Egipto (misr). Literatura Árabe. LIT.
Categoria:
Literatura
En términos estrictos, no puede hablarse de una literatura egipcia medieval, como tampoco puede hablarse, p. ej., de una literatura siria o iraquí. Todas ellas no son sino elementos integrantes de la gran literatura árabe clásica (v. ÁRABES II), y en su desarrollo general quedan habitualmente incluidas. Se puede llegar, sin embargo, a aislar una serie de elementos característicos que doten de egipcianidad a esa gran literatura, y a precisar y peculiarizar las etapas que siguió en su evolución dentro del marco geográfico determinado del país del Nilo. Y así, en busca del mejor entendimiento del tema, ordenaremos la exposición de la literatura egipcia medieval en los siguientes periodos: 1) Desde la invasión árabe hasta la época fatimí, 639-909. 2) Época fatimí, 909-1171. 3) Épocas ayyúbi y mameluca, 1171-1517.De la invasión árabe a la época fatimí. Desde un principio, admitamos que, en E., la literatura árabe no alcanzó la espléndida y rápida floración lograda en otros países islámicos y arabófonos medievales, Siria y Mesopotamia, p. ej. Difícilmente podremos encontrar en E. figuras de primera magnitud dentro del panorama general de la literatura árabe. Recuérdese, a este respecto, que E. había sido precisamente uno de los grandes hogares de la cultura helenística, que sus lenguas en el momento de producirse la invasión árabe eran el copio y el griego, y que el árabe no alcanza una situación de preeminencia en el país, y de extensión principal, sino hasta finales del s. IX aprox. En un primer momento del E. árabe es muy aventurado hablar de manifestaciones literarias propiamente dichas, pues lo más frecuente es una literatura que pudiéramos llamar científica, de temática religiosa en sentido amplio: exégesis coránica, tradiciones, etc., o que versa sobre otras disciplinas implicadas en el fenómeno religioso islámico: gramática, lexicografía, lectura dei texto sagrado, etc.; se desarrolla asimismo una amplia labor historiográfica inicial. Por lo demás sólo quedan algunos fragmentos poéticos propios de las bravas tribus invasoras que sabían expresarse en la nueva lengua, y que con ella historiaban, asimismo, sus hechos; y ciertos retazos de discursos y sermones como ejemplo de una prosa artística. Todo ello, pues, de escasísimo valor literario y de casi nula trascendencia en el general panorama árabe.A mediados del s. IX, con la implantación del régimen túlñní, se advierte un cierto despertar literario. Empieza a despuntar en literatura una incipiente personalidad egipcia, como parece querer apuntar en política también. Hace su aparición un grupo de poetas menores cortesanos, a lo que contribuye desde luego la estancia más o menos prolongada en E. de algunos de los más grandes poetas árabes de la época, como Abú Nuwás (v.), Abú Tammán y al-Mutanabbí (v.). Ahora, aunque se siga insistiendo en una lírica eminentemente documental, empieza a vislumbrarse ya una especie de sensibilidad egipcia, naturalista, sencilla y festiva, en poetas como Sa’íd b.`Afír y al-Mu’allí al-Tá’í, al tiempo que aumenta la producción de una prosa cancilleresca, género literario muy propio, por una parte, de la cultura árabe, y que en E., por otra, tendrá una especial y significativa aceptación a todo lo largo de los siglos medievales.