España. Literatura 1 LIT.
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Literatura
1. Primeras manifestaciones literarias peninsulares. Dámaso Alonso ha aludido al tema de las primeras manifestaciones de las tres grandes literaturas románicas: francesa, castellana e italiana, justificándolas por la idiosincrasia respectiva de cada uno de los pueblos que las crearon. Espíritu bélico en Francia, mercantil en Italia y religioso en Castilla. La observación sobre el espíritu religioso de Castilla puede hacerse extensiva a las otras literaturas peninsulares, con escasas variaciones que se señalarán.Si Castilla se inicia con las Glosas Emilianenses y Silenses, Cataluña cuenta con las Homilies d’Organyá en la línea de la predicación eclesial; pero, más abierta a la expansión mediterránea por el comercio, se preocupará también de codificaciones marítimo-comerciales (Usatges y Llibre del Consolat del Mar), a la vez que por su íntima relación con Provenza y por sus vicisitudes históricas no descuidará la lírica amorosa ni la épica (recordemos. a Oteger Cataló y a los "caballeros de la fama", y al Pros Bernat, si bien hay que considerar que nos movemos en un mundo semilegendario). Aunque también hay tradiciones sobre una primitiva épica galaicoportuguesa (La pérdida de España, Canto de Gonzalo Hermíguez), es la lírica el género en el que Galicia alcanza el máximo esplendor a lo largo de siglo y medio. Ni Castilla ni Cataluña cultivaron inicialmente la lírica en lengua vernácula; los catalanes escribieron en provenzal, y los castellanos en galaicoportugués.Tras lo dicho, creemos oportuno exponer la tesis de Dámaso Alonso, quien, después de reproducir el primer texto castellano (anotaciones de un sermón de S. Agustín por un monje de San Millán), escribe: "El primer vagido de la lengua española, es, pues, una oración. ¿Qué balbucean por primera vez el francés. el italiano? (juramento de Estrasburgo entre Luis el Germánico y Carlos el Calvo, como tratado de alianza bélica). Pero trasladémonos ahora a Italia, a la región de Nápoles. Es el año 960 y en Capua están, delante del juez, el abad de Montecassino y un tal Rodelgrimo. Discuten por unas tierras, y el abad prueba la posesión por treinta años mediante tres testigos que repiten tina misma fórmula de juramento... Todos los testigos juran en vulgar, y su juramento es el primer testimonio de redacción italiana, si se prescinde de una adivinanza, más latinizante, de la región Norte".Pero, sin tener en cuenta estas iniciales manifestaciones o "vagidos", hay que señalar que las primeras muestras literarias de las tres lenguas peninsulares correspondena la lírica, si bien en la catalana, como se ha indicado, en lengua ajena: la provenzal. Para la castellana, a lo largo de mucho tiempo se ha admitido la primacía cronológica de la épica, pero el descubrimiento de las jarchas (árabes y hebreas) ha venido a modificar tal opinión. Su conocimiento, sin embargo, no cambia, para nosotros, la opinión tradicional. Las jarchas (v.) se reducen a unos versos finales, o codas de poesías árabes o hebreas, de no fácil intelección y en un dialecto mozárabe bastante artificial.1. El Medievo. Si se establece un cuadro general de las literaturas hispánicas de la Edad Media, se obtiene:1) Floración de la épica castellana sin paralelo en las otras literaturas peninsulares.2) Liquidación de la literatura galaicoportuguesa en la primera mitad del s. xiv, y, por tanto, de su influencia en la literatura castellana. El Cancionero de Baena contiene las últimas muestras de tal influencia (el Arcediano de Toro, Gerena, Macías, etc.).3) Predominio del aspecto didáctico en la más variada temática (historia, moral, política, teología, religión), a partir de la segunda mitad del s. xiii.4) A finales de la misma centuria se desarrolla el género imaginativo (novela y cuento) con una doble influencia: francesa (tradiciones y leyendas devotas, temas marianos, hagiográficos y bíblicos, caballerescos y de historia clásica) y árabe, en la que predomina el antifeminismo, de tan amplia proyección a lo largo de nuestra literatura.5) Sustitución, desde finales del s. xiv y principios del xv, de la influencia francesa por la italiana. Elocuente testimonio es el marqués de Santillana en su Carta al Condestable D. Pedro de Portugal.Pero siempre, junto a estas líneas generales, se halla la obra de los escritores eximios e inclasificables: Lulio, Arcipreste de Hita, Juan Manuel, Bernat Metge, Ausiás March, que si no puede decirse que forman escuela es indudable su influencia posterior.Épica medieval. Sólo ofrece interés la castellana (v. ÉPiCA). Se abre con el Cantar de Mío Cid (v. CID), conservado en una copia de 1307, debida a Per Abat, y escrita seguramente por un juglar que iba con las huestes del Cid, como demostró Anselmo Arenas en Orígenes del señorío de Molina de Aragón, tesis a la que se ha adherido Menéndez Pidal, aunque no cita el antecedente, y que le ha llevado a adelantar en unos 40 años la fecha de composición que había señalado. El poema consta de tres partes: Destierro, Bodas y Afrenta de Corpes, parte esta última la más novelesca y obra de un juglar posterior; dada la perfección del poema, no puede considerarse como inicial de un género, y Menéndez Pidal ha demostrado la antigua y persistente tradición épica de Castilla: prosificaciones en las Crónicas (v. CRÓNICA Y CRONISTA), refundiciones y "reconstrucciones" certifican la existencia de una serie de poemas a lo largo de los s. xii, XIII y principios del xiv, perdidos en su mayoría.Se conservan 100 versos del Cantar de Roncesvalles (momento en que Carlomagno, vuelto al campo de batalla, encuentra el cadáver de Roldán y de sus compañeros); reconstrucciones de los cantares de Sancho II y Cerco de Zamora, de