España. Arte. ARTE
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Arte
1. Influencia de las grandes civilizaciones. Con el primer milenio, comienzan a influir en E. las grandes civilizaciones europeas. Podemos señalar cinco invasiones célticas sobre la Península y, al mezclarse con los iberos autóctonos, determinaron la gran cultura celtíbera que informa todas las creaciones artísticas hispanas. Las espadas encontradas en la ría de Huelva son un testimonio de la metalurgia céltica en ejemplares semejantes a los encontrados en el centro de Europa, y asimismo la orfebrería, como el casco de Alcaudete y el tesoro de El Carambolo (v.), en Sevilla.En este periodo protohistórico se han encontrado abundantes restos de la civilización griega, singularmente en Ampurias (v.). Vasos de figuras negras y rojas, esculturas como la monumental de Esculapio y cascos hallados en la ría de Huelva y en el Guadalete, tesoros como el de Jávea, nos ilustran sobre la penetración de esta cultura en E.Gran importancia tiene la civilización cartaginesa. Con ella llega a E. un hálito de Oriente fuertemente impregnado de clasicismo griego. El sepulcro antropoide de Cádiz, como muestra escultórica, y el tesoro de la Aliseda (v.), en orfebrería, son testimonios de la importancia de esta cultura.La cerámica que llamamos ibérica es consecuencia de la invención del torno; tiene ilustraciones, bien geométricas o de figuras humanas y de animales. Lo más importante de este arte se encuentra en los vasos de Elche, en los de Azaila (v.) y, singularmente, en los expresionistas de Numancia (v.), anteriores a su caída en poder de los romanos en el 133 a. C.La escultura que podemos llamar celtibérica es una mezcla de influjos célticos, griegos y especialmente púnicos. Como obras excelsas mencionemos la Dama de Elche (v.) y la Dama de Baza, ésta de abolengo cartaginés, y fechables a final del s. iv. A esta cultura pertenece el conjunto de figuras hieráticas del Cerro de los Santos, que son probablemente exvotos.El arte romano deja en E. grandes monumentos, pero, sin un gran carácter nacional. Mencionemos el puente romano más importante, el de Alcántara, construido por Julio Lacer, y el de Mérida; como acueductos, el de las Ferreras (Tarragona) y, sobre todo, el acueducto de Segovia, el más hermoso del mundo. Restos de escultura romana muy importantes se encuentran en Mérida (v.) y sobre todo en Itálica (v. SEVILLA), patria de los emperadores Trajano y Adriano. En las dos ciudades hay restos importantes de teatros y anfiteatros.2. Arte visigodo y prerrománico. El arte nacional español comienza con el periodo visigodo. Se hispaniza el clasicismo, lo mismo en la decoración con la talla a bisel que en las construcciones, con predominio del arco de herradura y con ámbitos complejos, unas veces, y hasilicales, otras. Como ejemplares mencionemos las de S. Fructuoso de Braga y S. Juan de Baños. Arte autóctono de los visigodos en la orfebrería, de la que han perdurado muestras tan importantes como el tesoro de Guarrazar.Con la monarquía asturiana comienza la reconquista española, y ya desde sus comienzos hay en esta monarquía una gran actividad constructiva. De tiempo de Alfonso 11 el Casto se conserva la iglesia de S. Julián de los Prados en Oviedo, de acento basilical; del reinado de Ramiro 1, dos iglesias de gran interés ornamental y constructivo como la de S. Miguel de Linio y la de S. María de Naranco, antes palacio. Un poco posterior es la iglesita de S. Cristina de Lena, y ejemplar precoz de la arquitectura prerrománica es la iglesia de S. Salvador de Valdediós, de tiempo de Alfonso III el Magno. Ejemplares de orfebrería encontramos en la Cruz de los Ángeles y en la de la Victoria.El s. x es de gran riqueza constructiva en España. Su arquitectura podemos dividirla en dos partes: 1) La propiamente mozárabe, con la iglesia rupestre de Bobastro y la de S. María de Melque, aunque ésta puede ser del final del periodo visigodo; ya en Toledo y mezclando elementos mudéjares, existen restos importantes de esta arquitectura en S. Román, en S. Eulalia y en S. Sebastián. 