El Salvador. Historia. HIST.
Categoria:
Historia
1. Periodo prehispánico. La mayor parte del territorio que en la actualidad corresponde a esta República era conocido, a la llegada de los españoles, con el nombre de Cuzcatlán, vocablo nahuatl cuyo significado es "tierra de riquezas". Cinco pueblos o grupos indígenas los habitaban: Los pocomanes y chortíes en el noroeste; los pipiles en el centro (desde el río de la Paz hasta el río Lempa), y los lencas con otros grupos ulúas en la zona oriental. De todos ellos, los pipiles constituían la población más reciente y se cree que a mediados del s. XI se habían establecido en el país, ocupando las dos terceras partes del mismo, donde fundaron varios cacicazgos entre los que destacaban los de Cuzcatlán, Izalco, Apanhecalt, Ahuachapán y Apaxtepalt (v. J, 2).Son muy escasas las noticias que se tienen con relación a la cultura y modos de vida de estos pueblos aborígenes, por lo que los arqueólogos e historiadores recurren a estudios comparativos con los pueblos aztecas (v.), de origen o tronco común, para explicarse las características de su civilización. Se supone que, socialmente, se agrupaban en tres clases: la nobleza representada por los guerreros y ciudadanos nobles; la clase media compuesta por los artesanos, y, en la última escala, los humildes trabajadores y plebeyos. La sociedad conyugal se basaba en un contrato civil y acto religioso, siendo la monogamia la norma general, salvo para personalidades destacadas socialmente. El adulterio y otras faltas morales se castigaban rigurosamente. Su economía se fundamentaba en una incipiente agricultura (maíz, fríjoles), además de la caza y la pesca. En el aspecto religioso sus dioses representaban, por lo general, la divinización de los astros y fenómenos físicos, como el viento y la lluvia. Tlaloc era el dios de las lluvias y las montañas; Quetzalcóatl, del viento y el lucero de la mañana; Tonatio, el sol naciente. Un extremo discutible, en cuanto a sus ritos y cultos (para los que disponían de sacerdotes, cuyo jefe principal llamaban tecti), es el de los sacrificios humanos. Según los historiadores, los pipiles, principal grupo indígena, habían proscrito esta cruel ceremonia sustituyéndola por la de sacrificios de animales.2. Descubrimiento y conquista. En 1522, dos años antes de ser conquistado el país, descubrió parte de sus costas Andrés Niño, piloto mayor de la expedición de Gil González Dávila, quien navegó por el golfo de Chorotega (al que denominó Fonseca), desembarcando en la isla salvadoreña de Meanguera. La conquista de los países centroamericanos fue, en buena parte, consecuencia de la expansión conquistadora de Hernán Cortés tras la ocupación de México. Uno de sus capitanes, Pedro de Alvarado (v.), penetró en junio de 1524 en territorio salvadoreño, procedente de Guatemala. Al dirigirse al pueblo de Pagaso encontró en su camino obstáculos y flechas hincadas en el suelo como muestra de hostilidad y resistencia. No dieron los indígenas de este país facilidades al capitán de Cortés en su conquista; unas veces abandonaban sus poblados ante la llegada de los españoles, lo que ocurrió en Mochizalco y Acatepeque; otras, presentaron batalla, como sucedió en Acajutla, donde los guerreros indígenas, adornados con vistosos plumajes y guarnecidos con armaduras de algodón, blandiendo sus armas, esperaron en las llanuras próximas a Alvarado y sus huestes. Se libró una dura batalla en la que, pese al triunfo de los españoles, éstos sufrieron bajas y el mismo capitán extremeño fue herido en una pierna.Tras un breve y necesario descanso en Acajutla, el conquistador y sus huestes pasaron a Tacuzcalco donde tuvo lugar otro fuerte encuentro, esta vez bajo el mando de los hermanos de Alvarado por hallarse éste herido, si bien dirigió la operación desde una eminencia próxima. El resultado fue la victoria española tras una gran "matanza y castigo" de los indios. Prosiguió la conquista, y en el pueblo de