Época fatimí. Los fatimíes traen un credo islámico heterodoxo al país del Nilo, lo que lleva a que, en ciertos aspectos de la vida nacional, se produzca una evidente y peligrosa disociación entre pueblo y gobernantes. En el terreno literario, sin embargo, se sigue en líneas generales una evolución normal. Por lo que a la producción poética se refiere, se va a experimentar ahora un primer y relativo florecimiento. La índole naturalista de la lírica egipcia va a expresarse en una poesía descriptiva del paisaje, que en algunas ocasiones, tiene indudable calidad, y la simplicidad festiva propia también del pueblo egipcio se expone también a través de muy diversas matizaciones, hasta llegar a una poesía burlona y plenamente caricaturesca. Al mismo tiempo se da igualmente una especie de poesía propagandística del credo fatimí y se sigue produciendo, en ocasiones, una lírica mística que ya en época anterior había contado con un digno representante en la figura de Dú-1-Nún al-Misrí (m. 861), y que se va afianzando en ésta con nombres como Ibn al-Kayzání. Los poetas de cierta categoría son ya muchos más, y de ellos podemos destacar al príncipe Tamím b. al-Mu’izz (m. 995), Ibn Wakí al-Tinnísí (m. 1003), al-Saríf al`Ugaylí (m. ca. 1058), al-Mu’ayyad fl-1-din (m. 1078) e Ibn Qádus (m. 1156). El credo fatimí sirve asimismo para desarrollar la literatura administrativa y cancilleresca. Los secretarios y escribientes de esa cancillería (díwàn al-insá’) van puliendo y perfeccionando su prosa, dotándola de categoría artística, y buen representante de todos ellos resulta Ibn Abi-l-Sajbá’ (m. 1089).Épocas ayyúbi y mameluca. Ante todo, hay que llamar la atención sobre un fenómeno curioso: el de que E. llega a su florecimiento literario medieval cuando los otros países de su área geográfica e ideológica estaban sumidos en una indudable decadencia. Efectivamente, si la literatura árabe, en general, inicia un considerable descenso a partir del s. XI, la egipcia, particularmente, llega a su mejor y más granado desarrollo durante las épocas ayyúbi y mameluca, es decir, entre los s. XIII y XV de nuestra Era, continuando en buena manera el proceso iniciado en la época anterior. Durante estas centurias, esa personalidad egipcia que se venía insinuando a lo largo de etapas y obran anteriores, hace su plena y radiante aparición, conformando definitivamente, por otra parte, algunas de las obras más características de la literatura árabe general, especialmente en el terreno narrativo, y con una obra que alcanzará, pasado el tiempo, una fama extraordinaria, aunque en el panorama total de la literatura árabe nunca haya sido excesivamente considerada: nos referimos a las Mil y una noches.Las Mil y una noches y otras obras narrativas. Es ésta una obra formada de manera estratigráfica o aluvial, con muchas aportaciones populares distintas, desde las culturas extremo-orientales a la islámica en sus diferentes geografías, y que, aunque conocida ya en pleno s. ix como mínimo, no fue nunca apreciada por los eruditos o intelectuales musulmanes. La recensión de estos cuentos tal y como se conserva ahora, y como la presentan las ediciones de Calcuta y Buláq, las más seguidas, parece ser obra de un judío egipcio e islamizado, que trabajaría a fines del s. XV. En su inmenso mar de cuentos, casi la mitad del total es de origen egipcio, resultando éstos los más reiterativos y desaliñados, los más desvergonzados, por regla general, también. Todo ello está indicando que la fuerza populista que venía introduciéndose en la literatura egipcia acaba por triunfar plenamente en esta época, en un momento en el que, con los mamelucos, una férrea organización militar de extranjeros domina a su antojo al pueblo de agricultores y plebeyos.Esta fantasía popular pícara, naturalista y desenfadada, se desborda en cuentos, leyendas, biografías, seudoepopeyas que no caen lejos de las novelas de caballería occidentales y que, a través de una balumba de fantásticas gestas en que se intercalan pretenciosas explicaciones eruditas y versos de poetas preferentemente populares, buscan la creación de un héroe. En esta línea hay que situar obras como las biografías de `Antara y de Baybars, sultán mameluco que gobernó entre 1260 y 1277, o las novelas del ciclo hilálí, que narran las expediciones de esta tribu hacia Occidente, y que son obras que pertenecen, más bien, al acervo popular árabe en general que al local egipcio.Poesía