2) La arquitectura que llamamos de la Repoblación continúa la tradición asturiana y a ella pertenecen iglesias tan importantes como la de S. Pedro de la Nave en Zamora, la de Quintanilla de las Viñas (Burgos) y la de S. Comba de Belangue (Orense). Muy típicas de este momento son las de S. Miguel de Escalada, la de S. Cebrián de Mazote, la de S. Pedro de Laurosa y la de S. María de Lebeña. En Cataluña señalemos la muy restaurada de Tuxa y la de S. María de Martell.De este s. x es creación muy importante las miniaturas que ilustran los códices; muestran un feroz aire expresionista con colores violentos. Hay una influencia oriental y otra carolingia, pero su carácter principal lo constituye el celtiberismo exacerbado de sus formas. Las miniaturas más representativas son las que ilustran los comentarios del monje Beato al Apocalipsis. Señalemos como los más importantes el de Magius del 952, el códice de Gerona del 935, el de Balcabado y el de S. Isidoro de León, de tiempo correspondiente al reinado de D. Fernando y Da Sancha.3. Arte musulmán y mudéjar. El arte musulmán español español tiene unas características singulares, derivadas probablemente de su autoctonía ibérica, con raíces en la tradición visigoda. La gran mezquita de Córdoba, fundada por Abderramán I y ampliada en tiempos de Abderramán II, de Alhaquem II y de Almanzor, muestra una organización de muy sutiles complicaciones estructurales, con las columnas soportando los arcos de herradura y otros de entibo. Los arcos enlazados, el alfiz, las dovelas alternadas y, sobre todo, los arcos entrecruzados de la bóveda, correspondientes a la ampliación de Alhaquem II, señalan novedades gigantescas en la historia de la arquitectura. Mencionemos el gran palacio de Abderramán III en Medina Azahra (v.), de enorme variedad ornamental. La fastuosidad decorativa se desborda en las construcciones de los reinos de Taifas, especialmente en las decoraciones en yeso de la Aljafería de Zaragoza, empleándose en arco mixtilíneo de muy complicado perfil.Con posterioridad, el arte almohade representa una contención ornamental y un mayor clasicismo. Como su muestra en E. señalemos la construcción de la Giralda y la Torre del Oro en Sevilla. El arte musulmán alcanza su más extraordinaria potencia decorativa en refinadas yeserías, en complicados ámbitos y en una mezcla de jardines, fuentes y regatos en la Alhambra (v.) de Granada, en la cual se refinan y extreman todas las creaciones musulmanas dentro de su evolución más imaginativa y poética. Añadamos a estas creaciones las de la cerámica de reflejos dorados que se exportaban a todas las cortes europeas, los trabajos en marfil, con talleres en Córdoba y en Cuenca; y los tejidos árabes de gran belleza de motivos, cuyo centro principal de producción estaba en Almería.Este arte musulmán se une al cristiano, con la originalidad más absoluta del arte medieval español. Se fusionan en E. no sólo elementos étnicos distintos, sino artes de antagónica inspiración. Y ello en la más gentil unión, determinando creaciones de gran belleza. Es el denominado arte mudéjar que tiene en algunas regiones como Toledo, con las iglesias de Santiago del Arrabal, las sinagogas de S. María la Blanca y el Tránsito, la Torre de Illescas y otras muchas en esta comarca, una de sus expresiones populares más felices. Sahagún es otro centro de expansión del arte mudéjar. Alba de Tormes, Arévalo, Cuéllar, Toro, castillos mudéjares imponentes como el de Coca y Medina del Campo, testimonian la entraña popular de este arte. En Aragón la influencia mudéjar fue enorme, sobresaliendo la construcción de torres como las de S. Salvador y S. Martín de Teruel, la de S. Pablo de Zaragoza, la de Tauste, la de Ricla, etc. En Andalucía los influjos árabes son mayores y las yeserías son de tipo musulmán. Sirva de