Miahuatlán, próximo a Izalco, se repitió el hecho del abandono del poblado por sus moradores. En otra localidad, Atehuán, recibió Alvarado emisarios del principal cacicazgo, Cuzcatlán, en son pacífico y prometiendo vasallaje al rey de España. Los acontecimientos ocurridos en esta localidad, tras la llegada de los españoles, no son muy favorables, según los cronistas, a la reputación del conquistador español quien, al comprobar que las aportaciones de oro que había solicitado resultaron relucientes hachas de cobre, se enfureció con los indígenas ordenando su esclavitud y dando muerte a gran número de ellos. Esto último ocurrió al jefe o cacique de Cuzcatlán, Atlacalt el Viejo. En consecuencia, los que pudieron escapar, entre los que se encontraba, al parecer, el hijo del cacique, se retiraron a las montañas próximas. Fueron inútiles cuantos requerimientos les hizo Alvarado para que se sometiesen, a lo que contestaron en son de guerra y altivamente. Los españoles regresaron a Guatemala sin haber logrado reducir a los indígenas salvadoreños. Su arrogancia, la de su cacique, han quedado como una muestra legendaria del espíritu de independencia de los habitantes del país.Al siguiente año (1525) se intentó de nuevo la conquista con otra expedición y se llegó a fundar la ciudad de San Salvador, cerca de Cuzcatlán, de la que parece ser que su primer alcalde fue Diego de Holguin; pero la villa fue atacada e incendiada por los cuzcatlecas y los españoles abandonaron el lugar. Posteriormente, en 1528, otra expedición procedente de Guatemala, como las anteriores, al mando de Diego de Alvarado, se estableció en el territorio, y fundó de nuevo San Salvador en las proximidades del núcleo indígena de Suchioto. Aunque desde entonces el país cuzcatleca quedó en parte conquistado, no puede decirse que reinase la tranquilidad entre ellos ni en las tierras habitadas por los restantes grupos indígenas. Todos se resistían al dominio de los españoles y, en 1529, estalló una nueva rebelión de los de Cuzcatlán que requirió el envio de tropas desde Guatemala al mando del capitán Diego de Rojas. Éste no sólo tuvo dificultades con los indígenas, sino también con un grupo de soldados que Pedrarias Dávila (v.) envió desde Nicaragua al mando de Martín de Estete con el fin de ampliar los territorios de su gobernación. La suerte final en estas diferencias entre españoles se decidió por los hombres de Alvarado, y éste, para evitar nuevas incursiones por el sur y garantizar las fronteras de su gobernación, envió desde Guatemala al capitán Luis Moscoso para que ocupase las tierras fronterizas y fundase allí una villa, lo que se llevó a efecto, denominándola San Miguel de la Frontera. También ordenó Alvarado la pacificación de los indios que se habían guarnecido en los bosques de la "costa del Bálsamo". Aunque estas operaciones se realizaron por lo general con la victoria de los españoles, puede decirse que durante mucho tiempo no se pudo considerar totalmente pacificado el país, y San Miguel de la Frontera se vio hostigada, con frecuencia, por los indios lencas. Hacia 1547 se estima que ya se había conseguido prácticamente la pacificación del territorio que comprende la actual República de El S.3. Periodo hispánico. Desde su conquista por Alvarado hasta 1821, el país estuvo vinculado, administrativamente, a la gobernación, real audiencia y capitanía general de Guatemala. El territorio se dividió, primeramente, en tres provincias: la de los Izalcos o Sonsonate, San Salvador o Cuzcatlán y la de San Miguel. La primera de ellas adquirió pronto el rango de alcaldía mayor, título que también se le dio a la de San Salvador, agrupando en ella la provincia de San Miguel. En la segunda mitad del s. XVIII San Salvador adquirió el rango de intendencia con 15 partidos o distritos.En términos generales. la historia de esta República durante la época hispánica está integrada en la de Guatemala (v. GUATEMALA (país) III), dada su dependencia