Esmaltes. Arte. ARTE
Categoria:
Arte
Los e. son vidrios coloreados compuestos de sílice y óxidos metálicos colorantes: antimonio, plomo, plata (amarillos); hierro (rojo); cobre (verde); cobalto (azul); manganeso (violeta); cinc (blanco). Si los e. contienen cinc o arsénico, son opacos; en caso contrario, traslúcidos. Son brillantes y duros; funden de 700 a 850°. Empléanse además materias vítreas sin color, fundentes, para facilitar la adherencia o recubrir la obra terminada. Los e. se aplican sobre objetos o planchas de metal: plata u oro, los menos; cobre, lo más frecuente, o hierro.l. Tipos de esmaltes. Por su técnica se dividen en alveolados o tabicados, campeador o excavados, traslúcidos o transparentes y pintados. Los objetos decorados con e. son variadísimos.Los e. tabicados constituyen el procedimiento más antiguo y, también, el bizantino; se ejecutaban sobre oro o plata, poco sobre cobre; siguiendo las líneas del dibujo elegido se colocaban, perpendicularmente soldadas, laminillas finas o tabiques; los compartimientos resultantes se llenaban con polvos de e. de diversos colores convenientemente preparados, fundiéndolos en el horno, operación que se repetía hasta llegar al nivel necesario, puliéndose luego la superficie. Los e. excavados son los románicos, excluida Bizancio. Se aplican generalmente al cobre, excavando a cincel un dibujo; la técnica es la precedente; luego se le agregaban figuras o cabezas de bronce dorado y cincelado en relieve; estos e. solían dorarse para evitar la oxidación del metal. Los e. traslúcidos o transparentes corresponden a la época gótica y al Renacimiento y dejan ver el fondo a su través; se aplican a grabados y bajorrelieves o a figuras de bulto en plata: a veces se esmalta el fondo. De igual técnica es el e. lemosín, llamado impropiamente pintado: sobre una superficie metálica revestida de fundente se coloca una capa fina de polvos de esmalte de colores diversos, realizándose con ellos un cuadro o figura, sin que haya separación entre los colores; variantes son: la grisalla, que sólo lleva e. blanco sobre fondo negro, o viceversa, dándose a veces "veladuras de color" (Renacimiento); y los paillons o trocitos de planchita de oro o plata colocados adecuadamente para obtener un efecto brillante; finalmente, con pincel y negro de iridio y con oro molido con esencia grasa se trazaban las líneas de las figuras, escenas y paisajes. Los e. pintados: son los más modernos, del s. xvii hasta hoy. Su cuna fue Ginebra. Se emplea el pincel y la técnica es semejante a la de los decoradores de porcelanas: sobre una superficie ya esmaltada se pinta con colores finamente molidos con esencia grasa. Se secan lentamente y se fijan al fuego a menor temperatura que para los anteriores, recubriéndose después con fundente.2. Historia. Los primeros e. pertenecen al antiguo Egipto; son alveolados y excavados en oro y cobre; sobresale el pectoral de Ramsés II (XIX dinastía; El Cairo) y diversos objetos de adorno (colgantes, brazaletes) de típico azul turquí, blanco y rojo. Escasas muestras corresponden a griegos y etruscos (collares, pendientes, broches, botones, frasquitos). Los e. medievales más ricos y perfectos fueron los bizantinos (s. VI-XII), tabicados en oro y, algunos, en cobre: así, las placas que decoran la Corona de hierro donada por Teodelinda, reina de los longobardos (s. vil) a la catedral de Monza; el Paliotto o altar cuadrado de oro en S. Ambrosio de Milán, firmado por Volvinius en el 835; y la Pala d’oro o gran retablo rectangular (2 por 3 m.) del altar mayor de S. Marcos de Venecia, la pieza más importante por su tamaño y decoración (sobre oro y plata dorada) entre todas las de orfebrería esmaltada medieval. También notables son la Virgen Nicopea (S. Marcos de Venecia); el S. Teodoro del Ermitage (Leningrado); el Relicario de la Santa Cruz en Limburg; y la Corona de Carlomagno y joyas en el Tesoro de Viena. Los e. bárbaros son excavados (cobre), pobres, pero a veces muy decorativos; proceden generalmente de tumbas (s. ii a. C. al vii d. C.) en las Galias, Bretaña y orillas del Rin y del Danubio; así, p. ej., el hallazgo de Polden Hill, Somerset (Museo Británico), de broches, hebillas y frenos de caballo en e. rojo vivo.En la época pre-románica (s. x-xi) en los monasterios renanos se trabajó el e. tabicado, incluso hasta en el s. xii; ello se debió al matrimonio de Otón II con la princesa bizantina Teofanía, nieta del emperador Constantino Porfirogeneta, que aportó -en su dote magníficas joyas de aquel arte