ejemplo, entre otros muchos, el Alcázar de Sevilla, de 1334, con su grandioso salón de Embajadores. Las cerámicas mudéjares, en especial las de reflejo dorado, son muy hermosas, mezclándose sus motivos con el gótico. Así ocurre en Manises y Teruel.4. Arte románico. Es el primero de los grandes estilos universales. Y es precisamente en E. donde se encuentran algunos de los ejemplares más representativos. Ello ocurre con la creación de la primera catedral románica: la de laca, levantada a mediados del s. xi, con sus irradiaciones a S. Juan de la Peña y a S. Pedro el Viejo de Huesca. La exaltación hispana del románico la encontramos en Santiago de Compostela, catedral edificada a final del s. xi por los maestros Bernardo el Viejo, Esteban y Bernardo el Joven. Con sus tres naves, sus bóvedas de medio cañón, su gran crucero y su triforio, resume los ideales constructivos del románico. En Cataluña destacan las iglesias de S. Pedro de Roda, la del Castillo de Cardona, la Seo de Urgel y S. Pablo del Campo en Barcelona. En Navarra, la iglesia de Leyre es foco irradiante a todo el país. En Soria, la interesantísima iglesia de S. Juan del Duero con su claustro mudéjar, la de S. Domingo y S. Juan de la Rabanera. En Segovia, mencionemos la de S. Millán, la de S. Juan de los Caballeros y la gran Torre de S. Esteban. Arquitectura románica que en Ávila culmina en la magna iglesia de S. Vicente. El románico tiene en León alguna de sus creaciones más importantes, como la de S. Isidoro, debida al arquitecto Petrus Deustamben. Otras iglesias, como la de La Magdalena y Santiago en Zamora; las de Sepúlveda y tantas otras en diversos lugares de E. son testimonio de la gran riqueza constructiva en los s. xt y xii.En los claustros románicos de tan gran armonía y serena belleza, encontramos una gran floración escultórica, así en los de S. María de Ripoll, S. Cugat del Vallés, S. Juan de la Peña, S. Pedro el Viejo de Huesca, de la catedral de Gerona, de S. Pedro de la Rúa en Estella. Y donde alcanza esta escultura sus más finos relieves es en el de S. Domingo de Silos, cuyos capiteles representan la talla más refinada de toda la Edad Media.La escultura románica se halla, en su mayor parte, adherida a la arquitectura, sin que su separación sea imposible. Así tenemos los bellos relieves de la portada de las Platerías en Santiago de Compostela, los que decoran las fachadas del Monasterio de Ripoll, de Leyre, de S. Domingo de Soria, de Armentia, de Carrión de los Condes. Obra capital en la escultura románica europea es la portada de S. Vicente de Ávila y, a su lado, es igualmente representativa la decoración con estatuas de los Apóstoles de la Cámara Santa de Oviedo. Esta escultura románica culmina y en cierta manera sirve de tránsito a la época siguiente en la obra del maestro Mateo, en la decoración del Pórtico de la Gloria en la catedral de Santiago de Compostela.La pintura románica ha dejado en E. alguna de sus huellas más importantes en ábsides catalanes como los de Tahull; destaca el Cristo, de grandiosa y aterradora majestad. A su lado se encuentran las de Aneu y la Seo de Urge]. En Castilla destacan las de la iglesia de S. Baudilio de Berlanga, con recuerdos orientales; las de Maderuelo, conservadas en el Museo del Prado; y las de S. Isidoro de León, de finales del s. xii. Y todavía con grandiosidad románica, pero ya con un acento más moderno, las conservadas de la sala capitular del monasterio de Sigena.5. Arquitectura de transición y arte gótico. La arquitectura gótica española, aunque con reflejos locales de acento mudéjar, es de gran purismo europeo. La precede la arquitectura cisterciense, que en E. deja algunos de sus ejemplares más monumentales. Se comienzan a emplear ya bóvedas de crucería sencilla y arco apuntado. Es mayor la severidad ornamental. Estos monasterios serán hogares de cultura con grandes librerías, salas capitulares, refectorios e iglesias de gran empaque arquitectónico. Se desarrollan