político-administrativa. Sin embargo, pueden señalarse acontecimientos que afectaron de una manera privativa a su territorio. Cabe citar, entre ellos, los ataques piráticos. En dos ocasiones se presentó ante sus costas, a fines del s. XVI, el famoso Francis Drake (v.) y, en 1682, nuevas incursiones piráticas inglesas asolaron la zona de su litoral, comprendida entre el golfo de Fonseca y el río Lempa, incendiando localidades insulares y de la costa. Con carácter positivo se destacan acontecimientos de tipo urbanístico. Además de la capital y San Miguel, ya citadas, los españoles fundaron otros núcleos urbanos en los s. XVI y XV<Otra población significativa fue la de Santa Ana que hasta el s. XVIII conservó su primitivo nombre de Cihuatehuacan y cuyos vecinos, al principio, fueron encomendados al conquistador Antonio de Campos. En su población predominaron los indios ladinos (v.) y mulatos (v.) mientras que los españoles constituían una minoría. No todos los núcleos indígenas tuvieron la misma suerte: unos desaparecieron por extinción de sus moradores o a causa de trastornos físicos, como inundaciones y terremotos; otros progresaron y, al incrementarse su población, se limitaron sus términos y alcanzaron posteriormente la categoría de villas, como ocurrió, a mediados del s. XVII, con Atiquisaya, o con la primitiva población lenca denominada Chilanga. Los pipiles, a fines de esta centuria, fundaron en territorio de los lencas la población de Tecapa a la que, tras la independencia, se le dio el actual nombre de Alegría. La población de Cinquera se formó en el curso del s. XVIII y en 1807 era ya una aldea de ladinos. Chalatenango, población de indios lencas, fue ocupada posteriormente por pipiles y, a fines del XVIII, el gobernador de Guatemala ordenó se poblase de españoles. Podrían multiplicarse los ejemplos, porque la tónica general fue el cambio de las agrupaciones urbanas en cuanto al lugar y las características de sus moradores o, en ocasiones, desaparición de las mismas. Tal ocurrió con la célebre Acajutla, que se extinguió a fines del XVI, pese a la permanente utilización de su puerto.Sobre las características y situación del país durante la época hispánica nos dan noticias dos relaciones referidas concretamente al mismo: una de ellas, de la segunda mitad del s. XVI y realizada por el oidor García de Palacio; la otra, correspondiente a los primeros años del XIX, se debe al intendente corregidor de San Salvador Antonio Gutiérrez de Ulloa. En la primera se describe la provincia de los Izalcos como un lugar rico en el que abundaban los productos tropicales (entre los que destacaba el cacao) y la pesca. También se cultivaban frutos europeos, como manzanas, granadas y membrillos, y se daba el trigo. A su población la estimaba el oidor Palacio como "entendida y latina", además de versada en cosas de fe. El comercio era activo y se regularizaba por el puerto de Acajutla. De la provincia de San Salvador destacó la riqueza de sus bosques, entre cuyas especies se hallaban los cedros, ébanos y los árboles productores del famoso bálsamo del Perú. En cuanto a la capital y sus contornos, dice que era "de buen temple y tierra fértil". En su opinión, la provincia de San Miguel se hallaba atrasada y no se explotaba la ganadería según sus posibilidades, pese a que disponía de buenas llanuras abundantes de pastos.Para el intendente Gutiérrez de Ulloa, el país, aunque volcánico y sometido a graves trastornos físicos, disponía de fértiles tierras y variados climas que le daban amplias posibilidades agrícolas y ganaderas. Sin embargo, estimó que la situación económica (en 1807, fecha de su informe) era deficiente, y ello se debía, a su juicio, al atraso y poca actividad de sus habitantes, lo que expresaba denominando "la débil clase de sus poblaciones". En consecuencia, una reducida agricultura (maíz y otros cereales, fríjoles, plátanos, algodón, añil), además del ganado vacuno, representaban la actividad