los Siete Infantes de Lara; prosificaciones de los de Bernardo del Carpio, del Rey Rodrigo y la pérdida de España, de Alfonso VI y la Mora Zaida, del Abad don Juan de Montemayor. Especial mención merece el "ciclo del condado castellano", con los cantares de Fernán González, único héroe castellano cantado por un poeta del mester de clerecía; García Fernández, La Condesa traidora, Sancho García, Infant García, que, por los hechos históricos que narran, se prolongan con la Gesta de Sancho el Mayor y el Cantar de Fernando I y la partición de reinos. Esta literatura refleja la vida feudal de la época y su temática persiste a lo largo de los siglos. En cuanto al origen, parece indudable, por lo menos en suss, la derivación germánica, si bien con posterior influencia francesa, explicable por razones político-religioso-culturales: ruta de las peregrinaciones compostelanas, política matrimonial de Alfonso VI, establecimiento de la Orden de Cluny y sustitución del rito mozárabe por el romano.En el s. xiii, junto a la épica, propagada por los juglares, surge una escuela nueva: mester de clerecía (v.), "ocupación de hombres de letras", y cuyos poetas se vanaglorian de crear un metro, una rima y una estrofa nuevas. Aunque la primera obra es, al parecer, el Libro de Apolonio, toda vez que el anónimo autor, probablemente aragonés, se alaba de componer "un romanz de nueva maestría", es el autor del Libro de Alexandre quien define los rasgos característicos de la escuela: "Mester trago fermoso, non es de joglaría, / mester es sen pecado, ca es de clerecía, / fablar curso rimado por la cuaderna vía, / a sillavas cuntadas, ca es grant maestría".Rasgo de la escuela, en contraste con la de juglaría, es la falta de imaginación; estos poetas, pese a su mayor cultura, se muestran excesivamente apegados a los modelos. No puede considerarse como escuela opuesta a la de juglaría, ya que sus obras se destinaban a la recitación pública, como lo prueba el empleo de fórmulas comunes al dirigirse a los oyentes; dada la constitución de la sociedad medieval, creemos que el pueblo "oía" igualmente las hazañas del Cid o de Bernardo del Carpio y Alejandro Magno, que las desdichas y peregrinajes de Apolonio o los relatos marianos de Berceo (v.). Es éste el primer poela de nombre conocido; clérigo adscrito al monasterio de San Millán de la Cogolla, vivió hasta edad avanzada, ya que alude a su vejez. Autor de obra abundante, que se agrupa en trilogías: a) mariana: Milagros de Nuestra Señora, Loores y Duelo de la Virgen; vidas de santos: Santo Domingo de Silos, San Millán de la Cogolla y Santa Oria; varias: Martirio de San Lorenzo, Sacrificio de la Misa, y Signos que aparecerán antes del juicio; tres paráfrasis de himnos litúrgicos, y, con escaso o nulo fundamento, se le ha atribuido el Libro de Alexandre, que, ni en estilo, carácter de las fuentes ni espíritu presenta la menor semejanza con el resto de su obra. Por su ingenuidad, sencillez y tono popular, así como por su fervor y piedad, es uno de los poetas más agradables de la Edad Media.Junto a la obra de Berceo hay que citar el Libro de Apolonio, sobre las aventuras del rey de Tiro de este nombre, y el Libro de Alexandre. En ambas predominan las fuentes francesas y clásicas, a diferencia de lo que ocurre con Berceo, cuya formación es exclusivamente eclesiástica. Hay que descartar la abundancia de anacronismos intencionados, lo que es una razón más en favor de que se destinaban a un público iletrado, al que se quiere hacer comprensibles la historia y costumbres antiguas. Cierra el mester de clerecía del s. xcii el Poema de Fernán González, único héroe castellano cantado por el mester de clerecía; se atribuye a un monje o familiar del monasterio de Arlanza.Al s. xrii pertenecen una serie de poemas de influencia francoprovenzal, escritos en versos de arte menor (aunque hay eneasílabos) y de amplia temática. Entre las disputas o debates se hallan el Poema de Elena y María, en el que dos hermanas, "hijasdalgo", muestran sus preferencias sobre la elección de amante: un caballero o un clérigo (aquí, no en el significado actual, sino en el de la época de hombre de letras; en el fondo nos hallamos ante la permanente polémica de las armas y las letras); la Disputa del alma y el cuerpo, con antecedentes en la literatura faraónica y cuyos últimos ecos, a lo largo de la Edad Media, llegan a Calderón; los Denuestos del agua y el vino, yuxtapuesto a La razón feita de amor, de gran finura y valor descriptivo. Entre los poemas hagiográficos: Vida de Santa María Egipciaca, que revela en el autor habilidad de observación en el retrato físico de la protagonista, en su doble vida de pecadora y penitente; Libre dels tres reys d’Orient, basado en los Evangelios apócrifos y denominado también Libro de la infancia de Jesús, títulos que no responden al contenido, ya que la vida de Jesús se interrumpe en el episodio de la "huida a Egipto" para reanudarse en la escena del Calvario.Teatro. Desde finales del s. xii y a tenor del resto de Europa florece en Castilla y en Cataluña un doble teatro religioso y profano, atestiguado documentalmente aunque con escasas muestras conservadas; en Castilla, hasta el s. xv, no hay otro testimonio que el Auto (algunos críticos prefieren la denominación Misterio, v.) de los Reyes Magos, interesante como documento histórico por su antijudaísmo y valoración de la astrología. Si Lázaro Carreter ha escrito que "la historia del teatro en lengua española durante la Edad Media es la historia de una ausencia", pese a la notable obra del P. Richard B. Danovan (The Liturgical Drama in Medieval Spain), no es mucho más lo que se conserva en las regiones orientales, Cataluña, Valencia y Baleares; hay testimonios de representaciones rústicas, y