principalmente en la segunda mitad del s. xii y comienzos del xiii. Y como los más importantes podemos citar los monasterios de Poblet, de Santas Creus, de las Huelgas en Burgos, de la Oliva, de S. María de Huerta, de Veruela, de Fitero, de Sobrado, de Osera, etc.A estas construcciones tan sobrias y monumentales hay que agregar otras grandes catedrales que pueden servir de transición al estilo gótico, como las de Sigüenza, Lérida, Tarragona y Ciudad Rodrigo. A este estilo de transición pertenece un grupo muy interesante y de gran sabiduría arquitectónica formado por las catedrales de Zamora, Salamanca y Toro, con sus grandes cimborrios sobre el crucero.Dentro ya del purismo gótico, no debe olvidarse la obra del maestro Fruchel en la catedral de Ávila, y, como primera aportación purista, la de la catedral de Cuenca. La estructura monumental del estilo gótico en nuestro país se manifiesta en la catedral de Toledo, cuya primera piedra se coloca en 1126 y es su maestro el francés Martín. Hacia esta época se levantan la catedral de Burgos y la de Burgo de Osma. Pero la construcción que encarna en toda su pureza los ideales góticos es la catedral de León, con sus formas estilizadas, sus grandes ’ventanales, su decoración escultórica y toda la fraseología francesa de este estilo. En Cataluña, la catedral de Barcelona se comienza en 1298. Gran audacia constructiva es la de la catedral de Gerona, levantada por Guillermo Bofill. Entre otras construcciones debidas a este estilo hay que mencionar: la catedral de Tortosa; la de Palma de Mallorca, con influencias italianas; la de Valencia, iniciada en 1262; la de Pamplona, de muy complicada cabecera; la de Astorga; la de Oviedo, de carácter flamígero; y ya en el s. xv, la magna catedral de Sevilla, una de las más grandiosas del mundo. En Aragón hay un núcleo de acento mudéjar bien visible en las catedrales de Teruel, Tarazona, y la Seo de Zaragoza. En el s. xv hay una exaltación nacional del estilo hispánico con características germánicas, que se manifiesta en la capilla del Condestable de la catedral de Burgos y en los templos de los Reyes Católicos, como S. Juan de los Reyes en Toledo, S. Tomás de Ávila, el Parral de Segovia, la Cartuja de Miraflores, S. María de Aranda de Duero y, ya en su fase más exaltada, el colegio de S. Gregorio y el monasterio de S. Pablo en Valladolid.En su final mencionemos dos de las catedrales góticas más hermosas de toda la cristiandad: la de Salamanca y la de Segovia, construidas ya en el s. xvi.La pintura gótica tiene en E. una evolución semejante a la del resto de Europa, pero con un mayor radicalismo en las formas, que le dan su verdadera personalidad. El influjo de Giotto se manifiesta en el arte de Ferrer Bassa en el Monasterio de Pedralbes. En la segunda mitad del s. xiv es el de Siena el que influye en la escuela de los hermanos Serra, cuyas pinturas se expanden por Cataluña y Aragón. Al final del s. xiv, el estilo amanerado o Internacional, con influjos franceses e italianos y con tendencia a la blandura de las formas, unas veces, y al dramatismo otras, tiene sus principales representantes en Borrasá y Martorell.Ya dentro del s. xv advertimos en Valencia pintores como Nicolau y el más expresionista Marzal de Sachs, de carácter germánico. Obra cumbre de mediados del s. xv es el retablo de la catedral vieja de Salamanca, obra de Nicolás Florentino, y en León, las pinturas de fragante colorido de Nicolás Francés. En la segunda mitad del s. xv ocurre en E. un cambio radical de inspiración, pues al influjo italiano sustituye un arte recio, de fuerte carácter, derivado de influjos flamencos; Luis Dalmau es su primer representante, autor del cuadro de los Concelleres que es una directa versión de Van Eyck. El otro gran maestro de este estilo es, en Aragón, Bartolomé Bermejo, de formas recias y monumentales. En Navarra, Pedro Díaz de Oviedo y en Castilla Jorge el Inglés y Fernando Gallego junto a Jacomart en Valencia, forman