agropecuaria. La ganadería lanar y equina apenas tenía interés; el aprovechamiento forestal y algo de cacao complementaban la economía. Este último, en plena decadencia. Es frecuente esta forma de enjuiciar la situación de los países hispanoamericanos en los informes de los representantes de la corona española que, por lo general, describían el ambiente, las condiciones del país, con caracteres francamente positivos, enfrentándolos con una gran ineptitud y desidia de sus moradores, pero la realidad era distinta y más complicada. En el caso de El S., constituido por unas pequeñas provincias, con difíciles y escasos medios de comunicación, de muy corto interés en relación con los grandes países hispanoamericanos como México y Perú, con una reducida población en su mayor parte indígena, no se podía esperar una economía y formas de vida florecientes en aquella época ni exigir de sus habitantes grandes aspiraciones y programas económicos.En cuanto al volumen de su población, desde que se inició la conquista y su evolución sucesiva hasta que se desvinculó de España, el historiador Barón de Castro da las siguientes cifras: el número de indígenas, a la llegada de los españoles, calcula que serían entre 116.000 y 130.000; para mediados del s. XVI, estima que la población quedó reducida a la mitad aproximadamente, correspondiendo a los españoles apenas el 1%. Dos siglos después, hacia 1775, el número de pobladores sobrepasaba la cifra de 146.000, radicando en su mayoría en la provincia de San Salvador. Para esta fecha, la distribución étnica era la siguiente: un 60% de indios puros, algo más del 30% de mestizos, no llegando al 10% los blancos. En los primeros años del s. XIX la población se aproximaba a 200.000 almas, variando las cifras de su composición étnica. Los indios puros no llegaban al 50%, los mestizos sobrepasaban esa proporción y los blancos puros no alcanzaban el 3%. Se acusaba ya, a lo largo del tiempo, el progresivo mestizaje (v. I, 2).Respecto a las formas de vida, se desarrollaban en el país de una manera un tanto modesta y monótona. Según el informe del intendente Ulloa, ya en el s. XIX, los indios vivían en humildes y precarias chozas, y tanto su régimen alimenticio como sus vestidos eran frugales y escasos. Los españoles se mostraban apáticos y abatidos, con pocas iniciativas, además de constituir un número reducido. Correspondía a los mestizos, naturalmente, la mayor actividad, y en sus manos estaba la agricultura. Parece ser que el comercio era lo único que animaba a la capital y se ejercía por el intercambio de cereales y manufacturas a trueque de cacao, que se aceptaba, generalmente, como moneda. La vida transcurría en un ambiente sencillo, con escasos lujos y diversiones; las lanas, vinos y ropas procedentes de España, así como la carne, sólo eran asequibles a un cierto número de privilegiados. En la provincia de San Salvador era donde mejor se vivía. La situación es explicable en un ámbito político. Así como México hacía sombra a Guatemala, ésta, a su vez, la hacía a la provincia de San Salvador. La inmigración peninsular, especialmente representativa de la política y de la cultura, tenía su centro en la capital guatemalteca y no en las poblaciones del pequeño país de los indios pipiles.4. Proceso de la independencia. Casi medio siglo, de 1811 a 1859, duró el proceso político por el que El S. dejaría de estar integrado en los dominios españoles para pasar a ser la actual República autónoma. Los historiadores dividen esta época de formación nacional en varias etapas. En primer lugar, se dieron los movimientos revolucionarios de 1811 y 1814 de la provincia de San Salvador protagonizados por la aristocracia criolla, un grupo de familias cuyos apellidos eran Arce, Molina, Aguilar, Delgado y Fagoaga, entre otros. Gentes acomodadas, influyentes, emparentadas entre sí, con antigua raigambre en el país y que en estas fechas contaban entre sus miembros con varios distinguidos