Milá y Fontanals cita, de finales del s. xi y en una mezcla de latín, catalán y provenzal, La parábola de les Verges prudents i de les Verges fátues, en la que intervienen, como personajes, Virgilio y la Sibila.La batalla de Muret (1213) fue el golpe de gracia dado a la expansión espiritual de Cataluña; del s. xiv hay noticia de varias obras: La conversió de la Magdalena, un auto sobre la muerte de la Virgen y el famoso El Mascaró (El Diablo), acusador del género humano defendido por la Virgen y juzgado por el Creador; parece mucho más tardía la farsa L’hom enamorat e la fembra satisfeta, atribuida a fray Domingo Mascó, y basada en un "escándalo" galante de la corte de Juan 1 de Aragón. Traducciones clásicas grecolatinas, diálogos y hasta piezas que cabe calificar de "debates", se producen con abundancia, al igual que las "cortesanas", que reciben en algunos casos el nombre de "entremés", se documentan desde 1381; "de estas fiestas cortesanas del reino de Aragón, escribe Lázaro Carreter, parece haberse originado el llamar ’entremeses’ a las mojigangas y pantomimas, y hasta a los artefactos espectaculares, que, de los comedores palaciegos, se incorporan a las cabalgatas públicas". En los reinos orientales, a diferencia de Castilla, tuvieron mayor aceptación las modalidades del teatro francés, y así hallamos el misterio de la Assumpció de Madona Sancta María, de principios del s. xv, y el Misterio de Elche, de la misma época; de los s. xiv y xv hay testimonios de la representación de autos sacramentales.Aparte de la lírica gallega, la principal manifestación literaria de los s. xiii y xiv es, tanto en Castilla como en Cataluña, la historiografía. En Castilla, tras los balbuceos de las crónicas latinas del Tudense y del Toledano, se alza la figura de Alfonso X (v.), y en Cataluña otro rey, Jaime el Conquistador (v.), quien, aunque por tradición familiar debía inclinarse a la cultura provenzal, señala los fundamentos de la prosa catalana, como su yerno Alfonso en Castilla; ambos reyes, juntamente con Lulio son las figuras más destacadas del s. xrri. Lírica. La literatura gallega se inicia con los Cancioneros (v.), pero la perfección de su contenido hace suponer un periodo de aprendizaje, que justifica el juicio de Menéndez Pelayo: "El despertar poético de Galicia hubo de coincidir con aquel breve periodo de esplendor que desde fines del siglo xi hasta la mitad del xii pareció que iba a dar a la raza habitadora del noroeste de la Península el predominio y hegemonía sobre las demás gentes de ella". Todo se conjuraba a la sazón en favor de Galicia: peregrinaciones a Santiago, venida de los monjes de Cluny, política de Alfonso VI, compatible con sus preferencias centralistas en favor de Castilla. Sin negar el influjo provenzal, se desarrolla en Galicia un tipo de poesía menos aristocrático y de más sabor popular, y cuyas muestras religiosas y profanas se recogen en los cancioneros.Según Munguía, en el s. xii hubo una épica sobre el tema de las peregrinaciones; por los años en que Castilla tenía su propia lengua para la épica, los poemas del mester de clerecía y los de imitación francoprovenzal empleaban la lengua gallegoportuguesa (v.), cuyas últimas muestras son las Cantigas de Alfonso X y algunos poemas del Cancionero de Baena. La mejor poesía se contiene en los cancioneros de Ajuda, Collocci-Brancuti, Vaticana y Martín Codax, en lo profano, y en las Cantigas de Santa María, de Alfonso X, en lo religioso. Aparte de esta última obra, el contenido de las restantes se divide en dos grupos: de tipo provenzal y corte aristocrático, un poco artificiosas (el rey D. Dionís contrae matrimonio con Isabel, la "reina santa", hija de Pedro el Grande de Aragón), y de tipo popular indígena. Al primer grupo corresponden casi todas las contenidas en el de Ajuda; al segundo, las de los otros.En cuanto a la temática, se reparten en cantigas (Y.) de amor o de ledino: un caballero se lamenta del desvío de una dama, de una prohibición, etc.; destaca el almirante Payo Gómez Chanio (1225?-1295). Las cantigas de amigo deben su nombre a la repetición de esta voz, equivalente a la de amado; se ponen en boca de mujeres que lamentan ausencias y desamor. Pueden adoptar varias formas: balada, al estilo provenzal; villanescas, parejas a las serranillas. Sobresale el rey D. Dionís (v.), autor de 53 cantigas. Cantigas de escarnio o de maldecir: sátiras, algunas muy obscenas y escandalosas, contra altos personajes; parecen imitación burda del serventesio provenzal. Se dan, aunque en menor escala, otras formas: tensós o debates, plantos, etc. Los principales poetas son Airas Nunes, Pero da Ponte, López de Bacón, Gonzálvez de Sanabria, Bernardo de Bonaval, Pero Meogo, Joan de Requeixo, Martín Codax, Juan Zorro y los reyes D. Dionís y Alfonso X. Esta poesía se prolonga hasta finales del s. xiv, y las últimas muestras son de los poetas del Cancionero de Baena. En esta etapa final se introducen temas bretones y carolingios en los cancioneros (V. BRETAÑA, MATERIA DE; CHANSON DE GESTE); extinguida la lírica, la literatura gallega sufre una vertical decadencia y reaparece en el s. xix.Prosa. En Castilla, es Alfonso X la figura culminante de la prosa, tanto por la cantidad y calidad de su obra como por la obligación que impuso de redactar los documentos en castellano. Se propone sintetizar todo el saber humano, y a tal fin obedece su obra centrada en el hombre; en su pasado, pues considera a la historia como maestra de la vida: Crónica General y Grande -e General Estoria; en el presente y trata del conocimiento de la legislación, manera de vivir: Las Siete Partidas; en el futuro, y escribe sobre astrología. Las mencionadas Cantigas y los libros de juegos (damas, ajedrez, dados) completan la obra, amén del