero Vallejo (v.; Las Meninas, El tragaluz, Las cartas boca abajo), profundo teorizador; M. Mihura (v.), que sabe unir un sano humorismo a una aguda crítica de la sociedad (Maribel y la extraña familia, Tres sombreros de copa, Ninette y un señor de Murcia). Alfonso Sastre, excesivamente apegado a modas extranjeras y con mayor carga ideológica que técnica teatral; sus obras, demasiado densas y, por tanto, poco populares (Escuadra hacia la muerte, La mordaza, la más aceptable teatralmente, Guillermo Tell tiene los ojos tristes y Oficio de tinieblas) son muestras de su temática. Edgar Neville (n. 1898), con la deliciosa comedia, El baile; Calvo Sotelo (n. 1905): La muralla, Criminal de guerra y La ciudad sin Dios; Suárez Carreño (n. 1915), notable en el drama rural Condenados; Delgado Benavente (n. 1915), autor de jacinta y Media hora antes.En la línea del teatro social han obtenido éxitos circunstanciales, Lauro Olmo (n. 1922): La camisa; C. Muñiz (n. 1927): El grillo y El tintero; Rodríguez Méndez: Los inocentes de la Moncloa; y Rodríguez Buded, El charlatán y Un hombre duerme. Completan la lista el prolífico Alfonso Paso (n. 1926), que, junto a obras de poca categoría, cuenta con Catalina no es formal, Preguntan por julio César, Cena de matrimonios y Una bomba llamada Abelardo; Alonso Millán (n. 1936), en línea descendente desde sus primeras obras; Jaime Salom (n. 1925), Carlos Llopis, José Martín Recuerda (n. 1926), Jaime de Armiñán (n. 1927), Mercedes Ballesteros (n. 1913), Clemencia Laborda (n. 1914), Marcial Suárez (n. 1918), L. Tejedor, H. Ruiz de la Fuente (n. 1905), Eduardo Criado (n. 1926), Adolfo Prego, Juan A. de Laiglesia (n. 1917), Jorge Llopis, Antonio Gala (n. 1937), Vizcaíno Casas (n. 1926), Adrián Ortega, F. Ángel Lozano, López Rubio (n. 1903), V. Ruiz Iriarte (n. 1912), José Ruibal, Torcuato Luca de Tena (n. 1923), Cillero Ulecia (n. 1917), y muchos más que han realizado incursiones esporádicas al campo del teatro: Pombo Angulo (n. 1912), Camón Aznar (n. 1908), Laín Entralgo (rí. 1908), etc.Narrativa de posguerra. El fenómeno más notable en la novela es la incorporación de la mujer a este género literario; en cantidad, calidad y obtención de premios compite con el hombre; Carmen Laforet (n. 1921): Nada y La mujer nueva; Dolores Medio (n. 1917), Nosotros los Rivero; Elena Quiroga (n. 1921): Viento del Norte y La sangre; Ana María Matute (n. 1926): Los Abel, Los hijos muertos; Marta Portal (n. 1930), A tientas y a ciegas; Mercedes Salisachs (n. 1916), Susana March (n. 1918), autora en colaboración con su marido, R. Fernández de la Reguera (n. 1916), de unos Episodios en los que se novela la historia española desde finales del siglo pasado (campañas de Cuba y Filipinas); Carmen Conde (n. 1907), Eulalia Galvarriato (n. 1905), Concha Alós (n. 1922), Elena Soriano (n. 1917), Carmen Martín Gaite (n. 1925), Mercedes Fórmica (n. 1918), Carmen Kurtz (n. 1911), etcétera. Señalemos la notable aportación de los exiliados: Arturo Barea (1886-1957), Sender (v.), Max Aub (v.), Serrano Poncela (n. 1912), F. Ayala (v.). Las direcciones fundamentales de la novela son: realismo-costumbrismo, problemática social, política y religiosa, aprovechamiento del conflicto civil (como fondo, reflejo o explicación de situaciones), evasión y testimonio. Entre los novelistas (por término medio, a los innumerables concursos se presentan entre 100 y 150 novelas), mencionemos a Ignacio Agustí (v.), con la serie de los RiusRebull; Gironella (v.), que señala una línea descendente en su trilogía Los cipreses creen en Dios, Un millón de muertos y Ha estallado la paz; Ángel María de Lera (n. 1912): Las últimas banderas, La boda; Zunzunegui (v.), continuador de la