sacerdotes, como eran los hermanos Nicolás, Manuel y Vicente de Aguilar y Bustamante, o Matías Delgado. Hombres inquietos y preocupados por el porvenir de su pequeña provincia, estos cuatro sacerdotes, junto con el joven aristócrata criollo Manuel José de Arce, fueron los principales promotores de estas insurrecciones. Las razones de su actitud eran comunes a las de otros criollos hispanoamericanos: el descontento de verse gobernados por políticos o administrativos peninsulares, el tener que aceptar las torpezas o desinterés de éstos por el país, cuando no su venalidad; el sentirse postergados, a pesar de hallarse en sus manos las riquezas del país y saberse capacitados para las tareas de gobierno. Estos aristócratas criollos, contando con la pasividad o la complacencia de la población, determinaron la destitución del intendente Ulloa, lo que llevarona efecto en noviembre de 1811, y nombraron una junta Gubernativa que invitó a las restantes poblaciones a que se unieran a su movimiento. No consiguieron esto último, pues Santa Ana, San Vicente de Austria, San Miguel y Sonsonate no sólo rehusaron participar sino que protestaron amenazando con restablecer la situación por las armas.Caso singular que también el de dos sacerdotes que, en representación de San Miguel y San Vicente, denunciaron a sus pueblos como injusta y escandalosa la sublevación de San Salvador. Las autoridades de Guatemala resolvieron con negociaciones el problema, aceptando la destitución de Ulloa al que reemplazaron por el criollo guatemalteco José Aycena, y a éste pronto sucedió el regidor José María Peinado. Se concedió amnistía a los sublevados y se restableció la normalidad, especialmente en el corto tiempo que gobernó Aycena. Pero, al sucederle Peinado, se reavivaron las motivaciones fundamentales del descontento. La Constitución de 1812 permitió a los vecinos de San Salvador, por ser más de 5.000, elegir sus compromisarios para la elección de los miembros del municipio, lo que originó el triunfo electoral de los candidatos que representaban a las familias criollas frente a los que proponía el intendente Peinado. A partir de entonces, las diferencias entre este último y el Cabildo fueron constantes; las reuniones secretas, los pasquines con alusiones políticas y otros incidentes se multiplicaron. Fueron detenidos algunos alcaldes de barrios y, finalmente, las desconfianzas mutuas v las intransigencias hicieron estallar un nuevo movimiento en enero de 1814 en el que los sacerdotes Aguilar y dos alcaldes fueron los dirigentes. De nuevo la autoridad peninsular se impuso y los restantes municipios se negaron a secundar a los de San Salvador. Se nombró un nuevo intendente y éste inició las represalias deteniendo a los responsables que fueron llevados presos a Guatemala, si bien algunos años después consiguieron su libertad con motivo del indulto concedido por la boda de Fernando VII.Para algunos historiadores, estos alzamientos revolucionarios tuvieron carácter netamente independentista, atribuyéndole con ello la primacía a San Salvador respecto de los demás países hispanoamericanos. Otros estiman que sólo significaban una rebeldía natural ante la mala administración de los representantes españoles y una conciencia, por parte de los criollos, de sus capacidades personales además del interés por su propio país, lo que parece ser más cierto. Sin embargo, la polémica histórica, en cuanto a las raíces más o menos remotas y directas de la independencia de Hispanoamérica (v. HISPANOAMÉRICA II), sobre los acontecimientos que pueden estimarse con matiz netamente separatista, han constituido y constituyen hoy un problema no bien dilucidado.Los hechos históricos que posteriormente provocaron la emancipación de Hispanoamérica se dieron en El S. con peculiares características. El ya famoso presbítero Matías Delgado, junto con otros destacados salvadoreños, consiguieron de las autoridades de Guatemala que se reuniese una junta de las