Enrique III de Inglaterra
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Biografía GER
Rey de Inglaterra en 1216-72, n. en Winchester el I oct. 1207, hijo del rey Juan (v. JUAN SIN TIERRA) y de Isabel de Angulema, siendo coronado el 28 oct. 1216 en Gloucester, donde los barones leales nombraron a Peter des Roches, obispo de Winchester, tutor suyo y a Guillermo el Mariscal, conde de Pembroke, regente. Guillermo recibió el apoyo del Papa a través del cardenal legado Guala, recuperando para su causa el favor de muchos barones rebeldes al volver a publicar una versión revisada de la Carta Magna (v.). Pudo así expulsar a los invasores franceses, bajo el mando del príncipe Luis y comenzar la restauración de la ley y el orden, completando la tarea después de su muerte (1219) el Justicia Mayor Hubert de Burgh, que gobernó Inglaterra hasta 1232 con el apoyo del card. Pandulfo, del arzobispo Esteban Langton, de los grandes barones, y del propio E., naturalmente, que llegó a su mayoría de edad en 1227.Gobierno personal. Enrique fue un hombre piadoso, con una gran devoción a S. Eduardo, cuya iglesia-abadía de Westminster mandó reconstruir; era sutil, de lengua afilada y caprichoso, pero mal juez de la valía de las personas, depositando su confianza en unos pocos y desconfiando de los demás; aunque muy consciente de su realeza, carecía de la firmeza y entusiasmo para gobernar que tuvieron primero su padre y luego su hijo. Fue incapaz de ganarse el respeto y la confianza de sus barones, los cuales habían gozado de gran predicamento en el Gobierno durante su minoría, y no estaban dispuestos a dejar a sus decisiones particulares los problemas políticos de importancia y el control de la, cada vez mayor, maquinaria fiscal y judicial del Gobierno central y local. El periodo 1227-58 fue testigo de continuas tensiones entre el rey y los diferentes grupos de sus barones respecto a tres puntos: política exterior, distribución de impuestos y cargos, y el control de la administración.En 1232 E. destituyó a Hubert de Burgh e intentó gobernar totalmente con un consejo de miembros elegidos por él mismo, pero en 1234 los barones les obligaron a aceptar consejeros designados por ellos y este conflicto de voluntades continuó a lo largo y ancho del reino, yendo en aumento los recelos de los barones que pedían la reedición de la Carta Magna, consulta regular al Gran Consejo de magnates por parte del rey y que se tuviese en cuenta la opinión de los barones en los nombramientos de Canciller, Tesorero y justicia Mayor.El 14 en. 1236 E. se casó con Leonor, hija de Ramón Berenguer, conde de la Provenza, pero levantó una nube de protestas por su generosidad para con los parientes de su esposa (p. ej., Bonifacio, nombrado arzobispo de Canterbury), con sus hermanastros de Lusignan y con Simón de Montfort, hijo del cruzado del mismo nombre, a quien hizo conde de Leicester, casándole con su hermana Leonor (7 en. 1238). Aumentaron las protestas al incrementarse las provisiones pontificias, según las cuales los beneficios eclesiásticos ingleses eran concedidos por los Papas muchas veces a clérigos extranjeros absentistas y siempre en detrimento de los señores locales que tuvieran el derecho de patronazgo. E. apoyaba este sistema y se arregló con el Papa para la exacción de mayores impuestos al clero inglés en beneficio suyo y del Papa. No es de extrañar que Mateo Paris, un monje del monasterio de S. Albano y el mayor cronista de su época, construyese una leyenda negra alrededor de E. que ha durado hasta nuestros días.La xenofobia de los barones se completó con su indiferencia hacia la ambiciosa política exterior de E.: quería éste reconquistar los dominios de su abuelo en Francia, pero al no apoyarle sus barones, fracasó en 1230 y 1242 (derrota de Taillebourg) y por la paz de París de 1259 se le obligó a reconocer la pérdida de Normandía, Maine, Anjou y Poitou. Gascuña fue mantenida -a pesar de las rebeliones que allí se produjeron- por el férreo