técnica galdosiana, es en cantidad y en calidad uno de los más sólidos representantes; Manuel Halcón (n. 1902), profundo conocedor del campo andaluz y de los ambientes aristocráticos; Torrente Ballester (n. 1910), cuyo intelectualismo (Don Juan y la trilogía Los gozos y las sombras) no le impide alcanzar finos matices humorísticos, en El golpe de estado de Guadalupe Limón. José Luis Martín Vigil (n. 1919), más conocido fuera de E., es tal vez el más traducido; Tierra brava, Una chabola en Bilbao y Réquiem a cinco voces son sus novelas más destacables. Sebastián J. Arbó (n. 1902), notable en el tema rural; Darío Fernández Flórez (n. 1909), J. Luis Castillo Puche (n. 1919), de sólida formación, aborda la novela de tesis religiosa, social y política: El vengador, Paralelo 40, Sin camino; Luis Romero (n. 1916), Fernández Santos (n. 1926), Castillo Navarro (n. 1927), Emilio Romero (n. 1917), Manfredi Cano (n. 1918), José María Cadellans, Bartolomé Soler (n. 1894), cuya principal novela, Marcos Villarí, es de 1927; Martín Descalzo (n. 1930), Torcuato Luca de Tena, repetidamente premiado; García Serrano (n. 1917), recio estilista; Miguel Delibes (v.), tal vez excesivamente monocorde; Daniel Sueiro (n. 1932), Sánchez Ferlosio (n. 1927), Manuel Pilares (n. 1921), Ferrer Vidal (n. 1926), Francisco Candel (n. 1925), Benítez de Castro (n. 1917), Ramón Solís (n. 1923), Vázquez Prada, Carlos María Idígoras, M. Pombo Angulo (n. 1912), Ignacio Aldecoa (1925-1969), Rodrigo Rubio (n. 1931), F. García Pavón (n. 1919), Manuel Arce (n. 1928), García de Pruneda, Andrés Bosch (n. 1926), Juan Marsé (n. 1933), García Viñó (n. 1928), Alfonso Albalá (n. 1924), José V. Torrente (n. 1920), José María Mendiola (n. 1929), García Hortelano (n. 1928) y Carlos Rojas (n. 1928), entre otros. Camilo José Cela (v.) es un estilista notable, que ha ejercido influjo en varios escritores.El cuento ha obtenido gran difusión; ha variado de técnica, ya que no se requiere argumento. La mayoría de los novelistas citados ha cultivado el cuento, campo que han invadido poetas y hasta eruditos: A. Zamora Vicente, Félix Grande (n. 1937), Camón Aznar (n. 1908), etcétera.Erudición, crítica y ensayo. La evolución de España a partir de 1940 ha influido notablemente en el desarrollo de la cultura española; sin abandonar los estudios y métodos tradicionales de los que ya en 1936 se consideraban maestros, los discípulos se han incorporado a las corrientes internacionales. He aquí una mención de profesores, críticos y ensayistas: Benítez Claros (n. 1919), Castro y Calvo (n. 1903), F. Indurain (n. 1910), Martínez Cachero (n. 1924), José Caso, Carlos Clavería (n. 1909), Orozco Díaz (n. 1909), López Estrada (n. 1918), Moreno Báez (n. 1908), Sánchez Castañer (n. 1908), Baquero Goyanes (n. 1925), José Manuel Blecua (n. 1913), Rafael Ferreres (n. 1914), Gallego Morell, Filgueira Valverde (n. 1908), G. Díaz-Plaja (n. 1909), E. Díez Echarri, C. Real de la Riva. En los estudios filológicos: E. Alarcos Llorach (n. 1922), S. Galmés de Fuentes, Manuel Alvar (n. 1923), A. H. Badia (n. 1920), Alonso Zamora Vicente (n. 1916), Maldonado de Guevara (1860-1926), Rodríguez Castellanos. En el ensayo de diverso tema, Fernández de la Mora (n. 1924), Laín Entralgo (n. 1908), Julián Marías (n. 1914), Sánchez Cantón (n. 1891), Zubiri (n. 1898), Víctor García Hoz, González Álvarez, Calvo Serer (n. 1916), A. Sánchez Bella (n. 1916), Fernández Miranda.Literatura gallega. Ya en el s. xx, asociaciones y revistas dan cohesión a la literatura, a la vez que se observa una mayor preocupación estilística. El modernismo influye en Amado Carballo (1901-27) y M?nuel Antonio (1900-28); pero, al mismo tiempo, florece la crítica y la