más notables personalidades centroamericanas y que se proclamase (21 sept. 1821) la emancipación política de Centroamérica. Sin embargo, meses después los guatemaltecos acordaron la anexión a México, regido entonces por Iturbide (v.), lo que fue considerado por los salvadoreños como ilegal y traidor, proclamando su autonomía de Guatemala y formando su Junta Provincial presidida por el P. Delgado. Esta actitud originó la invasión del país por tropas guatemaltecas que fueron vencidas y, posteriormente, por las de Iturbide, que se impusieron. El afán independentista se manifestó también en lo religioso, y la junta Provincial erigió el territorio en diócesis, nombrando primer obispo al P. Delgado, hecho que originó una prolongada lucha y cisma de tipo eclesiástico (v. IV). Más aún, al sentirse un tanto aislados (las restantes poblaciones, como en 1811 y 1814, no le siguieron), llegaron incluso a pensar en una unión o integración con los Estados Unidos, si bien este original intento no pasó más allá de un escrito a las autoridades norteamericanas al que no se le dio curso. Fracasado el efímero imperio mexicano de Iturbide, los países centroamericanos volvieron a reunirse y formaron una Federación de Provincias Unidas de Centroamérica, presidida por el ya conocido P. Matías Delgado (v. AMÉRICA CENTRAL II). San Salvador, que ya había conseguido la incorporación de la alcaldía de Sonsonate y la villa de Ahuachapán, promulgó su primera constitución política y nombró primer jefe de Estado a Juan Manuel Rodríguez. La recién creada Federación apenas duró 15 años, poniéndose de manifiesto los inconvenientes políticos (rivalidad entre liberales y conservadores) y de otro orden, como el geográfico, para una acción común. Las guerras civiles no se hicieron esperar y El S. tuvo que soportar además graves dificultades internas, como la rebelión indígena acaudillada por el indio Anastasio Aquino en 1833. La situación económica era caótica, la autoridad del Gobierno precaria por las guerras federales, la seguridad personal y de bienes apenas se mantenía. Faltaban recursos para los gastos extraordinarios de las guerras y más aún para los ordinarios de la Administración; se recurría a onerosos impuestos y arbitrarias confiscaciones.La leva de hombres para la guerra se hacía en buena parte entre los indios pipiles, cuya valentía era reconocida, y a esto se quiso oponer Anastasio Aquino, quien formó un ejército con los de su raza, llegando a dominar los pueblos de la costa del Pacífico. Se convirtió en un reyezuelo al que recibieron en su pueblo natal, Santiago de Nonualco, bajo palio, y condujeron así hasta el atrio del templo. Sometió al pillaje a San Vicente de Austria, apoderándose de las alhajas que sus moradores habían guardado en la iglesia. Se cree que con una corona de una imagen de S. José se hizo coronar "rey de los nonualcos" acto que, cierto o no, fue propalado y le restó prestigio, así como la dureza hacia algunos de su raza, a los que hizo fusilar. Su valor y audacia casi le llevan al triunfo, pero vencido por el general Juan José López y traicionado por uno de los suyos terminó en la horca, finalizando así un interesante episodio histórico de este país.Mientras tanto, las luchas federales continuaban y en ellas tuvo un destacado papel militar y político el general Francisco Morazán, quien impuso se estableciese la capital federal en territorio salvadoreño y, efectivamente, San Salvador y sus contornos fueron la sede del distrito federal (1835). Esto no agradó a los del país, de modo que se originaron incidentes, con intervenciones arbitrarias de Morazán que depuso a tres jefes del Estado. La sublevación en Guatemala del general Rafael Carrera (v.) en 1837 puso fin a la inestable Federación, provocando la desmembración de sus diferentes Estados. De nuevo surgieron las rivalidades fratricidas reinando, por doquier, la anarquía política.5. El Salvador independiente. Ante las circunstancias citadas, El