Dislexia MEDICINA
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Medicina
Tiene dos acepciones. Una se aplica a toda dificultad de aprendizaje de la lectura en el niño. La segunda es más rígida: d. específica, y se aplica a la dificultad en el aprendizaje de la lectura en los tiempos normales, que se manifiesta en un niño con un cociente intelectual normal (v. COCIENTE DE INTELIGENCIA) y una escolaridad regular. El término d. de evolución se utiliza para insistir sobre el hecho de que esta dificultad en el aprendizaje de la lectura desaparece, total o parcialmente, con el transcurso de los años. El término d. es reciente. Antes se hablaba de alexia congénita o ceguera verbal congénita (congenital word blindness). Hoy, y en la mayor parte de los países, la palabra d. específica (Hallgren) o d. de evolución (Ley) es la adoptada preferentemente por los autores para poner de relieve el carácter funcional y reversible, y para distinguirla adecuadamente de la alexia. El disléxico tiende a confundir las letras que se asemejan por su forma y por su sonido; y, ésta es su manifestación más característica, es incapaz de reproducir en su escritura series de letras en sucesión exacta.Hallgren calcula en un 10% la población global de disléxicos en edad escolar, de los cuales correspondería al sexo masculino el 72%, frente a un contingente de 38% de sexo femenino. Esta diferencia tan notable puede responder a que el diagnóstico de la d. se emite con más frecuencia en los varones, por cuyos retrasos escolares toman los padres mayor interés; limitándose, en el caso de las chicas, a dirigirlas a tareas no intelectuales, sin consulta previa alguna.El cuadro clínico de la d. es característico: la lectura se hace muy dificultosa o casi imposible. Leen las palabras sílaba por sílaba y, a pesar del esfuerzo, en algunas palabras no logran superar la dificultad.Un análisis más profundo de los defectos del disléxico muestra que confunden unas letras con otras, invierten el orden silábico de ciertas palabras o el de las letras que forman las sílabas. Estas inversiones son habituales en la mitad de los escolares normales que empiezan a leer. Sin embargo, en ellos desaparecen a los pocos meses, cosa que no ocurre con el disléxico. Este carácter rebelde y persistente es el que configura a la d. como específico trastorno del aprendizaje y la sitúa en el campo de la patología. La lectura del d. también se distingue porque va a menudo acompañada de errores en la continuidad del texto; se pierden en mitad de la lectura de una línea o vuelven a iniciarla una vez terminada. Esto origina, como mecanismo de compensación, la tendencia a señalar con el dedo el texto que van leyendo.Normalmente, la d. coexiste con una disortografía, pues al fallar la lectura, el aprendizaje de la ortografía no descansa en unas bases seguras. La escritura del disléxico presenta rasgos paralelos a los de su lectura: confunde letras simétricas, invierte el puesto de determinadas letras dentro de una palabra o invierte la sucesión de ciertas sílabas. Todo ello puede convertir el texto en algo ilegible. Estas dificultades, que aparecen en toda su extensión en la escritura al dictado, pueden ser enmascaradas en la escritura copiada directamente de un texto, cuando el disléxico es consciente de su trastorno y concentra más su atención.Un gran número de disléxicos tiene, a la vez, una alteración motora que se traduce en una incoordinación de los movimientos de los dedos. Esta causa puede explicar que tracen mal las letras, lo que aumenta la confusión de su escritura.La d. coexiste también con un trastorno de la lateralidad. En todos los individuos se da un predominio de uno de los lados del cuerpo, para ejecutar las operaciones finas y delicadas. Normalmente, el niño es ambidextro (v. INFANCIA) hasta la edad de cuatro o cinco años. A partir de entonces se instala el predominio definitivo, en la mayoría de los casos, del lado derecho. En el disléxico no siempre es así. Diversos autores han señalado la frecuencia de disléxicos zurdos, con cifras que varían del 18% (Hallgren) al 50% (Roudinesco). Junto a este predominio lateral izquierdo es frecuente observar perturbaciones en el ritmo y organización espacio-temporal. Todo disléxico presenta deficiencias en la percepción, que coexisten con una agudeza visual y auditiva normales, y que son la causa de las dificultades que experimentan para realizar los procesos de análisis y síntesis de los estímulos auditivos y visuales. La deficiencia de percepción auditiva permite explicar la incorrecta transcripción gráfica de las palabras que oye, la confusión de letras o sílabas fonéticamente parecidas, etc. La deficiencia de percepción visual es motivo de su falta de orientación en el tiempo, y de su facilidad