Epilepsia. Medicina. MEDICINA
Categoria:
Medicina
1. Concepto y clases. Enfermedad que se caracteriza por estados de súbita pérdida de conciencia, con movimientos convulsivos, expulsión de espuma por la boca y mordedura de lengua. Conocida desde hace 4.000 años, se menciona en las tablas de escritura cuneiforme de Nínive, bajo el nombre de Labusa. El carácter enigmático de esta dolencia dio ocasión para considerar a los enfermos como santos (morbus hacer). Hipócrates (v.) reconoció este trastorno como una enfermedad y además le dio el nombre con el que se la conoce hoy día, que significa `atrapar o hacer presa’. Actualmente se ha podido comprobar que la e., en un 95% de los casos, es secundaria a una lesión del cerebro. El 5% restante no guarda relación con lesión anatómica alguna, por lo que se denomina e. esencial o primitiva. La causa de esta última ha sido siempre oscura y discutida; quizá pudiera corresponder a un trastorno cerebral metabólico.Entre las causas de ataques epilépticos, se pueden señalar: las irritaciones del cerebro por cicatrices producidas en el parto o en otro traumatismo; las meningitis o encefalitis (v. CEREBRO Y CEREBELO), que dejan, en ocasiones, zonas de irritación que en el futuro causarán ataques convulsivos; las enfermedades en que se produce una degeneración de tejido nervioso; los tumores cerebrales o cualquier tipo de proceso que se desarrolle en el cerebro formando una masa extraña al tejido cerebral; y las intoxicaciones por alcohol, exceso de medicaciones o venenos exógenos. Según la modalidad de la crisis epiléptica, se pueden diferenciar los síndromes siguientes:Ataque epiléptico gran mal o crisis corticales. Algunos pacientes presienten que van a tener la crisis: tienen una sensación subjetiva llamada aura, que puede consistir en una visión especial, un olor raro o movimientos anormales; pero en la mayoría de los casos aparece de forma inesperada, se oye un grito desgarrador y a continuación el enfermo cae al suelo, la cara se desfigura, la respiración se detiene, hay una rigidez muscular total seguida de movimientos convulsivos de brazos y piernas que agitan bruscamente todo su organismo; durante estos momentos se muerde la lengua y en ocasiones se orina. Después van cediendo los convulsiones y, finalmente, el enfermo queda completamente relajado, volviendo la respiración a la normalidad. Todo el proceso suele durar entre uno y cinco minutos; al despertar, el enfermo no recuerda nada, se encuentra cansado y en ocasiones le sobreviene un sueño reparador. Estas crisis generalizadas se producen por irritaciones de los centros profundos del cerebro, que activan ambos hemisferios cerebrales. Cuando se presentan de manera continuada y un ataque sucede a otro sin interrupción, se denominan estados epilépticos; suelen ser muy peligrosos y a veces terminan con un fallo cardiaco que acaba con la vida del paciente.