investigación, lo que produce el auge de la prosa. Como en el caso de Cataluña, la nota distintiva de estos escritores ha sido el bilingüismo: Risco, Castelao, Cunqueiro, Bouza Brey, Otero Pedrayo. Vicente Risco (1883-1963) "fue el ideólogo de un grupo que reducido al cenáculo orensano o ampliado más allá de los límites de dicho cenáculo, trabajó denodadamente en la europeización de la cultura gallega". La revista y la editorial Nos y el Seminario de Estudios gallegos fueron los órganos coordinadores de la labor del grupo. Otero Pedrayo (n. 1888), catedrático de universidad, es el máximo exponente de esta generación; erudito, poeta y novelista (O purgatorio de don Ramiro y A lagarada), su principal labor, junto a la periodística y divulgadora, está en la investigación de temas gallegos. Ramón Cabanillas (1876-1959) funde la tradición romántica con la modernista en Camiños no tempo, que marca el esfuerzo de dotar a la poesía gallega de una épica moderna, lo que logra con bastante decoro el jesuita José Rubinos: Covadonga, epopeya en XV gestas (texto gallego y versión castellana). Aunque es la poesía el género más cultivado y notable, desde finales del s. xix y sobre todo a partir del xx, el cuento, la descripción paisajística, la evocación de costumbres y tipos, la novela y el teatro cuentan con obras de valor, a pesar de que muchos escritores cultiven también el castellano. A. Rodríguez Castelao (1886-1950), como dibujante y como escritor, revela un recio temperamento: Os dous de sempre, en la novela, y Retrincos en el relato breve, son buena prueba; tiende a lo macabro: en Un ollo de vidro, Os vellos non deben de namorarse y otras obras, se tropieza a cada paso con esqueletos, calaveras, corambres, cementerios, fetos y toda clase de símbolos funerarios. En 1926 se publican los cancioneros medievales, lo que provoca una nueva dirección de la poesía y la aparición de un grupo de eruditos: Cotarelo Valledor, Bouza Brey (n. 1901), Álvaro Cunqueiro (n. 1911) y Xavier Bóveda; Cunqueiro revaloriza temas y personajes universales: Hamlet, Orestes; y Bóveda es uno de los firmantes del manifiesto ultraísta de 1919.Hacia 1950 la literatura gallega se universaliza e incorpora a las corrientes dominantes. El teatro ha sido el género de vida más precaria, ya que ha tenido que luchar con la formación de una escuela de actores profesionales; lo cultivan poetas y eruditos más que dramaturgos propiamente dichos: Ramón Armada, Galo Salmas, Dieste (n. 1899), autor de A fiestra valdeira, López Casanova de Orestes (1961), Franco Grande, de Viero Choido (1957), y Bernardino Graña, de Cien mil pesos crime (1962). La erudición y la crítica cuentan, especialmente en castellano, con muchos nombres: Filgueira (n. 1908), Varela (n. 1924), Gamallo Fierros (n. 1914), etc.Siglo XX en Cataluña. Supone el florecimiento de la literatura catalana con la labor del Institut d’Estudis catalans y la colección Bernat Metge, difusora de los clásicos catalanes y grecolatinos. Eugenio d’Ors (v.) es, a lo largo de muchos años, el mentor de la cultura catalana. En 1906 inicia su Glossari, que continuará a lo largo de toda su vida. No se cuenta con poetas de la talla de Verdaguer o Maragall, pero abundan más en número y comparables con los mejores de Europa: López Picó (1886-1959), Carles Riba (v.), A. Esclasans (18951967), Carner (v.), Bofill i Mates (V. GUERAU DE LIOST), todos de sólida cultura y críticos eminentes, lo que les permite, en su afán de magisterio, incorporar todas las corrientes europeas: modernismo (v.), poesía pura (v.), simbolismo (v.), ruralismo, popularismo. También cabe citar a loan Oliver (V. QUART, PERE) y l. V. Foix (V.). En la novela se sigue la corriente