S. se proclamó República en febrero de 1841, siendo su primer presidente interino el hondureño Juan Lindo. Durante la primera década, predominaron los incidentes en el interior y en el exterior. Hubo guerra con Guatemala, Honduras y Nicaragua, e incluso se llegó a intentar de nuevo la federación centroamericana. Las revoluciones internas se sucedían continuamente, dirigiendo una de ellas el general Manuel José de Arce ayudado por Guatemala. Cabe destacar en esta época, en el ámbito económico, la promoción y estímulo del cultivo del café. Por un decreto del presidente Eugenio Aguilar se concedía a todos los labradores que tuviesen plantados más de 5.000 pies de cafeto la excepción, durante 10 años, de ejercer cargos concejiles, lo que nos indica que esta ocupación político-administrativa se consideraba como una carga. Igualmente, a los trabajadores de los cafetales se les eximía, por el mismo periodo de tiempo, del servicio militar. Tanto la exportación del café como la importación de productos adquiridos en el exterior con el importe de la venta de aquél se verían favorecidos, según este decreto, con desgravaciones fiscales.Un grave incidente, de tipo eclesiástico, tuvo lugar bajo el mandato del presidente Aguilar. San Salvador fue erigida en obispado por letras apostólicas de Gregorio XVI (1842) y nombrado obispo D. Jorge Viteri, quien no se recató de inmiscuirse en asuntos políticos, dando lugar a divergencias entre él y el presidente de la República, quien ordenó la expulsión del obispo del país en 1846. Durante el gobierno del presidente Doroteo Vasconcelos tuvieron lugar acontecimientos internacionales provocados por Inglaterra, que pretendía establecer un protectorado en territorios de Nicaragua, ocupando la Mosquitia. El Gobierno salvadoreño protestó por este atropello y la respuesta inglesa fue la ocupación de varias islas en el golfo de Fonseca y el bloqueo del puerto de La Unión. Tras una intervención diplomática de Estados Unidos (interesado ya en esta zona), se liquidaron las diferencias, teniendo que pagar El S. a Inglaterra una fuerte indemnización.Durante los a. 1852-63, en los que se sucedieron varios presidentes en el Gobierno, los acontecimientos más destacados fueron las violentas sacudidas sísmicas (1854) que arruinaron totalmente la capital y las expediciones de los filibusteros yanquis en las costas de Nicaragua, contra los que envió El S. tropas, por considerarlo, como en el caso de Inglaterra, una amenaza para la independencia e integridad de Centroamérica. También se dieron nuevos brotes de conflictos con el obispo y hubo guerra con Guatemala, en la que gobernaba el dictador Rafael Carrera. Tres presidentes dirigieron al país desde 1864 a 1876: Francisco Dueñas, el general Santiago González y Manuel Méndez, repitiendo su mandato los dos primeros. Bajo el gobierno de Dueñas, pueden señalarse la promulgación de tres constituciones legislativas, la creación de una nueva bandera y escudo nacional y la fundación de instituciones culturales, como el Consejo de Instrucción Pública y la Bibl. Nacional. De carácter positivo fueron también el establecimiento de comunicación telegráfica entre la capital y el puerto de La Libertad y leyes protectoras para el cultivo del café. En el orden internacional, por primera vez España reconocía (junio 1866) a El S. como nación independiente, renunciando a su soberanía, derechos y acciones sobre el territorio. En el aspecto religioso, las constituciones del general González se caracterizaron por su matiz anticatólico y sectario, secularizando los cementerios y expulsando a los jesuitas, actitud que adoptaría también su sucesor en el mando Rafael Zaldívar, bajo cuyo gobierno se promulgaron dos nuevas constituciones. En ellas se prohibía la enseñanza religiosa y sólo se consideraba válido el matrimonio civil.De 1886 a 1930 se sucedieron 12 administraciones presidenciales y en ellas cabe destacar una nueva tentativa de federación