para confundir letras simétricas (p q; b d; n u ... ), así como la dificultad de comprensión de conceptos que implican una orientación en el tiempo y en el espacio: confunde "antes" y "después", "delante" y "detrás", etc.Dadas las dificultades que representa para el disléxico descifrar la lectura, se comprende que no ponga atención en lo que lee, lo cual repercute en una baja considerable de su rendimiento escolar. En contraste, la lectura de las cifras presenta menos dificultades debido a que el estímulo visual es más simple (existen sólo diez signos que debe dominar) en comparación a la complejidad del vocabulario cuyo mayor número de signos se ve agravado por la existencia de reglas gramaticales, acentos, sonidos afines, etcétera. No percibe la función precisa de ciertas palabras, verbos, adjetivos, nombres, en la construcción de las frases, lo que origina que las construya mal, al mismo tiempo que le resulta penoso expresar su pensamiento en lenguaje correcto.Origen y causas. Dos interpretaciones se han dado a la d.: una le atribuye un origen cerebral, interpretación hoy día completamente abandonada, puesto que se halla en desacuerdo con los actuales conocimientos sobre fisiología cerebral. La otra la considera un trastorno funcional, ligado a la madurez del lenguaje y de las adquisiciones espaciales. Cuando el niño va retrasado en la aparición del lenguaje (v.), se pueden comprometer los procesos de asociación que se dan entre los sonidos y las ideas, y entre éstas y los signos gráficos que las simbolizan. Dugas observa que la d. es un aspecto evolutivo frecuente de los trastornos de lenguaje en el niño. Esta alteración del desarrollo del lenguaje viene señalada por otros autores (27% Anderson; 30% Monroe; 34% Hallgren), y no sólo bajo la forma de un retraso en la aparición del lenguaje, sino como alteración persistente en años sucesivos. Borel-Maissony estima que un 70% de disléxicos han empezado a hablar tardíamente, con dificultades en la expresión, un vocabulario pobre y dificultades en la articulación de determinadas consonantes.Carácter hereditario y evolución. Entre los ascendientes, directos o colaterales, de los disléxicos, a menudo se encontraban personas que presentaban trastornos análogos. La conclusión de Hallgren es que la d. se transmite por herencia dominante, no ligada al sexo.La evolución es más o menos favorable según se combinen factores tales como edad, nivel intelectual, estado del lenguaje, condición social, adaptación al medio y depende también de la rapidez con que se instauren técnicas pedagógicas especiales para la reeducación (v.). Una de las graves consecuencias de la d. es la producción por vía indirecta de trastornos de la personalidad, por la actitud errónea que a veces toman padres y profesores.Tratamiento. La d. exige una ayuda pedagógica individual o en pequeños grupos, la indicación de la cual compete al especialista. Con frecuencia se observa en los antecedentes del disléxico determinados errores pedagógicos, como aprendizaje excesivamente precoz de la lectura en niños que no alcanzaban la madurez propia de su edad, aprendizaje interrumpido, cambios en los métodos de aprendizaje de la lectura originados por cambios frecuentes de colegio o escasa preparación de los profesores.Las técnicas de recuperación de la d. (V. ENSEÑANZA CORRECTIVA) se basan en conseguir un nuevo aprendizaje de las nociones básicas de la lectura. Por lo que respecta a los disléxicos de seis a diez años, el logro esencial para superar la d. es que el niño adquiera la conciencia de la representación gráfica de cada fonema. La técnica de Borel-Maissony consiste en que el niño se percate de la correspondencia fonético-gráfica por la ejecución de movimientos corporales, cada uno de los cuales simboliza un fonema. Estos ejercicios deben ir completados con otros de reeducación motriz, ejercicios de orientación, educación del sentido del espacio... (Técnicas de BorelMaissony y Chassagny). Según la gravedad del caso se necesitan uno o dos años para su reeducación, que debe llevar a cabo un especialista.J. M. VERDAGUER MASLLORENS.
BIBL.: B. HALLGREN, Dyslexie spécifique, "Acta Psych. Neurol., 1950; S. BOREL-MAISSONY, Langage oral et écrit, Neuchátel 1960; C. LAUNAY, Hygiene mentale de 1’écolier, París 1960; A. GALIFRET, N. GRANJON, Les problémes de Vorganisation spatiale dans les dislexies d’évolution, "Enfance", dic. 1951; N. GRANJON, Dyslexie d’évolution, "Enfance", mayo-jun. 1941; CHASSAGNY, L’enfant dyslexique, "Enfance", dic. 1951; A. JADOULLE, Apprentissage de la lecture et dyslexie, París 1962; F. KOCHER, La rééducation des dyslexiques, París 1963; ROUDINESCO y TRELAT, Étude de 40 cas de dyslexie d’évolution, "Enfance", feb. 1950.
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