La epilepsia jacksoniana, descrita por Jackson (1861), consiste en crisis convulsivas de un solo lado del cuerpo, difundiéndose en ocasiones a otro miembro del mismo lado; suele comenzar por el pulgar, dedos, muñeca, brazo y cara. El enfermo generalmente está consciente durante estos episodios. Después puede generalizarse y pierde la conciencia. En estos casos existe una irritación en la circunvolución motora del lóbulo frontal. Cuando la lesión se asienta en la región parietal del cerebro, a nivel de la zona de representación sensitiva, los ataques consisten en sensaciones de hormigueo en el pie que luego se extienden por todo el hemicuerpo. Las lesiones del lóbulo occipital producen e. que comienzan con alucinaciones ópticas, visión de colores, cuerpos extraños, etc. La e. del lóbulo temporal o psicomotora consiste, en ocasiones, en un estado de percepción en el que el paciente nota un olor o sabor especial. Otros pacientes tienen la sensación de haber vivido todos los acontecimientos con anterioridad.Crisis subcorticales o centroencefálicas. Se producen a partir del neuroeje que Herrick definió como el encéfalo a excepción del cerebelo y corteza. Penfield y Jasper clasifican los ataques como: pequeño mal, pequeño mal mioclónico y automatismos.Los ataques de pequeño mal son accesos menores en los que el enfermo nota una breve interrupción de la conciencia, no sabe lo que hace en ese momento, mira al vacío, y la cabeza cae hacia adelante; todo ello dura breves segundos y a continuación el enfermo continúa haciendo una vida normal, sin alteración. En ocasiones se producen algunos movimientos durante la crisis. Los ataques de pequeño mal, que suelen aparecer entre los 4 y 12 años y no ceden a la medicación anticonvulsiva, se denominan picnolepsias. Los ataques no afectan ni psíquica ni físicamente al niño y ceden espontáneamente para no reaparecer.El automatismo psicomotor consiste en pérdida de conciencia que puede ir seguida de amnesia; el sujeto se torna irracional, discute, lucha, manosea las ropas, etc. Al terminar el ataque ha olvidado todo y actúa con despreocupación, como si no hubiera ocurrido nada, reanudando sus actividades donde las había dejado.El estado crepuscular (v. II, 4) se produce en enfermos epilépticos que desarrollan funciones diversas (trabajos variados, salen de viaje, efectúan compras, etc.), en un momento de amnesia; el volver en sí no recuerdan nada de lo que les ha sucedido, se encuentran en diferente ciudad o en condiciones anormales para su personalidad habitual.2. Diagnóstico y tratamiento. Como resultado de los estudios de Berger por medio del electroencefalograma (v. ELECTROENCEFALOGRAFÍA), se ha demostrado que existen factores hereditarios que predisponen a padecer ataques convulsivos. El electroencefalograma constituye un elemento esencial para el diagnóstico y valoración de la frecuencia y tipo de e., comprobando si las crisis son o no provocadas por una lesión focal, o tienen base generalizada desde el troncoencéfalo. Desde el punto de vista del diagnóstico, el electroencefalograma es un procedimiento de sumo interés para diferenciar el tipo de e. que padece el enfermo y, mediante estudios reiterativos, poder comprobar cada seis meses la evolución de la enfermedad después del tratamiento. El tratamiento de la e. supone una vigilancia periódica por parte del médico, comprobando las variantes que puedan producirse en los síntomas e introduciendo diferente medicación en los casos en que no remita la crisis. El enfermo epiléptico debe llevar una vida tan normal como sea posible (v. II, 5).En el tratamiento de las crisis de gran mal, el fenobarbital, juntamente con la hidantoína. suelen dar buenos resultados. En el caso de que persistan las crisis, debe asociarse mysoline a esta medicación. En las crisis del pequeño mal se recomienda el tridione o paradione, y puede añadirse ácido glutámico y anfetaminas a la medicación anterior, cuando no se obtienen buenos resultados. No se deben dar hidantoínas. Con frecuencia se presentan crisis combinadas de gran y pequeño mal. Naturalmente, interesa tratar, sobre todo, las crisis de gran mal; en estos casos, y teniendo en cuenta que las crisis de pequeño mal, al repetirse, originan las de gran mal, debe ponerse un tratamiento con tridione y fenobarbital, no dando hidantoínas que agravarían el problema.Durante el ataque agudo con convulsiones, nada puede hacerse por impedir el progreso del mismo; deben tomarse, sin embargo, medidas para impedir que el paciente se golpee, poniendo algo blando, como una almohada, para evitar los golpes en el occipucio. No se debe sujetar al enfermo con exceso, ya que pueden producirse fracturas o dislocaciones al agarrar con fuerza las extremidades para controlar los movimientos convulsivos. Si es posible se intentará meter pañuelo, goma o similar en la boca, para evitar los cortes de lengua al morderse.J. L. PANIAGUA LÓPEZ.
BIBL.: G. PETERS, Patología especial del sistema nervioso, Madrid 1961; W. PENFIELD y H. JASPERS, Epilepsy and Functional Anatomy ol the human Brain, Boston 1954; F. M. FORSTER, Terapéutica moderna en Neurología, Buenos Aires 1960.
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