gobierno de Simón de Montfort (1248-52), pero E. prestó oídos a las acusaciones de los gascones contra Simón y le mandó juzgar (mayo 1252); aunque salió absuelto, Simón fue a partir de entonces enemigo de E. El propio E. fue en 1253 a defender Gascuña contra Alfonso X de Castilla, pero se hizo la paz mediante el matrimonio del primogénito de E., Eduardo (v. EDUARDO III DE INGLATERRA) y la hermanastra de Alfonso X, Leonor (1254). En aquel mismo año, Inocencio IV, buscando romper el poder de los Hohenstaufen en Italia, persuadió a E. que aceptase el reino de Sicilia para su hijo menor, Edmundo, pero el rey de Inglaterra fue incapaz de sustentar la pretensión, desistiendo en 1257 y no quedándole más que enormes deudas con el Papa.La rebelión de los barones. Ésta obligó a E. a poner fin a sus pérdidas en Francia (tratado de París 1259) y a pedir ayuda a sus barones, los cuales le hicieron entregar el Gobierno a un Consejo de tres clérigos y 12 nobles (incluyéndose a Simón) que había de nombrar el Canciller, el Tesorero y el justicia Mayor, controlando a los funcionarios de menos categoría y corrigiendo los abusos. Gobernó urante cuatro años, pero pronto se escindió en facciones dirigidas por el conde de Gloucester, Simón y el príncipe Eduardo.E. hizo uso de estas divisiones: exilió a Eduardo, reconcilió a algunos barones con la ayuda de Ricardo, conde de Gloucester, obtuvo la absolución papal de su juramento de respetar al Consejo y exilió también a Simón; pero no pudo restablecer el orden, los barones seguían desconfiando de él y cuando Simón regresó en 1263 se sometió la disputa al arbitraje de S. Luis de Francia (v.), quien decidió en favor de E. y puso los puntos en claro. Estalló la guerra, venciendo Simón a E. y Eduardo en Lewes, el 14 mayo 1264.Simón gobernaba ahora en nombre del rey a través de un Consejo de los Nueve (barones), haciendo discutir importantes asuntos en el Gran Consejo, al cual convocaba no sólo a prelados y magnates, sino también a representantes de las ciudades y de la pequeña nobleza rural, que hicieron, no su primera aparición, pero sí la más espectacular en discusiones de asuntos de Estado entre el rey y sus vasallos. De su participación en estas discusiones o parlamentos había de salir más tarde la Cámara de los Comunes, pero en aquellas fechas la pequeña nobleza rural y las ciudades simplemente prestaban su apoyo a Simón, que iba siendo abandonado por los magnates. Eduardo escapó en 1265 y a él se le unió el joven conde de Gloucester, derrotando y matando a Simón en Evesham el 4 ag. 1265.E. estaba de nuevo libre para gobernar, pero fue Eduardo quien sometió a los guerrilleros de Simón, los desheredados, y el cardenal Ottobuono Fieschi, legado pontificio, quien los reconcilió con la Corona a través del edicto de Kenilworth el 24 ag. 1266. Ottobuono también convocó el concilio de Londres para la reforma de la Iglesia (abril 1268) y predicó una Cruzada, para la cual se aportaron impuestos por parte del clero y -caso insólito- por los laicos. Mientras Eduardo y Edmundo peleaban en la Cruzada, E. murió en el palacio de Westminster el 16 nov. 1272, siendo enterrado 4 días después en la abadía de Westminster. Su viuda Leonor tomó los hábitos en Amesbury (1276) donde m. en 25 jun. 1291.Tuvieron cinco hijos: Eduardo (v. EDUARDO I), Edmundo, conde de Lancaster; Margarita, esposa de Alejandro III de Escocia; Beatriz, esposa de Juan, duque de Bretaña, y Catalina. Aunque Mateo Paris le juzgó muy duramente, sigue siendo una figura atractiva, no un santo pero sí capaz de sobrevivir la humillación política sin rencor. Su reinado experimentó no sólo una prosperidad excepcional, principalmente en la lana, sino que también vio la fundación del Parlamento, los primeros colegios universitarios, los dominicos y franciscanos y nuevas catedrales, así como un desarrollo general de la ley, la literatura y el arte.V. t.: ANJOU-PLANTAGENET, DINASTÍA.DEREK LOMAX.
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