y llevó en su séquito a Tréveris algunos artífices de su país. Son ejemplos las dos cruces que la abadesa Matilde 11 regaló al monasterio de Essen (998-1002); los evangeliarios de la catedral de Milán y Biblioteca de Munich; del s. xli, las dos arquetas del tesoro de Aquisgrán, y el Relicario de la Sainte-Foi de Conques.Los e. románicos (s. xi-xli, prolongándose su estilo en el xiii), son excavados sobre cobre; los e. renanos dedican tanto espacio a la parte decorativa como a la figurativa; los de Limoges, más a la figurativa, con asuntos de la vida de Cristo y de los santos. Las más características obras (a veces firmadas y fechadas) son: de los primeros, la Cruz de S. Omer, por Godofredo de Claire, y el altar (retablo) de Klosterneuburg (villa próxima a Viena), por Nicolás de Verdún, la pieza más importante en e. excavados, ya goticista; el altar portátil del Tesoro de los Güelfos (Colonia) está firmado por Eilbertus y, también allí, el Relicario en forma de templete bizantino con cúpula central (otro en el Victoria y Alberto, Londres). Las obras esmaltadas de Limoges son innumerables en todos los museos y colecciones; la situación geográfica en el camino hacia Santiago y hacia Conques y su propia peregrinación a S. Marcial hicieron muy popular su industria. Los ejemplares más notables son los retablos: los más completos se hallan en España: el de S.Miguelin Excelsis en Aralar (Navarra), y el de Orense; las arquetas, númerosísimas, rectangulares y con tapa de tejadillo, presentan los asuntos sobre fondos esmaltados con diversidad de motivos, advirtiéndose la presencia española en la típica decoración de hojas de origen musulmán, llamadas atauriques y en los dibujos vermiculados o arabescos: sobresale por sus dimensiones el cofre de Ambazac, arqueta-relicario; las placas tumbales son muy características, p. ej., la de Godofredo Plantagenet, s. xu (Museo de Le Mans); efigies de la Virgen y el Niño: las mejores están en España, como la de la Vega en Salamanca, de Artajona (Navarra) y la de Husillos (Palencia); tapas de Evangeliarios, cruces, báculos, palomas eucarísticas, copones, incensarios, candelabros, platos, gemellones y pinjantes o medallas para guarniciones de caballos y perros fueron su catálogo. Su estilo artístico es el románico, incluso en época ya gótica.Esmaltes góticos. Decaen los e. en el segundo tercio del s. xiii y renacen con nuevos caracteres en el s. xiv: su técnica es la traslúcida, aplicada a placas de plata cinceladas o grabadas; el país creador fue probablemente Italia, donde se conservan los ejemplares más bellos, pero también se hicieron en Francia (París, Montpellier), en la Corona de Aragón (Barcelona, Mallorca) y en Alemania; del s. xiii son el cáliz que regaló el papa Nicolás IV al monasterio franciscano de Asís; del xiv las placas que se aplicaron al altar de la catedral de Pistoya por lacopo Ognabene; y el gran Relicario del Milagro de la Sangre de 1,80 m. en la catedral de Oviedo; entre las obras francesas destacan la Virgen de la Reina Juana de Évreux (Museo de Cluny) y la Real Copa de oro con tapa cónica, del British Museum, totalmente cubierta de e. (Vida de Santa Inés); de Alemania, el relicario en forma de Calvario (Schlossmuseum, Berlín), y el báculo de la catedral de Colonia. Sobre figuras de bulto, el famoso caballito de oro (Goldem Rossel), de 1403, en la Santa Capilla de Altótting (Baviera), monumento votivo de 58 cm. de altura.Esmaltes del Renacimiento. Suelen llamarse pintados aunque no se emplea el pincel sino por excepción. Esta modalidad surgió simultáneamente en Venecia y en Limoges, influida por la de los vidrios esmaltados de ambas localidades; en Limoges alcanzó su mayor esplendor, por lo que suelen denominarse e. lemosines. Se hicieron cuadros, piezas de vajilla, piezas decorativas (centros, jarrones, cofrecillos) y joyas. Los asuntos son religiosos al principio (escenas de la Pasión y del A. T.) y góticos, ya que comienzan en el s. xv; en el s. xvi, los temas son mitológicos, simbólicos, guerreros (batallas), además de magníficos retratos. En general, todo ello es copia de las obras de grabadores y pintores tales como Durero, Lucas de Leyden o Rafael. Es imposible citar la infinidad de e. de esta clase que se conservan en todos los museos y colecciones: recordaremos el S. Jorge a caballo matando al dragón del Tesoro de la Residenz (Munich), obra probable de Hans Reuner (1555 a 1604).En cuanto a los artistas lemosines, forman dinastías familiares que se han hecho famosas: los Monvaerni (denominación convencional); los Penicaud; los Noyllier; los Courteys, los Court, etc.; los más famosos fueron los Penicaud y Leonard Limousin (1505-76), la figura más conocida y gloriosa por su exquisito arte (grutescos).Esmaltes barrocos. Continuaron los e. lemosines repitiendo y recargando los modelos del siglo anterior con maestros como Poncet y los Laudin, que se prolongan hasta entrado el s. XVIII. Pero la nueva modalidad, los e. pintados o pintura con e., alcanza con el ginebrino Jean Petitot (1607-91), un gran renombre y una difusión y aceptación que no se abandonan ya. Petitot logró gran fama al pasar a Londres: es famosa la serie de retratos del rey Carlos I y de los personajes de la corte; a la muerte trágica del soberano marchó a París, donde trabajó también para la corte y los grandes señores. Muchos fueron ya los artistas dedicados a la producción de retratos y a la decoración de relojes y cajitas, prolongándose todo ello durante el s. xviii y siguiendo sus estilos artísticos.El siglo XIX deja en muy último plano los e. Los finales de siglo inician una "reconquista del oficio" (Juaristi), pero la tradición se había perdido y los conocimientos se adquieren lenta y difícilmente, rompiéndose aquella unión de orfebres y esmaltadores que tantas obras maestras realizaron desde el mundo bizantino hasta el barroco (s. XVII).En el siglo XX el arte del e. es puramente individual, por vocación personal de un artista; además, la industria realiza las obras que el comercio exige; instituciones docentes, sin embargo, incluyen en sus enseñanzas el arte de la esmaltería.Los esmaltadores actuales suelen conocer todas las técnicas, aunque las de uso más frecuente son la excavada o la pintada; las influencias artísticas son las que impone la pintura en cada momento: impresionista, cubista, picassiana y, actualmente, la expresivista o arte nuevo.3. Los esmaltes orientales. Persia e India, países que tan perfectamente trabajaron los metales, no parecen haber realizado e., así como tampoco la Arabia antigua, de la que apenas se conservan algunas piezas. China, al contrario, es el país tipo, con productos perfectos de técnica alveolada de los s. xvi al xviii, en toda clase de objetos, ya sean de superficies planas, curvadas o angulares; van decorados con flores, ramajes, pájaros fantásticos, mariposas, etc., ornamentación típica, complicada y de exquisito dibujo y rico colorido (Museos de Artes Decorativas, París; Victoria y Alberto, Londres). Desde el s. XVIII el e. chino se hace pintado, al modo de la porcelana.4. Los esmaltes en España. No es España un país de producción de e. con proyección internacional, pero sí de acusada personalidad en obras aisladas o épocas determinadas. Los resultados arqueológicos no apoyan la existencia de e. en los broches de cinturón del periodo ibérico ni en los de época visigoda. Prerrománicas son la Cruz de la Victoria en plata dorada, donación de Alfonso III el Magno a la Cámara Santa de Oviedo (s. ix) y el Cáliz de Doña Urraca de la Colegiata de S. Isidoro de León (s. xi) en ónice y oro, ambas con pequeños e. alveolados. Para Gómez Moreno, Artíñano, Leguina, Juaristi y Hildburg, pueden ser españoles, realizados en el Castillo de Gauzón, taller real. Del s. xi, y ya de arte románico, es la encuadernación de plata repujada con figuras de bulto en marfil, decorada con filigrana, pedrería y piececitas de e. tabicados del Evangeliario de la Reina Felicia de Aragón (Museo Metropolitano, Nueva York). En los e. románicos españoles ocupa el primer lugar (Hildburg) el taller aislado en el monasterio de Silos (s. XII), en el que se producen las obras de mayor entidad de la esmaltería medieval española, con notas típicas que no aparecen en Limoges ni en los talleres del Rin y del Mosa. Son el llamado Frontal de Silos (Museo de Burgos), que Gómez Moreno fundamenta como recubrimiento de la tumba del Santo, obra de finura y elegancia exquisitas y de un colorido suave y brillante; las dos placas sueltas de la encuadernación de un mismo Evangeliario (J. Ferrandis), conservadas respectivamente en el Museo de Cluny (París) e Inst. de Valencia de don Juan (Madrid); y, como españolas, considera Hildburg la Virgen de la Vega (Salamanca) y la de Husillos (Palencia), con los tronos ricamente esmaltados.En Aragón, al parecer, se producen e. durante los s. xui y xiv, con toscos dibujos, rostro leonino en el Cristo y colores agradables: ejemplar característico es la encuadernación del Evangeliario de Tortosa. De talleres desconocidos