y otros géneros. En el terreno del verso, acaba por cristalizar también una escuela de poetas místicos de alta calidad, especialmente uno de ellos, Ibn al-Fárid (m. 1234), uno de los más grandes cantores de la entrega total al amor divino que conoce la literatura árabe, y cuya jamriyya o poema báquico ha sido profusamente analizado y traducido. Otro poeta místico destacado es alBusírí (m. 1296), autor de una serie de composiciones en honor del Profeta. La serie de poetas cortesanos y profanos es también amplia e importante, y aunque los críticos indígenas suelen agruparlos en dos escuelas diferentes, más por diferencias temáticas que por otras razones, podemos englobarlos también a todos ellos bajo la característica común, que es también espíritu, a grandes rasgos, de la época, es decir, la del popularismo. Citaremos así a Ibn Mammátí (m. 1209); Ibn Saná’ al-Mulk (m. 1211), que dejó también una importante preceptiva sobre la moaxaja (v.) muy estudiada recientemente; Bahá’ al-Din Zuhayr (m. 1258), e Ibn Nubáta (m. 1349), quizá el mejor de todos ellos.Lo popular invade también otras facetas de la prosa, hasta crear toda una literatura burlona y caricaturesca de chistes y anécdotas, en buena parte picantes y en lengua dialectal. Ibn Dániyál (m. 1310) adapta asimismo el teatro de sombras, escribiendo varias comedias de costumbres, y la prosa seria y científica alcanza también un considerable desarrollo, con una evidente preocupación enciclopédica, en figuras como al-Qalgasandí (m. 1418) y al-Magrizi (m. 1442), historiadores; los gramáticos Abú-Hayyán (m. 1344), granadino afincado en E. Ibn Hisám y el polígrafo al-Suyiitt (m. 1505).Siglos XVI-XIX. Durante los s. XVI. XVII y XVIII, la literatura pasa en E. por el hondo estado de estancamiento que es general a toda la literatura árabe, trasunto de una existencia asfixiada por el imperialismo otomano. Sólo escasísimas figuras de muy poco valor merecen una simple mención, como el magrebí al-Magqari (m. 1631; v.), cuya obra constituye la mejor recopilación sobre la historia del Islam español, o poetas como al-Jafáyí (m. 1685) o `Abd Alláh al-Subráwí (m. 1759).A lo largo del s. XIX, la literatura árabe sale de este periodo de sopor, con lo que comienza el fenómeno histórico que se conoce en esta lengua con el nombre de Nahda: Renacimiento, o Despertar. Habitualmente se considera la llegada de Napoleón a E., con la imprenta y sus sabios unidos al ejército, como el momento inicial de este nuevo periodo cultural en el país del Nilo, pero es lo cierto que el contacto que entonces se establece entre Oriente y Occidente es aún muy escaso y superficial, por lo que no puede hablarse de un auténtico renacimiento de la literatura árabe, es decir, de una literatura neoárabe, la cual surgirá realmente en el último tercio de este siglo. Figuras intermedias, como las de `Abd al-Rahmán al-Yabarti (m. ca. 1825), testigo y narrador de la invasión napoleónica, Hasan al-Attar (m. 1834), o Rifá’a alTahtáwí, becario en París (m. 1873), son poco más que beneméritas figuras de transición.Durante el último tercio de siglo, sin embargo, se produce una indudable aceleración de este proceso, favorecido, desde luego, por el gran desarrollo alcanzado por la prensa y el comienzo de maduración de una lengua clásica moderna, que empieza a aligerarse de fárragos medievales. En lo político, acaece el importante hecho del comienzo del protectorado inglés, tras la fallida sublevación nacionalista de `Arabí Pachá (1882), y el momento es conveniente para la consolidación de una variopinta ideología. Un personaje interesantísimo, Yamál al-Din al-Afgání (1838-97), masón y forjador de la idea panislámica, acomete el movimiento reformista islámico, en el que será continuado sobre todo por un egipcio, profesor de la Univ. religiosa de Al-Azhar, Muhammad `Abduh (18491905). Y un viento de levísima reforma