libro de Calila e Dimna, traducción del árabe. Tan ingente labor se lleva a cabo por la Escuela de Traductores de Toledo (v.), que constituye el puente cultural entre Oriente y Europa. Las prosificaciones de la Crónica Troyana, el Libro de los castigos y documentos, de Sancho IV, y la aparición de los primeros libros religioso-caballeresco-didácticos completan la prosa del s. XIII.En Cataluña destaca Raimundo Lulio (v.), de intensa influencia en la literatura europea; con Blanquerna, funda la novela psicológica, pedagógica y social; Félix o libre de meravelles, Libre del Orde de Cavallerie imitado por Juan Manuel, Libre de Gentil e los tres savis, Cant de Ramon, Libre de contemplació en Déu, Libre d’Amich e Amat, etc.A lo largo de un siglo (1260-1360) se produce la gran floración de la historia catalana, que se abre con la Crónica o Libre dels feyts de Jaime I, a quien se atribuye el Libre de la saviesa, conjunto de sentencias de filósofos griegos, latinos y cristianos. Cuatro son las grandes crónicas catalanas: la de Jaime I, inspirada por el propio rey y que destaca por su carácter intimista; la Crónica o Conquestes de Catalunya, de Desclot (v.) síntesis de desnudez y veracidad, en contraste con la de Muntaner (v.), poemática y fantástica. Esta última es la de mayor valor literario; sobresale el fragmento acerca de la expedición de catalanes y aragoneses a Oriente, en la que el autor tomó parte principal, ya que después del. asesinato de Roger de Flor se hizo cargo de parte del ejército que defendió Gallípoli. La Crónica de Pedro IV (v.), es de valor documental y político, a la vez que justificación del rey, harto necesaria, dadas sus luchas con la nobleza y la guerra civil castellana (Pedro I y Enrique de Trastámara).Hacia 1350 puede considerarse liquidado el primer periodo de la literatura catalana, para dar paso a la edad áurea, que se prolonga hasta la primera década del s. xvi y se caracteriza por la independencia de modelos y por el influjo que ejerce en otras literaturas. La Decadencia a partir del s. xvi se debe a múltiples causas: cambio ideológico traído por el Renacimiento, que propugna la unidad lingüística (España formaba un solo reino); descubrimiento de América y prohibición del comercio a los puertos catalanes; política centralista de Felipe II; sublevación en el reinado de Felipe IV; guerra de Sucesión con la consiguiente pérdida de las libertades y fueros. Las principales figuras de este periodo se tratan en el apartado 7. La RenaixenCa inicia un nuevo florecimiento que persiste hasta la actualidad.La etapa que se ha señalado (1350-1510) suele dividirla la crítica en dos o tres periodos: tolosano, hasta 1415; italianizante, 1415-55 y valenciano, 1455-1510. Tal división parece arbitraria, ya que se mezclan hechos históricos y literarios; creemos más exacto reducir a uno los periodos tolosano e italianizante. En cuanto al valenciano, ¿hasta qué punto sus más eximios representantes, Ausiás March, el anónimo autor de Curial e Güelfa, Jaume Roig i Martorell, no muestran la directa influencia de Petrarca (v.) y Boccaccio (v.) y de la literatura provenzal y bretona? La denominación "valenciano" sólo es válida en sentido geográfico, ya que el centro cultural se desplaza a Cataluña.Periodo tolosano-italianizante: Los reinados que van desde Pedro IV a Martín el Humano marcan la influencia tolosana (V. PROVENZAL, LENGUA Y LITERATURA), especialmente el de Juan I, por su matrimonio con Da Violante, que atrae a su corte a muchos escritores franceses; el 20 feb. 1393 otorga la Carta de fundación de los juegos florales a Valencia. La conquista de Nápoles por Alfonso V señala el triunfo de la influencia italiana que se extiende a Castilla. En el periodo tolosano predominan los temas derivados de la novela cortés y de la épica, los religiosos, bíblicos, leyendas devotas, satírico-costumbristas; más que traducciones, se dan imitaciones y obras originales, tanto en prosa como en verso. Aparte de los hermanos Pere (1338?-1413) y Jaume (1335?-1410), March y de Vilaregut (s. xiv), humanista traductor de Salustio, T. Livio y Séneca, descuellan Anselm Turmeda (ca. 1352ca. 1424), fraile apóstata, de vida estrafalaria, autor de La disputa de Pase, de sátira eclesiástica; Bernat Metge (v.), prosista, poeta, político y jurista, aborda en El somni los más variados temas, desde los filosófico-teológicos a los de sátira antifeminista; el dominico fray Antoni Canals (m. 1419) y el franciscano Francesc Eiximenis (v.), de gran producción, entre la que destaca Lo Crestiá y Libre de les dones, que influye en el Arcipreste de Talavera y en J. Roig. Del periodo italianizante hay que citar: A. Febrer (n. entre 1375 y 1380), traductor de Dante; Jordi de Sant Jordi (v.), alabado por Santillana; J. Fogassot (s. xv), G. de Masdovelles (s. xiv-xv), su sobrino Joan Berenguer (s. xv) y Ausiás March (v.); éste ejerce gran influencia hasta el punto de competir con Petrarca, incluso en la leyenda amorosa. No obstante, son harto distintos: Petrarca es un renacentista y March un escolástico; precisamente, la carga filosófica dificulta la intelección de Cant espiritual, Cants d’amor, Cants de mort y Cants morals.En el periodo valenciano se crea una literatura realista atenta a lo cotidiano; poesía y novela caballeresca son las principales manifestaciones. Citemos a J. Roís de Corella: Oració a la Verge María, A Caldesa, contra la vida libidinosa de una dama; B. de Fenollar (ca. 1440-1516), notable en los debates; Gassull (s. xv), el Comendador Escrivá (s. xv), Jaume Roig (m. 1478), autor del Llibre de les dones, de gran valor histórico y sátira de las mujeres en su triple estado de casadas, viudas y doncellas. La novela cuenta con dos muestras notables: Curial e Güelfa (v.), fusión del espíritu medieval y el renacentista, y Tirant lo Blanch, de Joanot Martorell (v.), completada por Joan Marti de Galba y elogiada por Cervantes por su tono realista tan distinto de las obras del género caballeresco.Los rasgos principales del s. xiv en Castilla son la transformación del mester de clerecía y de los cantares de gesta, el desarrollo del cuento y de la novela y, sobre todo, la aparición del espíritu burgués. El Arcipreste de Hita (v.), Juan Manuel (v.) y el Canciller López de Ayala (v.) son las figuras predominantes; a finales de siglo, y por obra de un genovés domiciliado en Sevilla, Micer Francisco Imperial (s. xv), se inicia la influencia dantesca. Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, es el máximo poeta del s. xcv; en nuestros días ha surgido la tesis de su inexistencia como tal arcipreste, para identificarlo nada menos que con el card. Gil de Albornoz. Su obra, "comedia humana" del s. xiv, representa la incorporación de los temas y de la vida y costumbres de la época, con todo cuanto puede proporcionar el cruce de tres civilizaciones: cristiana, árabe y judía. Lo que para el verso es el Arcipreste, es para la prosa el mal llamado "Infante" Juan Manuel. El Libro del Conde Lucanor antecede en 13 años al Decamerón, aunque se considere bastante inferior; aparte de las obras históricas, Crónica abreviada y Crónica complicada, señala el paso de lo didáctico a lo novelesco, como en el Libro del caballero et del escudero, de influencia luliana; Libro de los Estados, cristianización de la leyenda de Buda y fusión de lo novelesco y lo político, con abundancia de datos autobiográficos. Cabe destacar en Juan Manuel el prurito exagerado de casta, de tal forma que llegó a considerar el único sucesor legítimo al trono de S. Fernando: Libro infinido.El canciller Pero López de Ayala crea un nuevo tipo de prosa histórica; moralista político, historiador y traductor de Tito Livio, Boccaccio y S. Gregorio Magno. El Rimado de Palacio y las crónicas de Pedro I, Enrique II, Juan I y Enrique III son sus principales obras, completadas con el Libro de la caza y algunas poesías. El s. xiv ve desaparecer el mester de clerecía, al que pertenecen: Proverbios en rimo del sabio Salomón, Poema de Yúsuf, Libro de miseria de omne, Vida de San Ildefonso, que señalan la transición al verso de 16 sílabas. Los Proverbios morales de Sem Tob (v.), El cantar de Rodrigo y el Poema de Alfonso XI son, en lo didáctico y en lo épico, las últimas muestras del mester de clerecía.3. Siglo XV. Transición al Renacimiento. El s. xv se considera pórtico del Renacimiento; la sociedad feudal se transforma en cortesana y se inicia el influjo italiano, que sustituye al francés.Lírica. Fruto de esta sociedad cortesana son los cancioneros; a este siglo pertenecen los de Baena y Stúñiga; el primero, dedicado a Juan II de Castilla, señala la transición de la poesía galaicoportuguesa (con las figuras de Arcediano de Toro, Macías, Gerena, Villasandino y Ferrús) a la italianizante (con Imperial, F. Manuel de Lando, los hermanos Medina); destaquemos la polémica sobre los "precitos", provocada por F. Sánchez de Talavera. En el Cancionero de Stúñiga se agrupa a los poetas de la corte de Alfonso V de Aragón: Carvajal, Tapia, Torrella, Pedro de Santa Fe, etc.Los grandes poetas del s. xv son: Mena (v.), el marqués de Santillana (v.) y J. Manrique (v.). Mena, exclusivamente hombre de letras: Laberinto de Fortuna, Razonamiento con la muerte, Lo claroescuro. Santillana (13981458) es el primer historiador de la literatura castellana, en su Proemio; se hace eco, siempre con originalidad, de las más diversas corrientes: provenzal (serranillas), italianizante (Comedieta de Ponza, Infierno de los enamorados), tradicional-castellana (Doctrinal de Privados, Proverbios). Jorge Manrique (1440-78) nace en Segura de la Sierra (y no en Paredes de Nava, como se viene repitiendo), de familia de poetas, alcanza la cima de la poesía en sus Coplas a la muerte de su padre; en la poesía amorosa y burlesca no sale de una discreta mediocridad.Otros poetas y obras: Gómez Manrique (v.), Álvarez Gato (ca. 1440-1509), Antón de Montoro (1404-80?), Rodrigo de Cota; los religiosos fray Ambrosio Montesinos (ca. 1448-ca. 1512), Juan de Padilla (1468-1522?) y fray Iñigo de Mendoza (ca. 1425-ca. 1507); los satíricos y anónimos poemas: Coplas del Provincial, Coplas de Mingo Revulgo (atribuidas a H. del Pulgar) (1430?-93?), Danza de la muerte, Coplas de ¡Ay Panadera! y Revelación de un ermitaño. Pero la manifestación poética más notable del s. xv es el Romancero (v.), derivación y ampliación de la épica. Los definitivos estudios de Menéndez Pelayo y Menéndez Pidal nos relevan de todo comentario.La prosa se polariza en tres direcciones: histórica, novelesca y didáctica. En la primera hay que distinguir: biografías, como las de F. Pérez de Guzmán (v.) y H. del Pulgar (v.); crónicas de reinados: Enríquez del Castillo (1453-1504?), A. de Palencia (1423-92), A. García de Santa María, Diego de Valera (1412-88?), Bernáldez (m. 1513) y el citado Pulgar; crónicas de personajes y de "hechos célebres": la Crónica de Don Álvaro de Luna, el Victorial, Hechos del condestable Lucas de Iranzo, Libro del Paso honroso, Historia del gran Tamorlán, Fuero de Tordesillas y Andanzas y viajes de Pedro Tafur. En la didáctica, aparte de las obras religioso-ascéticas de Juan de Lucena (m. 1506), Alonso de Cartagena (1384-1456), Pablo de Santa María (1350-1435), Martín de Córdoba, destacan el bachiller Alfonso de la Torre (Visión delectable de la filosofía y artes liberales) y Enrique de Villena (1384-1434), más conocido por la leyenda que por el valor real de su obra, personaje grotesco que ha pasado a múltiples obras literarias (de Ruiz de Alarcón, Rojas