Emblemática LIT.
Categoria:
Literatura
Parte de la ciencia de la Literatura que trata de los emblemas. El sustantivo ’emblema’. latinización del griego éuBi.ua, aparece documentado en español por primera vez en 1601, en el sentido de "adorno en relieve", "labor de mosaico"; este aspecto de ornatus se conservará en su empleo literario. Sebastián de Covarrubias (1539-1613) en su célebre diccionario Tesoro (le la lengua castellana o española (161 1), después de extenderse en etimologías y pormenores técnicos en las acepciones señaladas, añade: "se llaman emblemas los versos que se subscriven o alguna pintura o tabla, con que sinificamos algun concepto bélico, moral, amoroso o en otra manera, ayudando a declarar el intento del emblema y de su autor". Publica además unos Emblemas morales (1610); su hermano, Juan de Florozco y Covarrubias (m. 1608), obispo de Guadix, es autor de otros Emblemas morales (1589) y alude a un "tratado de cifras" ("escritura enigmática, con caracteres peregrinos"), hoy perdido. Pronto, este concepto aparece relacionado y fundido con otro de clara raigambre medieval, la empresa, que es, según el citado lexicógrafo barroco, "deterininarse a tratar algún negocio arduo y dificultoso", a lo que añade: "Y porque los cavalleros andantes acostumbravan a pintar en sus escudos, recamar en sus sobrevestes, estos designios y sus particulares intentos, se llaman empresas". (Ariosto en su Orlando furioso se propone cantar "las cortesanías, las audaces empresas"; cfr. la versión que del tema se da en el Quijote, I parte, cap. 11). En efecto, en el "otoño de la Edad Media" fueron populares en Francia los lemas o motes explicados en emblemas. Luego, las campañas de Carlos VII y Luis XII difundieron por Italia la caballeresca costumbre. A ello se suma que desde comienzos del s. XV los humanistas italianos se interesaron por los jeroglíficos egipcios y por la creación de otros nuevos como los de la serie de la Hypnerotomachia Poliphili. Es, pues, una síntesis de medievalismo, con su gusto por la analogía (alegorías, símbolos, metáforas, "textos" y "glosas", doctrina del sensu y la sententia, etc.), y de humanismo renacentista lo que produce la enorme floración de estas representaciones cifradas cuya finalidad consiste en transmitir una máxima, doctrina o serie de conceptos por medio de la imagen y con la mayor concisión. Las posibilidades que ofrecía el arte de los impresores y grabadores favorecieron el desarrollo de este medio expresivo, puesto por lo general, al servicio de una intención didáctica y moralizante.La afición, o mejor la necesidad, de hacerse entender por medio de emblemas, ejercitando al mismo tiempo el saber y el ingenio del autor y del observador no se circunscribió al campo de las letras, sino que pasó como algo que le era propio al de las artes plásticas, particularmente a la pintura, donde se produce con extraordinaria persistencia y sutileza desde Durero (v.) hasta el final del barroco. Cuadros como Las Meninas y no pocos retratos de Velázquez, los fondos de Rubens y Jordaens, entre otros, pueden ser interpretados como auténticos emblemas sin texto, como lo ha hecho el profesor J A. Emmens (Nederlands Kunsthistorisch Jaarboek, 1961). La época era propicia a ello, y la fusión y confusión cada vez más creciente entre poesía y pintura, entre la imagen y la voz, atestiguada hasta la saciedad en tanto texto barroco, nos habla de la importancia de uno de los tópicos claves de la época: el de los ojos y los oídos como instrumentos del saber (cfr. dedicatoria de Saavedra Fajardo en su Empresas, 1640).Dentro de los libros de emblemas propiamente dichos, el punto de partida hay que situarlo en Italia, donde el humanista Andrea Alciato (1492-1550) publicó en 1531 una miscelánea con el título de Emblemata, colección de textos y grabados de grande y sorprendente variedad de temas en que se mezclan erudición antigua, alusiones mitológicas, tópicos renacentistas, reflexiones morales y políticas, todo ello como extraordinario ejercicio de ingenio. El éxito fue inmenso, multiplicándose las ediciones y las traducciones y sirviendo de modelo a los inmediatos cultivadores del género. En España una de las traducciones más completas es la publicada en Nájera, en 1615, por Diego López, que va acompañada por un comentario o "declaración magistral" de los emblemas por su editor. Ya dentro de las letras hispánicas, el impulso se recibió en un arte puesto al servicio de la Contrarreforma en el que predominan los modos de expresión de las órdenes religiosas, y en particular de la Compañía de Jesús, que propugna un objetivo didáctico engalanado con todo el esplendor del espectáculo barroco. La obra más importante es la del diplomático murciano y gran europeísta, ya citado, Diego de Saavedra Fajardo (v.), cuyo título completo es: Idea de un príncipe político-cristiano representatía en cien empresas (1640). Frente al carácter de miscelánea de "varia lección" que suelen tener estos libros, incluso aquellos que se proponen una unidad temática como el Diálogo de las empresas militares y amorosas (1555) del célebre humanista Paulo Jovio (1483-1522), las Empresas de Saavedra Fajardo constituyen un tratado completo de "regimiento de príncipes", desde la infancia a la vejez, distribuido en ocho partes progresivas y perfectamente ordenadas. En un estilo conceptista, al que se ajusta eficazmente el artificio del emblema, asistimos al despliegue del ingenio de este escritor barroco. Cada empresa lleva en la parte superior del grabado un conciso lema en latín (algunos hay en castellano) que completa la imagen o cifra, a la que, a su vez, sigue el texto explicativo o declaración del emblema. La iconografía abarca desde el mundo de los objetos naturales (monte, río,volcán) hasta el de la zoología fantástica (unicornio, ave fénix) pasando por representaciones mitológicas, objetos mecánicos, etc.
Con el triunfo del manierismo y del barroco la emblemática invadió prácticamente todos los campos de la expresión, unas veces, como hemos visto en la pintura, prescindiendo del texto; otras, de la imagen, como en el caso de Baltasar Gracián (1601-58; v.), cuyos tratados se consideran libros de empresas en los que se ha omitido la representación visual; o, finalmente, convertida en espectáculo dramático como en el auto sacramental (v.) de Calderón y su escuela. Probablemente la ópera y el ballet, nacientes entonces, se vieron influidos por esta afición.R. MANSBERGER AMORÓS.
BIBL.: E. R: CURTIUS, Literatura europea y Edad Media Latina, México 1955; J. SÁNCHEZ MORENO, Formación cultural de Saavedra Fajardo, Murcia 1959; F. CORRADI, juicio acerca de Saavedra Fajardo y de sus obras, 1904; E. MELÉ, Il Gracian e alcuni "emblemata" del’Alciato, "Giornale Storico della letteratura Italiana" LXXIX, Turín (1922); K. L. SELIG, Gracian and Alciato’s Emblemata, "Comparative Literature", VIII (Oregón 1956); F. MALDONADO DE GUEVARA, Cinco salvaciones, Madrid 1953; M. BAQUERO GOYANES, El tema del Gran Teatro del Mundo en las "Empresas políticas" de Saavedra Fajardo, "Monteagudo" I (Murcia 1953); S. DE COVARRUBIAS, Tesoro de la lengua castellana, o española, ed. de M. DE RIQUER, Barcelona 1943; H. CIOCCHINI, Gracián y la tradición de los emblemas, Bahía Blanca 1960.
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