España. Cataluña. GEOG.
Categoria:
Geografía
La invasión musulmana desarticuló toda la vida religiosa de Cataluña, a causa fundamentalmente del éxodo de extensos sectores de su población, que prefirió acogerse al refugio de otras regiones cristianas europeas, antes que someterse al dominio sarraceno, no obstante la relativa transigencia de éste hacia las iglesias y comunidades locales. Algunos de estos grupos eclesiásticos migratorios constituirían poderosos focos de cristiandad en las comarcas en que se instalaron, como, p. ej., el tarraconense encabezado por su prelado E. Próspero, que llevó a Liguria las reliquias de S. Fructuoso (v.) y de sus diáconos Augurio y Eulogio junto con el célebre "Oracional Tarraconense". Al englobarse Cataluña en el ámbito del Imperio carolingio, su porosidad a las corrientes francesas al mismo tiempo que la proximidad de la Marca a los territorios musulmanes, harían de ella una encrucijada de caminos culturales de la mayor importancia. La fama de sus monasterios, y en particular de los Scriptoria instalados en ellos, irradiaría por todo Occidente, en el que los nombres de Ripoll, Gerona y Vich alcanzarían un enorme eco. Independizada de la tutela francesa, sus condes (y en particular los de Barcelona) se esforzarían en conseguir la independencia de Narbona de las sedes catalanas, centrando sus esfuerzos en conseguir la completa restauración de la archidiócesis tarraconense. Para alcanzar sus propósitos buscaron el apoyo de los Pontífices, quienes favorecidos por esta circunstancia acrecentaron su poder sobre los territorios catalanes, desligándolos, en el plano cultural, de las influencias francesas. Punto culminante de este proceso (del que fueron eficaces instrumentos los monjes cluniacenses, introducidos en tierras catalanas a partir de la segunda mitad del s. x) sería la enfeudación de Cataluña al patrimonio de S. Pedro (v. ESTADOS PONTIFICIOS). En toda la empresa reconquistadora, los prelados catalanes tendrían un papel de primera magnitud, aportando su concurso al reclutamiento de huestes armadas y a la erección de castillos y fortalezas. Diversas órdenes militares, en especial la de los templarios, contribuyeron también de forma decisiva a ello.Reconquistadas Lérida y Tortosa, se alejó definitivamente el peligro musulmán y la restauración política y religiosa de la región comenzó a cimentarse sobre bases firmes, con la cooperación, muy señalada y de innegable importancia, de diversos núcleos monacales. Como para el resto de las iglesias cristianas peninsulares, el s. xlii revistió gran trascendencia para la catalana que vería concedido por Gregorio IX e Inocencio IV al rey Jaime I el derecho del Patronato Regio, muy limitado aún pero que el paso del tiempo haría robustecer. La misma centuria que asistió al nacimiento de la famosa Orden de la Merced (v. NIERCEDARIOS), destinada a la redención de cautivos bajo el poder musulmán, conoció también la expansión por la geografía catalana de la doctrina albigense (v. ALBIGENSES; CÁTAROS). Otras corrientes heterodoxas aparecieron en tierras catalanas a lo largo de toda aquella centuria y la siguiente. Cataluña, como parte integrante del reino de Aragón, reconoció la soberanía espiritual del papado de Aviñón durante el cisma de Occidente. Los efectos de la crisis disciplinar que sumió a la Iglesia católica (en sus cuadros sacerdotales y jerárquicos) en un acusado estado de postración se revelaron muy intensos en suelo catalán, como lo testimonia, entre otros ejemplos, la ausencia de sínodos en la mayor parte de sus diócesis durante todo el s. xv. Dicha situación alcanzaría su máxima cota con las guerras civiles que asolaron al Principado en tiempos de Juan 11, época en que la mundanización y relajación de las costumbres del estamento sacerdotal fue universalmente denunciada.J. M. CUENCA TORIBIO.
BIBL.: R. D’ABADAL, L’abat Oliba, bispe de Vic, i la seva epoca, Barcelona 1948; F. SOLDEVILA, Historia de Catalunya, Barcelona 1964; J. ZUNZUNECui, La legación en España del Cardenal Pedro de Luna, "Miscellanea historicae pontificiae" VII; J. VICENS VIVES, Juan II de Aragón (1398-1479), Barcelona 1953.
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