sopla también para la poesía con la figura de Mahmúd al-Bárúdi (18401902) y el sirio de nacimiento Adíb Isháq (1856-85), también dedicado a una labor de pionero del teatro árabe, como Abd Allah Nadim (1845-96) o el fácil versificador en dialectal Muhammad Yalál (1829-98).Siglo XX. Durante el s. XX, sin embargo, el proceso se complica y densifica. La literatura egipcia de este siglo admite, por facilidad expositiva, la siguiente periodización: Hasta la I Guerra mundial, periodo de entreguerras y desde la segunda posguerra hasta la fecha.Hasta la I Guerra mundial. Este periodo presenta, en primer lugar, el desarrollo inicial de un género casi nuevo en literatura árabe, la novela, que por ello ha de mostrarse aún, y lo seguirá siendo por algún tiempo, inmaduro, y el espléndido desarrollo neoclásico de otro, la poesía. En 1907 aparece el que tópicamente se considera primer monumento de la nueva narrativa árabe, la Historia de `Isá b. Hisám, de Muhammad al-Muwaylihi (18681930), v en el mismo 1914 se publica Zaynab, novela pasional, ética y rural, de Muhammad H. Haykal (1888-1956). En el terreno poético hay que destacar a un famoso triunvirato de poetas: Ahmad Sawgi (1868-1932), Muhammad H. Ibráhim (1851-1932) y Mutrán J. Mutrán (18701949), muy influyente en poetas posteriores. En general, se escribe una impecable poesía neoclásica con ciertas novedades temáticas y rítmicas. El también incipiente género ensayístico moderno, de matiz ideológico, social o literario, es cultivado por figuras universitarias como Qásim Amín (1865-1908), defensor de la liberación de la mujer, Rasid Ridá (1865-1935), que sigue en la línea reformista anterior, y Ahmad Lutfí al-Sayyid (1872-1963).De 1918 a 1945. Este periodo de entreguerras es probablemente el más crucial y fecundo dentro de la historia aún breve de la literatura neo-egipcia. El conflicto deja sus huellas en el cuerpo de un E. que comienza a emanciparse políticamente desde 1922; la situación económicosocial se diversifica extraordinariamente y las sucesivas promociones que van saliendo de la recién creada Univ. Nacional llegan con aire renovador y polémico. En poesía, ese intento renovador es claro, primero en las críticas de al-Mazini (1890-1949) y al-`Agqad (1889-1964) a algunas grandes figuras anteriores pero contemporáneas (al mismo y festejado Sawgi, p. ej.), y luego, en la actividad del grupo Apollo, con la revista fundada en 1932 por Ahmad Z. Abú Sadí (1892-1955), que acogió a los más importantes líricos del momento, no sólo egipcios: Náyi (1898-1953). `Ali M. Táha (m. 1949), Rami (n. 1892), sino de todo el mundo árabe, creadores de una lírica ampliamente neorromántica y simbolista. El panorama de la prosa es también floreciente: la narrativa encuentra un digno tratamiento en los hermanos Muhammad y Mahmúd Taymúr (n. 1894), especialmente acertado este último en su visión de las clases medio-burguesas y populares, y el ensayo se enriquece con los preclaros nombres de Tahá Husayn (v.) y el copto Saláma Músá (1888-1959), divulgador de corrientes científicas e ideológicas occidentales, como el psicoanálisis y el marxismo, y pionero de las ideas socialistas. El mediocre teatro árabe moderno, de otra parte, adquiere de pronto humanidad, universalidad y altura literaria en la obra del extraordinario Tawfiq al-Hakím (n. ca. 1900), simbolista unas veces, realista otras, y siempre espectador y fustigador de la sociedad que le circunda.De 1945 en adelante. Esta tercera etapa, a partir de 1945, la califica y marca una fecha clave, 1952, que trae la caída de la monarquía y la instauración del nuevo régimen republicano. A partir de esa fecha, E. va a intentar crear también una literatura nueva, republicana y socialista árabe, aunque sólo en muy escasa medida lo consiga. Defectos de estructura interna lo impiden, y también el enfrentamiento con el mundo occidental, que plantea