centroamericana que rápidamente fracasó. A partir de la independencia esto fue una constante histórica: la necesidad, por una parte, y los inconvenientes, por otra, para el entendimiento y unión entre estas repúblicas. Hoy día es un problema de máxima actualidad para el que se buscan soluciones de todo orden con miras a la colaboración y defensa común en lo económico y político. Durante estos años cabe anotar también la resistencia y protestas ante la creciente intervención de los Estados Unidos en los territorios centroamericanos, especialmente en la zona marítima del golfo de Fonseca.Si las revoluciones y luchas del s, XIX tuvieron un marcado matiz político y de rivalidades personales, en la segunda década del XX se perfilaron ya de una manera decisiva matices sociales y económicos que culminaron con la revolución de 1932, que ensangrentó el país, para, finalmente, establecerse el directorio militar del general maximiliano H. Martínez quien, salvo un breve periodo en que cedió el poder al general Andrés Méndez, volvió a imponer su dictadura hasta 1944. Su actuación gubernativa fue beneficiosa en cuanto a la organización económica y financiera del país, pero su actitud dictatorial le enajenó el apoyo hasta de sus mismos colaboradores y provocó insurrecciones que ahogó en sangre. Tras su caída se sucedieron una serie de gobernantes, también militares de tipo dictatorial, y en 1948 un gobierno revolucionario destituyó al general Salvador Castañeda y volvió a implantar la Constitución de 1866. Con ello se restableció la libertad de imprenta, se promulgaron leyes sociales favorables a los trabajadores y se fomentó la economía y la cultura.Los militares vuelven al poder con Óscar Osorio (19501956) y José María de Lemus (1956-60), que fue destituido. En 1960-61 el núcleo de los jefes del ejército y los terratenientes fundaron el Partido de Conciliación Nacional, del que salieron todos los Presidentes del Estado de 1962 a 1970: Julio A. Rivera (1962-67), Fidel Sánchez (1967-72), Arturo A. Molina (1972-77), Carlos H. Romero (1977-79). En oct. 1979 cae Romero y se forma una junta Cívica Militar. De dic. 1980 a abr. 1982 fue presidente el democratacristiano José N. Duarte, quien logró la mayoría relativa, pero no absoluta, en las elecciones del 28 mar. 1982, con alto índice de participación electoral a pesar del boicot declarado por la guerrilla marxista (el 29 abr. 1982 fue elegido presidente el independiente Alvaro Magaña). Las actuaciones de los gobiernos militares que se sucedieron en E. S. estuvieron condicionadas por fuertes presiones en demanda de mejoras sociales y de respeto a las libertades y derechos humanos y, frente a ello, por la reacción de un pequeño número de familias en cuyas manos están las tierras, la riqueza del país. Así, p. ej., se dictaron leyes protectoras del cultivo del café, convirtiendo a El S. en país casi monoproductor.En 1969, El S. entró en guerra con Honduras (v. II); en 1976 surgen nuevos conflictos fronterizos; en 1980 se restablece la paz. Ese año grupos revolucionarios del marxismo en El S., apoyados por Cuba y Nicaragua, ganada por el comunismo en 1979, inician una especie de guerra civil y sumen al país en el terror y la miseria. Se cometen asesinatos; una de las víctimas en 1980 es el arzobispo de San Salvador, Óscar A. Romero. En mar. 1983, Juan Pablo 11 durante un viaje por Centroamérica visita El S. y ruega por la paz. Pero la guerrilla continúa. Los intereses del castrismo, dirigidos por la URSS, y la presión guerrillera han acentuado la inestabilidad del país.V. t.: GUATEMALA (País) III; AMÉRICA CENTRAL II.J. GIL-BERMEJO GARCÍA.
BIBL.: R. GALLARDO, Las Constituciones de El Salvador, Madrid 1961; A. DE MESTAS, El Salvador, país de lagos y volcanes, Madrid 1950; J. LARDÉ Y LARÍN, Guía histórica de El Salvador, San Salvador 1958; R. BARÓN DE CASTRO, La población de El Salvador, Madrid 1942. V. t. la de V.
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