un grupo de maestros del más recio carácter, de rasgos enteros y sobrios, que alcanzan su cima en la obra de Pedro Berruguete. Señalemos otros maestros más eclécticos como Huguet en Cataluña y Rexach en Valencia. Mencionemos también a Alfonso de Sedano en Burgos y al Maestro de los Luna en Toledo, que hispaniza el arte germano-flamenco de este periodo.La escultura se adhiere a la arquitectura en las fachadas de las catedrales, como ocurre en las de Burgos y León en el s. XIII, de un clasicismo de muy nobles formas. En el s. xiv, el arte se hace más delicado y de formas más menudas. Así tenemos el de Jaime Cascals, en Cataluña. En el s. xv el influjo es muy complejo, pero sobresalen los escultores de carácter germánico, así Hans de Gmunden, autor del gran retablo de la Seo de Zaragoza; Egas Cueman y Juan Alemán en Toledo; Lorenzo Mercadante de Bretaña en Sevilla y en Mallorca Guillermo Sagrera. Hay ahora un gran frenesí escultórico, que se manifiesta en portadas y retablos y cuyos representantes principales son: Juan Guas en S. Juan de los Reyes; Dancart, que en Sevilla inicia el gran retablo de la catedral; Giralte de Bruselas, en la catedral de Oviedo, y el fabuloso de la catedral de Toledo, según la traza, de Petit Juan. Rodrigo Alemán, con una mezcla de naturalismo expresionista trabaja en los coros de Plasencia, Ciudad Rodrigo y Toledo. Y como final de la exaltación goticista, señalemos la escultura sin rival en el mundo, en su época, de Gil de Siloé, con sus sepulcros de Juan 11 y de su mujer en la Cartuja de Miraflores y con el retablo mayor de la iglesia que es un cosmos teológico.6. Arte del Renacimiento. Se manifiesta en E. en una arquitectura singular, adscrita al llamado estilo plateresco, en el cual, aunque la entrada del monumento es gótica, la decoración es ya de carácter italiano. Esta decoración se basa en los temas de grutescos, que cubren las fachadas, como ocurre en la Univ. de Salamanca y en las Casas Consistoriales de Sevilla. Es imposible resumir el número de construcciones de este momento, pues desde las obras debidas a Pedro González de Mendoza, como el Colegio de Santa Cruz en Valladolid, hasta la época de Felipe 11, la plétora de arquitecturas es tal, que podemos decir que no hay ciudad importante de E. que no tenga algún monumento insigne de este estilo. Hospitales como el de Santa Cruz de Toledo debido a Enrique de Egas, y el de Santiago de Compostela. El gran maestro del plateresco toledano es Alonso de Covarrubias, autor de obras tan fundamentales como el Alcázar de Toledo y muchas decoraciones en esta ciudad. Arquitecto genial es Diego Siloé, autor de la escalera dorada de la catedral de Burgos y después maestro del monasterio e iglesia de los lerónimos y de la catedral de Granada, la más bella de las iglesias renacientes de toda la cristiandad. Su arte se continúa en sus discípulos, los autores de la catedral de Málaga y Andrés de Vandelvira, que trabaja en Jaén y en Úbeda. En Sevilla el arquitecto más famoso es Diego de Riaño, de gran fastuosidad ornamental, como se admira en el Ayuntamiento, en la sacristía y en la sala capitular de la catedral de Sevilla. La gran ciudad del plateresco es Salamanca con su universidad, cuya fachada es de 1530 aprox. Juan de Álava realiza obras primorosas en el convento de los dominicos. El maestro más prolífico de todo el Renacimiento es Rodrigo Gil de Ontañón, autor de obras de ornamentación muy rica y concentrada, como el convento de las Dueñas y el Palacio de Monterrey en Salamanca. La fachada de la Univ. de Alcalá de Henares, hoy derruida, es una de las más completas de todo el Renacimiento. En León, Juan de Badajoz y Orozco tallan las bellas ornamentaciones del convento de S. Marcos. El grandioso cimborrio de la catedral de Burgos es obra de Juan de Vallejo, el cual llega a las mayores exaltaciones no solamente en lo ornamental sino en lo constructivo. En Aragón, mencionemos a los Morlanes, autores de la