Zorrilla, Hartzenbusch), autor de Los doce trabajos de Hércules, Arte cisoria, Arte de trovar y Fascinología, que le dieron gran fama en su época.La novela, aparte de la incorporación de las leyendas devotas y de la continuación de los temas caballerescos, refleja la influencia de Boccaccio (Fiammetta y Corbaccio): J. Rodríguez del Padrón o de la Cámara (m. después de 1440) autor de Triunfo de las donas y El siervo libre de amor; Pedro Torrellas, Álvaro de Luna (13901453) y el Arcipreste de Talavera (v.), escriben en alabanza o vituperio de las mujeres; el Corbacho o Reprobación del amor mundano, del último, es la única obra digna de mención. De la Fiammetta, con elementos caballerescos, deriva la novela sentimental: Diego de San Pedro escribe Cárcel de amor y Tratado de los amores de Arnalte y Lucenda; Juan de Flores, Historia de Grisel y Mirabella, y el Condestable Pedro de Portugal (1429-66), Sátira de felice e infelice vida. Los libros de caballerías (v.), con los precedentes de la Gran Conquista de Ultramar, El Caballero del Cisne y el Amadís (v.), cobran gran difusión, si bien alcanzarán el mayor éxito en el S. XVI.La obra cumbre del teatro es La Celestina (v.) o Tragicomedia de Calisto y Melibea, de F. de Rojas (v.); síntesis de la cultura medieval y renacentista, aparece en 1499, y plantea innumerables problemas aún no resueltos sobre su autor, fuentes, escenario, ideología. Hoy, la crítica está acorde en considerarla como expresión de la crisis entre cristianos y judíos. A la línea medieval corresponden las "representaciones" de Gómez Manrique, la Égloga de Francisco de Madrid, la mayoría de las obras incluidas en el Códice de Autos Viejos, y las de la primera época de Encina, Lucas Fernández, Torres Naharro y Gil Vicente, que señalan la transición al Renacimiento y la influencia erasmista (v. ERASMO DE ROTTERDAM), tan notable en el reinado de Carlos V.El medio siglo: 1475-1525. Esta época es fundamental en todos los órdenes: político, social, literario, religioso, económico; fenómeno importante es la incorporación de la mujer al plano cultural. La literatura se caracteriza por la fluctuación de formas medievales expuestas con ideario renacentista y viceversa. Juan del Encina (v.), considerado "padre del teatro español", se inicia con autos y farsas, para incidir en el Renacimiento con sus tres églogas. Torres Naharro (v.) divide su obra en comedias "a noticia" y a "fantasía", formas de realismo e idealismo; Lucas Fernández (1474?-1542) alcanza la cima del teatro religioso con su Auto de la Pasión. Gil Vicente (v.), portugués, de obra bilingüe, imprime nuevo rumbo a la comedia costumbrista, caballeresca y satírica; la trilogía de las Barcas, Don Duardos y la Comedia Rubena son sus mejores obras; es el dramaturgo de mayor calidad lírica (v. PRERRENACIMIENTO).4. Triunfo del Renacimiento. Alrededor de 1550 incide la influencia italiana, perceptible en Lope de Rueda (v.), Alonso de la Vega (m. antes de 1566) y Juan de Timoneda (v.); el primero destaca en los pasos; A. de la Vega en las comedias caballerescas; y Timoneda como editor, novelista (El Patrañuelo, injustamente despreciado por Cervantes), dramaturgo y traductor. En poesía, la introducción de las formas italianas (v. PETRARQUISMO) por Boscán (v.) y Garcilaso (v.) provoca la lucha entre innovadores y tradicionalistas que acaba con el triunfo de aquéllos. Castillejo (1490?-1550) se opone a las innovaciones aunque su espíritu es típicamente renacentista. Boscán (m. 1542), traductor del Cortesano de Castiglione, puede considerarse ecléctico, ya que cultiva los dos tipos de versificación; Garcilaso de la Vega, "príncipe de los poetas castellanos", destaca en las églogas, sonetos y elegías. Siguen la escuela garcilasista: G. de Cetina (152057?), celebrado por el madrigal Ojos claros, serenos; H. de Acuña (v.), notable sonetista, cantor de la España imperial; y el portugués Sá de Miranda (v.), que canta la muerte de Garcilaso en la égloga Nemoroso. Poetas eclécticos son Gregorio Silvestre (1520-69), Antonio de Villegas, Hurtado de Mendoza (v.), etc.Escuelas líricas. Triunfante la innovación, surgen dos escuelas. La salmantina atiende más al fondo que a la forma; está capitaneada por fray Luis de León (v.), tan notable poeta como prosista, seguido por Francisco de la Torre, Francisco de Figueroa (1536-1617?), Francisco de Medrano (1570-1607) y Francisco de Aldama (1537-78), que en su Epístola a Arias Montano, en garbosos tercetos, logra una de las cimas de la poesía del s. xvi. La escuela sevillana, más atenta a la forma, cuenta con Herrera (v.), notable en lo heroico y amoroso; B. del Alcázar (15301606), humorista y satírico; los poetas rondeños y granadino-antequeranos, que señalan la transición al culteranismo del s. XVII: Pedro de Espinosa (1578-1650), Martín de la Plaza, Da Cristobalina Fernández de Alarcón (ca. 1576-1646), V. Espinel (v.), merecen especial mención en la literatura mística, S. Teresa de Jesús (v.), los prosistas Malón de Chaide (1530?