El Salvador. Lengua y Literatura. LIT.
Categoria:
Literatura
1. Lingüística. Varias lenguas señaló el oidor Diego García de Palacios como existentes en el actual territorio de El S., en 1576. Cita el populeca, que significa `bárbaro’; el pipil, pronunciado como niño, el chontal, extranjero; al este del río Lempa, el potón, o lenta y el taulepa-ulúa. La base de las principales lenguas del oeste y del centro era el realmente nahuatl (que también se pronuncia como esdrújula: náhuatl). Jorge Lardé indica: "... podemos establecer que en El Salvador de la época de la conquista española se habla el pipil en el centro, el sur y el occidente (incluyendo la forma incorrecta llamada populeca) y el lenta hacia el norte y el oriente, es decir, que el río Lempa separaba `más o menos’ los pueblos náhuates (pipiles y populecas) de los pueblos maya-quichés (lenta y chortíes)". Algunos autores (Barón de Castro, p. ej.), citan otros idiomas derivados también de las dos ramas antedichas.Salvo al oeste de la República, puede afirmarse que en El S. ya no se hablan lenguas indígenas, y quienes las dominan también se expresan en español. La mayor huella de dichas lenguas se encuentra en el orden toponímico. Algo subsiste en denominaciones de flora, fauna y enseres domésticos. Los especialistas no están muy de acuerdo en las etimologías. Sí coinciden, sobre todo con respecto al nahuate, en la calidad sumamente gráfica de su expresión (V. AZTECAS III). La palabra nahuate significa armonioso. Ejemplo del nahuatl que ilustra la aludida falta de concordancia: Comasagua equivale a ’lugar que tiene horquetas’ (Geoffroy Rivas), ’la ciudad de los masahuas’ (Lardé y Larín), ’donde abundan los venados’ (Jiménez), v. bibl. En cuanto al potón o lenta, parece que ha sido menos estudiado y ha dejado menos vestigios que el nahuatl. He aquí algunos topónimos en lenta: Joateca, ’valle de los ocotes o de las orejas’; Jocoro, ’pueblo del fuego’; Lolotique, ’cerro de los pavos’ (Lardé y Larín).Tanto el nahuatl como el potón son lenguas aglutinantes. En la primera, por influencia de los mésicas, se introducen los sonidos ti y sh, según informa G. Rivas.2. Literatura. Etapa colonial. Durante la dominación española, fue Guatemala el núcleo cultural de la región centroamericana. En lo que hoy es El S., la literatura fue sólo reflejo de la Península y la capitanía general. Algunos de los autores son oriundos de España, como Juan de Mestanza, el poeta andaluz dos veces elogiado por Cervantes (en La Galatea y Viaje del Parnaso). Se siguen muy de cerca los modelos latinos. Los temas preferidos son religiosos y morales. Se cita con elogios una obra de Juan de Dios del Cid (n. en San Salvador) sobre la producción del añil, y otra del P. Antonio de Siria (n. en San Vicente) sobre las virtudes de Ana Guerra de Jesús. Ninguno de ellos raya a gran altura. Es poco lo que se conoce de la época, pues, si bien se sabe acerca de la existencia de autores y obras, es difícil el acceso a las últimas. Puede afirmarse que de los escritores cuyos nombres registran los especialistas, sólo el P. Siria y del Cid dejaron huella y son relativamente conocidos.La independencia. En este periodo, predomina la oratoria sobre la literatura escrita. Los próceres, en su mayoría instruidos en la Univ. de S. Carlos Borromeo, en Guatemala, dan muestras desde la cátedra sagrada o la profana, de sabiduría y facilidad de expresión. Pero, sin embargo, poquísimo ha logrado salvarse de la producción cívica y religiosa de tan insignes varones. Es un momento de acción esencialmente.Neoclasicismo. Loss de lo que pudiera llamarse literatura salvadoreña, se encuentran bajo los signos neoclásico (V. NEOCLASICISMO II, 3) e hispánico. Los autores han estudiado letras latinas y griegas. Debe señalarse a Miguel Álvarez Castro (1795-1856), poeta; a Enrique Hoyos, escritor polifacético (1810-59), y a Ignacio Gómez (1813-76). De este último dijo Menéndez Pelayo algo que puede aplicarse a toda la época: "intérprete bastante hábil de concepciones ajenas". Se trata, en verdad, de un periodo en que se halla más sabiduría retórica que aliento creador.Romanticismo. Esta corriente