fachada de S. Engracia y de otras ricas decoraciones en yeso.En la escultura del s. xvi hay que comenzar con una escuela como la de Valladolid, de desaforadas actitudes, de extremismos expresionistas, que tiene su manifestación más concreta en la técnica genial e impetuosa de Alonso Berruguete. A su lado Juan de Juni es un escultor de formas muy patéticas, expresivas del dolor humano, arraigado en Miguel Ángel. El Renacimiento llega a E. traído por algunos artistas italianos, como Domenico Fancelli que trabaja, entre otras cosas, los sepulcros de los Reyes Católicos y del príncipe D. Juan, de un arte delicado y solemne. Torrigiano, rival de Miguel Ángel, y otros artistas como Jacobo y Francisco Florentino.Clasicistas bien formados en Italia son los maestros Diego Siloé y Bartolomé Ordóñez, dejando este último obras en la catedral de Barcelona. En Aragón la escultura del Renacimiento se manifiesta con gran intensidad ya desde el comienzo del s. xvi en Forment, autor de los retablos del Pilar de Zaragoza y de la catedral de Huesca. Los dos son de un fuerte acento clásico. En Andalucía, la escultura renacentista es de gran delicadeza y finura de talla, y su principal maestro es Juan Bautista Vázquez.La escultura decorativa alcanza mayor serenidad a mediados del s. xvi, a través de maestros que han estado en Italia, como Esteban Jordán y Gaspar Becerra, que tienen ya formas romanas. El que en este momento encarna la exaltación romanista, y a quien podemos considerar como el más digno sucesor de Miguel Ángel en Europa, es Juan de Ancheta, cuyas obras en Aragón, Navarra y Vizcaya constituyen la réplica más grandiosa al genio florentino. Obras de carácter ceñudo y enfático que encarnan el catolicismo trentino. Al lado de estos maestros se desarrolla en la segunda mitad del s. xvi un arte de gran belleza pero de frialdad académica; es el de los maestros de El Escorial León y Pompeyo Leoni. León Leoni, autor, ya en tiempo de Carlos V, del Emperador dominando al furor y, en El Escorial, de los sepulcros de Carlos V y Felipe II, con sus graves imágenes orantes. Este arte, por su frialdad académica, deja pocas huellas en E.En la pintura del Renacimiento, no hay en sus comienzos en E. grandes personalidades. La escuela más importante es la valenciana, con Hernando Yáñez de la Almedina y Hernando de los Llanos, quienes recogen de la pintura italiana el influjo de Leonardo da Vinci. Después Juan de Juanes desarrolla las plenas formas renacentistas con una espiritualidad ya más hispanizada. En Andalucía señalemos la personalidad de Alejo Fernández. En Castilla, Juan de Borgoña y Juan de Flandes crean una escuela renaciente de gran personalidad. Alonso Berruguete tiene ya dejos manieristas. Luis de Morales es la expresión más mística de la religiosidad hispana. La escuela de retratistas de la corte, fundada por Antonio Moro, de una elegancia severa y aristocrática, tiene sus principales representantes en Sánchez Coello y Pantoja de la Cruz, pintores de la corte de Felipe II. Como final de este s. xvi, tenemos que colocar la gran personalidad del Greco, en la cual, su origen cretense, su formación veneciana y su estancia en Roma se potencian en el ambiente artístico toledano, en el cual su genio puede explayar una espiritualidad cuyos arrebatos no han sido superados hasta ahora en el arte. Desde su primer cuadro en Toledo, el Expolio, hasta el último, la Asunción de la Virgen, hoy en el Museo de Santa Cruz, su arte es una perpetua exaltación de formas cenitales. Como obra cumbre y central de su carrera, mencionemos el Entierro del conde de Orgaz.7. Los siglos XVII y XVIII. La etapa tenebrista en la pintura española la inaugura el gran pintor valenciano Francisco de Ribalta. Y todavía se exalta en Jusepe de Ribera, que en pleno s. xvti crea en Nápoles una escuela que ha de durar hasta el siglo siguiente. Este mismo claroscuro tenebrista es el que inspira las mejores pintura: de Zurbarán, en quien la crudeza