-89) y Diego de Estella (152478), y, sobre todos, el poeta místico S. Juan de la Cruz (v.) autor de Noche oscura del alma, Cántico espiritual, Llama de amor viva y El Pastorcico, y el Soneto a Cristo crucificado (V. ESPIRITUALIDAD, LITERATURA DE).La épica se polariza en cuatro grupos: histórica, religiosa, caballeresca y varia (didáctica, burlesca, mitológica), que persistirán en la centuria siguiente. El tema histórico se enriquece con asuntos americanos: La Araucana, de Ercilla (v.); Arauco domado, de Pedro de Oña (v.); Elegía de varones ilustres, de J. de Castellanos (1522-1607). Sobre temas españoles: Carlo famoso, de L. Zapata (1526-95); La Carolea, de Sempere; Carlos virtuoso, de Urrea (m. antes de 1565), La Austríada, de Rufo (1547?m. después de 1620), y varios poemas sobre el Cid, S. Fernando, el Gran Capitán, los Reyes, Católicos. La épica religiosa cuenta con El Monserrate, de Virués (1550?1610?), y la caballeresca, bajo la influencia de Ariosto (v.), con Las lágrimas de Angélica, de Barahona de Soto (1548-95), y los innumerables poemas de Lope de Vega, no sólo caballerescos, sino mitológicos, burlescos, de circunstancias, etc.Historia. Ocupa lugar destacado la de Indias con Colón (v.) y H. Cortés (v.); Bernal Díaz del Castillo (v.) y López de Gomara (v.), historiadores de México; López de Jerez (1504-39 y Cieza de León (v.), del Perú. La historia general de Indias cuenta con fray Bartolomé de Las Casas (v.), principal fautor de la "leyenda negra"; Fernández de Oviedo (v.) y el P. Acosta (v.); y la burlesca con Francesillo de Zúñiga (m. 1532), bufón de Carlos V. En las historias nacionales o de reinados: F. de Ocampo (1495?-1558), A. de Morales (1513-91), Zurita (v.), A. de Santa Cruz (1476-1557?), P. Mexía (1499?-1551), fray Prudencio Sandoval (1553-1620), Luis Cabrera (15591623), Antonio de Herrera (v.) En la didáctica y ensayo se distinguen fray Antonio de Guevara (v.), autor de Epístolas familiares y Reloj de príncipes; los hermanos Juan y Alfonso de Valdés (v.). Preceptistas, gramáticos, filósofos y juristas son: Nebrija (v.), Vives (v.), Arias Montano (v.), Ginés de Sepúlveda (1490?-1573), el Brocense (v. SÁNCHEZ DE LAS BROZAS), Hernán Núñez, conocido también por el Pinciano (ca. 1475-1553). Gran auge alcanzan la ascética y la mística. En menos de 100 años, al decir de Menéndez Pelayo, llegan a imprimirse más de 3.000 libros; la lista de los escritores ascéticos y místicos se haría interminable: además de S. Juan de la Cruz, cima de la poesía, y S. Teresa, destacan Malón de Chaide (v.), fray Juan de los Ángeles (1536-1609), fray Luis de Granada (v.), Alonso de Orozco (1500-91), Alejo Venegas (1493?-1554), Juan de Ávila (v.), Diego de Estella (1524-78), Bernardino de Laredo, etc.La novela sigue varias direcciones: italianizante, con Timoneda (v.), Eslava (n. ca. 1570), Torquemada (m. 1569); la histórico-morisca, desgajada de la épica y de los romances fronterizos, en Abindarráez y Tarifa de Ginés Pérez de Hita (1544?-1619?). Este tema se inserta en la novela extensa como episodio o relato independiente y se cruza con el de cautivos, la tendencia caballeresca, con las continuaciones e imitaciones del Amadís (Palmerines y Primaleones); la pastoril, con autores como Montemayor (v.) y Gil Polo (m. 1585), con las Dianas. Las admoniciones eclesiásticas provocan la aparición de ambos tipos de novela "a lo divino", como sucede con la poesía de Boscán y Garcilaso, por obra de Sebastián de Córdoba. La picaresca se abre con el Lazarillo de Tormes (v.), continuado e imitado; de autor anónimo, el género no se reanudará hasta un año después de la muerte de Felipe II; la novela bizantina que resurge en traducciones la cultivan J. de Contreras, G. de Céspedes y Meneses (1585?-1638), Lope de Vega y Cervantes (v. RENACIMIENTO IV).5. Siglo XVII. El barroco. Señala el auge en todos los géneros en la primera mitad y su inmediata decadencia. En la poesía, junto a cierta contención, se dan dos movimientos extremos: culteranismo y conceptismo (v. BARROCO ni); el primero representado por Góngora (v.), con una doble obra: romances y letrillas (popular y culta), la primera: sonetos, los poemas Soledades y Polifemo, odas y el Panegírico al duque de Lerma, en la segunda; ambas modalidades, como ha demostrado Dámaso Alonso, no responden a un sentido cronológico. Siguen su escuela: J. de Tassis y Peralta, conde de Villamediana (1582-1622), más famoso por la leyenda que por la obra, Soto de Rojas (1584-1658), Polo de Medina (1603-76), Jáuregui (v.), etc. El conceptismo se inicia con A. de Ledesma (1562-1623), autor de Conceptos espirituales, y es Quevedo (v.) su máximo exponente, gran polígrafo y cultivador de todos los géneros. Al margen de estas dos tendencias se hallan los aragoneses, hermanos Argensola (v.), Liñán de Riaza (m. 1607), Francisco de Borja y Aragón, conocido por el Príncipe de Esquilache (15811658), y E. Manuel de Villegas (v.) notable adaptador de los metros clásicos; y los andaluces, Rodrigo Caro (v.), autor de la Canción a las ruinas de Itálica, el capitán Fernández de Andrada, a quien se ha atribuido la Epístola moral a Fabio, F. de Rioja (1583-1659), notable cantor de las flores, y Juan de Arquijo (v.), insuperable sonetista de amplia temática.,pica. Descuellan La Cristíada de D. de Hojeda (v.) y El fosef de J. de Valdivieso (1560?-1638), en lo religioso; El Bernardo de B. de Balbuena (1568-1627), en lo caballeresco; La Mosquea de J. de Villaviciosa (1589-1658), en lo burlesco, y La pintura de P. de Céspedes (15481608), en lo didáctico.Teatro. Tras las polémicas con los preceptistas aristotélicos y los intentos de creación de un "teatro clásico", realizado por Virués, Cervantes, Gabriel Lobo Lasso, Lasso de la Vega (n. 1559), J. Bermúdez (1530?-90?), Rey de Artieda (1549-1613), L. L. de Argensola, triunfa el "teatro nacional" con Lope de Vega y sus seguidores. La obra de Juan de la Cueva (v.), El Infamador, La libertad de España por Bernardo del Carpio y El saco de Roma, señalan una triple temática, novelesca, de historia nacional y hechos contemporáneos que incorporará Lope de Vega (v.). Este dramaturgo (1562-1635) reúne y ordena todos los elementos del teatro anterior; "monstruo de la naturaleza", cultiva, tanto en prosa como en verso, todos los géneros y temas. Junto a él se agrupan los valencianos Gaspar de Aguilar (1561-1623), Guillén de Castro (v.), el canónigo Tárrega (1544?