naturalista-costumbrista de la centuria anterior, incorporando la sátira social y el psicologismo. Se podría indicar aquí que en Cataluña se sintió siempre una conciencia de pequeña nación y que ha tendido a tratar sus problemas propios. Miquel Llor (1894-1966), Prudenci Bertrana (1867-1941), Oller y Rabassa (n. 1882), Puig i Ferrater (1882-1956), Brunet, Folch i Torres (1880-1950), nombres que en su mayor parte destacan también en el teatro, en el que hay que señalar la labor de Adriá Gual (1872-1943) y Artur Masriera (18601929), como propulsores e introductores de las obras más significativas del teatro universal. La principal figura del teatro catalán es losep Maria de Segarra (v.), que con La ferida lluminosa (traducida al castellano por Pemán) obtiene uno de los mayores éxitos del teatro de posguerra. Poeta, novelista y crítico, en el teatro domina todos los tonos y temas: L’hostal de la Glória, La Pilla del Carmesí, La corona Xespines, son sus dramas más notables, a la vez que La rosa de cristall y Canpons de rem i de vela, constituyen lo mejor de su lírica.Aparecerán algunos nombres nuevos: J. Pla (v.), Rosselló-Pórcell (1913-1938), Vinyoli, Agustí (v.), Calders (n. 1912), Villalonga (n. 1897), Rodoreda (n. 1909), Cadellans, que alcanzan la plenitud al declinar el medio siglo, así, pues, este panorama de esplendor persiste hasta después de la guerra civil. Luego, circunstancias de diverso tipo imponen un paréntesis. Alrededor de 1950, y gracias a los premios literarios, se da un nuevo resurgimiento con propósitos innovadores: Salvador Espriú (v.), Teixidor (n. 1913), Pedrolo (n. 1918), Brossa (n. 1919), Folch i Camarasa (n. 1926), Espinás (n. 1927). La erudición y la crítica, gran parte escrita en castellano, cuenta con notabilísimos cultivadores: Joan Corominas (n. 1905), M. de Riquer (n. 1914), Jorge Rubió (n. 1887), Nicolau D’Olwer, Massó Torrents (1858-1935), Manuel de Montoliu (1877-1961), los hermanos Carreras Artau, Tomás (1879-1954) y Joaquín (n. 1894), Ramón d’Alós, Valls Taberner (1888-1942), Arramón Serra, Pedro Bohigas, MaSoliver, etc.Cabría aludir a las literaturas regionales (en idioma que no constituye lengua) despertadas al declinar el s. xix; murciano (V. MURCIA Iv), salmantino y extremeño ofrecen, exclusivamente en poesía, obras importantes. En el primero, Vicente de Medina (1866-1936); en el salmantino destaca José María Gabriel y Galán (v.), notable poeta en castellano y cantor de las costumbres de la tierra en Campesinas y Extremeñas; la poesía extremeña cuenta con Luis Chamizo (1899-1944), que en El miajón de los castúos interpreta el alma popular de un pueblo. En Asturias se desarrolló un resurgir del bable (v.) que persiste en nuestros días (gracias a la labor del Inst. de Estudios Asturianos); y en poesía costumbrista, de humor, Teodoro Cuesta, Constanoctino Cabal y González Oliveros son los cultivadores más notables.V. t.: CASTELLANA, LENGUA Y LITERATURA II; CATALUÑA VI; GALICIA VI; GALLEGO-PORTUGUESA, LENGUA Y LITERATURA II; VASCONGADAS V.J. M. ROCA FRANQUESA.
BIBL.: Historias generales: J. AMADOR DE LOS Ríos, Historia crítica de la literatura española, Madrid 1861-65; J. HURTADO DE LA SERNA y A. GONZÁLEZ PALENCIA, Historia de la literatura española, Madrid 1949; Historia general de las literaturas hispánicas, dir. G. DÍAZ-PLAJA, 6 vol., Barcelona 1949; J. GARCIA LóPEZ, Historia de la literatura española, Barcelona 1967; J. DíEz ECHARRI y 1. M. ROCA FRANQUESA, Historia de la literatura española e hispanoamericana, Madrid 1967; J. L. ALBORG, Historia de la literatura española, Madrid 1967-68; A. VALBUENA PRAT, Historia de la literatura española, Barcelona 1968.
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