a la postre una serie de gravísimos problemas económicos, culturales y sociales. La narrativa sigue adquiriendo un considerabilísimo desarrollo, y en estos años se asiste a la brillante aparición de un gran novelista nacional: Nayíb Mahfúz (n. 1912), densísimo, humano, e historiador desapasionado de las modernas vicisitudes de su patria en una importantísima Trilogía publicada entre 1956 y 1957. Yahyá Hagqí (n. 1905), en el que lo socialista y lo tradicional se mezclan, y los más jóvenes y avanzados Yúsuf al-Sarúni (n. 1924) y Yusuf Idrís (n. 1927), afortunados cuentistas, son nombres destacados de esta última generación de narradores egipcios, en tanto que en poesía descuellan los intentos de Saláh `Abd al-Sabúr (n..1930) y Ahmad `Abd al-Mu’tí al-Hiyází (n. 1934) para plasmar los esfuerzos de la juventud egipcia, en el fondo y en la forma, con la adquisición de una especie de verso libre social y reivindicatorio, violento y anticolonialista a veces, aunque en muchas ocasiones dé también en un debilitado lamento subjetivo, que escapa del punto de partida realista que se pretende, para adentrarse en un universo de superrealismos y símbolos.BIBL. :Para la literatura egipcia medieval, v. la de ÁRABES II. Libros monográficos en árabe: M. K. HUSAYN, La vida intelectual y literaria en Egipto, desde la invasión árabe hasta el final del Estado fatimí, El Cairo 1959; ABD AL-LATIF HAMZA, La literatura egipcia, desde la implantación del Estado ayyubi hasta el ataque francés, El Cairo s. a.; SAWQI IPAYF, La literatura árabe contemporánea de Egipto, 1850-1950, El Cairo 1957. Traducciones al castellano de obras contemporáneas: TAWFIQ AL-HAKIM, Diario de un fiscal rural, trad. de E. GARCIA GÓMEZ, Madrid 1956; TAWFIQ ALI’IAKIM, Teatro, Madrid 1963; M. KAMIL HUSAYN, La ciudad inicua, trad. de 1. M. FóRNEAS, Madrid 1963; P. MARTÍNEZ MONTÁVEZ, Siete cuentistas egipcios contemporáneos, Madrid 1964. Interesante asimismo es el n.° especial de la "Rev. du Cairen, titulado Cinquante ans de littérature égyptienne, El Cairo 1953, y los trabajos de H. A. R. GIBB, publicados en "Bulletin of the School of Oriental Studiesu, vol. IV-VII (1923-33).P. MARTÍNEZ MONTÁVEZ.XIII. ARTE. Prácticamente la riqueza artística de este país, a partir de la época medieval, se conserva en sus dos grandes metrópolis: El Cairo y Alejandría, aunque hayan restos de interés en otros lugares. En cuanto al arte de El Cairo, V. EL CAIRO IV.Alejandría en su propia trayectoria histórico-cultural ha pasado por épocas de gran desarrollo económico y épocas de crisis. Siendo arruinada y reconstruida varias veces. De la muralla de época árabe sólo queda el fuerte de Rá’itbey. Las mezquitas de importancia artística que se conservan son de época turca, por lo menos en su forma actual y siguen el estilo característico en el Delta. Son las siguientes: Ibrahim Tarbaná (s. XVII), `Abd alBagi al Surbáyi, Abtl-l-’Abbás al-Mursi (s. XVIII-XX), patrono de Alejandría y famoso místico de origen andalusí del s. XIII. La mezquita de Nabi Daniyal, de construcción moderna, guarda las tumbas de Sa’id Pachá, príncipe Hasan y otros miembros de la familia real. Los palacios de Ra’s al-Tín y de Muntazah, ex-mansiones reales, son también de reciente construcción. Las edificaciones modernas siguen una tendencia europeizante en la que predominan formas a la italiana. El arsenal, de principios del s. XIX, fue construido por el francés M. de Césiry. Los museos más importantes son el Greco-romano y el de Bellas Artes.E. posee un número importante de conventos coptos, pues no hay que olvidar que este país fue la patria de los primeros anacoretas y donde S. Pacomio fundó la vida cenobítica en el s. IV. El estudio de estos conventos lo haremos distribuido en las siguientes regiones: Alto Egipto, Egipto Medio, Desierto occidental, Desierto oriental y Mar Rojo, y Sinaí. Alto Egipto. Cerca de Suhay, en