penetra en El S. por medio de autores españoles, y particularmente dos de ellos: Espronceda (v.) y Fernando Velarde (V. ROMANTICISMO IV). Hay un engolado retoricismo, una hipertrofia sentimental que dura largo tiempo. Rafael Cabrera (1860-85) es quizá el primero en tornar los ojos hacia la realidad salvadoreña. Aun cuando no corresponda ya a los gustos actuales, sería injusta la omisión del nombre de Juan J. Cañas, autor de la letra del himno nac. de El S. y fundador de la Acad. Salvadoreña de la Lengua, correspondiente a la Real Española. Lo incipiente de la vida cultural a mediados del s. XIX hace que la mayoría de los escritores se dediquen por igual al periodismo, la política, la oratoria, la poesía y al Derecho. Muchos de ellos ocupan ministerios (especialmente el de Relaciones Exteriores) o fundan y dirigen periódicos. Román Mayorga Rivas (1864-1925), nacido en Nicaragua y asimilado a El S., puede considerarse con justicia como el fundador del periodismo en este país. Otros escritores se inclinan por los temas morales y religiosos.La llegada a El S. de Rubén Darío (v.), y su amistad estrecha con Francisco Gavidia (1864-1955), había de tener gran influencia en el desarrollo de la literatura en El S. y aun en la formación misma de Rubén Darío. Gavidia, humanista en el más amplio sentido, inspirándose en fuentes francesas, descubre la sonoridad del alejandrino francés, y hace partícipe a Rubén Darío de su hallazgo. Lo anterior no significa que haya sido, como se ha sostenido exageradamente, "el maestro de Rubén". Victor Hugo influye poderosamente en Gavidia, quien es el primero en apartarse de un romanticismo ya trillado y excesivo. En la órbita artística es este autor el que con más fervor y constancia busca las fuentes históricas y populares de la inspiración; su faceta periodística (v. VIII). A comienzos de este siglo, Alberto Masferrer (1867-1932) publica obras de carácter sociológico, enfocando la realidad política, económica, moral y pedagógica del país.Momento actual. Con Gavidia y Darío surge el movimiento modernista (v. MODERNISMO III), que en poesía registra los nombres de Julio Enrique Ávila (n. 1892) y Vicente Rosales y Rosales (n. 1894). Hay una tendencia nativista, representada en el verso por Alfredo Espino (1900-28), y en el cuento por Arturo Ambrogi (1875-1936), como iniciadores. El cuento, la novela, el periodismo, el ensayo, son conquistas del s. XX. Hay ensayistas de gran valor en la historia y en la filosofía. Es indispensable citar a Rodolfo Barón de Castro, julio Fausto Fernández, Mauricio Guzmán, Carlos A. Siri, Roberto Lara Velado. Los poetas de las promociones más recientes tienden a la expresión de insatisfacciones sociales. Son los únicos que logran cierta cohesión de grupo. Durante los últimos 15 años se realizan ensayos de teatro actual: Walter Beneke (n. 1928), Waldo Chávez Velasco (n. 1925) y Roberto Arturo Menéndez, son los introductores de un teatro con más influencia de Beckett (v.), Dürrenmatt (v.) y Sartre (v.), que de autores hispánicos. En el cuento debe citarse a Salarrué (v.) y en la poesía a Claudia Lars, seudónimo de Carmen Brannon (n. 1899). La novela es bastante escasa, y, en su mayoría, de tipo regional y naturalista. Un certamen nacional de ciencias, artes y letras, abierto para todos los países de Centroamérica, da impulso anual a la producción de los hombres de letras y artistas. Lo patrocina el Estado salvadoreño.V. t.: AZTECAS III.HUGO LINDO.
BIBL.: S. BARBERENA, Historia de El Salvador, 1, 2 ed. San Salvador 1966; L. GALLEGOS VALDÉS, Panorama de la literatura salvadoreña, 2 ed. San Salvador 1962; P. GEOFFROY RIVAS, Toponimia Nahuat de Cuscatlán, San Salvador 1961; T. F. JIMÉNEZ, Toponimia arcaica de El Salvador, San Salvador 1936; J. LARDÉ Y LARÍN, El Salvador, historia de sus pueblos, villas y ciudades, San Salvador 1957; ÍD, Obras completas, I, San Salvador 1960; M. B. DE MEMBREÑO, Literatura de El Salvador, San Salvador 1955; J. F. TORUÑO, Desarrollo literario de El Salvador, San Salvador 1958; M. VIDAL, Nociones de Historia de Centroamérica, 5 ed. San Salvador 1957.
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