realista está al servicic de las expresiones religiosas más austeras y concentradas. La escuela sevillana, que después de Pedro de Campaña tiene uno de sus principales continuadores en Francisco Pacheco, muestra su genial maestro en Diego Velázquez. El pintor perfecto, cada una de cuyas obras es una pieza maestra. Desde su primera etapa, todavía tenebrista en Sevilla, cada uno de sus cuadros representa un avance técnico respecto al anterior. Los dos viajes a Italia le permiten crear obras representativas de este avance. En el primero, La fragua de Vulcano y La túnica de José. En el segundo, el retrato de Inocencio X. En etapas intermedias además de retratos de reyes y de bufones, hay que situar Las lanzas, y ya en la etapa final, cuadros tan alados en cuanto al toque de pincel, como Las Meninas y Las Hilanderas. Carreño continúa la elegancia áulica de Velázquez, y es Claudio Coello el maestro final de la escuela madrileña. En Andalucía, Alonso Cano es un gran pintor de tendencia ecléctica. El barroquismo y el sentido dramático de la pintura lo encontramos en Valdés Leal y la culminación de esta escuela sevillana en Murillo, cuyas imágenes de la Virgen son el arquetipo de la Inmaculada Concepción.La arquitectura del s. xvii arranca de la severidad romana de El Escorial (v.). Herrera levanta un monasterio, en el cual se concretan los ideales trentinos, romanistas, con pureza matemática. Hereda su estilo Francisco de Mora. El gran arquitecto de la primera mitad del s. xvit es Gómez Mora, que proyecta entre otros edificios, la Clerecía de Salamanca. Toda E. se llena de edificios religiosos, en los cuales la pompa barroca tiene, sin embargo, una entraña arquitectónica severa. Así en Galicia, con los maestros Andrade y Casas Novoa, autor este último de la fachada del Obradoiro en la catedral de Santiago de Compostela. En Andalucía, el barroquismo se hace más complicado, singularmente en Granada, con Hurtado Izquierdo, autor del sagrario de la Cartuja. En Aragón, el templo del Pilar, se construye según planos de Felipe Sánchez y Herrera el Mozo. Al final del s. xvit el gran maestro es José Churriguera. Abre una escuela a la cual pertenecen sus hermanos Alberto y Joaquín. Esta exaltación ornamentista encuentra uno de sus finales en las obras de Pedro de Ribera. La catedral de Cádiz comienza a construirse en 1722 por el arquitecto Acero. Y es Francisco Cabezas el autor de la iglesia madrileña de S. Francisco el Grande. Ya en este s. xvici el neoclasicismo se inicia con arquitectos italianos, como Ardemans, que proyecta el Palacio de La Granja; con Sabatini, autor de la Puerta de Alcalá de Madrid y del Ministerio de Hacienda, y, sobre todo, con los maestros Juvara y Sachetti, arquitectos del Palacio Real.La transición entre el barroco y el neoclasicismo la encontramos en el gran arquitecto Ventura Rodríguez, autor de numerosos edificios, en los cuales se conjuga la jugosidad del barroco y la severidad clásica. El gran arquitecto de este momento es Juan de Villanueva, cuyo clasicismo de frío y severo empaque se muestra en obras a veces de gran complicación de planta, como sucede en el Museo del Prado.De la escultura del s. XVII podemos señalar en sus comienzos a Gregorio Fernández, el escultor más dramático de la escuela de Valladolid. Y ya a mediados de este siglo, la obra de Pereira, de gran nobleza de formas. Es en Andalucía donde esta escultura adquiere mayor personalidad y un patetismo más agudo; la inicia Alonso Cano, de tan intensa sensibilidad, se exalta este humanismo en Pedro de Mena, de tan dramáticos rostros, y continúa en José de Mora. En Murcia, Francisco Salcillo recoge la dulzura de las esculturas napolitanas en tallas de una belleza ideal.La pintura española del s. xviii no tiene grandes personalidades hasta llegar a Francisco de Goya, en quien se inician las rutas del nuevo arte. Aunque en su etapa madrileña de los tapices su genio se adaptó a las exigencias de esta