-1602), Ricardo del Turia, seudónimo de P. J. Rejaule (1578-m. después de 1638) Carlos Boyl (1577-1617); los andaluces, Vélez de Guevara (v.), Mira de Amescua (v.) y J. de Enciso (15771617); el madrileño y discípulo predilecto Pérez de Montalbán (1602-38) y el mexicano Ruiz de Alarcón (v.), notable en la comedia moralizadora. Puente entre Lope y Calderón se considera al fraile mercedario fray Gabriel Téllez (Tirso de Molina; v.), creador del tipo de Don Juan (v.) y notable en la pintura de caracteres femeninos y además prosista e historiador. Calderón (v.), más profundo aunque menos extenso que Lope, creador máximo del auto sacramental (v.), lleva las doctrinas filosóficoteológicas de la época al teatro. A su escuela pertenecen Rojas Zorrilla (v.), notabilísimo en lo trágico y en lo cómico; Moreto (v.), acusado con frecuencia de plagiario, pero uno de los más finos comediógrafos; Matos Fragoso (1608-89), Hoz y Mota (1622-1714), Antonio de Coello (1611-82), J. de Cuéllar (1622-después de 1665), A. de Solís (1610-86), etc. Otros dramaturgos, como Bances Candamo (1662-1709), A. de Zamora (v.) y Cañizares (1664?-1728), ecos de Calderón, pertenecen al s. xvlil.En el entremés, puede decirse que destacan todos los autores citados, pero cabe mencionar (aparte de Cervantes) a Quiñones de Benavente (1589?-1651), exclusivo cultivador del género, con más de 200 piezas.La novela. Se centra en Cervantes (v.) autor del Quijote (v.); Cervantes sintetiza todos los géneros y abre nuevos horizontes. Poeta y dramaturgo; en este aspecto le perjudicó el ser considerado el primer novelista de la literatura española. La picaresca (v.) y la cortesana son las dos formas típicas del s. xvii. En la primera sobresalen Mateo Alemán (v.), Vicente Espinel (v.), J. Martí (1570?1604), Quevedo, Carlos García, el anónimo autor del Estebanillo González, etc. Resalta también la picaresca de protagonista femenino, que reafirma el misoginismo del género; se distinguen Castillo Solórzano (1584-1648), Salas Barbadillo (1581-1635) y Alonso Pérez. La novela cortesana (denominación de González de Amezúa) agrupa la más variada temática, pero en líneas generales sigue fiel al modelo creado por Cervantes, y cabe incluir en ella los relatos insertos en los libros de "avisos", "guías", etc. Instruir y deleitar es el propósito de sus cultivadores: Camerino, Pérez de Motalbán (1602-38), Castillo Solórzano, María de Zayas (1590-1661?), A. del Prado, Matías de los Reyes (1575?-después de 1640). Otros tipos novelescos, con predominio de lo didáctico, lo constituyen El Pasajero, de Suárez de Figueroa (1517-1639?); Día de fiesta por la tarde y día de fiesta por la mañana, de J. de Zabaleta (1610-70?); Guía y aviso de forasteros, de Liñán y Verdugo; Día y noche de Madrid, de F. Santos (m. antes de 1700); y El Diablo Cojuelo, de Vélez de Guevara (1574-1644). Mención especial merecen el Poema trágico del español Gerardo o la Historia del soldado Píndaro, de Céspedes y Meneses (1585?-1638); así como las innumerables historias de Cristóbal Lozano (1609-67) y otras de Francisco de las Cuevas, seudónimo de F. de Quintana y Castillo Solórzano que, construidas con la técnica de la novela bizantina, tienen por su estructura cierto parecido con la novela folletinesca del s. xix, es decir, en una obra se insertan los avatares de múltiples personajes.Didáctica e historia. Sobresalen en el primer género Quevedo, Gracián (v.) y Saavedra Fajardo (v.). El primero, aborda todos los géneros, tanto en prosa como en verso, en los que somete a crítica y hasta a sátira, tan inteligente como aguda y despiadada, todo cuanto es objeto de su observación. Gracián, el teorizador del conceptismo (Agudeza y arte de ingenio), ejerce amplia influencia en la literatura europea. Si El Cortesano de Castiglione constituye el tipo del renacentista, El discreto de Gracián, es el prototipo del barroco (v.). Saavedra Fajardo descuella como político antimaquiavelista en Idea de un príncipe cristiano en cien empresas y como crítico literario.En la historia destaca el P. J. de Mariana (v.), discutido teólogo-jurista en Del rey y de la institución real; su Historia de España suministra una serie de temas a los románticos. También cabría señalar historias generales, de reinados y de sucesos particulares: F. Manuel de Melo (1608-66), F. de Moncada (1586-1635), Céspedes y Meneses, fray jerónimo de San José (1587?-1564), Antonio de Solís (1610-86), Antonio Pérez (1540?-1611), etc. En la mística pueden mencionarse sor María de Agreda (1602-65), consejera de Felipe IV, y Miguel de Molinos (v.), condenado por heterodoxia, creador del quietismo (v.); en la oratoria sagrada: Paravicino (1580-1633), fray Cristóbal de Fonseca (1550?-1621) y fray Juan Márquez (15651621), autor del renombrado libro El gobernador cristiano.La preceptiva y crítica literaria (v.) halla amplio campo debido a las polémicas que se suscitan sobre la poesía y sobre el teatro (aristotélicos y seguidores de Lope, y culteranismo y conceptismo). Carrillo de Sotomayor (ca. 1582-1610), López Pinciano (m. después de 1627), Gonzalo de Correas (v.), Caramuel (1606-82), Cascales (15641642) y González de Salas (1588-1654) son las figuras más sobresalientes.J. M. ROCA FRANQUESA.
BIBL.: Historias generales: J. AMADOR DE LOS Ríos, Historia crítica de la literatura española, Madrid 1861-65; J. HURTADO DE LA SERNA y A. GONZÁLEZ PALENCIA, Historia de la literatura española, Madrid 1949; Historia general de las literaturas hispánicas, dir. G. DÍAZ-PLAJA, 6 vol., Barcelona 1949; J. GARCIA LóPEZ, Historia de la literatura española, Barcelona 1967; J. DíEz ECHARRI y 1. M. ROCA FRANQUESA, Historia de la literatura española e hispanoamericana, Madrid 1967; J. L. ALBORG, Historia de la literatura española, Madrid 1967-68; A. VALBUENA PRAT, Historia de la literatura española, Barcelona 1968.
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