Dietas (historia) HIST.
Categoria:
Historia
Así fueron llamadas tradicionalmente las asambleas del Sacro Imperio Romano Germánico. Desde la Alta Edad Media, la D. o Reichstag se reunía circunstancialmente cuando algún asunto importante lo requería, a juicio del Emperador, quien convocaba a los obispos, abades, duques, condes y señores y, desde 1255, a los representantes de las ciudades episcopales e imperiales; era también el Emperador quien designaba el lugar de la reunión. Asambleas similares, con el nombre de D., existieron además en Croacia, Confederación Helvética, Dinamarca, Hungría, Polonia y Suecia.En el s. xiv, la D. se dividió en tres "bancos" o colegios: el de los electores, presidido por el arzobispo de Maguncia, primado de Alemania; el de los príncipes-nobles, presidido unas veces por el arzobispo de Salzburgo y otras por el archiduque de Austria; y el de las ciudades que presidía el representante de la ciudad donde se celebraba la D. y que al no tener verdadero derecho al voto resultaban hallarse en inferioridad. Las decisiones de los tres colegios se sometían a una asamblea general y, una vez aprobadas, se elevaban al Emperador, que las ratificaba por edicto, debiendo ser acatadas por los tribunales. El conjunto de decisiones tomadas en una D. constituyen las Actas del Imperio y atañían a las leyes, guerra o paz, recaudación de impuestos, querellas entre los súbditos, reclutamiento de tropas y, desde la Bula de Oro (1356; v.), también a la elección imperial.La Bula de Oro. Aunque en la elección imperial debían intervenir todos los miembros de la D., en el transcurso de los s. x11 y xili se había impuesto la costumbre de confiar la designación del Emperador a una comisión, por lo que el papel de la mayoría se reducía a aclamar al elegido. Entre los feudales seculares alemanes ocupaban lugares prominentes en la D. Sajonia, Baviera, Brandeburgo y Bohemia; y, entre los eclesiásticos, los arzobispos de Maguncia, Colonia y Tréveris. Los tres grandes eclesiásticos y los cuatro grandes laicos se habían destacado tanto de sus colegas que consuetudinariamente todos acataban sus decisiones. Las arbitrariedades y la necesidad de dar una Constitución laica al Imperio movió a Carlos IV (v. LUXEMBURGO, CASA DE) a conceder la Bula de Oro, que rigió los destinos del Imperio durante toda la época moderna.Los votos eclesiásticos permanecieron reservados a los arzobispos de Maguncia, Colonia y Tréveris; y los laicos, a Sajonia, Bohemia, Brandeburgo y Palatinado, en cuyo favor renunció Baviera. Los siete electorados se consideraban indivisibles y dotados del derecho de regalía. Un mes después de la muerte del Emperador, el arzobispo de Maguncia, como archicanciller, debía convocar a los electores que se reunirían en Francfort y designarían por mayoría de votos al sucesor, cuya consagración se tenía que verificar en Aquisgrán. Durante el periodo vacante, el conde palatino del Rin asumiría el cargo de provisor Imperii. Asimismo, la Bula de Oro concedió a los electores importantísimas regalías jurisdiccionales, como minas, monedas, mercados, sal y la protección de judíos, a las que se unió más tarde el derecho a imponer tributos.Nueva estructuración de la D. En el s. xv, la decadencia de la dinastía de Luxemburgo y la división política del país en más de 400 Estados independientes en su régimen interno, planteó la necesidad de acometer la reforma de la D., problema que se afrontará desde la subida de los Habsburgo (v.) al solio imperial. Para restaurar la unidad del Imperio se constituyó un Consejo, formado por los electores, y un alto tribunal permanente, quedando la dirección de los asuntos reservada al Emperador (D. de Neustadt, 1455), pero éste y otros intentos fracasaron por la oposición de los nobles y las ciudades. Sin embargo, a fines del s. xv y en los albores del xvi, fueron los mismos nobles los que exigieron al emperador Maximiliano I (v.) la reforma del Imperio, empresa que se acometió en la D. de Worms (1496). Aquí se adoptaron algunas medidas unificadoras: mantenimiento de la paz territorial, admisión del principio de que toda falta debía ser juzgada, a cuyo fin se creó el Reichskammergericht o Alto Tribunal Imperial, compuesto de 16 miembros elegidos por los brazos de la D. que, juzgando en nombre del Emperador, no estarían sujetos a sus arbitrariedades; el Gemeine Pfenning o tributo general, administrado bajo la vigilancia de la D., aunque pronto fue sustituido por una tropa puesta a disposición del Emperador; y el Reichregiment o Junta imperial, investida por la D. de atribuciones legislativas y ejecutivas (D. de Augsburgo, 1500). De todas estas instituciones, el Reichskammergericht -dos de cuyos 16 miembros representaban los intereses habsburgleses, ocho los de los alemanes de los círculos imperiales y los seis restantes los de los príncipes (D. de Constanza, 1507)- y la Matrícula o suministro de guerra al Emperador (D. de Colonia, 1504), fueron las más perdurables y las que se convirtieron en los pilares del Imperio. Otros intentos posteriores de reforma, como la división del Imperio en 10 círculos administrativos para facilitar su gobierno, dada la anarquía reinante (D. de Colonia, 1512), no se llevaron a la práctica, pues la profunda crisis religiosa que sacudía al país cortó los últimos intentos innovadores (D. de Maguncia, 1517).Auge y decadencia. Durante la crisis religiosa luterana, las D. desempeñaron un importante papel regulador entre los intereses del Emperador y los príncipes protestantes. Ante ellas comparecieron los líderes del movimiento -Lutero se negó a retractarse en la de Worms (v.), 1521y fueron condenados primero a las penas reservadas a los herejes, y, más tarde, dadas las dificultades del Emperador en su política internacional (v. HABSBURGO, DINASTÍA), se les concedió la mayoría de sus reivindicaciones religiosas, se les reconoció su situación en el Imperio y se atribuyeron a los príncipes las propiedades secularizadas a la Iglesia (D. de Augsburgo, 1555).Desde principios del s. xvii, casi todas las D. se reunieron en Ratisbona, aunque dejaron de acudir a ellas los príncipes, que enviaron a sus representantes. A comienzos del s. XVIII decae su importancia, para desaparecer con el fin del Imperio (1806). El congreso de Viena (1814) las restableció con el nombre de Bundestag o D. federal, con sede en Francfort. Disuelta en 1866, al constituirse la Confederación de Alemania del Norte, la nueva D. se denominó Bundesrat o Congreso de representantes enviados por los Estados confederados, que tuvo su sede en Berlín desde 1874. Durante la República de Weimar, la D. o Reichstag era una asamblea de representación popular, basada en el sufragio, y representativa, a cuyo fin estaba dividida en distritos electorales.M. J. ÁLVAREZ PANTOJA.
BIBL.: F. L. CARSTEN, Princes and Parliaments in Germany trom the Filteenth to the Eighteenth Century, Oxford 1959; F. HARTUNG, Deutsche Vertassunggeschichte von 15 lahrtundert bis zum Gegenwart, Stuttgart 1954; P. GAxoTTE, Histoire d’Allemagne, I, París 1963.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.