fabricación, después, su potencia imaginativa se exalta y crea obras de alucinante dramatismo y retratos de una intensa caracterización, como el de la familia de Carlos IV. Su arte se hace cada vez más hondo y dramático, culminando en los dos cuadros de Los fusilamientos del 3 de mayo y La carga de los mamelucos. Su técnica impresionista inspira después al arte francés. Y en las Pinturas negras, su expresionismo no ha sido superado en los tiempos modernos. Los grabados son también una parte esencial en su arte por la novedad e interés esencial.8. Los siglos XIX y XX. La pintura del s. xix continúa en E. la tradición de Goya a través de maestros como Alenza y singularmente Eugenio Lucas, de pincelada desenfadada y suelta en temas populares. Esquivel es pintor de retratos, en cuyo género sobresale Federico de Madrazo como el maestro de modelos cortesanos y aristocráticos. Vicente López es un pintor realista, de una técnica sabia y académica. El gran maestro del s. xix español es Rosales que en su Testamento de Isabel la Católica y en la Muerte de Lucrecia, sigue la tradición del Siglo de Oro. Fortuny representa una pintura miniaturizada y de bellos efectos cromáticos. La pintura de historia alcanza en E. una gran importancia, con obras excelsas como La Rendición de Bailén de Casado del Alisal, el Fusilamiento de Torrijos de Gisbert, y Doña Juana la Loca de Francisco Pradilla. Otros maestros notables son Checa, Domínguez, Palmaroli y Moreno Carbonero.El impresionismo español tiene una realidad muy importante en la escuela valenciana, con Pinazo, Francisco Domingo y, sobre todo, Sorolla, cuyos efectos luminosos son de resplandeciente cromatismo. En otros aspectos, y también dentro de esta escuela impresionista, hay que citar a Darío de Regoyos y a Beruete. En la escuela catalana sobresalen Francisco Gimeno y Joaquín Mir, gran colorista, sobre todo de paisajes mallorquines. Y ya en el s. xx, sin poder extendernos por la índole de este estudio, tenemos que mencionar al gran fresquista Sert, cuyas grandes composiciones decoran los más ilustres monumentos del mundo; a Juan de Echevarría, pintor refinado y gran retratista, a Zuloaga, cuyas recias figuras son expresión de la raza; a los retratistas Álvarez de Sotomayor y Benedito; a Solana, autor de esa pintura de gran reciedumbre, popular y dramática al mismo tiempo; y a Vázquez Díaz, de austeras y ascéticas tintas. En Cataluña, la delicada figura de Sunyer y el gran maestro Isidro Nonell, de gran sincretismo en volúmenes y gama pictórica. Y aunque sea sólo una alusión, mencionamos a Dalí, nuestro gran dibujante y pintor surrealista; y a Picasso, cuya variedad y potencia imaginativa le hacen el pintor más excelso de nuestra época.La continuidad de la escuela clasicista de Villanueva la encontramos en arquitectos como Jareño, y su renovación actual, en maestros como Secundino Zuazo, autor de los Nuevos Ministerios. El arquitecto hoy más en boga, en cuanto a estudios y huella en la sensibilidad moderna, es Gaudí, con su desenfrenada imaginación modernista.En el s. xix la escultura no tiene un gran desarrollo, y hay que llegar a una época más reciente para encontrar autores como Benlliure, Mateo Hernández, Asorey y, especialmente, julio Antonio, escultor de los bustos de la raza, de un sereno realismo. Victorio Macho es creador de esculturas del más hondo humanismo; el clasicismo de acento moderno está representado por José Clará. En la escultura contemporánea podemos decir que el más genial e innovador es Pablo Gargallo, que idea la gran novedad de sustituir el macizo por el hueco. Los sistemas de abstracción de julio González han servido de modelo a la plástica de hoy.V. t.: ARTE ESPAÑOL CONTEMPORÁNEO; y los artículos de la casi totalidad de los estilos, escuelas y artistas citados en el texto, con su correspondiente bibliografía.J. CAMÓN AZNAR.
BIBL.: Puede consultarse la contenida en la obra Ars.
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