son muchas monturas sencillas de bronce esmaltado de cajas y arquetas: las chapas de la arqueta de marfil procedente de Silos (Museo de Burgos) y las que adornan el centro y brazos de muchas cruces castellanas y catalanas hechas en Burgos y en Barcelona (Juaristi), en los Museos Arqueológico Nacional, de Burgos, Municipal de Barcelona y Lázaro Galdiano. Especialidad barcelonesa fue la producción de pinjantes o jaeces; colección excepcional es la del Inst. de Valencia de don Juan, Madrid. De e. bizantinos sobre oro se conservan varias chapas sueltas en el Museo Lázaro Galdiano; y sería interminable la enumeración de las obras románicas de Limoges existentes en España; son las principales el magnífico retablo de S. Miguel in Excelsis (sierra de Aralar, Navarra), el retablo, deshecho, de la catedral de Orense y detalles de la estatua yacente del obispo D. Mauricio (Burgos). Los -museos citados, más el Episcopal de Vich, algunas catedrales (Burgos, Huesca) y El Escorial conservan arquetas, píxides, incensarios, candelabros, navetas, cruces, relicarios, báculos, tapas de encuadernaciones, platos y gemellones.Los árabes españoles no supieron esmaltar (Juaristi) y no se encuentran ejemplares hasta el s. xiv en el reino granadino (colgantes de collar, pinjantes, placas de cinturón): del s. xv son los primorosos puños y vainas de espadas granadinas (Cabinet des Médailles, París), aunque se duda si fueron importados de Oriente y aquí sólo se les ponía la hoja. Muchas catedrales, monasterios y museos españoles poseen buena colección de cruces, custodias, cálices, etc., de e. traslúcidos; la pieza más importante es la arqueta del Sacramento (Guadalupe), restos del altar de plata, fundido para moneda por Juan I: los e. son italianos y bellísimos; recordemos también los relicarios de Roncesvalles en forma de tablero de ajedrez; el del emperador bizantino Miguel Paleólogo; del s. xv, en la catedral de Pamplona; el de la Santa Espina, etc.Los inventarios distinguen unos e. que llaman aragoneses: se consideraban éstos los que reflejan pinturas de primitivos catalanes (Ferrer Bassa, Pedralbes) en la modalidad lemosina del e. pintado: son de dibujo más rudo, coloraciones más contrastadas y rojos y negros más abundantes. En el s. xvi destacan dos grupos: el de Zaragoza,con portapaces y cruces, y el de Daroca, con polípticos o retablitos con escenas de la Pasión (Museos Arqueológico Nacional y Lázaro Galdiano; iglesia de S. Pablo, Zaragoza).En cuanto a los e. lemosines de los s. xv y xvi, se conservan en España piezas de primer orden, como los Trípticos, denominados de Morgan por su anterior poseedor (Museo Lázaro Galdiano, Madrid) y del Gran Capitán (Museo de Bellas Artes, Granada), éste repetidamente atribuido a Nardon Penicaud y aquél firmado por el artista; ambos muy bellos en la composición, técnica finísima y exquisitas transparencias y matizaciones de color, con asuntos de la Pasión del Señor. La colección Lázaro Galdiano es excepcional en esmaltes; al ciclo de Juan I Penicaud se atribuye el Tríptico, también con escenas de la Pasión aunque de asuntos diferentes; y a Juan 11 Penicaud la preciosa placa con la Adoración de los Magos, inspirada en un grabado de Durero y otro de Lucas de Leyden; asimismo son muy notables algunas piezas atribuibles a C. Noyllier (discos con los retratos de Carlomagno y Julio César); a los Courtoys o Courteys (platos de Laban y de Antígona, por Pierre Courteys) la hermosa copa con el Paso del Mar Rojo firmada 1. C. (¿Jean Courtoys?); de Bernard Limousin señalamos el retablo con la historia de Dido.Los e. pintados ginebrinos (s. xvif a xviii) tienen nutrida representación en España en los museos que venimos citando; relojes, tabaqueras, bomboneras, etc. Siguen así durante el s. xix (estilos imperio y romántico). Actualmente se emplean todas las técnicas y la química ha simplificado su manejo (v. in).V. t.: ORFEBRERÍA.M. LÓPEZ SERRANO.
BIBL.: V. JUARIsri, Esmaltes, con especial mención de los españoles, Barcelona 1933 (bibl. que recoge todo lo importante anterior a esa fecha); M. GóMEZ MORENO, La urna de Santo Domingo de Silos, "Archivo Español de Arte" (1941) 493-502; 1. HERNÁNDEZ PERERA, Los esmaltes románicos y su origen español, "Goya" 11 (1956) 297-303; W. J,. HILDBURGH, Medieval Spanish enamels, Cxford 1936; M. CH. Ross, The earliest Spanish Cloisonné Enamels, Nueva York 1942; íD, Esmaltes catalanes de los siglos XII y XIII, "Archivo Español de Arte" (19’41) 181-184.
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