el desierto, se encuentran los monumentos más importantes del arte copto: el Convento Blanco (Dayr al-Abayd) y el Convento Rojo (Dayr al-Ahmar) que estilísticamente recuerdan formas del antiguo E. Por una inscripción se sabe que el Convento Blanco fue construido entre 430 y 440. Del s. XII son los frescos de ábside, época en que se restauró. Según Monneret, fue un intento de copia del convento de Jerusalén. Típico es el grupo del baptisterio con tres ábsides, que también se encuentran en el Convento Rojo y en la basílica de Dendera o Dandara. Constituyen los muros gruesos bloques calcáreos, mientras que en el Rojo, de estructura más reducida, son de ladrillo. Cerca de Ajmim se encuentra una importante necrópolis, paleocristiana, cuya excavación ha proporcionado numerosos tejidos de lana, lino y seda. Importante fue la serie de conventos fundados por S. Pacomio y sus sucesores en estos lugares. Al S de Ajmim se encuentra el monasterio copio de Mari Girgis, llamado comúnmente de Dayr al-Hadid, semejante a una fortaleza. En la zona de la primera catarata, cerca de Asuán, en el desierto, se encuentra el monasterio de S. Simeón (Dayr AnbaSama’án), del s. VIII. Abandonado en el s. XIII, presenta una iglesia con tres naves, baptisterio y capilla rupestre. En Bagawat, en el desierto cerca de Al-Jarya, hay restos de unas 200 capillas funerarias con cúpulas; dos de ellas tienen frescos con escenas del N. T.Egipto Medio. En la región de Asiut se encuentra el importante complejo del convento de Báwit, fundado por S. Pacomio en el s. IV y formado por dos edificios, uno para hombres y otro para mujeres. Restaurada la iglesia a fines del s. v, tuvo bajo Justiniano su mayor apogeo. De esta época son los frescos y esculturas que descubrieron J. Cledat y J. Maspero. Al S de Antinoe se encuentran las ruinas de Dayr Abú Hannis, con importantes frescos, fundado probablemente en el s. VII.Bajo Egipto. En Sagqara se encuentran vestigios del convento de S. Jerónimo, construido en el s. v, bajo la influencia del Convento Blanco.Desierto occidental. En la región de Wadi Natrun existen cuatro conventos: Dayr Abti-Magar, Dayr al-Suryani, Dayr Anbá-Bisá’i, Dayr d-Baramus, del s. IV. El más interesante desde el punto de vista artístico es Dayr alSuryani, construido según la tradición por dos monjes de Takrit.Desierto oriental y Mar Rojo. Se encuentran los conventos de S. Antonio, considerado como uno de sus fundadores y de S. Pablo. El de S. Antonio es el más antiguo de E. (s. III). Sinaí. El convento de S. Catalina, en pleno desierto, conserva parte de la muralla fundacional de la época de Justiniano.Algunas ciudades conservan monumentos artísticos de época árabe, como Roseta, Madinat al-Fayyum, que posee la mezquita de Qá’itbey, de época mameluca. En Tantá, importante centro religioso popular, se encuentra la mezquita de Sdí al-Badawi. Asuán conserva parte de la muralla del tiempo de la conquista, un cementerio rico en estelas funerarias y un importante museo. Hay ciudades que modernamente han experimentado un cierto desarrollo, bien por ser núcleos residenciales, como Ismailía, o por motivos preferentemente económicos, como Suez y Port Said.V. t.: III; EL CAIRO IV.M. M. LILLD ALEMANY.
BIBL.: M. CRAMER, Das ehristlich-koptisch Ágypten einst und heute, Wiesbaden 1959; A. FAICHRY, The Necropolis of Bagawat in the Kharga Oasis, El Cairo 1951; J. CLEDAT, Le monastère et la nécropole de Bouit, El Cairo 1904-12; R. FORRER, Die trühkristlichen Alterurmer von Achmin, Estrasburgo 1893; V. MONNERET DE VILLARD, Les couvents prés de Sohag, Milán 1925-26; ÍD, 11 convento de S. Simeone presso Assuan, Milán 1927; ÍD, Les églises du Monastère des Syriens au Wadi el Natrum, Milán 1928; AL-SAYYID `A. AL-`Azíz SALIM, Historia y cultura de Alejandría en época islámica (en árabe), Alejandría 1961.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.